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FIC Capítulo Final

por wayrocks
sábado, 02 de mayo del 2009 a las 18:36
guardado en

Capítulo 69.-

 

En la casa MCR, en la habitación de Ray; Bob, Ray, Brian y Ana compartían chismes sobre aquel loco día en el que Frank casi se casa con Jamia. Ana estaba sentada en el sofá de espaldas a la puerta, y los demás sobre la cama.

-- Entonces golpeé al taxista, conduje hasta New Jersey, y lo dejé desmayado entre tanto tránsito para poder entrar a la iglesia. No puedo negar que fue... divertida, toda esa persecución.

-- Ésa es mi Ana. -- Farfulló Bob. Era su turno de hablar. -- ¿Sabes qué me dijo el papá del enano cuando llamó por teléfono?

-- Dime.

-- Que le pasara el teléfono a Frank.

Todos se quedaron callados, fingiendo estar inertes, pero no aguantaron la risa.

-- Pero antes de eso, me dijo que él ya sabía que el destino de su hijo estaba contigo.

Ana se enterneció, y sin querer sus ojos se humedecieron.

-- ¿En... en serio? -- Titubeó.

-- (Brian) Oh, no, no, Ana, Bob está mintiendo. No llores. ¡Emergencias!

Ray se mordió los labios, y utilizó su turno de hablar.

-- ¿Y cuándo vas a regresar a Alemania a buscar tus cosas, o venderlas... o lo que sea?

-- Dentro de una semana. Iré con Frank, para mostrarle las maravillas de Berlín. -- Se tuvo un instante. -- Dios... no dejaré que me saquen de nuevo de Estados Unidos.

-- Claro que no. -- La reprendió Bob. -- ¡Aquí te adoramos, no joda!

-- Ana...-- Articuló Ray desilusionado. -- ¿Por qué Deryck vino a la boda? Tuvimos que dejarlo entrar.

Parecía disgustado. No obtuvo respuesta.

-- Quiero saber. -- Insistió.

-- (Ana) Pero yo no te quiero decir.

Los tres hombres la miraron fijamente. No pasaron ni cinco segundos cuando ella cedió.

-- Ay... bueno. Pero no les va a gustar, y a mí no me va a gustar contarlo.

Ellos entrecerraron los ojos.

-- Ya voy, ya voy. -- Los tranquilizó. -- Cuando hablé con él, después de que se calmaron las cosas, me dijo que duró lo suficiente en Canadá...

-- Da detalles. -- Reclamó Bob.

Ana suspiró.

--...suficiente sin mí en Canadá como para darse cuenta de que aún me quería. Luego se enteró de que Frank se casaba con otra, y supuso que me encontraría ahí, en su boda.

-- ¿Vino desde tan lejos sólo para intentar recuperarte? -- Preguntó Bob.

-- Ése sí está loco. -- Objetó Brian.

-- ¿Se lo dices a una persona que vino desde Alemania para exactamente lo mismo? -- Lo defendió Ana.

-- Tú viniste para salvar a Frank de una terrible vergüenza.

-- Por Dios, Brian. Por el amor se deben cruzar fronteras. -- Refutó Bob extrañamente comprensivo.

Antes de que comenzaran a discutir, Ray retomó el tema.

-- ¿Qué le dijiste?

-- Nada. -- Respondió Ana con dulzura. -- ¿Qué podía decirle después de que me vio sacar al novio de su propio matrimonio? Sólo me lo dijo para que supiera la razón por la que se apareció aquí. Pero, por suerte, quedamos como amigos, y podemos hablar una que otra vez por teléfono. Creí que nunca lo volvería a ver. Lo quiero muchísimo.

Bob rehuyó el tema.

-- Esta les va a encantar. -- Introdujo.

Los demás se interesaron, fijaron su vista en él, y esperaron con atención.

-- ¿Recuerdan las estúpidas noticias que decían que Ana estaba en Berlín, que no ha superado a Frank...?

  • - Sí. -- Asintieron.

-- Pues yo estaba presente cuando Frank se enteró de la última. La que decía que tú -- Volteó a Ana -- estabas con un apuesto y mayor manager. Y adivinen. -- Hizo una pausa llena de suspenso. -- ¡Enloqueció! Se enojó demasiado, casi explota. Insultó a muerte al tipo, y al imbécil paparazzi que "habla así de Ana".

Todos se exaltaron, y rieron. Resultó tierna aquella reacción. Cuando se aquietaron, Ray musitó.

-- Aún no puedo creerlo.

Bob fue el único en escuchar.

-- ¿Creer qué?

-- No puedo creer que esa bruja nos haya hecho todo aquello, y que pensaba hacerle eso a Frank. Supongo que nunca se sabe en quién confiar.

Brian prefirió no decir nada.

-- Sí... pero recuerda que no le diremos nada a nadie. -- Indicó Ana.

-- Deberíamos. -- Difirió Bob, sin decir su macabra opinión sobre Jamia.

Gerard, repentinamente detrás de Ana, le hizo señas a Brian para que la distrajese.

-- ¿Dónde está tu regalo? -- Indagó rápidamente.

-- Si estuvieras tú solo, te diría, pero con Bob aquí, seguro va a buscarlo.

-- Hey! -- Le reclamó el referido.

Inesperadamente, Gee le cubrió los ojos con sus manos. Ana, extrañada, lo buscó con las suyas, y al tocar su rostro, siguió sus líneas.

-- Gerard. -- Lo reconoció.

Él sonrió, y dijo que no abriera los ojos. Le quitó las manos de encima, y Mikey; presentándose sigilosamente; la cubrió con una tira de color negro. Se la amarró, dejándola sin poder ver nada.

-- Mikey. -- También lo reconoció.

-- ¿Cómo rayos supiste?

Bob comenzó a gritar, frenético:

-- ¡Esto es un secuestro, maldita sea! Ahora haces lo que nosotros digamos o te...

-- Bob. -- Lo interrumpió Brian.

-- ¿Qué?

 

Mikey y Gerard la levantaron, y guiaron los pasos de la ciega.

-- ¿Puedo saber a dónde vamos, chicos Way? -- Consultó Ana.

