FIC Capítulo 66
Capítulo 66.-
Los planes que Ana había ideado ayer se llevarían a cabo puntualmente. Por la mañana le haría "mantenimiento" a su casa, y luego iría a almorzar de nuevo en Wegener con Jack y Rachel, ya que sus platos sí estuvieron deliciosos y quisieron volver con ella. Por la tarde iría a Ungewitter, el establecimiento, a solicitar que le retiren el sistema.
Así que se levantó de la cama a la diez, despertando por su propio instinto. Se tomó su tiempo para limpiar y ordenar toda la casa, lavar la ropa sucia y las sábanas usadas. Al concluir, comenzó a arreglarse a sí misma.
Adolf llegó a su casa a las doce y media, y fue entonces cuando Ana salió de la casa camino a su automóvil.
-- Hola. -- Saludó una voz masculina.
Era imposible que se dirigiera a Adolf, así que Ana volteó. Era Immanuel.
Está un poco acosador, a pesar de que hace sólo dos días lo conoce.
-- Hola, Immanuel. -- Respondió Ana.
Le dedicó una simpática sonrisa. Él la correspondió, ya que si quiere facilitar su investigación, es mejor llevarse bien con ella. Pero a pesar de que sólo eso quiere, se detuvo a admirarla, ya que la manera en que se arregló acentuaba aún más su gran belleza.
-- ¿Ahora sí podemos hablar? -- Preguntó, sin disimular sus ojos que corrían por toda ella.
-- Supongo.
Él se metió la mano en el bolsillo, y activó una grabadora sigilosamente.
-- ¿Cómo te ha ido desde que llegaste a la urbanización? ¿Te gusta?
-- Sí, claro. -- Contestó un aire de ironía.
-- ¿Sabes de quién fue la culpa de que su sistema de alarmas se activara?
Repentinamente su gesto era intimidante. Ana se atemorizó un poco.
-- No.
-- Del bóxer de la señora que vive en aquella casa.
La señaló con el brazo.
-- Pero seguro no fue deliberadamente.
-- Yo no estaría tan seguro.
La mirada de Ana se llenó de extrañeza.
-- ¿Perdón?
-- Sólo digo que si fuera tú, me cuidaría las espaldas.
Ella guardó silencio.
-- Los perros de acá no suelen salirse de esa manera. -- Agregó él, esperando una contestación.
-- Yo confío mucho en la seguridad de esta urbanización. -- Disintió.
Habría sido estupendo para Immanuel tener la grabación de Ana Black comportándose como una malcriada, o al menos siendo paranoica.
-- ¿Y a dónde se dirigen? ¿Él es tu novio?
Era increíble pensar que ella, siendo tan hermosa, estaría con alguien tan amargado.
Ana no le entendió a la perfección, por lo que pronunció el nombre de Adolf. Él la miró con desgana, y terminó enunciando la traducción en inglés.
-- Vamos a comer con unos amigos.
Immanuel desactivó la grabadora.
-- ¿Te acaba de hablar en otro idioma? -- Preguntó fingiendo no saber que ella es de Norteamérica.
-- Sí. -- Explicaba. -- No nací en Alemania; de hecho, me acabo de mudar.
-- ¿De dónde vienes?
Desde entonces sus respuestas fueron recibidas de parte de Adolf, quien se las repetía a Ana en inglés.
-- De Estados Unidos.
Activó la grabadora nuevamente.
-- ¿Por qué te mudaste desde tan lejos?
-- Por una gran oferta de trabajo.
-- ¿Y en Estados Unidos no trabajabas?
-- Por supuesto que sí.
-- ¿Y entonces?
Demasiadas preguntas.
-- ¿Sabe? Dejémoslo en que me acabo de mudar.
Como Immanuel calló mientras pensaba en qué más preguntarle, ella miró el reloj en su muñeca. Con su propia voz le informó a Immanuel:
-- Debo irme. Que tenga un buen día.
Una vez estacionado su carro frente al popular restaurant Wegener, pudo ver a Jack, Rachel y sus traductores sentados esperando afuera. En ese preciso momento, Immanuel hurgaba las cosas de Ana por toda la cosa; ya que no era difícil entrar desapercibido; en busca de algo interesante.
Se bajó del carro junto a Adolf, dejando allí la rosa que compró en el camino. No estaba segura del por qué la compró, pero de cualquier manera la quiere y le hace sentir muy especial.
Entraron juntos al local. Se tardaron un par de minutos en encontrar una mesa de ocho, pues las pocas disponibles estaban en la segunda la parte del restaurant, donde la delicada luz era más oscura.
