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FIC Capítulo 63

por wayrocks
miércoles, 11 de febrero del 2009 a las 20:41
guardado en

Capítulo 63.-

Ana resolvió a encargarle a un vigilante de la urbanización que vigile al técnico en su ausencia, y así ella podría ir a trabajar. En la tarde del día siguiente, se cumplieron estos planes.

Leathermouth ya almorzaba en Madrid, España, tras haber viajado casi seis horas por avión. Organizaban el tiempo de forma apresurada al mismo tiempo que comían; principalmente Frank; y Jamia se quejaba del sabor de los alimentos.

El técnico llegó a la urbanización, y el vigilante lo dejó entrar. Lo acompañó a la casa número cincuenta y dos, y se dedicó a vigilarle hasta que termine de instalar el sensor.

Por la noche Ana regresó a su casa, y chequeó el trabajo del técnico. Era un pequeño dispositivo blanco que encendía una minúscula luz cuando ella, probándolo, se movía. Terminado su trabajo de hoy, se adentró en la casa a cenar algo nuevo y semicasero, darse una ducha y dormir. Pasó la contraseña, activando el sistema, con temor de que le vaya a sonar ese estridente ruido por la noche debido al sensor exterior. Se quedó dormida de tristeza, pensando en un único ser tan amado y añorado, y en cómo estará ahora: Frank.

Leathermouth continuó atendiendo simultáneamente todas sus actividades en la ciudad, y al terminar con el repertorio del día de hoy, se fueron a un hotel. Tuvieron que alquilar una habitación extra debido a que les acompaña una mujer, y además, Frank tuvo que dormir en esa junto a Jamia.

A altas horas de la madrugada, sonó una estrepitosa alarma, pero Ana supo que no era de su casa porque en tal caso tintinearía extremadamente fuerte a sus oídos. Todos en la urbanización poseen alarmas, cualquiera pudo ser, así que esperó a que el dueño la silencie para volver a dormir.

Puntualmente, al llegar el amanecer, Leathermouth salió de nuevo a trabajar en Madrid todo el día.

Dentro del estudio, Rammstein practicaba sus más recientes canciones, lo que era un momento de receso para su equipo. Ana decidió pasarlo con el bello y lleno de gallardía manager, por lo que inició una conversación con él.

-- Gracias, Stu, por la receta de salchichas. Anoche cené con ella, y qué delicia.

Él arqueó sus perfectos labios en una sonrisa.

-- Ana, gracias a ti ya no me avergüenzo de saber cocinar.

Ella se sonrojó. Tan sólo con esas palabras se dieron un buen momento, ella por sus palabras, y él porque le llamaron cariñosamente "Stu".

-- Cuéntame, ¿cómo te ha ido en tu nueva casa? -- Preguntó interesado en la comodidad de Ana. Esperaba una respuesta sincera, y la recibió.

-- Muy bien, me encantan los espacios tan grandes, lo que no me gusta es la decoración.

-- Entiendo. -- Interrumpió con garbo.

-- Lo del sistema de alarmas debería hacerme sentir más protegida, pero creo que la urbanización es suficientemente segura.

-- Estoy totalmente de acuerdo. Son ganas de cobrar más.

Soltaron una risa. Stu, inesperadamente, preguntó en alemán "¿quiénes saludaron al equipo esta mañana?", probando los conocimientos de Ana.

-- Ich sah wieder. -- Respondió ella con confianza "Yo saludé", demostrando comprensión del idioma.

-- Aprendes rápido.

Rachel los vio a lo lejos, y, obsesionada con ese hombre y ni siquiera sabe su nombre, aprovechó la compañía de Ana para entrometerse. Caminó hasta ellos con bizarría.

-- Buenos días, Black. -- Saludó por segunda vez en el día.

-- Hola, Rachel. -- Correspondió Ana descifrando su táctica.

Hunter también se acercó. No iba a dejar que la espontánea actitud de Rachel la dejara en ridículo frente al manager. Tocó su hombro, haciéndola voltear hacia él.

-- Swan, ¿escuchaste esta madrugada la alarma de mi casa?

-- ¿Era la tuya? -- Preguntó ella.

-- Sí, aunque yo no quería que sonara. Efectivamente me quedé sordo.

Rachel se rió. Hunter empezó a explicarle en dónde y cómo fue, así logrando alejarla de los otros dos.

-- ¿Tienes algún proyecto en mente? -- Preguntó Ana.

-- Con Rammstein, miles. Por fuera, visitar a mi hijo y llevarte a pasear por Kurfürstendamm, nuestro mejor bulevar. ¿Y tú?

-- Conocer con todo gusto el bulevar de Kurfürstedamm.

Intercambiaron nuevas sonrisas.

-- Ya verás los hoteles, restaurantes, cines y tiendas. -- Agregó él.

-- ¿Cuánto más falta aquí en España? ¿No tenemos que ir al siguiente país? -- Señaló Jamia.

Estaban Frank, Steve y ella sentados en una plaza, esperando la transacción de Rob en el banco que quedaba en frente.

-- No, Jamia, es de mañana. -- Le explicaba su prometido. --  Ahora es que hay cosas por hacer. Nos vamos al tren en la noche.

