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Nueva entrevista de MTV

por Darky Way
lunes, 23 de marzo del 2009 a las 21:06

2m3lgs6.jpg My Chemical Romance image by poisongirl_blackparade

http://mychemicalromance.es/wordpress/

El grupo vuelve a un sonido más puro, parecido a sus primeros discos. Definido por Gerard como un nuevo disco para los auténticos fans.

Había un tiempo, mucho antes de los muy premiados discos platinos y el maquillaje de panqueque, antes del premio Eisner, o del cover de Dylan para la película de Watchmen, cuando MCR eran solo otra banda de Nueva Jersey. A ellos les gustaría mucho volver a esos tiempos.

Así, esa es la primera meta en su nuevo álbum- el siguiente al masivamente exitoso y ambicioso Wellcome to the Black Parade - en el que actualmente están trabajando en los Ángeles. Esperan volver a sus orígenes - para hacer un maniaco, rápido y furioso, estimulante del momento punk. Pero sobretodo, hacerlo simple.

"Cuando acababa de acabar Black Parade, creo que haciendo ese disco nos hizo sentir que podíamos hacer de todo. Y pienso que hacer un record que de algún modo lo hace todo, es para no hacerlo todo." el cantante Way sonríe."No creo que este sea un disco ‘kitchen sink' (no se como cojon traducir esto xD). Creo que va a ser reconocido por su musicalidad y por su propio mérito en las canciones.

"Y todos los discos... Me gusta pensar que son como instantáneas de lo que la banda es en ese momento, y va a ser realmente como eso. Creo que va a tener una falta de concepto, va a ser solamente una instantanea, directa y muy honesta" continúa. "No va a ocultar más un velo de ficción o uniformes y maquillaje... Comparado con el material que hemos tocado desde el principio, se va a sentir muy puro. Esa es la mejor de describirlo. A la gente que sean verdaderos y grandes fans de nuestro primer disco, les va a gustar el nuevo material - y no porque suene como nuestro primer disco, en absoluto, es porque hay pureza en él. Hay menos cosas que pasen."

Es una tactica que aprendieron por primera vez grabando su versión de la canción de Dylan, para la próxima película de Watchmen: Dejar de pensar y solo hacer rock.

"A partir de trabajar en "Desolation Row" ... creo que era muy natural. Solo hacíamos nuestras cosas y la canción ya estaba hecha.No había nada más en lo que pensar," explicó Way. "No vamos a hacer un disco retro, para nada. Sonará como un disco de rock moderno, pero creo que nos gustaría intentar redefinir eso, lo que de verdad significa ese concepto. Diciendo que suena como un disco de Rock moderno, sonará nuevo - No creo que suene como lo que hay en la radio ahora mismo."

Y en ese punto, el pensamiento que pueda sonar como MCR es más dificil de eliminar, eh, las grandiosas tendencias de Black Parade, que todavía tienen el contoneo de una banda que ha movido masas y hecho tour por todo el mundo. Han estado estudiando todo el terreno musical que ha aparecido en su ausencia, y no están a gusto con lo que ven. Toma, por ejemplo, el título (temporal) de una de sus nuevas canciones: "Nuevo peinado, misma mierd*."

"Es acerca de tener un nuevo peinado, pero es la misma *#3.@. Ese es el tema," Way ríe." Creo que el nuevo álbum va a ser una respuesta a los dos años de gira de Parade. Una reacción de lo que está pasando ahora mismo - todo en lo que no somos parte - y una respuesta a ello.Fuente: http://www.mtv.com/news/articles/1605259/20090217/my_chemical_romance.jhtml

¿Frank Iero?

por Darky Way
lunes, 23 de marzo del 2009 a las 21:00

Archivo:Frankie Iero MEETNGREET.jpg

http://es.wikipedia.org/wiki/Frank_Iero

Despues de 7 años de noviazgo se casó con Jamia Nestor el 9 de Marzo del 2008 de quien se separo un año despues para empezar una nueva vida al lado de la conductora de Television americana Monserrat Nava, conocida por su trabajo en contra de la guerra en irak.

¿Qué creen ustedes?

Yo no me lo creo

¿Será un rumor?

Yo creo que si

FIC Capítulo 67

por wayrocks
lunes, 09 de marzo del 2009 a las 21:18
guardado en

Hoy es mi cumpleaños. Gracias a todos los que me felicitaron o_o Y los que no, no problem, nunca es tarde para hacerlo Sellado

Capítulo 67.-

 

La soltó con violencia, y siguieron su camino separados. Ana fue hasta su mesa con su rostro inmóvil, donde los cinco acompañantes estaban desconcertados. Cuando se sentó, Swan y Hunter empezaron a interrogarla simultáneamente.

-- (Rachel) ¿Qué pasó?

-- (Jack) ¿Ese tipo te hirió?

-- ¿Por qué gritaban?

-- ¡Dinos qué pasó!

Ana bajó la mirada.

-- Discúlpenme, pero no quiero hablar de esto. Al menos no ahora. Debo irme. Si quieren, quédense ustedes.

-- De ninguna manera. -- Se negó Rachel.

-- No te vamos a dejar ir así. -- Estableció Jack. -- Sería humillante, y la gente podría pensar mal. Si te vas, también nosotros.

Los traductores continuaron con su comida. Ana enalteció su rostro.

-- Gracias. -- Dijo tímidamente. -- Voy a esperar por ustedes, para que terminen de comer.

Ellos afirmaron con la cabeza, y fijaron su vista en el plato. Seguían intrigados por lo que sucedió allá adentro, el por qué hablaban en inglés y por qué él la quería ver con tantas ansias, pero tal vez este no era un buen momento para preguntar. Ana guardó silencio posteriormente, hasta cierto punto de desolación que requirió privacidad.

-- Discúlpenme un momento. Ya regreso.

-- No te preocupes. -- Le excusó Jack.

Ana se levantó de la mesa, y se dirigió a la larga tabla de madera oscura. Se sentó en una de las altas sillas, apoyándose en su espaldar por poco tiempo. Procedió a arrimar su cuerpo hacia adelante, tendiéndolo sobre sus codos en la tablazón. Cubrió su rostro con sus delicadas manos, para así ocultarlo de los demás.

 

Con pasos rápidos, Frank llegó a su mesa en la primera parte del restaurant. Posó las manos bruscamente sobre el mantel, y dijo una sola palabra.

-- Vámonos.

Los demás se extrañaron, pero por el escándalo que tenía en el baño, se lo esperaban. Jamia se enfadó, porque todavía no ha terminado de comer.

-- ¿Qué rayos pasó? -- Musitó Steve con preocupación.

-- Les cuento en el camino. Ahora, por favor, vayámonos de aquí.

De cierta manera, Frank se alegró de que no vieran a Ana. Así habrá menos que explicar.

Los hombres se apresuraron en comer, y levantaron de la mesa. Jamia siguió con su almuerzo muy tranquilamente.

-- (Rob) Jamia Nestor... digo, futura señora Iero, apúrate. No puedes ser tan desconsiderada con Frank.

Estaba harto del persistente comportamiento a la defensiva que Jamia ha tenido durante todo la gira.

-- Estoy embarazada. -- Se defendió.

-- Lo sé, pero muévete por favor.

Vicent vio al mesero que los había atendido cruzar por un pasillo. Levantó un brazo, y pidió la cuenta.

-- Yo cancelo. -- Brindó Frank.

-- (Rob) No tienes por qué.

-- Sí. -- Apoyó Steve.

-- Tranquilos, quiero hacerlo. Por mi culpa nos estamos yendo.

 

Una cocinera salió a la barra para buscar orégano, y con la vista encontró a una chica de perfil hermoso. Se dio de cuenta de que lloraba, y se sintió un poco conmovida. Pensó que no tenía tiempo para esto, y que debía seguir con su trabajo, pero al menos algo debía hacer. Tomó de una repisa que estaba a disposición de los consumidores, uno de los pañuelos de seda, y lo llevó hasta ella.

Tocó su hombro, haciendo que Ana muestre su rostro. Sus húmedos ojos expresaron una sorpresa al ver el pañuelo.

La cocinera, satisfecha, dejó el pañuelo allí y se retiró con placidez consigo misma.

 

Leathermouth salió del local, a continuar con sus actividades. Jack y Rachel ya no se tardaban en terminar de comer. Los traductores los esperaron, y al terminar buscaron a Ana. Los seis se dirigían a la puerta de entrada, cuando el mismo oficial los detuvo. Mostró una cartera, y con la mirada sobre Ana dijo algo, más Adolf no hizo nada. Ella, con indignación contenida, le dedicó una fuerte mirada. Secamente, él tuvo que decir lo que significa.