  • - No. -- Contestaron bruscamente al mismo tiempo.

Hubo un silencio pasajero.

-- Y... ¿cómo está tu padre? -- Le entretuvo Mikey.

-- Muy bien. Muero por verlo cuando venga de Ohio dentro de unos días. Por cierto, gracias de nuevo por darle mi carta. La noche que me recosté a tu lado en la camioneta del Project Revolution, no sentí en ningún momento cuándo la sacaste de mi bolsillo.

-- No fue nada, no me agradezcas a mí. Agradécele a la cinta adhesiva, que gracias a ella se podía leer. La rompiste bastante.

-- Si no fuera por ti, jamás me habría perdonado a mí ni mucho menos aceptado a Frank.

-- Sí, yo le enseñé eso, fui un excelente hermano mayor. -- Se ameritó Gerard.

-- Cállate, me robas el crédito.

 

Llegaron a la habitación de Frank. Los hermanos se las arreglaron para sentarla en la silla previamente acomodada, y se fueron advirtiéndole que aún no se desamarre la tira.

 

Se regresaron a la habitación de Ray; no sin antes pasar por sus cuartos para tomar sus regalos. Al llegar, los demás descubrieron sus intenciones.

 

-- Creo que aquellos dos no se enojarán si empezamos nosotros. -- Sugirió Gee.

Evidentemente querían comenzar el intercambio de regalos en seguida.

Bob lo miró como si hubiera vuelto loco.

-- ¿Qué te ocurre, idiota? Esperémoslos.

Ray adoptó un gesto pretencioso, algo insólito en él.

-- Si yo comienzo, tú serás el primero en recibir regalos.

-- ¡Comencemos! -- Propuso Bob inmediatamente.

-- ¡Oigan! No se vale decir quién es el amigo secreto. -- Recordó Brian.

Nadie parecía interesado en lo que dijo.

-- (Ray) Bien, redoble de tambores por favor... Bob, cierra los ojos.

Bob obedeció, y golpeó repetitivamente el marco de cama, provocando un sonido perfectamente intrigante.

Sus manos se detuvieron y quedaron suspendidas en el aire esperando el presente. Abrió los ojos. Tenía sobre sus manos un gran paquete cuadrado que pesaba más de lo estimado, envuelto en papel negro con detalles en rojo.

-- ¡Una caja de cartón! ¡¡Cuán dichoso soy!!

Todos comenzaron a reírse.

-- Ábrela. -- Le mandó Ray.

-- Oye, yo no soy tu perro para que me des órdenes.

Rasgó con sus dedos el papel hasta que pudo ver que el cajón estaba lleno de anuncios publicitarios de patrocinadores costosos y de una marca que él conoce muy bien: C&C. Rápidamente, abrió la caja, y sacó un espectacular tambor de batería.

Mientras Bob estaba absorto, Ray, embozando una tímida sonrisa, agregó:

-- Por el tambor que te jodí.

Bob subió la mirada, y lo abrazó tan fuertemente que se le dificultaba la respiración.

-- No está jodido, está "cambiado".

Ray abrió sus brazos, y también lo abrazó.

 

Los Way se divertían viéndolos, pero con el paso de tantos segundos, también ansiaban ver para quién es el regalo de Bob.

-- Emm... ¿chicos? -- Intervino Mikey.

-- Te esperas porque yo lo digo. -- Ordenó Bob.

Poco después soltó a Ray, y tomó su regalo.

-- No pierdas la cabeza. -- Le advirtió.

Mikey de inmediato se emocionó.

-- Porque eres muy especial, cuatro ojos. -- Añadió con cariño fraternal.

Le entregó una caja rectangular y aplanada, cubierta totalmente de blanco, con la imagen de un bajo pintado en plateado. Sólo con su cubierta, Mikey ya estaba contento con su regalo. Pero al abrirlo, comenzó a reírse. Era una moderna, flamante y nueva consola de videojuegos.

 

Ana esperaba anhelantemente con sus ojos vendados, recostada sobre el espaldar de la silla. Conforme pasaban los segundos; siempre silenciosos, siempre sosegados, siempre en una total oscuridad; más sentía el aroma de Frank.

Finalmente sintió su piel. Sus manos tocaban delicada y mimosamente su cabello por detrás, desatando lentamente la tira negra. Ésta cayó, pero Ana no abría los ojos todavía, por la caricia que le daban aquellos suaves dedos en sus mejillas. Él esperó unos segundos para soltarla, y prepararse para dejarla ver lo que tenía en frente.

El leve y afectivo cosquilleo en el rostro de Ana cesó, demostrándole que era tiempo de que abriera los ojos. Sus pestañas subieron lentamente, dejando descubiertos sus despampanantes ojos azules, para que admiraran la primera imagen percibida:

Estaban bajo una luz tenue y cálida. Él estaba perfectamente arrodillado, sujetando en sus manos dos nuevas rosas, dobladas por el tallo y entrelazadas, dejando un pequeño espacio donde se veía la blanca palma de su mano. En ese pequeño punto, había un anillo de oro de compromiso.

 

 

Lectores, pongan "Disenchated", de My Chemical Romance.

 

La boda más esperada que se ha visto en New Jersey estaba en el momento final, alumbrada por las brillantes luces del atardecer. Los recién casados seguían su camino bajando las escalerillas de la monumental iglesia tomados del brazo.

Una vez fuera del templo, los más importantes invitados del matrimonio se apresuraron a comenzar la despedida: arrojarles arroz con sus calas blancas.

Todos, todos lanzaban arroz con regocijo.

La legendaria y tan unida banda My Chemical Romance; Gerard, Mikey, Ray, y Bob y sus parejas y familiares. Su padre Brian no los perdía de vista, más esto no le impedía disfrutar.

Toda la familia de Frank, toda la familia latina de Ana; que vinieron desde México sólo para esto. El padre de Ana, su presumida madre Halley, y el nuevo novio de ésta, fueron juntos. Edward, el padre de Ana, no dejaba escapar las lágrimas que irradiaban en sus ojos. Por fin estaba inmensamente feliz de ver a su hija con Frank; vestida por primera vez de blanco, en lugar de negro. No sabía que cumplía un sueño que ella tuvo hace mucho tiempo, durante el Project Revolution.