Cualquier otra persona estaría fascinada por estar en Europa, y en cambio querría quedarse más tiempo.

-- (Steve) Hablando de eso, cuando lleguemos a Francia ¿pasaremos primero por el estudio?

-- Preferiría que no, pero ya que no andamos con managers tenemos que arreglárnosla nosotros mismos. Seguramente será la primera parada.

-- ¿Y qué voy a hacer yo mientras ustedes tocan? ¿Sentarme a ver el cielo? -- Protestó Jamia.

-- Podrías aprovechar y conocer España. -- Enfatizó Steve irónicamente.

Jamia refunfuñó.

Por la noche Ana pasó de nuevo la alarma, y se fue a dormir. Leathermouth partió al tren que los llevaría a Francia.

Los días pasaban siguiendo a la perfección los planes de Frank con su banda, cumpliendo con todas aquellas prontitudes pautadas. Esta noche, les toca seguir el viaje a Alemania.

Igualmente Ana seguía a la perfección su vida en Berlín; con su trabajo, casa y ahora carro. Pero esta noche, en la urbanización, hubo un pequeño evento que cambiará su vida.

MCR 'TIL DEATH.............................By: wayrocks

FIC Capítulo 62

por wayrocks
sábado, 07 de febrero del 2009 a las 22:43
guardado en

Capítulo 62.-

Los chicos se fueron con Brian a trabajar. Regresaron a horas tempranas de la noche, ya que tenían otras cosas qué hacer en la casa. Bob, antes de ir ocuparse en la computadora, pasó por un pedazo de torta. Gerard, sentado en la sala de estar mientras leía un artículo en el periódico, lo vio dirigirse a la cocina, adivinando claramente qué es lo que busca.

Sonrió irónicamente recordando que por eso mismo le llamó "gordo"; y claro, esto le molestó.

Lo siguió con la vista hasta las escaleras. Al ver que subía a la planta alta, quiso acompañarle, sólo por un rato.

Lo primero que hizo Bob fue cruzar a su habitación. Se sentó sobre su cama, y antes de hacer cualquier otra cosa se dio cuenta de la presencia de Gerard.

-- ¿Qué más, amigo? -- Le saludó.

Gerard afirmó con la cabeza con agrado, pasó al interior del cuarto. Bob bajó la cabeza, y llevó sus manos hasta sus pies, comenzando a desamarrarse con zapatos.

-- ¿Cansado? -- Murmuró Gerard.

-- Como todos los días. -- Admitió Bob con desdén.

Gerard se acercó a él sólo por simpatía. Volteó a un lado, encontrándose con la mesa de noche.

Al principio la miró vacilante, pero luego detalló mejor. Ahí estaba su preciada corbata negra con calaveras, toda manchada; se le notaba que intencionalmente; de merengue blanco de torta.

Abrió sus ojos como platos, y estiró su brazo para recogerla. Aun sorprendido, la mostró a Bob; la única persona que come torta en esta habitación.

-- ¿Y qué? -- Preguntó éste, no por restarle importancia, sino porque estaba perplejo y es su manera de pedir explicaciones.

-- "¿Y qué?". Bob, fue una broma, por Dios. No tenías que enojarte tanto. -- Reclamó a grandes voces.

-- ¿De qué hablas, psicópata? Discúlpame Gee, pero no entiendo tu lenguaje alienígeno. -- Respondió tranquilamente.

Gerard se indignó.

-- ¡No puedo creer que mancharas mi corbata! Aún si tal vez te hice enojar, no tenías que hacer esto. Debías decirme.

-- Tranquilízate, solucionemos esto, porque la verdad no entiendo nada. -- Propuso demostrando gran paciencia.

-- Guárdate tu solución para ti solo.

Se dio la vuelta, y con su corbata salió del cuarto.

-- ¡Regresa! ¡No te enojes por algo que hice si yo ni siquiera sé qué es!

Ignorándolo, Gerard llegó a su habitación. Ray, terminando de subir las escaleras, se detuvo. Escuchó el grito de Bob, y le gustaría intervenir para resolver el problema, pero decidió no hacer nada porque podría salir peleado él también. Mikey, quien hacía rato que llegó a su habitación, pensó con desilusión que los demás volvieron a pelear. Pero, con la misma mentalidad de Ray, sólo continuó jugando videojuegos.

Profundamente dormida, Ana por fin descansaba después de todo. Pudo recuperarse plácidamente durante toda la noche, y al envejecer la madrugada la luz del sol le indicó marcharse a trabajar.

Abrió los ojos. Se encontraba boca abajo, ya que cambió de posición durante el sueño. Separó su pecho de la almohada, y se apoyó en los brazos. La gruesa cobija color cardenillo seguía arrugada debajo de ella, por lo que sintió frío durante la noche. Debe admitir que esta cama es una maravilla, hecha para una buena comodidad, y sus bordados dorados no molestan como el nylon.

Se arrimó a un lado, y levantó de la cama. Por un momento tuvo la noción de estar en New Jersey, en su apartamento; pero se acordó de todo al ver la ropa que cargaba. La misma que vestía en el avión rumbo a Berlín. Eso, asimismo, le recordó que debe acomodar su ropa en el gran armario, y sus accesorios en la peinadora.