-- Quiere que te lleves esa cartera. Dice que es de uno de los acompañantes del tipo que estaba contigo.

-- Dile que no los voy a volver a ver.

Adolf lo repitió en alemán, pero el firme oficial impuso algo, colocó la cartera en las manos de Ana, y se fue.

-- (Adolf) Dice que se la lleves y punto.

 

Ya era tarde, el chofer de la banda ya se había marchado. Aún así, Ana decidió no botar la cartera, al menos no por ahora. Todos se fueron de Wegener, con algo de vergüenza, y Ana realmente apenada con sus amigos. Los llevó en su auto a la urbanización; aunque hizo una breve parada en Ungewitter, dando la solicitud de que le quiten el sistema. Acordaron en que ella llamaría más tarde para confirmar, y al día siguiente le mandarían al técnico. Se disculpó con Rachel y Jack al llegar a la residencial, y se despidieron.

 

Afortunadamente para Immanuel, durante su total inspección del hogar sí encontró algunas cosas interesantes, y además, pudo tomarle fotografías a todas y tomar nota de ellas antes de que Ana llegase. Ahora está sentado en el escritorio de su casa, trabajando mejor la información; dándole llamativas reseñas a las fotos, escribiendo un artículo sobre lo descubierto, editando las imágenes para que se vean más brillantes y nítidas.

 

Cuando ella entró a su casa; con la rosa en mano; lo primero en hacer fue arrojar la cartera de Jamia al suelo. Se abrió, dejando caer papeles y maquillaje. No estaba de humor para recogerlos. Se volteó sintiendo entre coraje y tristeza, y corrió a su habitación.

 

 

El día siguió su curso sin demasiado movimiento. Leathermouth ya no tenía tantísimas diligencias en Alemania, ya que la mayoría las hicieron ayer.

Ana no podía pasar todo el día en cama, sin importar que sea domingo. Quiso hacer algo que tenía mucho tiempo sin hacer, tal vez tres o cuatro años: escuchar sus CDs originales de My Chemical Romance. Siempre prefería escuchar las canciones bajadas por internet para no rayarlos, y Frank siempre se lo criticaba, decía que si ya compró los auténticos, que los escuche.

Buscó en la alta repisa de su habitación. Allí estaban sus seis tesoros; I Brought You My Bullets, Your Brought Me Your Love, Three Cheers For Sweet Revenge, Life On The Murder Scene, The Black Parade, The Black Parade is Dead!... no hay más. Ana de inmediato se estremeció, e incluso se asustó. Los colocó sobre la cama, y se regresó a la repisa para comprobar que estuviera vacía. En la última parte, pegado a la pared, estaba Famous Last Words. Ana respiró hondo, y lo puso donde estaban los demás. Después de haber pasado este espanto, se rió de su propia gran preocupación. Pero al analizar, supo que desde que los acomodó ahí, no los ha tocado. Entonces, ¿cómo es que cambió de posición? ¿Alguien entró a la casa? Este pensamiento la amedrentó. Si este lugar es inseguro, es mejor tomar medidas.

Prosiguió a revisar minuciosamente toda la casa. Nunca ha sido maniática del orden, pero pudo notar escrupulosos cambios en la una gaveta de la cocina, y en la sala de estar. Inquieta, salió de la casa, y fue a la de Immanuel.

 

-- ¡Ana! ¿Qué haces aquí? -- Fue lo primero que expresó al abrir la puerta.

La trataba con amabilidad y frescura, pero sabía que debía ocultar lo que había en la pantalla del computador pronto, ya que ésta estaba cerca de la sala de estar.

-- Pasa adelante. -- Invitó.

Ana tenía un gesto de inquietud, y sólo quería preguntarle una cosa, pero no se negó a pasar.

Con el permiso de Immanuel, se sentó en uno de los muebles de la sala, y logró ver el monitor. Estaba abierta una página de internet llamada Fliegen (ya se estaba acostumbrando a los raros nombres propios en alemán), pero no pudo ver ni leer nada más, por lo rápido que Immanuel la minimizó.

-- Dime Ana, ¿pasa algo?

Ella empezó a juguetear con sus manos, demostrando nerviosismo.

-- Es que... creo que alguien entró a mi casa.

-- Oh... ¿y por qué me lo dices a mí?

-- Tú dijiste que me cuidara las espaldas.

Enfatizó esas palabras.

-- Cierto. -- Aceptó con tranquilidad.

-- Pero dime qué significa esto. ¿Se supone que aquí se meten a las casas de los demás porque sí... que alguien tiene malas intenciones conmigo o qué? -- Aludió con un aire de incredibilidad, pero sobre todo recelo.

En él no hubo la más mínima turbación.

-- No deberías sorprenderte. Yo te lo advertí, te dije que tuvieras cuidado. Ahora mira lo que pasó.

Ana no podía creerlo.

-- Pero no se llevaron nada. Y además, lo que me dices no puede ser. No puedo tener miedo de vivir aquí. Háblame claro, ¿intentas asustarme, fuiste tú quien entró a mi casa o realmente lo dices en serio? Porque si es alguna de las primeras dos no lo tomaré a mal, lo prometo, sólo... detente.

Con igual despreocupación, él citó un gesto de comprensión, y negó con la cabeza.

-- Damn. -- Pronunció Ana en inglés. Immanuel no entendió.

 

Por la noche, Ana terminó de hacer un registro de cuentas en una página americana de internet, en la computadora que incluía la casa, pero que ella no la había utilizado mucho. No hace demasiado se había ido el técnico, y esta era la siguiente tarea del día.

Cerró la página, y estaba a punto de apagar la computadora, pero se detuvo. Tal vez debía hacer algo antes. Abrió el buscador, pero no escribía nada. Es difícil hacer una investigación secreta y desconfiada sobre una persona que posiblemente sólo quiere advertirte. Por aún con ese peso, y sintiéndose como una mala persona, escribió Fliger. Al abrirse la página, notó que era para hacer anotaciones públicas profesionales. No completamente decidida, buscó en ella el nombre Immanuel. Efectivamente, había un usuario con su nombre y apellido, con infinitos artículos acerca de personas famosas de cualquier tipo, la gran mayoría berlineses; actores, cantantes, familiares de éstos... la intriga de Ana no la iban a permitir quedarse ahí. Entró en el perfil, e ingresó en su más reciente artículo. Fue una punzada leer el nombre "Ana Black" en él.

 

Hablaba de que la vieron viviendo en Berlín; informando abiertamente la dirección exacta de su hogar, dándole gran importancia a la tanta distancia de su tierra estadounidense, y por supuesto, no paraba de relacionarla con Frank. Decía que definitivamente no pudo con el rompimiento, y por eso se fue hasta Alemania. Además, que no lo ha superado. Fueron encontradas en su casa: fotos de ellos juntos; y también con los demás de MCR; el cargador de su teléfono celular; que sigue siendo el mismo modelo que le regaló "su querido ex"; una chaqueta que se le fue vista a Iero en varias oportunidades, y en su nueva guitarra eléctrica un pequeño trazo que escribía la palabra "Thomas"; tercer nombre de Frank. Y peor aún, tenía imágenes de cada una de las cosas que fueron nombradas. En conclusión, el artículo afirmaba con toda seguridad Ana no lo ha superado, que no puede lidiar con su vida sin Frank; y además agregó la anécdota de la alarma, porque escuchó su conversación por teléfono cuando llamó al establecimiento Ungewitter. Su "capricho" de retirar el sistema de alarmas a su casa, porque no quiere que su torpeza la lleve a caerse de nuevo de la cama. Ahí publicó una fotografía del técnico trabajando en eso.

Ana estaba estupefacta con la vista cabal en las exageradas y chismosas acotaciones.

 

Apagó el ordenador, y al ver por la ventana al exterior, vio a Immanuel también asomado desde su casa. Ignorando su expresión, él le sonrió, y le saludó con la mano.

 

Al día siguiente, lunes, todo en sus mañanas europeas amaneció como se había ideado. Leathermouth despertó en Italia, y ya había comenzado a trabajar. Frank se arrepintió por completo de no haber besado a Ana en aquel momento en el baño, quisiera devolver el tiempo hasta aquel instante. Pero ya no tiene otra oportunidad, y es mejor olvidarlo.

 

La casa de Ana amaneció sin sistema de alarmas. Ella llegó puntualmente al trabajo, ocupándose de una vez en practicar alguna nueva idea de imagen para Rammsteina a petición de los asesores. Empezó por diseñar un borrador con papel y lápiz, y cuando terminara comenzaría a realizarlo.

Viéndola concentrada en su dibujo, Stu se acercó a ella para supervisarla, al igual que lo hizo con todos los demás.