En cambio, las lágrimas de Linda, la madre de Frank, caían acompañadas de la sonrisa que le ayudaba a enarcar su esposo Cheech.

 

Los integrantes de Leathermouth; Rob y Steve, y los de Sum 41; Steve y Cone. Deryck tenías tres calas, y jugueteaba con ellas como si fueran muñecos. Su gesto alegre resplandecía sobre el elegante flux que vestía.

Los más apreciados amigos de Ana de la universidad; Jefferson, Joseph, Elena y Alan; siendo los dos últimos pareja. Los cuatro daban graciosos saltos, contrastando entre los demás por su tanta juventud. A su lado, no podía faltar el profesor Lennon. Era una de las personas de mayor edad en el lugar, sin embargo, también de las más sabias. Compartiendo ambas cualidades, formó una amistad con el abuelo de Frank.

 

Las cámaras, quieran los famosos o no, enfocaban desde todos los ángulos, logrando que más tarde de ese mismo día, Rachel Swan y Jack Hunter, además de otros millones de espectadores, vieran el matrimonio desde el televisor de sus casas en Berlín.

Stu también vería la televisión, inmóvil, con su semblante contento y orgulloso. Sus ojos canela estarían clavados en la pantalla, sus perfectos labios sonreirían, su blanca piel tiritaría. Sintiendo aquella felicidad, también sentiría nostalgia, ya que extraña a la novia, y desearía haber asistido a su boda.

 

Los chicos de My Chemical Romance comenzaron a silbar a todo volumen. La fuerte brisa era un motivo de burla para Bob. Los pequeños granos de arroz se resbalaban por los cabellos de Frank y Ana, y en ella repercutían de su esbelto vestido.

 

El pulcro automóvil negro esperaba encendido que Ana y Frank se adentrasen en él. Frank le abrió la puerta trasera, y la siguió al pasar.

La perfección de la imagen de los dos era envidiable, tanto por su belleza como por su alegría, más a ellos no les interesaba nada de eso.

 

Todos, todos arrojaban arroz antes de que el vehículo circulara.

-- Debes saber algo, mi amor. -- Susurró Ana.

Frank se acercó a ella, la besó de nuevo.

 

Y todos, todos escucharon la emoción tan grande de Frank cuando gritó:

-- ¡Voy a ser papá!

MCR 'TIL DEATH

Gracias a todos los que siguieron este fic, comenten una última vez. Fue un placer escribir para ustedes. Ahora, por favor, denme sus ideas para un título para esta obra. Se les aprecia...

AUTORA: wayrocks

Comic de gee en españa

jueves, 30 de abril del 2009 a las 17:12

Norma Editorial a lanzado a la venta en  España el numero 1 y 2 de la serie The Umbrella Academy de Gerard Way, ya esta disponible en su web www.normaeditorial.com al precio de 5,50€

MCR vuelve ^^

jueves, 30 de abril del 2009 a las 17:10

My Chemical Romance vuelve a los escenarios

¡¡VIVA MY CHEMICAL ROMANCE!!

Gerard Way colabora con el ending de Final Fantasy VII

jueves, 30 de abril del 2009 a las 17:07
guardado en , , , ,

La página oficial del músico japonés Kyosuke Himuro, anunció el pasado jueves la colaboración que tuvo con el canta-autor Gerard Way, (vocalista de la banda My Chemical Romance) para realizar el nuevo ending de Final Fantasy VII: Advent Children Complete. La canción lleva por titulo Safe and Sound la cual fue compuesta por Way y es interpretada por Himuro, aunque en varios fragmentos se destaca la voz del escritor de The Umbrella Academy.

Esta es otra participación de Gerard Way para el mundo de los comics pues recientemente realizo el tema final de Watchmen.

Wikipedia cambia la info, de Frank Iero

domingo, 12 de abril del 2009 a las 13:26

Días atrás publicaba lo que Wikipedia decía sobre la vida personal de Frank Iero

Pues bien, esta información ha sido cambiada

Vida Personal [editar]

El 9 de Marzo del 2008 contrajo matrimonio con Jamia Nestor, su novia desde la secundaria. Hay varios rumores que hablan de un supuesto divorcio, pero nada de eso es verdad.

Pues al parecer, como todos pensabamos, no era nada más que un rumor.

Gracias a todos por sus comentarios ^^

Cumpleaños Feliz ^^

domingo, 12 de abril del 2009 a las 13:12

Cumpleaños Feliz ^^

Bueno, no pude subir el día que tocaba esto

Pero bueno, aquí lo tienen

El pasado 9 de Abril Gerard Arthur Way Lee cumplió nada menos que 32 años

Ya con una mujer y con un hijo en camino, este gran dios para muchos (incluido para mi) ya ha cumplido los 32 años muy bien llevados ^^

Y desde aquí le deseo que haya pasado un feliz cumpleaños

Y decir...

¡¡Gracias!!

Gracias por ayudar a tantas personas con tu música

Simplemente

¡¡Gracias por todo!! ^^

Muchos chemical kisses con mucha blood ^^

FIC Capítulo 68

por wayrocks
martes, 31 de marzo del 2009 a las 00:28
guardado en

OJO: Este es el penúltimo capítulo

Capítulo 68.-

 

Immanuel finalmente guardó su cámara al ver aquellos dos marcharse. Procedió a trabajar en la computadora.

 

Las horas pasaron con serenidad por aquella tarde, sin mucha actividad, ya que Rammstein se dedicó principalmente a la parte musical. Se despidieron los trabajadores, asesores, traductores y el manager.

Ana regresó a su casa, y se dirigía a su habitación para cambiarse de ropa. En el camino, al ver el ordenador, se inquietó un poco, e hizo algo con lo que ella misma no está de acuerdo, pero es mejor a quedarse cruzada de brazos.

 

Una vez cargada la página de internet Flieger, había dos nuevas anotaciones. Una se trataba de backstages de la reciente entrevista a un cantante regional, y la otra; como era de esperarse; era la nueva de Ana Black.