Salió de la habitación, encontrándose de frente con la otra habitación; la que ya había nombrado "la de huéspedes". Siguió su camino, pisando el pasillo que la podría llevar  a la sala de estar, a la cocina, o si lo desea al baño. Prefirió ir directamente al tan grande baño a darse una buena ducha. Al llegar, notó algo que la noche anterior no había visto: Todo lo metálico del baño era de un plateado muy lustroso, y el azul cielo de la cerámica tenía considerable brillo.

-- Puaj. -- Emitió despectivamente para sí misma, refiriéndose a ese color tan bonito. Le fastidia tanta perfección.

Se despojó de sus formales ropas, y metió en la gran ducha. Abrió la regadera, recibiendo aquel agua fría. Eso fue muy agradable.

Terminó de bañarse en diez minutos. Salió envuelta en una toalla y con su ropa en mano camino de vuelta a la habitación.

En el camino se fijó mejor en la cocina. El horno es más pequeño que el de su apartamento, y las hornillas eran muy amplias. El granito era más grande. Las alacenas eran de esa misma elegante, barnizada y oscura madera que había por toda la casa.

Al pasar a la sala, vio que sobre la mesa de comer había un papel verde claro, que parecía una factura. No le prestó atención, y estudió mejor en el contraste de las paredes anaranjadas con los muebles casi tan claros que parecían ocres. Éstos últimos eran redondeados, parecidos a los que había en su más, pero más lejana infancia, cuando sentaba a sus Barbies en ellos. Esto le causa aún más aversión.

Caminando sobre aquel suelo de cerámica beis, regresó a su habitación. Arrojó la ropa en una gran cesta que sería, decididamente, la de la ropa sucia. Los zapatos los metió de una vez en el armario, y empezó a vestirse, sacando el atuendo de la gran maleta.

Al terminar, tomó su portafolio muy lleno y preparado, y salió de la habitación. Pasó por la cocina para comer algo cuan grande sea el hambre, y como ésta no era mucha, con una fruta bastó.

Lista, tomó su refulgente llavero, y se fue a la puerta de entrada. Otra cosa que debe hacer es cambiar las llaves al querido llavero de Leathermouth.

Abrió la puerta, teniendo vista a la pulcra urbanización. Contempló el paisaje general, el montón de ordenadas casas, convencida de que este lugar no le gusta en lo absoluto. Pero por supuesto, no iba a mudarse por un capricho, y además está consciente de que cualquiera querría una vivienda como ésta.

Bajó la primera escalerilla, encontrando su vista con el frondoso y chico jardín.

Bueno... tal vez sí le cambie algunas cosas. -- Pensó para sí en broma, y dirigió sus pasos por la acera.

No quiere caminar hasta el exterior a buscar a un taxi pudiendo tener su preciado carro neoyorquino, pero está en Alemania; no podía traerse un vehículo por avión.

Al llegar a la siguiente cuadra, pensó que debería esperar a Hunter y Swan, pero ya no hay vuelta atrás. Además, seguro ellos ya se fueron. Su primera inversión en Berlín será definitivamente un automóvil. Así aprovecha y lleva a sus colegas al trabajo hasta que ellos tengan el suyo, o, ¿por qué no?, siempre.

Detuvo un taxi, y le indicó su destino, diciendo sólo Unter den Linden. No sabía complementar la oración puesto a que todavía no sabe hablar alemán.

Unter den Linden es una de las avenidas más conocidas de Berlín. Ahí se vería con el equipo.

Tras el breve camino, se bajó del auto, le pagó al taxista, y fijó su vista en el monumental lugar que tenía en frente.

Era gigantesco, con las paredes castañas claras tirando a gris, de hermoso diseño y contextura; siguiendo un estilo antiguo. La altura de una persona no es ni la décima quinta parte de la de él.

Parecía un templo descomunal. Tenía enormes ventanas que en su interior eran azules pastel, y sus marcos daban una gran sombra negra. En frente, había siete puertas color tierra tan amplias que podrían pasar cuatro personas a la vez, pero que al mismo tiempo son pequeñas comparado con el espacio que tenían para su realización. El fondo de éstas era de bloques de un color ligeramente más claro que el de las paredes superiores, terminando en una flamante línea separadora.

En lo más alto de su tan elevado techo, había unos colosales antepechos pardos precedidos de una inmensa divisoria muy sobresaliente encima de la pared. En el tope había figuras negras tan lejanas que apenas pudo distinguirlas; unas bellísimas estatuas humanas.

Detrás, estaba el largo de la edificación, que era casi el doble del frente. Respetaba el mismo diseño que ya Ana había contemplado.

Quedó completamente atónita. Este lugar es tan, pero tan monstruoso en tamaño, y tan majestuoso.

Al girar y caminar a la derecha, se dio cuenta de algo que la dejó en shock: ese lugar era sólo una fracción de las tres de aquella edificación que no había palabras suficientes para expresar sus dimensiones.

Absorta, al mirar a su alrededor, estudió todos los locales relativamente cercanos, y eran de similar tamaño, inclusive la mayoría poseían diseños más elaborados. Esta avenida es extraordinariamente hermosa.

Caminó hasta uno de los tantos autobuses al reconocerlo, uno particularmente elegante. Al asomarse por la ventana del conductor del vehículo, estaba esperándola un chofer alemán.