-- Nada mal. -- Emitió, sorprendiéndola.

-- ¡Stu! No te vi entrar. ¿Cómo estás?

-- Bien, gracias por preguntar. Y dime, ¿cómo estás tú? Quiero saber de tu vida. Sabes que me gusta que me tengas al tanto.

Sus bellos labios enarcaron una sonrisa. Ana pensó en algo qué contarle, pero sólo le han pasando cosas extrañas, y no quiere borrar esa sonrisa. Por ahora el mayor problema es que la acosa un paparazzi hasta el punto de entrar a su casa, por lo que le pasó el seguro a cada cuarto de su casa al salir.

-- Emm... retiré el sistema de alarmas.

Los ojos de Stu se entrecerraron, demostrando su incredibilidad.

-- De veras. -- Repuso Ana.

-- ¿En serio? Bueno, después de esa caída quizá yo también lo hubiese quitado. ¿Fue por eso que lo retiraste?

-- Sí, no quiero a vivir eso de nuevo.

-- Aw, mi pobre Ana.

No lo decía en tono de burla, por lo contrario, parecía decirlo con afecto.

-- ¿Alguna otra nueva en tu vida?

Estoy embarazada, vi a mi ex de otro continente, y todavía tengo que botar de mi casa la cartera de su nueva pareja.

-- Creo que no. Ah, sí, ya probé la comida de Wegener.

-- Qué maravilla. Estás faranduleando.

Rieron.

-- Comí Steak Tártaro, un jugo raro, y vino Lowenbrau.

Stu afirmó con la cabeza.

-- Bueno, suficiente de mí. Quiero saber de ti.

Su gesto se tornó pensativo.

-- Déjame ver. Mm... se está cumpliendo la mayoría de lo que tenía proyectado para Rammstein...

-- Qué bien. -- Se contentó Ana.

-- Visité a mi hijo, y gracias a Dios todo está bien...

Esas palabras la conmovieron.

-- Y la próxima semana pienso llevarte a ver Kurfürstendamm.

Ana entreabrió la boca con una sonrisa, indicando alegría.

-- Tu vida es más interesante que la mía.

Él soltó una risa.

-- Claro que no, tal vez sólo más invadida. Bueno, hija, sabes que cuando decidas decírmelo, soy todo oídos.

-- ¿Decirte qué?

-- Sé que hay algo que no me quieres decir.

Ella abrió los ojos como platos.

-- No sé por qué, pero sé que ocultas algo. Recuerda que puedes contar conmigo.

Ana no tenía por qué fingir.

-- Perdóname, Stu. Te lo diré cuando esté lista.

-- Tranquila, no me molesta que no me lo digas.

La miró a los ojos, como diciendo "está bien".

 

Siempre que habla con Stu, resulta muy encantador e impredecible. Después de terminar la mañana trabajosa, lo invitó a almorzar en su casa, y de ahí volverían al trabajo. Él aceptó con gusto.

Cuando estacionaron frente a su casa, Stu fue el primero en bajarse del carro. Immanuel buscó con toda celeridad su cámara fotográfica, y lo más rápido que pudo lo enfocó. Le tomó una foto con zoom, se veía su cuerpo de pies a cabeza. Cuando Ana se bajó del vehículo, aprovechó, y tomó una foto donde se veían los dos. Luego caminaron hasta la entrada, ella abrió la puerta, y entraron juntos uno al lado del otro. Fue tomada otra fotografía.

 

La comida fue agradable, conversaron todo el tiempo, Stu le contó ciertas historias sobre su vida.

Salieron de la casa, Ana se detuvo a cerrar todo con seguro. Iban bajando las escalerillas, cuando unos vecinos paseaban por la acera, y al ver a Ana, dijeron algo muy rápido y siguieron su camino mofándose. Ana se extrañó mucho, y al voltear a Stu, vio que su semblante, siempre al borde de estar inmóvil, elevó ligeramente las cejas.

-- ¿Qué dijeron? -- Preguntó algo preocupada.

-- Hicieron una pregunta burlista. "¿Conque no lo has superado?"

Ana cerró los ojos.

-- Por favor, dime qué está pasando. -- Pidió Stu de la manera más tierna.

Ana calló por un momento, respiró hondo, y decidió decirle.

-- (Stu) ¿A quién no has superado?

-- Se dice que a mi ex novio de Estados Unidos.

Sabe que suena tonto, pero eso está a punto de cambiar.

-- Pero no tienes que preocuparte por lo que digan los demás. Tú eres la única que sabe si lo superaste o no. Y además, si no lo has hecho, no te preocupes, ya lo harás. No tienes nada que te impida hacerlo.

Se dispersó un silencio.

-- Estoy embarazada de él. -- Enunció Ana con seguridad.

Stu se quedó en blanco, muy sorprendido. Lentamente, su rostro retornó a la normalidad con comprensión, y lleno de dulzura tomó su mano.

-- No estás sola.

Desde ese momento, Ana supo que tenía un amigo que estaría en las buenas y en las malas, incluso para esto.

MCR 'TIL DEATH.............................By: wayrocks

FIC Capítulo 66

por wayrocks
sábado, 07 de marzo del 2009 a las 23:23
guardado en

Capítulo 66.-

 

 

Los planes que Ana había ideado ayer se llevarían a cabo puntualmente. Por la mañana le haría "mantenimiento" a su casa, y luego iría a almorzar de nuevo en Wegener con Jack y Rachel, ya que sus platos sí estuvieron deliciosos y quisieron volver con ella. Por la tarde iría a Ungewitter, el establecimiento, a solicitar que le retiren el sistema.

 

Así que se levantó de la cama a la diez, despertando por su propio instinto. Se tomó su tiempo para limpiar y ordenar toda la casa, lavar la ropa sucia y las sábanas usadas. Al concluir, comenzó a arreglarse a sí misma.

Adolf llegó a su casa a las doce y media, y fue entonces cuando Ana salió de la casa camino a su automóvil.

 

-- Hola. -- Saludó una voz masculina.

Era imposible que se dirigiera a Adolf, así que Ana volteó. Era Immanuel.

Está un poco acosador, a pesar de que hace sólo dos días lo conoce.

-- Hola, Immanuel. -- Respondió Ana.

Le dedicó una simpática sonrisa. Él la correspondió, ya que si quiere facilitar su investigación, es mejor llevarse bien con ella. Pero a pesar de que sólo eso quiere, se detuvo a admirarla, ya que la manera en que se arregló acentuaba aún más su gran belleza.

-- ¿Ahora sí podemos hablar? -- Preguntó, sin disimular sus ojos que corrían por toda ella.

-- Supongo.

Él se metió la mano en el bolsillo, y activó una grabadora sigilosamente.

-- ¿Cómo te ha ido desde que llegaste a la urbanización? ¿Te gusta?

-- Sí, claro. -- Contestó un aire de ironía.

-- ¿Sabes de quién fue la culpa de que su sistema de alarmas se activara?

Repentinamente su gesto era intimidante. Ana se atemorizó un poco.

-- No.

-- Del bóxer de la señora que vive en aquella casa.

La señaló con el brazo.

-- Pero seguro no fue deliberadamente.

-- Yo no estaría tan seguro.

La mirada de Ana se llenó de extrañeza.

-- ¿Perdón?

-- Sólo digo que si fuera tú, me cuidaría las espaldas.

Ella guardó silencio.

-- Los perros de acá no suelen salirse de esa manera. -- Agregó él, esperando una contestación.

-- Yo confío mucho en la seguridad de esta urbanización. -- Disintió.

Habría sido estupendo para Immanuel  tener la grabación de Ana Black comportándose como una malcriada, o al menos siendo paranoica.

-- ¿Y a dónde se dirigen? ¿Él es tu novio?

Era increíble pensar que ella, siendo tan hermosa, estaría con alguien tan amargado.

Ana no le entendió a la perfección, por lo que pronunció el nombre de Adolf. Él la miró con desgana, y terminó enunciando la traducción en inglés.

-- Vamos a comer con unos amigos.

Immanuel desactivó la grabadora.

-- ¿Te acaba de hablar en otro idioma? -- Preguntó fingiendo no saber que ella es de Norteamérica.

-- Sí. -- Explicaba. -- No nací en Alemania; de hecho, me acabo de mudar.

-- ¿De dónde vienes?

Desde entonces sus respuestas fueron recibidas de parte de Adolf, quien se las repetía a Ana en inglés.

-- De Estados Unidos.

Activó la grabadora nuevamente.

-- ¿Por qué te mudaste desde tan lejos?

-- Por una gran oferta de trabajo.

-- ¿Y en Estados Unidos no trabajabas?