 

El artículo explicaba con emoción que aunque Black no lo ha superado, no pierde el tiempo: ya tiene nueva pareja. Aparecían dos fotografías: la completa de Stu en la urbanización, y una oficial que investigó, diciendo que este apuestísimo afortunado es Heinz Kempowski, el exitoso manager oficial de la banda Rammstein. No le faltó multimedia, el escrito era acompañado de una foto que les tomó bajándose del auto de Ana, anunciando con aún más importancia que lo invitó a pasar a su casa (¿qué hacían allí dentro?). Contaba que al salir, luego de una breve conversación, se tomaron de la mano; y claro, a esto último no le faltó una fotografía. "Así que le gustan los mayores", y "va de famoso en famoso" eran los molestos lemas que le agregaba.

 

Ana, nuevamente, estaba pasmada. No puede creer las cosas que hacen los medios para llamar la atención, lo que hacen personas como Immanuel. Ahora todos verán esta basura, creerán que de verdad están juntos. Qué pena con Stu, y qué problema que todos allá se enteren. Además, es una intriga saber que estas noticias, a largo plazo, se sabrán también en su tierra Estados Unidos.

 

Indignada, apagó el computador, y salió de la casa. Caminó por la acera de la urbanización hasta la casa de Immanuel por segunda vez, pero en esta ocasión sería mucho más firme.

 

Al llegar a la puerta, tocó el timbre repetitivamente, y sin importar que otros vecinos escuchen, lo llamó.

-- Sal inmediatamente.

Immanuel se levantó de su mueble, se dirigió a la puerta, y miró con petulancia quién toca. Con la misma actitud, abrió la puerta con toda calma, y lo primero que hizo fue deslizar sus ojos por todo el cuerpo de Ana. Sin dejarle mucho tiempo, ella fue al grano.

-- Deja de escribir acerca de mí.

Su gesto se llenó de extrañeza.

-- ¿A qué te refieres?

-- Por favor, no pretendas que no sabes nada. Sé de tus artículos, y de los dos tan reveladores que publicaste sobre mí. No soy una estrella, así que deja de hablar sobre mí.

Al ver el comportamiento decidido e imponente de Ana, él debía hacer algo.

-- Mira, muchacha, -- Drásticamente, estaba muy serio y con cierta intención de maltratar -- este es mi trabajo. Yo no te pido que dejes de ser maquillista. No salgas con idioteces, te involucraste con un artista; acepta las consecuencias. No voy a dejar de escribir de ti sólo porque no te gusta.

E impetuosamente cerró la puerta en su cara.

 

-- ¡Coño ‘e la puta madre! -- Gritó Bob.

Era de noche en New Jersey, y mientras Ray y Gerard practicaban en el estudio de la casa, Mikey y Bob disfrutaban de otro partido de la adoración de Mikey: los videojuegos. Como raro y para variar, Mikey ganó.

-- ¡JA! ¡Te vencí! ¡Tómalo! -- Se contentaba Mikey.

-- "Te vencí, tómalo..."-- Lo remedó Bob con tono y gesto de mofa.

-- Envidioso. ¡Ja!

Bob lo empujó, haciendo que se le cayera el control.

-- Oye, estás en mi habitación. Puedo echarte ahora mismo.

-- Inténtalo.

Mikey se encogió de hombros, y miró a los lados con timidez.

-- Sólo bromeaba.

Bob inició otra partida en la pantalla del televisor.

-- ¡La revancha! -- Exclamó.

Mikey tomó el control con prontitud, y siguieron jugando.

 

Famous Last Words dejó de estremecer el estudio de la casa. Sudados, Gerard y Ray salieron a escuchar a Brian.

-- Para el próximo ensayo, quiero escucharlos con una canción más grave.

-- (Ray) Se escucha algo raro sin batería.

-- Y sin bajo. -- Le completó Gee.

-- (Brian) Lo hicieron grandioso, increíble. Ahora suban y díganles a los demás que traigan su trasero para acá.

Gerard posó su mano sobre el hombro de Brian en señal de afecto.

-- Y, por favor, -- Añadía Brian -- si contactan a Frank, díganle que les cuente lo que ha hecho, cómo le ha ido en la gira, pregúntenle a qué hora volverá mañana.

-- Cuenta con ello. -- Aseguró Ray.

-- Bueno, ahora muévanse.

Los rockeros pasaron por la sala a grandes pasos, y subieron las escaleras.

Ray atravesó su pie en la caminata de Gerard, provocando un leve tropiezo.

-- Cuidado por donde caminas.

Gerard, astuto, dedicó una mirada pícara. Al llegar a la planta alta, doblaron al cuarto de Mikey. Gerard entró con rapidez, y cerró la puerta tan rápidamente frente a Ray que éste casi se golpea con ella. Inmediatamente, Gee la volvió a abrir, y con una sonrisa arrendó las palabras.

-- Cuidado por donde caminas.

 

Al mismo tiempo, Leathermouth hacía de su regreso a Norteamérica algo emocionante. Como no se quedaban dormidos; aunque estuvieran cansados, dentro del avión que finalmente los traía a New York; Rob, Vicent, Steve y Frank hacían una especie de escándalo; gritándose, riendo sin razón. Jamia sí estaba profundamente dormida.

Los demás pasajeros miraban a los vivaces músicos con extrañeza, pero ellos no prestaban atención. Pero una vez que se tranquilizaron, Frank comenzó a planear las siguientes horas para que le dé tiempo de comprobar que todo esté listo para la noche de mañana: su boda.

 

En Berlín, Ana sentía la madrugada tan clara que perdió la noción del tiempo. Eran las dos de la madrugada, y ella todavía estaba sentada en uno de los redondeados muebles color ocre, con la cálida luz anaranjada encendida para poder leer un interesante libro que trajo de Estados Unidos. Miró otra vez la cartera desordenada que seguía tirada en el suelo de la sala, incomodándola. Sin esperar más, se levantó, y se inclinó para recoger las cosas que se habían escapado de ella. Lápiz labial, un monedero, papeles... todo eso lo iba empujando al interior de la cartera para luego botarla. Un papel azul cielo llamó su atención. Lo abrió, y lo empezó a leer; de todas maneras la dueña nunca se iba a enterar.