-- Ana, móntate. -- Le indicó amablemente una sensual voz que provenía de uno de los asientos traseros.

Obedeciendo a Stu, Ana se acercó a la puerta trasera. Ésta fue abierta desde adentro, así que ella se adentró.

Ahora sí pudo ver quiénes estaban. Gran parte de los que viajaron con ellos, un asesor de imagen y sus colegas americanos Hunter y Swan; pero ningún traductor. Seguro para mañana sí tendrían cada uno el suyo.

Uno de los estilistas anunció algo en el idioma oficial alemán, y las únicas personas que no entendieron fueron las nuevas en el país.

-- Dice que sólo falta Kant y estaremos listos para irnos. -- Les tradujo con gentileza Stu.

Esperaron unos minutos más, y el referido llegó por el lado contrario. Lo recibieron en el autobús, y emprendieron marcha.

Iban camino a una presentación corta y profesional para un famoso programa de televisión. Swan se mostraba emocionada --claro, es una transmisión internacional, y además su primer trabajo en Alemania--, y por esa razón sentía vergüenza cuando el manager la miraba. El hecho de que éste sea tan pasmosamente apuesto empeoraba la situación para ella.

Cuando Stu volteó sus ojos hacia Hunter, notó sin egocentrismo alguno que tenía envidia. Aunque no es asunto, dedujo sin querer que tal vez Rachel sea importante para él. La siguiente en captar su vista fue Ana. Una dulce mirada le sonrió, y con gusto fue correspondida con otra sonrisa.

Quiso informarles anticipadamente, como buen delegado, sobre algunas diligencias que tendrán que hacer por sus casas, para que vayan contando con el tiempo para éstas.

-- ¿Saben? Su urbanización cuenta con un sistema de alarmas con sensores que detectan movimientos si no están, así delatando intrusos.

"Wou", se escuchó entre las tres voces que se confundieron.

-- Lamentablemente ese servicio tendrá que ser cancelado semanalmente, -- Prosiguió Stu -- pero no se preocupen, no es muy costoso.

Hunter se sorprendió por el buen servicio. Tuvo curiosidad acerca de este sistema.

-- Y... ¿qué pasa cuando alguien o algo es detectado?

-- Suena la alarma. Lo más pronto posible, la policía llama a tu teléfono móvil y preguntan si todo está bien en tu casa.

-- ¿Por qué no los envían directamente? -- Indagó.

-- Porque puede ser sólo un gran pájaro, o acabas de llegar y te tardaste en poner la contraseña.

-- ¿Contraseña? -- Musitó Rachel.

Stu volteó hacia ella para responderle.

-- Cuando acabas de llegar a la casa, debes poner la contraseña para que los sensores no crean que eres una intrusa.

Swan se derritió ante la llegada de la hermosa ráfaga que era la voz acompañada del aliento de Stu.

-- (Ana) ¿Y el sonido de esta alarma, en caso de algún intruso, qué tan fuerte es?

-- Como una sirena de patrullas.

-- Me quedaré sordo. -- Predijo Hunter.

-- Sólo quería que lo supieran. La contraseña está en el recibo que está en su casa, si no me equivoco en la mesa del comedor.

-- Cierto. -- Cercioró Ana, demostrando que ya lo ha visto.

-- Interesante. -- Nombró Hunter.

El resto del camino fue silencioso. La velocidad del autobús era mayor a la tierra estadounidense, y no había abundante tráfico. Llegaron unos diez minutos después, y se bajaron del vehículo rápidamente, destinados a empezar su trabajar con entusiasmo.

Era de madrugada en New Jersey, y Frank no podía dormir. Se levantó de su cama, y encendió el bombillo de su cuarto. Como no le gusta el material bajado de internet, buscó en el clóset algún CD original. Al encontrarlo, lo introdujo en un reproductor, y dejó correr sus canciones. Empezaba a extasiarse con el buen rock, pero la música despertó a Mikey, y éste realmente quería dormir. No tuvo otra opción más que levantarse de su cama, y salir del dormitorio. Pasó a la habitación de Frank, y apagó la luz sin discreción.

-- ¡Oye! -- Le reclamó el rockero.

-- Escucha, todos estamos durmiendo y ansiamos descansar. No seas egoísta y ponte unos audífonos.

Se dio la vuelta un poco amargado, pero se detuvo al escuchar un pequeño rezongueo de Frank, tan pequeño que no entendió las palabras.

-- No te quejes, -- Impidió, dando otra media vuelta -- no es justo con nosotros que hagas ruido. No siempre tenemos chance de dormir toda la madrugada.

-- No lo hice adrede. -- Difirió Frank.

-- Pareciera. -- Masculló Mikey.

De inmediato sintió que no debió hacerlo, porque tal vez estaba exagerando.

-- (Frank) Tranquilízate, ya lo apago.

Frunció el ceño. Mikey calló, no quería pelear cuando la bruja; Jamia; no está en casa.

-- Que duermas bien, amigo. -- Arregló las cosas.

Pasaron cuatro excelentes días en casa de los chicos, ya que Jamia no apareció en ninguno. El trabajo volvió a ser agradable, y cero discusiones en casa.

Lunes, un nuevo comienzo.