-- Por supuesto que sí.

-- ¿Y entonces?

Demasiadas preguntas.

-- ¿Sabe? Dejémoslo en que me acabo de mudar.

Como Immanuel calló mientras pensaba en qué más preguntarle, ella miró el reloj en su muñeca. Con su propia voz le informó a Immanuel:

-- Debo irme. Que tenga un buen día.

 

Una vez estacionado su carro frente al popular restaurant Wegener, pudo ver a Jack, Rachel y sus traductores sentados esperando afuera. En ese preciso momento, Immanuel hurgaba las cosas de Ana por toda la cosa; ya que no era difícil entrar desapercibido; en busca de algo interesante.

Se bajó del carro junto a Adolf, dejando allí la rosa que compró en el camino. No estaba segura del por qué la compró, pero de cualquier manera la quiere y le hace sentir muy especial.

 

Entraron juntos al local. Se tardaron un par de minutos en encontrar una mesa de ocho, pues las pocas disponibles estaban en la segunda la parte del restaurant, donde la delicada luz era más oscura.
Jack encontró una. Se sentaron los tres gringos y los tres traductores, esperando al mesero.

Amablemente, éste le entregó el menú a cada uno. Pidieron un vino llamado Lowenbrau; Jack y Rachel eligieron los platos a la suerte una vez más, y Ana prefirió leer los distintos platillos, ya que la última vez no le fue muy bien con esta técnica. Consultó con su traductor lo que significa el nombre de un misterioso plato, y era vegetariano. ¿Por qué no? Ordenó ese.

 

Leathermouth finalmente terminó su disputa con los negociadores alemanes, llegando al acuerdo terminante con la banda.

Una media hora después, transitaban por las avenidas en busca de un restaurant. Vicent, Rob, Steve, Frank y Jamia se morían de hambre.

El chofer estacionó en una esquina. Apagó el motor, y se dedicó a esperar que sus pasajeros almuercen.

Todos se bajaron del auto, y entraron al fino restaurant. El sol irradiaba el frente, despidiendo una agradable luminosidad. Decidieron sentarse allí, en una mesa de cuatro que se encontraba desocupada. Si no estuviera Jamia, la banda estaría cómoda, pero se las tuvieron que arreglar para que cupieran los cuatro hombres y una mujer.

-- Espacio, espacio. Recuerden que estoy embarazada. -- Se quejó Jamia.

Ellos se quedaron callados, pero fastidiados. Jamia se arrimó a un lado para que los resplandecientes rayos solares no alumbren su cara. Por este movimiento, se le cayó la cartera al suelo; no se dio cuenta.

Un mesero atendió la mesa vecina, y luego pasó por esta para entregar las cinco cartas.

 

-- (Rachel) ¿Por qué tardan tanto? Hace siglos que pedimos.

-- Estamos en un sitio de prestigio. -- Le recordó Jack.

-- Que no se te suba a la cabeza. -- Respondió ella.

 

Frank estudió desde su puesto aquellos platillos que descansaban juntos sobre una gran tabla de madera, para tener una idea de qué ordenar. Un plato llamó su atención; parecía una pasta color verde, con ciertos condimentos de tonos cálidos. A pesar de todo, se veía delicioso, y al preguntarle al mesero; quien entendió su idioma; resulta que no tenía nada de carne. Como él es vegetariano, se interesó.

-- Quiero ése. -- Escogió señalando con el mentón la tabla alargada.

-- ¿Cuál de todos? -- Preguntó Vicent en tono sarcástico.

-- El vegetariano.

-- (Steve) Bueno, has encontrado a tu alma gemela alemana.

Todos lo miraron con mucha extrañeza. Frank rompió el silencio.

-- Tal vez no sea vegetariano, -- Supuso refiriéndose al alemán que ordenó el plato -- sólo quiso variar un poco.

-- De todas maneras deberías ir a ver quién lo pidió. -- Insistió Steve.

-- (Frank) ¿Para qué?

-- Tiene razón, -- Opinó Jamia -- no tiene por qué ir.

Parecía molesta.

-- (Steve) Amigo, aunque no tenga importancia alguna, ¿cuándo vas a volver a ver a un alemán vegetariano?

-- Touché. -- Anunció Rob.

-- Buen punto. -- Apreció Frank. -- Ya vengo.

Convencido, se levantó de la silla.

Vio cómo uno de los meseros que estaban cerca tomó el plato, más otros dos, y los posó en su hombro izquierdo. Con la mano derecha, tomó otros tres platos y los posó en su hombro derecho. Sosteniéndolos todos, empezó a caminar cautelosamente.

Frank quedó estupefacto. Esto era todo un espectáculo: seis platos a la vez.

Apresuró el paso tras del ágil mesero. Le pareció extraño lo largo que se les hacía el camino a ambos, incluso la luz oscurecía sutilmente.

Al llegar a la segunda parte del restaurant, finalmente el mesero encontró la mesa. Frank se había concentrado tanto en él, que casi se olvida de fijarse en quién es el posible vegetariano alemán. Estudió cómo bajaba los platos uno por uno de sus hombros, y los ponía en cada puesto de la mesa sin equivocarse de cliente.

Finalmente quedaban tres platos, entre ellos el vegetariano. Los colocó simultáneamente, uno para un hombre, y los otros dos para las únicas mujeres en la mesa.

Entró en shock al reconocer el rostro de una de ellas.

¿Ana?

-- ¡Ana! -- Exclamó a altas voces.

 

Ana reaccionó rápidamente; pero para sus interiores pasó un largo momento al escuchar ese llamado.

Antes de tomar en cuenta que gritan su nombre en Alemania, un lugar donde el único que pudo haberla llamado así sería Stu. Antes de considerar la posibilidad de que no sea ella la única "Ana" en el lugar, y ese grito no sea con ella. Antes de pensar si quizá escuchó incorrectamente; lo más inconfundible acaba de suceder: había escuchado la voz que más ama en el mundo. Una voz a la que reaccionaría aunque sólo emitiera un suspiro. Una voz que jamás podría dejar de percibir, mucho menos olvidar. Una voz tan hermosa que tanto conoce. Esa voz que pronunció su nombre.

Frank.

 

Pero el reloj avanzó su más larga manilla indicando un segundo más, y fue como abrir los ojos.

Volteó inmediatamente hacia él. A ambos se aceleró el corazón súbitamente. Frank dio un paso al frente. Con los músculos faciales paralizados, Ana arrimó su silla hacia atrás de manera impetuosa, y se levantó seguido de empezar a correr. Todos en la mesa se asustaron por su gesto.

Frank decidió seguirla al mismo paso. Ana nunca ha sido muy buena para mentir, y prefiere perder un instante al menos mirándolo a correr el riesgo de gritarle en la cara ¡estoy embaraza!

Abrió la puerta del baño de damas, entró, y la cerró fugazmente. No había cerradura, así que se metió a un cubículo y pasó el seguro.

Inminentemente escuchó la puerta del baño abrirse. Por ella, Frank no teme estar en aquel pulcro baño de damas, que, afortunadamente, estaba vacío. Sabe en qué cubículo se encerró.

-- ¡Ana! -- Exclamó en tono de súplica.

-- ¡Vete! -- Rogó.

Frank se acercó a la puerta del cubículo, y se ciñó totalmente a ella, con las manos abiertas. No había algo que quisiera más que ella abriera.

-- Ana, por favor.

Ella no quiso responder.

-- Escúchame, te lo pido...

-- ¡No! -- Gritó punzantemente para ambos. -- Vete, Frank, te lo suplico.

-- Ana. -- Insistía intentando calmarla.

Si tan sólo supiera...

-- ¡Vete!

 

Todo lo que se decían, lo hacían en un tono de voz realmente elevado. Las autoridades del restaurant escucharon los gritos, así que fueron rápidamente.

Al abrir la puerta, vieron a Frank en una posición en la que sería fácil forzar la puerta. Por detrás, lo agarraron con fuerza por los brazos, como esposado, y lo sujetaron para apartarlo de la puerta. En ese violento silencio, Ana abrió el cubículo. Temía por lo que puedan hacerle a Frank.

-- Por favor...-- Intentaba comunicarse en el idioma. -- suéltenlo.

Ellos la ignoraron, y se iban a llevar a Frank. Ana corrió hasta él, y se introdujo en el pequeño espacio que había entre él y quien sujetaba fuertemente sus muñecas.

-- Déjenlo, por favor.

Al menos esas palabras se le entendieron. Supo que fue así cuando los hombres citaron un gesto de confusión.

-- ¡Por favor, lo está lastimando! -- Reclamó al que estrujaba las muñecas de Frank.