Jack encontró una. Se sentaron los tres gringos y los tres traductores, esperando al mesero.
Amablemente, éste le entregó el menú a cada uno. Pidieron un vino llamado Lowenbrau; Jack y Rachel eligieron los platos a la suerte una vez más, y Ana prefirió leer los distintos platillos, ya que la última vez no le fue muy bien con esta técnica. Consultó con su traductor lo que significa el nombre de un misterioso plato, y era vegetariano. ¿Por qué no? Ordenó ese.
Leathermouth finalmente terminó su disputa con los negociadores alemanes, llegando al acuerdo terminante con la banda.
Una media hora después, transitaban por las avenidas en busca de un restaurant. Vicent, Rob, Steve, Frank y Jamia se morían de hambre.
El chofer estacionó en una esquina. Apagó el motor, y se dedicó a esperar que sus pasajeros almuercen.
Todos se bajaron del auto, y entraron al fino restaurant. El sol irradiaba el frente, despidiendo una agradable luminosidad. Decidieron sentarse allí, en una mesa de cuatro que se encontraba desocupada. Si no estuviera Jamia, la banda estaría cómoda, pero se las tuvieron que arreglar para que cupieran los cuatro hombres y una mujer.
-- Espacio, espacio. Recuerden que estoy embarazada. -- Se quejó Jamia.
Ellos se quedaron callados, pero fastidiados. Jamia se arrimó a un lado para que los resplandecientes rayos solares no alumbren su cara. Por este movimiento, se le cayó la cartera al suelo; no se dio cuenta.
Un mesero atendió la mesa vecina, y luego pasó por esta para entregar las cinco cartas.
-- (Rachel) ¿Por qué tardan tanto? Hace siglos que pedimos.
-- Estamos en un sitio de prestigio. -- Le recordó Jack.
-- Que no se te suba a la cabeza. -- Respondió ella.
Frank estudió desde su puesto aquellos platillos que descansaban juntos sobre una gran tabla de madera, para tener una idea de qué ordenar. Un plato llamó su atención; parecía una pasta color verde, con ciertos condimentos de tonos cálidos. A pesar de todo, se veía delicioso, y al preguntarle al mesero; quien entendió su idioma; resulta que no tenía nada de carne. Como él es vegetariano, se interesó.
-- Quiero ése. -- Escogió señalando con el mentón la tabla alargada.
-- ¿Cuál de todos? -- Preguntó Vicent en tono sarcástico.
-- El vegetariano.
-- (Steve) Bueno, has encontrado a tu alma gemela alemana.
Todos lo miraron con mucha extrañeza. Frank rompió el silencio.
-- Tal vez no sea vegetariano, -- Supuso refiriéndose al alemán que ordenó el plato -- sólo quiso variar un poco.
-- De todas maneras deberías ir a ver quién lo pidió. -- Insistió Steve.
-- (Frank) ¿Para qué?
-- Tiene razón, -- Opinó Jamia -- no tiene por qué ir.
Parecía molesta.
-- (Steve) Amigo, aunque no tenga importancia alguna, ¿cuándo vas a volver a ver a un alemán vegetariano?
-- Touché. -- Anunció Rob.
-- Buen punto. -- Apreció Frank. -- Ya vengo.
Convencido, se levantó de la silla.
Vio cómo uno de los meseros que estaban cerca tomó el plato, más otros dos, y los posó en su hombro izquierdo. Con la mano derecha, tomó otros tres platos y los posó en su hombro derecho. Sosteniéndolos todos, empezó a caminar cautelosamente.
Frank quedó estupefacto. Esto era todo un espectáculo: seis platos a la vez.
Apresuró el paso tras del ágil mesero. Le pareció extraño lo largo que se les hacía el camino a ambos, incluso la luz oscurecía sutilmente.
Al llegar a la segunda parte del restaurant, finalmente el mesero encontró la mesa. Frank se había concentrado tanto en él, que casi se olvida de fijarse en quién es el posible vegetariano alemán. Estudió cómo bajaba los platos uno por uno de sus hombros, y los ponía en cada puesto de la mesa sin equivocarse de cliente.
Finalmente quedaban tres platos, entre ellos el vegetariano. Los colocó simultáneamente, uno para un hombre, y los otros dos para las únicas mujeres en la mesa.
Entró en shock al reconocer el rostro de una de ellas.
¿Ana?
-- ¡Ana! -- Exclamó a altas voces.
Ana reaccionó rápidamente; pero para sus interiores pasó un largo momento al escuchar ese llamado.