Pero nada es eterno, y era el momento de Brian para repetirle a su "hijo menor" que hoy debe irse a la gira con Leathermouth. Lo buscó en el estudio de la casa, y esperó a que dejara de tocar para adentrarse. Era de noche, y al terminar de practicar Frank, se hizo la una de la madrugada.

Cuando las cuerdas de su guitarra dejaron de vibrar y reproducir el espectacular sonido final de Sleep, Brian abrió la puerta lateral, y con sus palmas aplaudió repetitivamente.

-- Excelente, hijo. Eres grandioso.

Frank bajó la cabeza, y sonrió con todo afecto y alegría.

-- Gracias.

Brian bajó los brazos, y se acercó a Frank.

-- ¿Listo para el gran viaje?

-- Sí...-- Respondió decaído.

-- ¿Algún problema?

-- Estaba muy emocionado por este viaje... de veras lo estaba. Pero desde que sé que Jamia viene no tengo tantas ganas.

Los ojos de Brian se llenaron de comprensión.

-- Tú no quieres casarte ni tener un hijo con ella, eso está claro. Pero te pido que no pienses que vas a ser infeliz, tal vez con el tiempo te enamores de verdad de ella, y seas dichoso como loco. Dale tiempo al tiempo.

Frank volteó lentamente la cabeza a un lado, y bajó la mirada. Normalmente habría soltado una risa.

-- ¿Aún amas a Ana? -- Susurró Brian con sensatez.

Frank encogió sutilmente la frente, con sus hermosos y verdes ojos ennoblecidos como los de un niño. A Brian, dentro de su esplendor masculino, le dio sentimiento.

-- Todo va a estar bien. -- Aseguró.

Y abrazó en sus fuertes brazos al hombre que era de su hijo.

Lunes, un nuevo comienzo. Son las seis de la mañana. Es el sexto baño que Ana se da en el "feo" y enorme baño. Lo que sí le gusta mucho es sentir el agua fría.

Se devolvió a su gran habitación, vistió y arregló para salir a trabajar. Al dirigirse a la cocina, se dio más tiempo para desayunar, ya que se despertó una hora más temprano para pagar la cuota semanal del sistema de alarmas, lo cual haría con su traductor. Se preparó un completo sándwich, con jamón, queso, lechuga y tomate, una comida que ya no comía tanto por estar comiendo a lo alemán todos estos días.

Se terminó el nutritivo pan quince minutos después. Pasó a la cocina, lavó el plato, y tomó su preciadísimo llavero de Leathermouth; que ya sostenía todas sus llaves.

Como le había dicho Thomas Johnson, se le pagado por hora, y lo que gana lo carga al banco. Ya sabe a qué concesionario le comprará su automóvil; los cuales en Alemania, al igual que todo sistema de transporte, están muy desarrollados.

Pasó la contraseña en el dispositivo de alarmas, para que los sensores se activen, y salió de la casa. Caminó una cuadra a solicitar un taxi. Para esto esperó a que llegase el traductor, y éste, sólo porque es su obligación, no tardó demasiado.

Detuvo un taxi, y se adentró junto Adolf, el traductor. Le indicó primero el camino a Ungewitter, la empresa del sistema. Durante el trayecto prestó atención a la música que se escuchaba en la radio. Como está tomando las clases de alemán; que eran auditivas; con lo poco que ha aprendido supo que es música popular del país, llamada Je laater. Le agrada mucho esa canción, le parece realmente graciosa además por la tan diferente pronunciación y los agraciados instrumentos.

Al llegar, le indicó al señor que no se vaya, y se bajó del carro destinada al local. Adolf la siguió.

Ella observó las personas a su alrededor, como lo había estado haciendo últimamente, convenciéndose de que no poseían rasgos exageradamente diferentes a los americanos. Sólo que eran más gruesos.

Entró al sitio, y pidió cordialmente la atención de uno de los trabajadores del mostrador. A través de Adolf, se comunicó con un mozo y lograron cancelar la cuenta. Pero al terminar este proceso, él le dijo algo más, y al ser traducido Ana estuvo al tanto que se trataba de una actualización del sistema.

-- Dile que no hace falta, que estoy bien con el sistema que tengo. -- Le dispuso al traductor.

Adolf lo repitió en alemán al muchacho.

-- Pero la actualización consiste en colocar sensores frente a la puerta de su hogar, para detecte a cualquiera que intente abrirla. -- Fue la respuesta.

A Ana no le convencía esta propuesta, por lo que volvió a rechazarla. Adolf tradujo, y el muchacho impuso:

-- Es obligatoria. Si no la instala, se le retirará el sistema.

Al Ana escucharlo en inglés, cerró los ojos para llenar de paz sus interiores. Permaneciendo tranquila, le dijo a Adolf que no y punto. Él tradujo, y obtuvo como respuesta que le quitarán el sistema.

-- Coño. -- Emitió Ana, segura de que sólo Adolf entendería, y sin más opciones aceptó la condenada actualización.

Le informaron que el técnico le instalará el sensor al día siguiente por la tarde. Tenía que ser justo a su hora de trabajo. Ana volvió a resignarse.

Se fue de aquel lugar, y regresó al taxi. Le dijo a Adolf que le expusiera la dirección al trabajo.