Frank no tenía ni idea de qué estaba diciendo Ana, pero sabe que lo está defendiendo.

Está demasiado sorprendido por todo. Ella está en Alemania, quién sabe desde hace cuánto tiempo, y hasta sabe hablar su lenguaje.

Ninguno de los hombres estaba completamente convencido de lo que les explicaba Ana, por lo que no soltaban a Frank, pero al menos no se fueron.

-- Sólo teníamos una pequeña pelea... no somos de aquí.

En vista de que no encontró palabras para seguir aclarando, acudió a su traductor.

-- No hablo alemán. -- Informó entrecortadamente. -- Mi traductor está afuera.

Se quedó en blanco. Si no llaman a Adolf, no iba a poder decir más.

El oficial, que aparentemente es el líder, solicitó algo con seriedad. Aunque Frank y Ana no entendieron, esperaban que fuera algo a su favor. Uno de ellos salió del baño, y cuando regresó, trajo a Adolf consigo.

-- Diles que no me hizo nada. -- Daba instrucciones Ana. --  Sólo teníamos una accidentalmente escandalosa discusión. Y que, por el amor de Dios, ¡que le suelten las muñecas!

Esto último casi lo gritó. No podía soportar el dolor de Frank.

El nervioso e irresponsable traductor empezó a repetirlo en alemán. Frank, plenamente aturdido por sus muñecas, el problema y el idioma; sintió un gran alivio cuando las fuertes manos lo soltaron.

El oficial preguntó algo. Adolf lo tradujo.

-- ¿Por qué discuten? ¿Es por un problema mayor?

-- No, no... una pelea amorosa. -- Reveló Ana.

Mejor quedar como unos ridículos a meterse en más problemas. Frank optó por quedarse callado, para no causar más complicaciones.

El oficial hizo otra pregunta. La traducción fue anunciada seguidamente.

-- ¿Está segura de que está a salvo con él?

-- (Ana) Sí.

-- Ja. -- Pronunció Adolf rápidamente.

Los guardias salieron del baño automáticamente. El único que se quedó fue el estresado oficial. Dijo una última cosa.

-- (Adolf) Dice que se calmen, y que salgan directamente del restaurant. No quiere dar más espectáculos.

  • - Por supuesto. -- Aceptaron ambos al mismo tiempo.

-- Sólo un par de minutos. -- Requirió Frank.

Adolf tradujo. Luego el oficial se fue.

-- Voy a hablar contigo después. -- Notificó Ana, refiriéndose amenazantemente a su traductor.

Él también se fue, asustado.

Ana se mordió los labios, decidida a no decirle nada a Frank sobre el bebé. Se dio la vuelta, mirándose al espejo.

-- Discúlpame por esto. -- Lamentó.

-- ¿Qué? Yo fui el que vine a armar tremendo lío, y ahora nos echaron del restaurant. Discúlpame tú.

  • - Tranquilo.
  • - Tranquila. -- De nuevo al mismo tiempo.

[Silencio]

-- ¿Cuándo es tu boda? -- Preguntó Ana.

Se arrepintió de haber dicho eso. No hacía falta, ni traería nada bueno.

Frank se extrañó mucho. ¿Cómo es que lo sabe? Bueno, lo conoce muy bien. No quiso mentirle.

-- Dentro de tres días.

Ella, juiciosa, no dijo ni hizo nada. Al correr unos segundos, habló.

-- Debes irte.

-- Pero no quiero.

Otro silencio.

-- Hazlo. Ya.

Le dolía ser cruel, pero debe serlo.

Subió un poco la cabeza hacia el espejo. Admiró los preciosos ojos de Frank, que estaban clavados en ella.

 

Los dos saben que el otro lo ama con todas sus fuerzas, y que le desea lo mejor; aunque uno de ellos se case hoy mismo, y el otro tenga, prácticamente, una nueva vida. También saben que el otro está confundido sobre cómo es que llegó a este continente. Además, tienen claro que deben actuar como desconocidos por el bien de todos.

Entonces, no hay nada qué decir.

 

Frank estiró el brazo derecho, y apretó suavemente todos los dedos menos el índice. Su brazo quedó atravesando diagonalmente el espacio personal de Ana, sin tocarla. Ella volteó a él para verlo. Después de contemplarlo con todo cariño una vez más; igual que él lo hizo con ella --sí, lucían tan hermosos como cuando terminaron--; vio la mínima cicatriz en la yema de su dedo. Tan minúscula, que sólo ella podría distinguirla, reconociendo claramente su causa: la rosa. Cuando la oprimieron hasta que sus dedos ceñidos sangraron.

Ana elevó su antebrazo derecho, acercándolo al de Frank. Encogió todos los dedos menos el índice. Él también encontró la pequeña cicatriz.

 

Estaban entregados por completo a este momento, en el que sus dedos, unidos por una marca que simbolizaba un lazo hermoso, ni siquiera se rozaban.

 

Hasta que regresó la conciencia; él debía irse. Se dio la vuelta cruelmente, retirando su dedo de forma perecedera sin tener el más mínimo contacto con el de ella. La dejó sola.

 

Al salir del baño, quedó sorprendido ante la cantidad de gente que observaba el lugar fijamente, y la pila de ojos que posaron en él.

Decidió ignorarlos a todos, ligeramente enfadado. Dio unos pasos a la izquierda, en dirección a la primera parte del restaurant, pero se detuvo. No podía permitir que todos en el sitio miren a Ana de la manera tan vergonzosa que lo hicieron con él.

Se devolvió creando, no intencionalmente, más curiosidad para los espectadores curiosos sobre lo que sucede. Abrió la puerta del baño, y tomó las manos de Ana.

Ella seguía fielmente como él la había dejado. En realidad, se alegró al ver a Frank entrar. Pensó que había vuelto por ella, quitándole cierta preocupación.

No pudo demostrarla de una manera más sincera: una sonrisa. Una sonrisa en la que se notaba su tristeza en sus grandes ojos. Frank se sintió mal, pues sabe que al salir de ahí ella se daría cuenta de que no volvió exactamente por ella.

El plan era halarla al frente de una vez, pero al tomar sus manos se petrificó por un momento.

Sus manos se tomaron con fuerza. Sus ojos se miraban inmutablemente. El resto de sus cuerpos permanecía separado.

Enseguida e indiferentemente, Frank haló su brazo, acercándola a él con la única intención de sacarla del lugar. Sus plácidos aromas fueron percibidos, y sus labios rozaron accidentalmente.

Sin darle importancia alguna, Frank, con el mismo gesto frío, soltó una de sus manos para asir la manilla de la puerta, la giró, y salió del baño halándola por el brazo.

 MCR 'TIL DEATH

FIC Capítulo 65

por wayrocks
jueves, 05 de marzo del 2009 a las 20:53
guardado en

Capítulo 65.-

 

En la mente de Ana no transcurrían los segundos; ni siquiera respiraba. Estaba total y completamente atónita. Pero percibió un movimiento del doctor, dándose la vuelta camino a otro cubículo. No iba a permitir que se fuera así como así.

-- No, no, no, no. -- Exclamó.

El doctor, con mucha extrañeza, se dio la vuelta.

-- Doctor, dígame que no es en serio. ¿Estoy embaraza?

-- Sí, señorita. -- Respondió con un tono de voz amable. -- Y si quiere seguir estándolo, le recomiendo que no vuelva a caerse de la cama.

Él no daba importancia al estado de Ana.

-- Pero...

Su corazón latía fulminantemente. El doctor esperaba las palabras de Ana, pero ella calló. Sin más qué aclarar, él se fue.

Ana ató los cabos sueltos. Esa hermosísima noche en la que se despidió para siempre de su amado, fue concebido un bebé.

 

Llegaron a las escalerillas del tren. Al salir al frío exterior, Frank estudió lleno de somnolencia la estación. Sintió la brisa sosegada sobre él, sus poros se contrajeron, formando una piel de gallina. En su leve temblar, se percató de que poco detrás iban Rob y Steve, también adormecidos; y Jamia seguía lejos, casi sonámbula.

La estación era diferente a la de Francia y España, principalmente por sus colores. Los largos bancos y vendedores ambulantes llenaban el lugar para todos los pasajeros que esperaban su turno de subir al tren.

Los tres músicos se reunieron, y la última en llegar fue Jamia. Se dirigieron a un pasillo techado que los llevaría a las atestadas calles.

Habían llegado a la capital de Alemania, Berlín.

 

No faltaba demasiado para que se cumplieran las siete de la mañana. Hacía unos minutos, Ana había regresado a su casa en la urbanización.

Más aún recostada de perfil en aquella cómoda cama matrimonial, no cerraba los ojos.