Antes de tomar en cuenta que gritan su nombre en Alemania, un lugar donde el único que pudo haberla llamado así sería Stu. Antes de considerar la posibilidad de que no sea ella la única "Ana" en el lugar, y ese grito no sea con ella. Antes de pensar si quizá escuchó incorrectamente; lo más inconfundible acaba de suceder: había escuchado la voz que más ama en el mundo. Una voz a la que reaccionaría aunque sólo emitiera un suspiro. Una voz que jamás podría dejar de percibir, mucho menos olvidar. Una voz tan hermosa que tanto conoce. Esa voz que pronunció su nombre.
Frank.
Pero el reloj avanzó su más larga manilla indicando un segundo más, y fue como abrir los ojos.
Volteó inmediatamente hacia él. A ambos se aceleró el corazón súbitamente. Frank dio un paso al frente. Con los músculos faciales paralizados, Ana arrimó su silla hacia atrás de manera impetuosa, y se levantó seguido de empezar a correr. Todos en la mesa se asustaron por su gesto.
Frank decidió seguirla al mismo paso. Ana nunca ha sido muy buena para mentir, y prefiere perder un instante al menos mirándolo a correr el riesgo de gritarle en la cara ¡estoy embaraza!
Abrió la puerta del baño de damas, entró, y la cerró fugazmente. No había cerradura, así que se metió a un cubículo y pasó el seguro.
Inminentemente escuchó la puerta del baño abrirse. Por ella, Frank no teme estar en aquel pulcro baño de damas, que, afortunadamente, estaba vacío. Sabe en qué cubículo se encerró.
-- ¡Ana! -- Exclamó en tono de súplica.
-- ¡Vete! -- Rogó.
Frank se acercó a la puerta del cubículo, y se ciñó totalmente a ella, con las manos abiertas. No había algo que quisiera más que ella abriera.
-- Ana, por favor.
Ella no quiso responder.
-- Escúchame, te lo pido...
-- ¡No! -- Gritó punzantemente para ambos. -- Vete, Frank, te lo suplico.
-- Ana. -- Insistía intentando calmarla.
Si tan sólo supiera...
-- ¡Vete!
Todo lo que se decían, lo hacían en un tono de voz realmente elevado. Las autoridades del restaurant escucharon los gritos, así que fueron rápidamente.
Al abrir la puerta, vieron a Frank en una posición en la que sería fácil forzar la puerta. Por detrás, lo agarraron con fuerza por los brazos, como esposado, y lo sujetaron para apartarlo de la puerta. En ese violento silencio, Ana abrió el cubículo. Temía por lo que puedan hacerle a Frank.
-- Por favor...-- Intentaba comunicarse en el idioma. -- suéltenlo.
Ellos la ignoraron, y se iban a llevar a Frank. Ana corrió hasta él, y se introdujo en el pequeño espacio que había entre él y quien sujetaba fuertemente sus muñecas.
-- Déjenlo, por favor.
Al menos esas palabras se le entendieron. Supo que fue así cuando los hombres citaron un gesto de confusión.
-- ¡Por favor, lo está lastimando! -- Reclamó al que estrujaba las muñecas de Frank.
Frank no tenía ni idea de qué estaba diciendo Ana, pero sabe que lo está defendiendo.
Está demasiado sorprendido por todo. Ella está en Alemania, quién sabe desde hace cuánto tiempo, y hasta sabe hablar su lenguaje.
Ninguno de los hombres estaba completamente convencido de lo que les explicaba Ana, por lo que no soltaban a Frank, pero al menos no se fueron.
-- Sólo teníamos una pequeña pelea... no somos de aquí.
En vista de que no encontró palabras para seguir aclarando, acudió a su traductor.
-- No hablo alemán. -- Informó entrecortadamente. -- Mi traductor está afuera.
Se quedó en blanco. Si no llaman a Adolf, no iba a poder decir más.
El oficial, que aparentemente es el líder, solicitó algo con seriedad. Aunque Frank y Ana no entendieron, esperaban que fuera algo a su favor. Uno de ellos salió del baño, y cuando regresó, trajo a Adolf consigo.
-- Diles que no me hizo nada. -- Daba instrucciones Ana. -- Sólo teníamos una accidentalmente escandalosa discusión. Y que, por el amor de Dios, ¡que le suelten las muñecas!
Esto último casi lo gritó. No podía soportar el dolor de Frank.
El nervioso e irresponsable traductor empezó a repetirlo en alemán. Frank, plenamente aturdido por sus muñecas, el problema y el idioma; sintió un gran alivio cuando las fuertes manos lo soltaron.
El oficial preguntó algo. Adolf lo tradujo.
-- ¿Por qué discuten? ¿Es por un problema mayor?