Una vez que Ana se encontraba maquillando el rostro de Till Lindemann, el vocalista de Rammstein, ya eran las siete y media en Berlín y las tres de la madrugada en New Jersey. Frank estaba sentado en un sofá de la sala en casa de Jamia, esperando más que aburrido que ésta termine de empacar para la gira. Si se iba a tardar tanto en salir, hubiese dormido un poco más.

Sus párpados empezaban a pesarle. Prefirió no competir más contra el cansancio; pues no ha dormido desde la noche anterior, y cerró los ojos. En ese momento, Jamia, interrumpiendo, salió de la habitación con su equipaje.

Se dirigieron al exterior de la vivienda, y Jamia cerró la puerta. Se adentraron en el auto de Frank, pasaron los cinturones de seguridad, y emprendieron marcha. Frank condujo hasta su destino; la casa de Rob, al encuentro con Rob y Steve. De ahí, en la camioneta del dueño de la casa, se fueron al aeropuerto de New York y finalmente tomaron el vuelo a España.

MCR 'TIL DEATH...................................By: wayrocks

FIC Capítulo 61

por wayrocks
lunes, 19 de enero del 2009 a las 23:30
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Capítulo 61.-

A las cuatro y media de la tarde en New Jersey, a las diez de la noche en Berlín, Frank y Ana hacían cosas muy distintas.

Frank, intentaba convencer a Jamia de no ir a la gira a Europa con Leathermouth.

Ana, transitaba en un taxi que los llevaba a ella, a Swan, a Hunter y a su encargado a la urbanización que les esperaba equipada.

Cada detalle pésimo del tour que Frank le exponía a su prometida; como el cansado maratón, la segura falta de tiempo, la escasez de lujos, los atareados días, la incomodidad de las noches; entre otras cosas, era aceptado, y, en algunos casos, solucionado por ella.

El camino silencioso en el que el encargado no paraba de hablar sobre las casas, le dio oportunidad a Swan para dormir plácidamente una vez más. Hunter y Ana, a pesar del cansancio, prestaban atención a lo que les decía, porque no se los repetirá y seguramente les será de utilidad.

Llegó el momento de aceptar el hecho de que Jamia asistirá a los apurados y ocupados viajes con Leathermouth.

El taxi llegó a la urbanización.

Se escuchó el tenue ruido de un vehículo frente a la casa de los chicos. Frank, reconociendo claramente de qué automóvil se trata, informó la llegada de los demás en la camioneta de Brian.

-- Genial, así les participaré nuestro viaje. -- Apuntó Jamia.

-- No creo que les interese mucho. -- Musitó Frank.

-- Claro que sí.

-- Pero... ya tienen que preocuparse por sus propias diligencias. No deberíamos molestarlos.

-- De seguro no les alterará estar al tanto de un solo viaje más.

Frank, en realidad, lo que no quería es que lo supieran porque sabe a la perfección que no les agradará la idea, pero competir con Jamia es imposible.

Conversaron un rato más en la espera de los demás, hasta que uno a uno los chicos fueron acoplándose por la puerta de entrada.

-- Hola a todo el mundo. -- Saludó Jamia con un tono de voz ridículamente elevado.

Brian fue el último entrar, y al cerrar la puerta, su mirada llena de extrañeza se encontró con la bulliciosa.

-- Hola, Brian. ¿Sabías que Frank y yo vamos a hacer una gira?

Frank cubrió su cara con las manos, sabiendo lo que venía.

-- ¡¿Qué?! -- Se entrometió Bob. Seguidamente se echó a reír.

-- Es en serio. -- Repuso Jamia.

-- Sí, claro. -- Extendía el risueño. -- Van a dar conciertos de su macabra banda Jamona Fiero.

Se llevó una mano a la cabeza, prolongando su carcajada.

-- No, su nombre es Leathermouth. -- Reprendió Jamia.

Los demás se quedaron inertes al escuchar esto.

-- Frank, ¿la vas a llegar a tu gira? -- Consultó Brian sensata y austeramente.

-- No es que sea mi asunto, -- Intervino Mikey -- pero Jamia sería una piña bajo el brazo todos los días.

-- (Bob) ¿Piña? ¡Será puercoespín!

Jamia los miró con apatía. Gerard se unió a la risa de Bob.

-- Ni siquiera tú mereces eso. -- Aludió Ray, con unas escondidas ganas de reír.

Eso era una defensa que se encontraba entre ofensa y ayuda.

Frank mostró su rostro de nuevo, con resignación.

-- Es que el día que volvemos a New Jersey lo tenemos... ocupado. Juntos. -- Hizo otra pausa. -- Así que quiere acompañarme.

-- ¿Qué van a hacer? -- Indagó Gerard.

-- Nos vamos a casar. -- Reveló con ironía.

Jamia sonrió pretenciosamente.

-- Adelanta los viajes. -- Enmendó Mikey indignado.

-- ¿Qué crees que he intentado? -- Enfrentó Frank elevando el tono de voz. -- Los de la banda me dijeron que no se podía, pero he intentado contactar al encargado de las fechas y sólo me contesta su estúpido asistente.

Mikey bajó la mirada, exasperado.