 "Votos" era el título.

Título idiota. -- Pensó Ana. Si eran los votos para el matrimonio, de todas maneras no tenía que escribirlo.

"Querido Frank .

Estoy justo aquí, parada frente a ti con un hermoso vestido blanco. Quiero que me mires a los ojos, y me digas si de verdad creíste que tendrías una mujer como yo, para un cerdo como tú.

Ana se impresionó por completo ante estas fuertes palabras. Urgentemente, debía seguir leyendo.

Pero si tú eres la persona más repugnante que en mi vida he conocido. Eres un insecto asqueroso.

Sólo te casas conmigo porque crees estoy embarazada. ¿Quieres que te explique todo esto? Bien, yo jamás te amé, ni siquiera te quise: sólo quería venganza. ¿Quién eres tú para dejarme a mí? En fin, hice tu vida un tanto miserable, hice que pelearas con tus queridos amigos, hasta el punto de casi perderlos y a la banda, y además los hice pelear entre ellos. Pero he aquí la mejor parte: hice que perdieras al amor de tu vida. Sí, esa Ana ya jamás será tuya, porque fuiste un idiota. Es increíble lo que se logra contigo sólo con seducirte .

¿Y sabes algo? Cumplí con lo que me propuse, y estoy feliz . Por cierto, nunca estuve embarazada, ni estuvimos juntos en la cama.

Ahora me voy, dejándote solo en el altar, frente a todos aquí presentes ."

 

Ana quedó horrorizada ante estas fortísimas revelaciones que Jamia hará públicamente dentro de horas. No puede creer que sea capaz de hacer una cosa así. Avergonzar a Frank de manera terriblemente degradante, divulgando el matrimonio por compromiso, insultándolo y abandonándolo en sus propias nupcias. Todo frente a, prácticamente, tres continentes. Pero aún más importante que este descomunal hecho, esto significa que ella lo atacó con toda maldad; gracias a Jamia, Frank se separó de sus amigos y de ella, su gran amor.

 

¿Y qué puede hacer ella, estando en Europa? Sólo dejar que las cosas sucedan.

Pero no es algo con lo que ella podría vivir.

 

Lectores, pongan "Gotta Be Somebody", de Nickelback.

Comenzó una carrera contra el tiempo difícil, desequilibrada, insegura; porque puede que no llegue a tiempo; pero sobre todo esperanzada. Arrugó la página índigo, y la metió en su bolsillo. Sabe que es ahora o nunca.

Fue hasta su habitación, buscó todos sus papeles; y además, chequeras, tarjetas, efectivo... Necesitaba mucho dinero para este viaje. Surgió una idea, y no la dejó pasar: abrió el enorme armario, y tomó la bellísima y masculina chaqueta de Frank; que ahora es suya.

 

Ahora sí, salió de la casa, y corrió hasta su auto sin una sola maleta, ni comida, ni avisarle nada a nadie.

Vio que Immanuel estaba sentado frente a su casa, sin hacer nada. ¿Qué hacía fuera a esta hora? Al verla tan apurada justo antes de abrir el vehículo, sacó sin discreción alguna una cámara de su suéter, y la enfocó.

Ana sabía qué hacer. Caminó hasta él, le quitó la cámara ágilmente, y la sostenía en sus manos.

-- ¿Qué haces? -- Preguntó él crispado.

-- No tengo tiempo para esto.

Y con un fuerte golpe contra el piso de concreto, la hizo pedazos.

-- Y por cierto, "Thomas" es mi abuelo guitarrista.

 

Se devolvió ignorando por completo todo lo que le gritaba. Sabe que tal vez saldrá un artículo diciendo lo que pasó, pero no tiene pruebas reales de ello, y de todas formas no le interesa en lo absoluto.

Se montó en el carro, cerró la puerta, y lo encendió. Immanuel se levantó y fue hasta ella enardecido, pero arrancó antes de que pudiera hacerle algo.

 

Iba a su único destino: el aeropuerto. En el camino, pensó en lo que haría para que mantuvieran su automóvil ahí hasta que ella regrese, y se le ocurrió encargárselo a los vigilantes. Le cobrarán una fortuna, pero es la única opción.

Efectivamente, al llegar, Ana se bajó del vehículo con celeridad, y llegó a un costoso acuerdo con un vigilante.

Había muchas personas en su camino al interior del aeropuerto, así que, al pasar fugazmente, las iba atropellando.

 

Al llegar a la fila, empujó a todos los que iban delante, y anunció que necesita un boleto a New York.

-- Señorita, tiene que esperar su turno. Además, ya debe poseer su boleto. -- Le reprimió la empleada.

Las miradas de los demás eran afirmativas, pero Ana no iba a esperar.

-- ¿Esperar qué? -- Inquirió mostrando parte del dinero que trajo. Al ver su cantidad, la empleada sólo requirió:

-- Documentos.

Ana sonrió, y colocó sobre la vitrina los papeles que cargaba.

Fueron registrados, y luego la muchacha le dio algunas planillas para llenar. Ana lo hizo con destreza.

-- Hay un vuelo a New York en veinticinco minutos. Adquiera el boleto en aquella oficina.

La señaló con la vista.

-- (Ana) ¿No hay uno que sea dentro de menos?

La muchacha negó con la cabeza.

 

Al terminar todo el proceso en el aeropuerto; el cual no era nada corto, pero ella lo terminó con prontitud; pudo ir a subir al avión a la hora precisa. Hacía la fila en dirección a él con apacibilidad, ya que se apresurara o no, no iba a influir en la duración del vuelo.

Finalmente llegó a su asiento. Se recostó, y esperó a que el avión emprendiera marcha. Una vez que se podían quitar los cinturones de seguridad, se levantó, y buscó algún computador por toda la sala. Un señor; que parecía empresario; estaba utilizando una computadora portátil. Ana, educadamente, le pidió que busque algo por internet. Al principio, el hombre se negó, pero ante la insistencia de Ana; y en parte, por su belleza; le permitió un breve minuto la lujosa máquina. Ella investigó en un buscador americano lugar y hora de la boda de Frank hoy. Al encontrarla, le devolvió la laptop.