-- No, no... una pelea amorosa. -- Reveló Ana.
Mejor quedar como unos ridículos a meterse en más problemas. Frank optó por quedarse callado, para no causar más complicaciones.
El oficial hizo otra pregunta. La traducción fue anunciada seguidamente.
-- ¿Está segura de que está a salvo con él?
-- (Ana) Sí.
-- Ja. -- Pronunció Adolf rápidamente.
Los guardias salieron del baño automáticamente. El único que se quedó fue el estresado oficial. Dijo una última cosa.
-- (Adolf) Dice que se calmen, y que salgan directamente del restaurant. No quiere dar más espectáculos.
- - Por supuesto. -- Aceptaron ambos al mismo tiempo.
-- Sólo un par de minutos. -- Requirió Frank.
Adolf tradujo. Luego el oficial se fue.
-- Voy a hablar contigo después. -- Notificó Ana, refiriéndose amenazantemente a su traductor.
Él también se fue, asustado.
Ana se mordió los labios, decidida a no decirle nada a Frank sobre el bebé. Se dio la vuelta, mirándose al espejo.
-- Discúlpame por esto. -- Lamentó.
-- ¿Qué? Yo fui el que vine a armar tremendo lío, y ahora nos echaron del restaurant. Discúlpame tú.
- - Tranquilo.
- - Tranquila. -- De nuevo al mismo tiempo.
[Silencio]
-- ¿Cuándo es tu boda? -- Preguntó Ana.
Se arrepintió de haber dicho eso. No hacía falta, ni traería nada bueno.
Frank se extrañó mucho. ¿Cómo es que lo sabe? Bueno, lo conoce muy bien. No quiso mentirle.
-- Dentro de tres días.
Ella, juiciosa, no dijo ni hizo nada. Al correr unos segundos, habló.
-- Debes irte.
-- Pero no quiero.
Otro silencio.
-- Hazlo. Ya.
Le dolía ser cruel, pero debe serlo.
Subió un poco la cabeza hacia el espejo. Admiró los preciosos ojos de Frank, que estaban clavados en ella.
Los dos saben que el otro lo ama con todas sus fuerzas, y que le desea lo mejor; aunque uno de ellos se case hoy mismo, y el otro tenga, prácticamente, una nueva vida. También saben que el otro está confundido sobre cómo es que llegó a este continente. Además, tienen claro que deben actuar como desconocidos por el bien de todos.
Entonces, no hay nada qué decir.
Frank estiró el brazo derecho, y apretó suavemente todos los dedos menos el índice. Su brazo quedó atravesando diagonalmente el espacio personal de Ana, sin tocarla. Ella volteó a él para verlo. Después de contemplarlo con todo cariño una vez más; igual que él lo hizo con ella --sí, lucían tan hermosos como cuando terminaron--; vio la mínima cicatriz en la yema de su dedo. Tan minúscula, que sólo ella podría distinguirla, reconociendo claramente su causa: la rosa. Cuando la oprimieron hasta que sus dedos ceñidos sangraron.
Ana elevó su antebrazo derecho, acercándolo al de Frank. Encogió todos los dedos menos el índice. Él también encontró la pequeña cicatriz.
Estaban entregados por completo a este momento, en el que sus dedos, unidos por una marca que simbolizaba un lazo hermoso, ni siquiera se rozaban.
Hasta que regresó la conciencia; él debía irse. Se dio la vuelta cruelmente, retirando su dedo de forma perecedera sin tener el más mínimo contacto con el de ella. La dejó sola.
Al salir del baño, quedó sorprendido ante la cantidad de gente que observaba el lugar fijamente, y la pila de ojos que posaron en él.
Decidió ignorarlos a todos, ligeramente enfadado. Dio unos pasos a la izquierda, en dirección a la primera parte del restaurant, pero se detuvo. No podía permitir que todos en el sitio miren a Ana de la manera tan vergonzosa que lo hicieron con él.
Se devolvió creando, no intencionalmente, más curiosidad para los espectadores curiosos sobre lo que sucede. Abrió la puerta del baño, y tomó las manos de Ana.
Ella seguía fielmente como él la había dejado. En realidad, se alegró al ver a Frank entrar. Pensó que había vuelto por ella, quitándole cierta preocupación.
No pudo demostrarla de una manera más sincera: una sonrisa. Una sonrisa en la que se notaba su tristeza en sus grandes ojos. Frank se sintió mal, pues sabe que al salir de ahí ella se daría cuenta de que no volvió exactamente por ella.
El plan era halarla al frente de una vez, pero al tomar sus manos se petrificó por un momento.