-- Cálmate. -- Ordenó Brian con un aire de irritación. -- Solucionaremos esto.

-- No puedes atrasar la fecha de la boda, ¿verdad? -- Sugirió Bob.

-- No. -- Negó Frank crispado. -- Y, pensándolo bien, las fechas de los viajes están ordenadas por los días de allá. A cada uno le corresponde algo diferente qué tratar. Si las cambiamos, modificaríamos todo el protocolo. Tal vez deberíamos dejarlas así.

-- No. -- Impidió Brian. -- Yo te voy a llegar con ese encargado, y él le va avisar a todo el mundo que debemos adelantar la gira aunque sea un día. Tú eres el líder de la banda.

Frank elevó ligeramente el rostro, demostrando esperanza, e inclusive gratitud. Gerard no quería decir nada que resultara desagradable,  pero debía exponer su punto de vista.

-- Pero Brian... yo creo que Frank tiene razón. Es decir, todos los días están planeados hasta el tope, y nadie que sea de autoridad se interesaría en adelantar los planes por inconvenientes personales de los músicos. Además, así es la vida de un famoso, por mala suerte.

Bob suspiró la palabra "sí", y Mikey afirmó con la cabeza.

-- ¿No creen que yo los convencería? -- Inquirió Brian.

Su semblante se tornó dolido y retador.

Bob quiso consolarle, pero no se dio cuenta de que fue muy gracioso.

-- Ellos son muy tenaces y pertinaces, Brian. No eres tú, son ellos.

Dos oraciones, dos chistes. Inevitablemente, a los chicos se les escapó una sonrisa. Brian, en vista de que no sólo no es capaz, sino que tampoco no es un tema lo suficientemente serio, afirmó con la cabeza.

-- Está bien. Entonces soy un fracaso como representante.

Se dio la vuelta, y dirigió sus pasos a las escaleras.

-- No, Brian...

-- Brian...

-- Espera...-- Se confundían las voces de los apenados.

-- (Mikey) Brian, por favor. Entendiste mal.

Brian empezó a subir las escaleras.

Este no era un buen momento para la compañía de Jamia. Es un pequeño malentendido familiar, y ella no es precisamente parte de la familia MCR.

-- Qué delicado. -- Le llamó intencionalmente, pues sabía cómo lo tomarían los demás.

Los chicos la miraron con coraje. Seguidamente se fueron camino a las escaleras.

-- ¡Frank! -- Llamó la mujer.

Frank se detuvo, quedándose atrás en el grupo, y cerró los ojos mientras respiraba profundamente. Se dio la vuelta, sin dar un paso al frente.

-- Quédate conmigo.

-- Lo ofendimos. -- Replicó. -- No puedo ser el único que se quede.

-- Los demás se encargarán. Estará bien, tranquilo. Ahora, por favor, quédate conmigo.

Frank se llevó las manos a la cabeza, con una gran cólera. Sin más opciones, fue hasta su molesta embarazada.

Los chicos en el piso de arriba hablaron con su "padre", y convencieron con sus argumentos. Tras unos minutos de conversación, se contentó. Pero, pasmado, quiso estar al tanto de qué pasó con Frank.

-- Él está abajo...-- Titubeó Gerard.

-- (Brian) ¿Y por qué no sube?

-- (Bob) De seguro la dragona se lo tragó. -- Mikey casi rió. --   Y como no es pendejo...

-- Eso no es ser pendejo. -- Defendió Ray. -- Es ser responsable. Afrontar las consecuencias tal cual son, sin intentar buscar la salida más sencilla.

-- ¿Por qué defiendes tanto al enano y citas a las galletas de la fortuna? --         Consultó Bob.

-- Es que de todos los insultos, creo que en este momento no deberías llamarlo así.

-- Está bien, lo siento. Pero recuerda que la mayoría de las veces que los insulto no lo digo en serio.

-- Lo sé, gordo. -- Contestó Gerard.

Bob guardó silencio por un instante, intentando dejarlo pasar, pero luego tuvo que preguntar.

-- ¿Cómo que gordo?

Gerard dejó escapar una pequeña risa.

-- Bueno, sólo lo digo para fastidiarte, y porque te he visto comer mucho de la torta en la nevera.

-- Tonto.

-- (Mikey) ¿Es uno de tus insultos en serio?

Bob tenía una mirada pícara.

-- No.

Su rostro se relajó.

-- ¿Tienes algún dulce? -- Preguntó deseosa Jamia.

-- Déjame ver...-- Meditaba Frank-- espera. Sí, hay fresas en la nevera.

Ella sonrió.

-- Vamos.

Se levantaron del sofá, y partieron camino a la cocina.

Por la mente de Frank pasaron en las fresas con las que hicieron desastres en el apartamento de Ana, y luego se golpeó en la cabeza con su propia mano. Deja de pensar en ella. Estaba convencido de que de ahora en adelante su vida sería su hijo.

Jamia llegó primero, con una tranquilidad que a Frank le resultaba agradable. Abrió la nevera, y con su vista en busca de las fresas, se encontró con una simpática bandeja de aluminio que contenía unos trozos de torta cubierta de merengue blanco.

-- Torta. Se me había olvidado. -- Pronunció Frank. -- Vamos, sácala.