 

Se regresó a su asiento, y se acostó de la manera más cómoda posible. Respiró hondo; gastado bastante dinero que había ganado desde que llegó a Alemania, dejando todas sus pertenencias solas en otro continente, estando consciente de que podría no llegar antes de que se digan los votos, sabiendo que cuando aterrice en tierra firme continúa esta persecución... con todo esto, aún así, Ana durmió como un bebé durante casi ocho horas, con completa paz interior.

 

Se encendió la luz roja indicando que las personas ya pueden bajarse del avión. Estaban estacionados en el aeropuerto de New York.

Ana se quitó el cinturón de seguridad, y se levantó perdiendo la somnolencia. Avanzó hasta la salida del avión, esperó que le dieran paso para salir, bajó las escaleras, y posteriormente pisó la tierra neoyorquina. En ese momento, regresó a su querido país.

 

No sentía frío porque vestía la gallarda chaqueta de cuero de Frank. Quisiera detenerse a contemplar aunque sea un rato más aquel agraciado firmamento estadounidense, pero éste mismo no se lo permitía, porque su oscuridad indicaba que al día ya no le queda mucha vida.

Es increíble; llegó a Estados Unidos cerca de las seis de la noche. Llegó más temprano de lo que salió.

Prontamente, siguió con la carrera. Tuvo que recorrer bastante para llegar al exterior del inmenso aeropuerto, encontrándose en plena ciudad; con tantos vehículos y personas alrededor. Se le atravesó de manera arriesgada a un taxi que tenía la ventana del conductor abierta. Éste se detuvo, ella se montó en el asiento del copiloto, y estuvo feliz de ordenarle al exaltado taxista en inglés que corra a New Jersey.

Cuando él se volteó para verla, vio que se trataba de un señor de avanzada edad; sus bien trazadas arrugas a los lados de sus marchitos, pero afables ojos, sugerían que una vez fue muy amiguero, y ahora es un agradable trabajador. Pero fue una mala señal al verlo pestañear tan pesadamente.

-- Mire, señorita...-- Hablaba tan lento como se movía. -- eso queda muy... lejos. ¿Cómo piensa... pagarme?

-- Con dinero. Arranque. -- Respondió bruscamente.

El señor se dio su tiempo para reír un poco por la respuesta "con dinero". Al terminar, repuso lo mismo.

-- Pero en serio es lejos. Me gustaría -- Hizo una pausa -- que me pagara por adelantado. Es decir... ahora mismo.

Ana se martirizaba con tanta lentitud, ya que la hora de la boda se aproxima inminentemente. Tomó varios billetes de gran valor, y se los entregó. Él abrió su rostro como un capullo ante tanto dinero.

-- Quédese con el vuelto. Ahora arranque.

-- Muchas... gracias. -- Correspondió al mismo tiempo que pisaba el acelerador.

 

Ana tuvo paciencia al principio, pero con ochenta kilómetros por hora, no duró ni diez minutos.

-- Señor, discúlpeme. De veras lo siento.

-- Pero... ¿por qué?

-- Deténgase.

Él le dedicó una mirada de extrañeza, pero obedeció. Ana se bajó rápidamente, cerró la puerta, y en vista de que no hay ni un solo taxi a sus alrededores, le dio la vuelta al carro. Abrió la puerta trasera, y procedió a colocarse frente a la puerta del conductor. Alzó el codo súbitamente, golpeando al señor en medio de la frente tan fuertemente que quedó inconsciente. De inmediato, Ana introdujo la mano por la ventana y abrió la puerta. Dejó caer al señor en sus brazos, y lo pasó al asiento trasero. Cerró la puerta, y se ensambló en el asiento del conductor. Aceleró hasta la máxima velocidad.

 

Atendiendo los detalles de última hora, a Frank se le notaban sus nervios a simple vista. Ahora está en iglesia; tras haber buscado su automóvil en casa de Rob, comprobando que todo esté listo y preparado para cuando sea la hora. Jamia no lo acompaña porque su chofer, el señor Lincoln, tenía órdenes de llevarla a su casa.

Con el permiso de Bob, Mikey, Gerard y Ray; Brian lo acompañaba, ayudándolo, mientras los demás atendían otros deberes como banda.

Lo siguió hasta el altar, ya que él quería una segunda opinión.

-- Está perfecto, Frank, deja de preguntarme. -- Aclaró por tercera vez.

-- Pero... ¿estás seguro?

-- Por completo.

Frank parecía convencido, pero su gesto de preocupación no cesaba. Se quedó callado, mirando al suelo.

-- Hey... ¿estás bien?

-- No lo sé. -- Respondió, sin despegar la vista del piso.

-- Dime qué te molesta.

-- Ése es el problema. La iglesia está celestialmente decorada, mi traje me está esperando, la cena que tendremos después está completa y perfecta, el tiempo va al pie de la letra... sé que cuento con mis amigos, con mi familia, contigo. No hay nada que de ninguna manera pueda molestarme.

Brian entendió lo que sucedía.

-- Excepto una cosa.

Frank elevó la mirada a él.

-- Quieres decidir con toda seguridad si quieres o no casarte por la Iglesia.

-- No, Brian, no es eso. Sabes que no creo en esas cosas.

-- Pero no es eso lo que te tiene así. -- Aseguró con confianza. -- Es que sabes una vez que te cases por la Iglesia, no podrás volver a hacerlo con ninguna otra mujer, es como si te limitaras a no amar de esta manera de nuevo. Es una decisión muy importante, una de las más prestigiosas en tu vida.

Se dispersó un sosegado silencio, y Brian concluyó con una pregunta.

-- ¿Estás seguro de que quieres hacerlo?

Frank suspiró.

-- Ya todo está dispuesto, no hay vuelta atrás.