Esto es espantoso. Apenas renuncia al amor de su vida definitivamente, queda embarazada. Y embarazada de aquel perfecto hombre que vive en otro continente, que además es imposible; y ella estancada en un nuevo hogar en Alemania, un hermoso país que es tan diferente, que en realidad no conoce, en el que debe adaptarse incluso al idioma.

¿Cómo empezar una nueva vida, cómo empezar desde cero, si será madre? ¿Cómo olvidar al hombre que ama si tendrá un hijo de él?

¿Qué hacer? ¿Abortar? ¿Buscar algún tipo de ayuda? ¿Buscar un hombre? ¿Decirle a su jefe?

No. Nada de eso. Ella renunció a todo y a todos, y ahora es su responsabilidad; aunque sea sola. Sin importar todo lo que pueda pasar, ella debe seguir adelante.

 

Y sabiendo que podría perder su empleo, que, sólo probablemente, su vida podría tornarse un tanto miserable, y que sufrirá al tener tan enorme responsabilidad sola; tomó la decisión: tendrá al bebé.

-- No podría matarte. -- Emitió, con veraces lágrimas que corrían de sus ojos. -- Ya te amo.

Y con estas palabras se llevó las manos a su vientre, acariciándolo con profusa ternura.

 

Los músicos tomaron su primer taxi alemán, y a su manera le hicieron entender al conductor que su destino era el estudio de grabación. Su fin allá no era grabar, era ser escuchados por los críticos que les esperaban. A las siete en punto era la hora de encuentro.

El camino era silencioso, y Jamia en lo que podía reservaba su espacio personal de los demás, especialmente de Frank.

 

Al llegar al estudio, le pagaron al taxista, y se bajaron del automóvil. Se adentraron en la sala, procediendo a buscar con la vista el mesón de los críticos. Cuando Rob lo encontró, todos se dirigieron a él. Se sentaron en las redondeadas sillas que estaban libres a su alrededor.

Fue una corta conversación en la que Frank defendió la banda como buen líder.

 

Posteriormente, entraron al angosto cuarto de grabación. Cada quien tomó su instrumento, y se localizó en su lugar correspondiente. Jamia, aburrida, salió del sitio y se sentó afuera, en una desocupada banca de madera.

Sacó de su cartera un papel azul que tenía escrita una copia de sus votos para la boda. Leyó las líneas en busca de memorizarlas, aunque ya se las sabía muy bien. Esto sí le resulta divertido, y cada vez que se acordaba de estos importantes votos, sonreía. Pero una sonrisa tan diferente a cualquier sonrisa de alegría, a cualquier gesto de júbilo, a cualquier inclinación a felicidad.

 

Hubo otras corrientes por la mente de Ana, imposibles de dejar de considerar. En las constantes lagrimillas de sus grandes y tristes ojos, salía un poco de duda. Como no quería pensar en el futuro por ahora, lo que vino a su mente fue Frank.

¿Qué haría si supiera que va a ser padre de un hijo de ella, la mujer que ama? Mejor dicho, ¿cómo reaccionaría? Y ella pensó que podría olvidarse de él, pero ¿cómo ha de ser así si sabe exactamente cuándo fue la última vez que miró su rostro? Sí, hace un mes y cuatro días. Tiempo preciso de su embarazo. Y lo más significativo de todo esto: es un hijo de él. Un hijo de Frank Iero es el que tendrá en sus brazos. ¿No es esa una razón para alegrarse?

Sin dejar de sollozar, en un suspiro sus labios enarcaron una sonrisa.

Y después de todo el dolor y preocupación, hay felicidad. Claro que la hay. Tal vez su cometido en Alemania no era olvidarse de él; era ser feliz con su recuerdo.

 

Por tristeza o alegría, se quedó dormida. El reloj llegó a marcar las ocho, hora de ir trabajar, pero ella no despertó.

 

Terminada su última canción "Fifth Period Massacre", Leathermouth salió del cuarto de grabación. Fueron a la otra parte del estudio para escuchar a los críticos.

Ellos, como buenos exigentes, les dieron fuertes sátiras, ocultando lo mucho que les gustó la actuación desde todo punto de observación. Aunque hicieron lo posible por mantenerse firmes en sus conjeturas, ellos supieron que lo habían hecho excelente.

 

Finalizada la reunión una media hora después, salieron Frank, Steve y Rob del estudio, encontrándose a Jamia en la banca. Su mirada era sombría, pero fue cambiada con rapidez al ella percibir su presencia. Con indiferencia, guardó el pliego, se levantó y con osadía preguntó adónde irían ahora.

-- Esta mujer asusta. -- Masculló Steve en un tono tan bajo sólo Rob a su lado entendió.

 

Sonaron unas tocadas al timbre en la casa. Ana abrió los ojos con pesadez, y pestañeó un par de veces para despertar formalmente. Seguía de perfil, por lo que su primera visión vacilante fue el reloj a su lado. ¡Por Dios! ¡Son las diez de la mañana!

Bueno, eso ya no importaba demasiado. Su mano seguía tomando con suavidad el vientre, y al ella darse cuenta sonrió. Derramó una última lágrima.

Se levantó se la cama, girando a la izquierda, al armario. Buscó una buena vestimenta. Sus movimientos eran rápidos y determinados.

Se cambió de ropa con mucha celeridad, y salió de la habitación. Corrió al gran baño a lavarse la cara y los brazos. Se secó con una de las toallas blancas junto a la puerta; al terminar salió dejándola algo arrugada. En el camino por la sala, tomó su portafolios, y se dirigió a la entrada.

Giró la manilla de la puerta, topándose con el pacienzudo vecino.

-- ¿Puedo ayudarle? -- Le preguntó entre prisa y cordialidad.

Se trataba de un hombre de unos treinta años de edad, de aspecto extraño y acelerado, y vestimentas un poco cargadas. Por suerte, pudo entender su respuesta en alemán.

-- Sólo quería saber cómo estás. Supe que te golpeaste la cabeza.

Lucía ansioso.

-- Así es. Pero estoy bien, no se preocupe.

Ana dio un paso al frente, indicando que ya se va, pero él insistió.

-- Pero ¿qué tienes? ¿Estás bien? ¿No tienes alguna complicación o tratamiento?

-- No, estoy bien, -- Dio otra media vuelta. -- gracias. Ahora realmente tengo que irme.

Se dio la vuelta para salir apresuradamente, pero tuvo que detenerse de nuevo.

-- ¿Cuándo regresas? -- Preguntó rápidamente.

Ana, extrañada y harta, le respondió.

-- A horas tempranas de la noche.

-- Está bien. -- Respondió. -- Soy Immanuel.

Ana se dio la vuelta con gentileza, y caminó al puesto de estacionamiento. Abrió la puerta del conductor, introdujo el portafolios, y se ensambló después. Encendió el motor, arrancando a alta velocidad.

 

Un edificio por una de las calles de Berlín ya estaba repleto de automóviles en su estacionamiento. Habían llegado los camarógrafos, periodistas y comentaristas. Lógicamente, en el interior del lugar estaba el equipo de la importante banda Rammstein, con todos sus maquillistas, asesores y asistentes. Ana supo que estaba en problemas, ahora que todos han llegado.

 

Estacionó lo más cerca que pudo, pero aún así, por la cantidad de vehículos, quedó algo lejos. Caminó casi corriendo hasta la recepción, y se adentró con rapidez.

En una gran oficina abierta se vieron los integrantes de Rammstein; Till Lindemann, Richard Kruspe, Oliver Riedel, Paul Landers, Christian Lorenz y Christoph Schneider; posando para las fotografías que les tomaban las cámaras a su alrededor. Había periodistas haciéndoles preguntas que ellos respondían al mismo tiempo, técnicos dándole al lugar buenos efectos, maquillistas alertas a cada cambio, tres traductores. La importante sesión de fotos había comenzado.

 

-- Maldición. -- Expresó Ana para sí.

Corrió hasta una de las mesas, colocó su portafolios, y lo abrió para sacar su equipo.

-- ¡Tú! ¡Hace mucho que debiste haber llegado! -- Escuchó a sus espaldas.

Se lo esperaba. A esta hora de llegada lo mínimo que podrían hacer era llamarle la atención. Desafortunadamente, quien tuvo el honor de gritarle por primera vez desde que trabaja con Rammstein, fue Boris Brahms; el avaro y mezquino asesor de imagen.

Se dio la vuelta, dispuesta a escucharlo.

-- ¡Señorita Black! ¡¿Con qué derecho nos abandona de esta manera?! Si tuvo algún inconveniente, se le agradece notificarlo.

Realmente estaba enojado.

-- ¿Qué fue lo que pasó?