Sus manos se tomaron con fuerza. Sus ojos se miraban inmutablemente. El resto de sus cuerpos permanecía separado.
Enseguida e indiferentemente, Frank haló su brazo, acercándola a él con la única intención de sacarla del lugar. Sus plácidos aromas fueron percibidos, y sus labios rozaron accidentalmente.
Sin darle importancia alguna, Frank, con el mismo gesto frío, soltó una de sus manos para asir la manilla de la puerta, la giró, y salió del baño halándola por el brazo.
MCR 'TIL DEATH




Comentarios sobre FIC Capítulo 66
o.o
Jajaj... me gusto mucho tu cap! amo tu fic! eeeee.. se me seco el cerebro(otra vez)... xD... Oh por dios! Que va a pasar? Que pasara con Jamia? Le dira que esta embarazada? No nos dejes asi! Subi pronto! byye!
porfavor como nos puedes dejar asi no mas?
me va a dar un infarto si sigess asii!!
paso cada sustoo!!
comooo moria porque ana y frank stuvieran juntos..y se
encontraran..Y__Y
y ella no le dijo que staba embaazadaa!! u__U
yo queria que le dijeraa!!
plisss seguilloooo!!
anda porfaaa!!
bueno chaitoo!
cuidatee!
segulo nprontoo.. eress la mejor!!!
es el mejor fic que he leidooo!
o_________________________________________O
siguelooooo!
O_____________________O oh God!
OMG! se encontraron!? O.O que escandalo!
no me esperaba esto! ayer ya lei el cap =D
pero ahora recien puedo dejar comentario ^^'
ohh, FELICIDADES! jejejeje adelantado...
ak todavia no es lunes... pero no se... ^^de seguro lo leeras el dia de tu cumpleaños pero blablabla! lo importante es... FELICIDADES! xD jajajaja
no me hagas caso, cada dia mas loca ^^
espero que lo pases super bien! jejejeje
bueno, pero ahora el otro tema... FIC!
jajajaja O.O oh God! se encontraron!? jajaja, eso ya dije ¬¬
pero igual!!!! O______O
y que va a pasar con Jamia!? y... PORQUE ANA NO LE DIJO LA VERDAD!? bueno, de seguro porque Frank se va a casar con la jamona esa! que al parecer, ni embarazada esta! jajaja (bueno, eso ya todos lo sabemos ^^) creo ¬¬
pero bueno... otra vez, yo diciendo cualkier otra cosa...
y.. ehmm... MAlDITO IMMANUEL! o como sea... o se llame, o se escriba! o... YO QUE SE! ehmm blablabla! O.o
es un maldito paparazzi! MUERTE! jajajajajaja O.o
ok, cada dia me asusto mas... espero que tu no te asustes...
hay veces que nadie me entiende... ni yo! o.O
ok, creo que mejor me voy, antes de decir mas estupideces!
cuidate! y que pases muy bien en tu cumple!
"Hoy es tu cumpleaños, que seas muy feliz, y todos te deseamos que te crezca la nariz!" (es de las locuras del emperador! *w* amo esa pelicula! jajajaja ARRIBA CUZCO!? naaah) otra vez, yo diciendo eso! jajaja
ok, bye! segui pronto! me encanta! ^
OMG!!!!!!!!!!!!!
O_O
I can't believe what happened!!!
OMG!!!
In the restaurant!!!
in the kindly restaurant!!!
With a (plato vegetariano)
And Ana...can't say to him anything
And she is so bad saying lies
T_T
But Jamia!!!
She is so Fucking!!!
I hate her!!!
ReaLLY!!!
I WANT TO KILL HER
DRINK HER BLOOD
An later she will dissapear
of the lifes of Ana and Frank!!!
And they will be happy together!!!
Forever!!!
With a little baby!!!
And when the police arrive
And they hurt Frank
and Ana took care of Frankie!!!
Because they are in love!!!
They will be forever in love!!!
Forever and Always!!!
And Adolf!!!
Another time!!!
He is so bad in his job!!!
I hate Adolf!!!
And Immanuel
And Jamia!!!
But later...Frank and Ana were in the bathroom
And they "talk"
And then...Frank leave Ana
T_T
But he go another time for Ana
But not for Ana in the same time
T_T
He has to be with Jamia
T_T
Fucking Jamia!!!
T_T
And they...can't be together
Only Frank goes with Ana outside of the bathroom
But he was "cold"
That is so sad!!!
Two persons
That are in love
And then a fucking person
separate them
T_T
That is so injustice!!!
And so Sad!!!
I want that Ana and Frank be together!!!
Together forever!!!
I'll go to the another episode!!!
^_^