-- Pero por supuesto que sí. Todo esto...-- Señaló de manera general la iglesia -- es puro material. Algo que siempre puede estar preparado, y que de igual manera puede derrumbarse. Pero esto...-- Tocó el pecho de Frank, colocando sus dedos donde se sitúa su corazón -- esto es alma, algo interior. Sólo puede estar preparado si de verdad quieres hacer esto, y no puede derrumbarse.

Las demás personas que había en lugar eran las únicas en hacer ruido, porque Brian y Frank no dijeron más. Ambos sabían que, a estas alturas, Frank no sería capaz de cancelarlo todo.

 

Después de más o menos una hora de viaje, a toda velocidad, Ana finalmente transitaba por New Jersey. Extrañamente, no se sentía culpable por haber golpeado al pobre señor, además, sabe que no le va a pasar nada más que una migraña. Pero eso no era lo más relevante ahora, era que ya no faltaba demasiado para llegar a Holy Mary.

Es inverosímil pensar en lo malo que podría pasar al llegar. Jamia podría haber empezado a decir los votos, podría llegar a tiempo pero Frank se negaría a creerle, podría llegar sólo para ver a Frank salir avergonzado; o, ¿por qué no?, podría tener un accidente de tránsito. De cualquier manera, no se detendrá ahora.

 

 

Entra la novia tomada del brazo de su padre a la iglesia. Frank la esperaba en el altar, luciendo muy apuesto, elegante, pero considerablemente triste.

 

Las calles de aquella zona están atestadas de vehículos; entre todos los invitados al matrimonio, las mil cámaras, y los siempre presentes entrometidos. Ana sabía que estaba muy cerca de Holy Mary, y avanzaba lo más que podía en aquellos instantes que se lo permitían, pero el tráfico es mortificante, y para su prisa, es desesperante.

 

Después del paulatino camino al altar con fondo de música nupcial, Jamia se detuvo frente a Frank con la posición perfecta y recta, presuntuosamente maquillada, y con la mirada delicada. A su lado estaba su única madrina y un padrino de Frank; Mikey. Al lado del novio estaban el resto de los padrinos: Bob, Ray, Gerard, y, un poco más apartado por decisión propia, Brian.

-- Estamos aquí reunidos...-- Emprendía el padre.

 

Ana, sagaz, apagó el auto, dejándolo inmóvil entre todos los demás, y también dejó abandonado al señor dentro. A pie, partió a la iglesia.

 

 

Sus piernas estaban cansadas, y de por sí su cuerpo está exhausto por el maratón que ha experimentado, pero con la rapidez que cruzaba las calles, ya se acercaba a la de la iglesia. Era muy raro que aún con tanta actividad no estuviera sudando ni jadeando.

 

El Padre continuó el protocolo después de su sermón, otorgándole la palabra a Jamia, preguntándole si acepta a Frank como su legítimo esposo. Era el momento de decir sus votos.

 

Finalmente llegó a las inmensas puertas de la iglesia. Estaban abiertas sólo porque las cámaras grababan y fotografiaban todo desde afuera. Ana se adelantó hasta su enorme marco, pero inesperadamente la detuvieron un par de guardias que vigilaban como si fuera una época remota.

-- No puedes pasar. -- Advirtió uno de ellos, y se atravesó frente a ella, obstruyendo el paso.

-- ¡Por favor! ¡Déjenme entrar!

-- Interrumpirías todo, no eres invitada, y no estás vestida acorde. -- Informó el otro guardia.

 

-- Querido Frank. -- Ostentó Jamia. -- Estoy justo aquí, parada frente a ti con un hermoso vestido blanco.

 

-- ¡Por favor! -- Exclamó Ana.

-- Déjenla pasar. -- Ordenó una voz masculina. -- Es mi invitada.

Los guardias la soltaron. Ana miró al frente, y era Deryck.

Vestía un fino esmoquin negro, una pulcra y sensual camisa blanca, y una distinguida corbata gris. Estaba de pie en la parte final de la iglesia, como si estuviera esperando a alguien.

Fue como un flechazo verlo tan galán, pero al escucharlo decir algo; no prestó atención qué; Ana despertó del breve ensueño.

 

-- Quiero que me mires a los ojos, y me digas si de verdad...

-- ¡Frank! -- Gritó dispuesta.

Aquel eminente grito fue imprevisto, y muy comprometedor. Todos en la iglesia giraron su cuerpo, clavando sus sorprendidas miradas en Ana. Las cámaras residieron aún más alertas.

Los más cercanos al altar tuvieron distintas reacciones. La gran extrañeza de Frank opacó un poco, pero no del todo, su ilusión al verla; Jamia frunció el ceño demostrando claramente su irritación; Gerard, Mikey, Ray y Bob enaltecieron las cejas con asombro; y Cheech, el padre de Frank, sentado en una de las primeras filas, sonrió.

 

En ese momento, Ana se atrevió a todo.

-- Mi amor...-- Resopló, tornando su rostro un tanto entregado a sus emociones y a Frank.

Con pasos decididos, se acercó mostrándose sin miedo alguno, y al mismo tiempo, lucía hermosa.

Era increíble cómo Ana tenía su vista fija en Frank, y se aproximaba a él sin voltear a todos los que la seguían con la mirada, sin decir una palabra, pero su expresión hablaba por ellos. Los de MCR no eran la excepción.

 

Tras el despacio y firme sendero al altar, Ana subió la escalerilla frente al Padre, y se colocó entre Frank y Jamia, excluyendo totalmente a Jamia. Estando justo frente a ella, Frank apreció la chaqueta; aun en su apasionado pero calmado desconcierto.

-- Lárgate de aquí, zorra. -- Agravió Jamia.

Ana ni siquiera pareció escuchar, sus grandes ojos seguían cautivando por completo los de Frank. Sus miradas estaban tan inmóviles como tiernas, hasta el punto de notárseles cierta impresionabilidad.

Esa actitud tan adorable hizo inferir a Jamia.

-- Estoy hablando contigo. -- Insistió con aún más vehemencia.

Ana se dio una media vuelta con seguridad, y repentinamente le dio un puñetazo en la nariz con precisión y fuerza.

Sin darle importancia a la reacción de todos, Ana se volvió a Frank. Los chicos abrieron la boca con estupefacción e indiscutibles sonrisas, y los demás en la iglesia quedaron boquiabiertos.