Ana tomó aire para explicarle, pero él volvió a parlamentar a forma de regaño.

-- ¿Sabe qué? No me interesa. Tan sólo...

-- ¿Qué sucede? -- Le interrumpió Stu.

Mientras ayudaba a sus representados con las preguntas, pudo ver el gesto irritado de Boris hacia Ana, y no iba a permitir que le gritase sin razón.

-- Heinz, esta niña acaba de llegar. -- Informó muy ufano.

-- Su nombre es Ana, y ya es mayor de edad.

La satisfacción se borró de su cara.

-- ¿Es cierto eso, Ana? -- Preguntó, dirigiéndose a Ana por primera vez en alemán. Parecía sorprendido.

Ana bajó su semblante, y admitió que sí en un tono bajo.

-- ¡Ves! -- Le comprobó Boris.

Stu lo ignoró, dedicándole a Ana una mirada de decepción.

-- Yo me encargo. -- Indicó.

Brahms se fue con arrogancia.

Los bellos ojos canela de Stu seguían sobre Ana. Ella elevó su rostro, y contrajo sus cejas.

-- Stu, puedo explicarlo.

Él no movió un músculo, esperando las palabras en inglés de Ana. Ella no quería sonar como otra excusada más.

-- Esta madrugada se activó mi sistema de alarmas, y caí golpeándome la cabeza. Desperté en un hospital sin recordar nada entre esos dos eventos.

Hubo una pausa.

-- Hay dos importantes cosas que quisiera preguntarte, y te ruego que tomes más en cuenta la segunda. -- Introdujo Stu con sensatez.

Ana afirmó con la cabeza.

-- ¿A qué hora pudiste regresar a tu casa?

Con sinceridad, ella respondió.

-- A las siete.

Stu pestañeó con juicio.

-- ¿Y estás bien?

Su voz se tornó preocupada.

-- Sí.

-- ¿Tienes algún daño o cualquier cosa de cuidado?

Ella calló. Su frente seguía en alto.

-- Ana, por favor.

Es su manera formal de decir "sabes que puedes contar conmigo".

-- No. -- Suspiró. -- Estoy bien.

-- Bueno. Que no vuelva a suceder.

-- No, no. -- Negó con prontitud.

-- A trabajar.

 

Se separaron. Ana se unió a los demás trabajadores, y Stu buscó al productor.

Hablaron de ciertas escenografías que podrían utilizar, pero la conversación fue interrumpida de Boris.

Pesado, le preguntó al manager si amonestó bien a Ana. A lo que él respondió.

-- Se golpeó en la cabeza y aun así vino a trabajar. Creo que ya es suficiente.

 

 

Cuando el cielo mañanero oscureció, tornándose radiante y ligeramente más caliente, el mediodía les indicaba a los trabajadores que era hora del almuerzo.

Como hoy es sábado, Hunter planeó un almuerzo especial, ya que desde que pisó Alemania no se ha dado un buen y costoso gusto. Pese a las recomendaciones de sus colegas berlineses, escogió ir a al famoso restaurant Wegener.

Aprovechó su antojo para invitar a su mejor amiga en Alemania, Swan.

Ana tenía planeado quedarse hasta un poco más tarde, para ordenar un poco la desastrosa mesa lateral en señal de recompensa a Stu.

 

Swan y Hunter iban a salir del estudio, cada uno con su traductor, pero Rachel se detuvo inesperadamente.

A Ana no le faltaba mucho por organizar en la mesita, pero de todas maneras su enojoso traductor le apresuraba impacientemente.

-- Señorita...

-- Ay, Adolf. -- Le reclamó de la forma más sutil. -- Por favor espera.

No quería abusar del hecho de que él no puede a ningún lugar sin ella; aunque para eso le pagan; pero tampoco tiene derecho a apurar su paso. Y después de la tremenda mañana que ha tenido, lo menos que quiere es un fastidio.

-- ¿Dónde almorzaremos?

-- Hoy estoy muy ocupada...-- Participaba acomodando la mesa. --...creo que hoy no voy a almorzar. Iremos a mi casa, a sacar algunas cuentas, y comemos algo por allá.

-- Señorita Black...

El inflexible hombre se sentía castigado.

-- Adolf.

Quería pedirle que no moleste.

-- ¡Hey, Black! -- Llamó una voz femenina a lo lejos.

Ana volteó. Estaban sus únicos compañeros estadounidenses detenidos en las escaleras. Hunter parecía resignado.

-- ¿Quieres comer con nosotros? -- Invitó Rachel con otro grito.

Ana tomó en cuenta el gesto su amigo, y no quiso arruinarle el momento.

-- Lo siento, Rach, hoy no voy a...

-- Ya vamos. -- Le informó Adolf.

Estaba insoportable. Fue contratado para hablar sólo cuando ella quiere que traduzca. Pero apagar la sonrisa de Rachel sería cruel después de la aceptación entrometida de Adolf, así que ¿qué más da?

 

Terminó con premura con la mesita, recogió el equipo, tomó su portafolios, y fue hasta los otros dos.

 

Salieron del edificio, y continuaron a pie por la acera, sintiendo el aún frío clima. Los tres juntos se mantenían a poca distancia. Los traductores iban detrás.

 

Al pasar frente al carro de Ana, ella les preguntó si querían que los llevara. Ellos prefirieron caminar.

Cuadra por cuadra, llegaron al restaurant Wegener. Tan sólo su frente hacía notar lo fino que es.

 

Se adentraron; Swan con emoción, al amplio lugar.

Tenía una tenue luz color pastel, y había cortinas para todas las ventanas. Las mesas de cuatro personas eran redondeadas, y las de ocho rectangulares, siempre cubiertas de elegantes manteles.

En el frente había una larga tabla de madera color castaño oscuro, donde algunos clientes se sentaban a conversar y comer. En realidad, su brillante superficie estaba hecha para que se le colocaran encima los platos que estuvieran listos para ser entregados a las mesas.

 

Los tres se quedaron suspendidos en su contemplación.

-- Coño, Jack, nos van a cobrar un montón por tu culpa. -- Reclamó Rachel ante la idea de venir a un lugar así.

-- (Hunter) No te desalientes. Es un sitio fabuloso, Rachel.

Ana se extrañó un poco.

-- Oigan, ¿por qué en el trabajo se llaman por sus apellidos, y aquí por sus nombres?

-- Ya sabes, -- Vacilaba Swan -- para mantener la imagen profesional. ¡Estamos en otro continente!

Hunter afirmó con la cabeza.

-- No me acostumbro a llamarlos por su nombre. -- Admitió Ana.

-- Es fácil. -- Aseguró Hunter. -- Tú eres Ana, ella es Rachel y yo soy Jack.

Esta conversación era tonta.

-- Mejor busquemos una mesa. -- Propuso Rachel.

 

Seguían examinando el lugar, con pasos cortos en busca de una mesa de ocho. No fue difícil encontrarla. Se sentaron los tres gringos y los tres traductores, y uno de los meseros no tardó en ofrecer amablemente el menú a cada uno.

Los tres eligieron su plato al azar, sin saber qué son o de qué están hechos.

 

Leathermouth terminó su entrevista, y se fueron a almorzar al restaurant más cercano. Uno llamado Kapital.

Por más que esté comprometidísimo con Jamia, y que no le importe en realidad lo que piense el mundo de él, a Frank le intrigada el cómo estarán los fans al verlo hacer giras con Jamia, y mucho más importante: saber que la desposará. Debe ser demasiado insólito para ellos.

 

Cayó la noche sobre Berlín. Las frías brisas se sentían desde el hotel; tanto en la habitación de Jamia y Frank y en la de Rob y Steve, como en la casa de Ana.

Jamia, sorprendentemente, no se quejaba acerca del tour. Claro, sabe que no le conviene después de haber sido tan insistente para poder venir.

Ana se disculpó con su vecino Immanuel, pero hoy no quiere hablar. Después de haber recibido un terrible golpe en la cabeza, haber descubierto que está embarazada, haber lidiado con un desagradable traductor y haber comido Steak Tártaro; un plato alemán que le causó hastío; no quiere nada con esta vida hasta mañana.

No activó el sensor exterior. Se dio una ducha, cenó algo ligero, se cepilló los dientes, y se fue "a dormir". Pero no pudo dormir, y con toda razón.

 

Immanuel quería averiguar cosas sobre ella por las buenas, pero si va a ser tan reservada, como buen paparazzi debe sacarle información de otra forma.

MCR 'TIL DEATH.....................By: wayrocks

FIC Capítulo 64

por wayrocks
lunes, 16 de febrero del 2009 a las 22:58
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 Capítulo 64.-

A cierta hora de la madrugada, la gran mayoría de las casas en la urbanización estaban inactivas, y sólo una, en el primer sector, tenía una reunión familiar.