-- Esta mujer nos separó, pero más importante, te destruyó a propósi...

Calló. No es algo que debe decir frente a todos, eso sería cometer lo mismo que Jamia.

-- Hay tantas cosas de las que no tienes idea, y prometo explicártelas, pero primero confía en mí.

Extendió su brazo, y posó una mano delicadamente sobre su mejilla, en una pequeña caricia. Frank cerró los ojos, y acercó más su cabeza.

-- Sabes que te amo, -- Fueron palabras muy importantes para todos -- y tú me amas. Así que tírate conmigo de esta camioneta.

 

Frank se sumergió en un fuerte, pero preciado recuerdo.

 

Su respiración es dificultosa, su mirada llena de miedo. La preciosa voz de Ana se preocupa por él.

-- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

La camioneta tambalea, empeorando la tensa situación. Él no dice nada, dejando a la pobre Ana en duda. Pero logrando encontrar la serenidad, sólo dijo:

-- Ven conmigo. Confía en mí.

 

Ella, sumisa, obedece, a pesar de que él se acercó al peligroso e inestable borde del vehículo.

 

-- ¡Frank! ¡Te vas a caer!

-- Confía en mí.

 

Y luego de un efusivo abrazo, con un terrible pavor y sus corazones latiendo fulminantemente, saltaron del vehículo.

 

Rodaban por el hiriente pavimento, viviendo el espantoso susto. Al detenerse, hubo una explosión, producto de un gran choque entre su camioneta y un inmenso camión. Murió un buen hombre que en primer lugar los había protegido.

Pero con nuevas y tal vez peores heridas, de pronto todo se convirtió en el Cielo.

Están vivos, juntos, a salvo. Frank los salvó. Él lo sabía desde un principio, pero no le quiso decir; más eso ya no importaba, porque ella confió en él.

 

-- Confía en mí. -- Repitió Ana.

Frank abrió los ojos impulsivamente. Conforme pasaban los segundos, el momento era más crucial.

Él tomó su mano, y la bajó de su rostro inspirando rechazo.

-- Me tiro contigo.

Y se acercó tan rápidamente que nadie predijo que la besaría.

 

Jamia, aún con la nariz rota, con tropelía dio un paso para interrumpirlos, pero Mikey pisó el ruedo de su vestido.

Los labios de Frank y Ana seguían unidos; ella tenía las cejas contraídas; y Bob, espontáneo como siempre, anunció en aquel silencio:

-- Yeah!

Los chicos rieron llenos de sorpresa, Brian sonrió con orgullo, Jamia sostenía con sus manos la sangre que se escurría desde su nariz. El resto seguía absorto.

 

Concluyentemente, Ana y Frank separaron sus labios, y giraron al frente. Casi corriendo, salieron de la iglesia, y los guardias les abrieron camino con confusión. Después, los chicos también salieron.

Seguidamente, todas las miradas estaban sobre Jamia; abandonada en el altar con la nariz rota.

MCR 'TIL DEATH...................................By: wayrocks

Antes Del Amanecer

lunes, 23 de marzo del 2009 a las 21:37

 

Capitulo 10

 

- Hola Emily.

Emily se acercó a la mesa, y se sentó en la silla libre delante de Gerard.

- Siento haberte echo esperar... -. Se disculpó Emily.

- Que va... Tranquila... Acabo de llegar... -. Le dedicó otra sonrisa. - Mira, toma la carta, elige lo que quieras, yo invito...

- Muchas gracias -.Le devuelve la sonrisa.

Después de pedir la comida, al irse el camarero, Gerard se quedó mirando a Emily...

- Pues... ¿Cómo está tu amiga? -. Preguntó preocupado.

- Ah... Ella esta muy bien... Como si no le hubiera pasado nada...

- Pues mejor, ¿no? Se nota que la quieres...

-Si...

Emily no podía dejar de mirarlo, esa mirada, le atrapaba, la quemaba por dentro...

No sabía que le sucedía, pero se sentía tan cómoda a su lado, podía ser tan...natural...

 

La velada pasó sin muchas complicaciones, y Emily disfrutó de ese momento junto a su acompañante al máximo.

Cuando salieron del restaurante, Gerard se ofreció a llevar a Emily a su trabajo en coche, lo cual ella aceptó.

Cuando llegaron al edificio, Gerard se acercó a Emily y rozó sus labios con los suyos en forma de despedida. Emily se quedó de piedra, pero se dejó llevar.

Entonces, Gerard se separó de ella con una mirada extraña y una sonrisa preciosa.

-Lo siento, es que me gustas mucho, Emily...-

-A mi también me gustas mucho, Gerard -. No podía creer lo que estaba diciendo - Así que tranquilo...

-Guay... ¿Quieres... quieres venir esta tarde a un concierto que doy con mi grupo? -. Se dio la vuelta para coger su mochila negra del asiento de atrás y sacar una especie de tarjeta - Esto te servirá para entrar en los camerinos, y te pondrán en un lugar especial para que puedas ver mejor el concierto... ¿te gusta la idea?

-¡¡CLARO QUE SI!! -. Se acercó a Gerard y le dio otro beso - ¡¡GRACIAS!!

Después de esto, se despidieron y Emily volvió a su mesa.

De pronto, Carlos apareció detrás de él con cara de enfado.

-¡¡EMILY!! ¿Quién era ese tipo?

-Es solo un amigo, Carlos, tú no eres mi padre, así que no vengas con esas preguntitas.

-Solo me preocupo por ti, Emily... Eres una buena compañera, y tengo que decirte que ese tipo no te conviene, te mira de una manera muy extraña, además, por favor, mira sus pintas... ¡¡Y QUE FEO ES, POR DIOS!!

De repente, Emily se levanta.

-¡¡PUES PARA QUE TE ENTERES, ESE FEO ES MI NOVIO, Y LO AMO CON LOCURA!! ¡¡Así que cállate y déjame EN PAZ!!

Tras esto, empujó a Carlos para salir corriendo a su casa, para poder tranquilizarse y no lanzarse encima de su compañero.

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