En la casa número cuarenta y siete, a cinco casas de la de Ana, un curioso perro bóxer decidió salir de su jardín a hurgar en los de los demás. Escarbó en algunos, jugó en otros, y rondó por los demás hasta recostarse en alguna maseta. Cuando apenas se asomaba el sol, se sacudió y volvió a la acción.

Se acercó a las escalerillas de la casa número cincuenta y dos, y merodeó por los alrededores. Al llegar al frente de la puerta de entrada, no tardó en ser detectado por el sensor, y salió corriendo por la ensordecedora alarma que se activó.

Ana se levantó de golpe, con accidental inclinación hacia un lado, y cayó de la cama golpeando su cabeza directamente contra la mesa de noche, seguido de estrellar violentamente su cuerpo con el suelo.

En un total desmayo, Ana dejó de percibir cualquier estímulo. Los vecinos, tras unos minutos, salieron a reclamar por el molesto ruido, pero nadie les abría la puerta de la casa. Un hombre, decidido, forzó la puerta y pasó hasta las habitaciones. Al llegar a la de Ana, la encontró tirada en suelo.

Eran las cinco y cuarto de la madrugada. El tren llegó a la estación con puntualidad, luego de tres horas de locomoción. Sus movimientos interrumpidos comenzaban a despertar a los pasajeros, quienes en sus relativamente cómodos asientos hacían un esfuerzo por despertar.

Frank se levantó de forma automática con los ojos cerrados, y con sus manos buscó en los alrededores algún sólido, para sostenerse. Tomó una pequeña columna a su lado, y con ésta de guía se encaminó a afuera, en dirección a la puerta corrediza, donde todos iban con pasos lentos, algunos empujándose.

Posteriormente llegaron a las escalerillas del tren. Las bajó con torpeza.

Al salir al frío exterior, estudió lleno de somnolencia la estación. Sintió la brisa sosegada sobre él, sus poros se contrajeron, formando una piel de gallina. En su leve temblar, se percató de que poco detrás iban Rob y Steve, también adormecidos, y Jamia seguía lejos, casi sonámbula.

La estación era tan diferente a la de Francia y la de España, principalmente por sus colores. Los largos bancos y vendedores ambulantes llenaban el lugar para todos los pasajeros que esperaban su turno de subir al tren.

Los tres músicos se reunieron, y la última en llegar fue Jamia. Se dirigieron a un pasillo techado que los llevaría a las atestadas calles.

Habían llegado a la capital de Alemania.

Ana despertó gradualmente, hasta abrir sus ojos por completo. Examinó su entorno con impresión, descubriendo que estaba sobre una camilla negra, alta y un poco desnivelada, y en el lado contrario de su codo derecho estaba adherida un curita. Asustada, se levantó rápidamente. De inmediato sintió un terrible dolor de cabeza que la estremeció. Se llevó una mano a la frente, y la presionó. Se dio cuenta de que le dolía de manera general todo el cuerpo.

Una enfermera pasó frente al cubículo, y la miró superficialmente. Siguió su camino informando en voz alta:

-- La chica ha despertado.

Ana entendió lo que dijo, pero tuvo temor de no entender todo lo que le digan en alemán.

Poco después de irse la enfermera, un doctor alto, robusto y rubio se adentró al cubículo. En sus manos sostenía un sobre amarillo tamaño carta.

-- Estás bien, linda. -- Le dijo. -- Sólo te golpeaste la cabeza. Ya te hicimos las radiografías, no tienes de qué preocuparte. Sin embargo, hicimos un examen de sangre y hormonal para saber si había sustancias en tu cuerpo que te llevaran a aquel desmayo, pero todo está en orden. Ya puedes irte a casa.

Con vergüenza, Ana pidió que repitiera lo que dijo. Con la misma simpatía, el doctor cedió, y fue entonces cuando lo entendió todo. Él estiró un brazo, y le pasó el sobre a Ana. Ella lo abrió y sacó una de las hojas. Comenzó a chequear los resultados del examen con dificultad, ya que los nombres científicos en alemán eran todavía más complicados que las palabras corrientes.

-- Todo está normal... -- Deducía correctamente -- los leucocitos, eritrocitos, hemoglobina...

El doctor no le entendió nada, ya que habló en inglés. Ella introdujo la hoja de nuevo en el sobre, y sacó la otra; que era de chequeo hormonal. Estos nombres sí que no los entendía.

Pidió una breve llamada al doctor. Este, extraoficialmente, metió su mano bajo su blanca bata, y de su bolsillo sacó su teléfono celular.

-- Corta. -- Enfatizó él con afabilidad.

Qué suerte que Ana memorizó el número de teléfono de Adolf, su traductor personal. Lo marcó, y presionó la tecla de llamar. Se alegró al escuchar que alguien atendió. Se disculpó por la temprana molestia, aunque eso no ayudó al mal carácter del hombre; el cual era innecesario, ya que éste es su trabajo; y preguntó sus dudas sobre las complicadas denominaciones. Al escucharlas en inglés, igualmente, estaban normales.

Pero la voz de Adolf pronunció un nivel que la dejó choqueada. Nerviosa, le preguntó de nuevo por las mismas palabras. Quedó petrificada al escucharlo de nuevo.

-- ¿Hola?, ¿hola? ¿Señorita Black? -- Preguntaba crispado el traductor ante la ausencia de respuesta.

Ana estaba inmóvil. Él, con desdén, colgó la llamada.

Su corazón sintió un frío tan congelador y terrorífico que no podía analizar concretamente. Procedió a preguntar entrecortadamente, devolviendo el teléfono al doctor.

-- Doctor...-- Titubeaba el alemán en un tono de voz débil -- tiene que haber un error. ¿Qué es esto de gonadotropina coriónica?

Éste afirmó con la cabeza con toda tranquilidad.

-- No, no puede ser. -- Insistió igual de tensa. -- Tiene que haber un error. Porque si está correcto significa que estoy...

El doctor volvió a afirmar con la cabeza.

--...embaraza.

MCR 'TIL DEATH...................................By: wayrocks

Problemas con youtube

por Darky Way
viernes, 13 de febrero del 2009 a las 23:37

Problemas con youtube

Youtube esta dando problemas con ciertos videos

Que no cumplen los derechos de autor

Es decir

Los videos subidos a youtube con audio que no sea

CON DERECHOS DE AUTOR o de UNO PROPIO

Sera cancelado

Esto es un problema para mas de uno

Y yo les aviso, mis videos tienen ese problema...

Pero estoy registrada en otra pag. web de la que ya he hablado antes

http://www.dailymotion.com/

Es mundial tambien

Y yo subire toos mis videos

Y otros videos que consiga

Por ahi

Gracias a todos

Por su interes

Video de Desolation Row

por Darky Way
viernes, 13 de febrero del 2009 a las 23:31

Se que la noticia es vieja

Pero les quiero dejar el ultimo video de My Chemical Romance

Desolation Row

Tambien he escuchado

Que MCR ya esta grabando su nuevo disco

Esperemos que llegue pronto ^^

Porque ya se desea ese nuevo disco

¿Ustedes no?

Sobre el blog

Darky

Bienvenidos a mi blog donde hablo de My Chemical Romance, todo lo que sepa yo, lo sabran ustedes.Guiño
Espero que os guste a toos.
SonrisaPASEN Y VEANRisa



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No destruyas lo que yo he construido con tanto cariño y dedicacion.
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¡¡¡¡MY CHEMICAL ROMANCE!!!



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Ya era tiempo!y es grandisoso porque es porlas fechas de mi cumpleaños...ya se que me regalarán!!...(26 nov)
Fotos de Gerard Arthur Way Lee (gerht)
k pedo we estan super chidas thuz fothos jejejejeje pasatela de poka ami me enkantha  my chemical ......(15 nov)
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Ben Kowalewicz habla de MCR (RAC)
ADORO A BENJAMIN KOWALEWICZ!!!!!!!!! (LLLLLL)BUENO , A BILLY TALENT EN GENERAL . ME ENCANTAN SUS ......(14 nov)
Denuncia de Vandalismo por pintar MCR en un banco (marravaz)
k bueno ojala se pudran todos esos pinchis putos en las carracas   por andar poniendo esas mamadas  ......(11 nov)

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ENKUESTA!!!!! (114)
OLA!!!! OI voi a poner una enkuesta sobre cual d los 5 tos k forman MCR t mola mas... En 1º lugar, ...
Nuestro Gerard se caso!!!!! (112)
  HOLA Como podeis leer en el titulo, el tio mas guapo que he visto se caso el pasado 3 d ...
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