Jamia introdujo sus manos en la rejilla, y tomó por los bordes la bandeja. La sacó lentamente, con una delicadeza muy similar a la que tenía hace relativamente poco.

Frank tomó un cuchillo que estaba encima de la estufa, y se lo pasó a Jamia. Ella lo utilizó de soporte, y así sacó el pedazo. Se lo llevó a la boca, cuidando de no ensuciarse.

-- Voy a ver cómo están los demás arriba. -- Informó Frank.

Jamia tragó.

-- Bien. Yo te acompaño.

Maldición -- Pensó él.

Salieron de la cocina, y subieron las escaleras. Todos los demás estaban sentados apretadamente en el mueble del pasillo en la planta alta, así que los vieron llegar. Brian, aún con cierta preocupación por Frank, prefirió no decir nada.

Es que como buen "padre", exige que Frank se haga cargo de su hijo y de su madre, pero no sabía que ésta última fuera tan imponente, y lo peor es que con esa actitud incluso podría hacer sufrir a Frank. Para no caer en típicas preguntas como "¿qué hacías allá abajo?", optó por cambiar de tema.

-- Y... ¿qué estuviste haciendo mientras nosotros llegábamos? -- Se decidió a decir.

-- Practiqué con una guitarra acústica. -- Respondió Frank. -- Toqué un par de canciones.

-- (Bob) Nunca se olvidan los clásicos.

Jamia supo que se pondrían a hablar de temas que a ella no le incumben, así que se fue a la habitación de Bob. Estuvo muy poco tiempo con los demás, así que no notaron que comía torta.

-- ¿Y cómo sigue el tambor de tu batería? -- Preguntó Mikey dirigiéndose a Bob.

-- ¿El jodido? Bueno, jodido, tal y como Ray lo dejó.

-- No está jodido, está cambiado. -- Insistió Ray.

-- Idiota, está jodido y punto.

Brian sonrió con un aire de gracia.

Jamia metió en su boca el último bocado que quedaba de su refrigerio, y casualmente se ensució con el merengue. Con indiferencia, se limpió en lo más cerca que tenía, que era un pedazo de tela negra que había sobre la mesa de noche. En realidad, era una corbata negra con calaveras de Gerard.

Ana se bajó del taxi, con sus tres acompañantes. El frío estremeció los descubiertos brazos de Ana y Rachel. El encargado le pagó al taxista, y les dirigió el camino por el interior de la urbanización. Iban caminando por el medio de la vía, con vista a ambos lados de las casas.

A pesar de la oscuridad, a éstas se les notaba su pulcro color ""amarillo claro. Casi todas tenían sus pequeñas y marrones lámparas encendidas, resaltando sus cortos pero frondosos jardines en perfecto estado. Tenían un espacio para estacionar un vehículo, y a su lado un camino de cinco grandes escaleras con camino a la puerta de entrada. Algunas tenían largas ventanas del mismo color que las lámparas que decoraban el frente de las residencias, y otras eran totalmente cerradas, pero adornadas con alargadas repisas cargadas de simpáticas frutas, o en algunos casos de plantas de tomate.

Estaba demasiado dotado de gracia y perfección. Si esto se ve así ahora, ¿cómo será en el día? Todo tan claro, ordenado, simpático, bien cuidado, agraciado. Una urbanización ejemplar.

Sí, definitivamente no es en lo absoluto el estilo de Ana. A Hunter le da lo mismo, y a Swan, en cambio le fascinó.

El encargado dobló una esquina. Los demás, siguiéndolo, o más bien persiguiéndolo, se extrañaron, pues creyeron que sus casas estaban en la primera sección. Al llegar a la segunda parte, se aliviaron al ver que las casas eran exactamente iguales.

Una vez que pisaron la acera, el encargado se detuvo. Cuando llegaron los demás, se pusieron algo nerviosos, ya que era el momento de conocer sus nuevos hogares.

-- Bueno, creo que ya les dije todo lo que necesitaban saber sobre este lugar. -- Especuló el encargado.

-- ¿Cuándo? -- Preguntó Swan con exaltación.

-- En el camino. Estabas dormida. -- Le informó Hunter.

Ana se aguantó las ganas de reír.

-- Bueno. Black, casa número cincuenta y dos.

Lanzó en dirección a ella uno de los tres juegos de llaves que cargaba en sus manos. Ella lo atrapó con habilidad.

-- Hunter, casa número cincuenta y nueve.

Le tiró otro juego de llaves.

-- Swan, casa número sesenta.

Le lanzó el último juego de llaves. Casi se le cae al pescarlo en el aire.

-- Me despido. -- Anunció finalmente. -- Nos vemos mañana a las dos para su primer trabajo en Berlín. Que duerman bien.

-- Igualmente. -- Le deseó Ana.

-- (Swan) Y que recupere suficientes energías como explicarnos de nuevo el asunto de nuestras nuevas casas.

-- Rachel. -- Le regañó Hunter.

-- (Ana) Yo también me despido. Hasta mañana, colegas.

  • - Hasta mañana.

Se dio la vuelta, y empezó a buscar con la vista la casa número cincuenta y dos. Una vez localizada, fue hasta ella segura de cómo será.

Subió las pocas escaleras, y abrió la puerta marrón. Miró a la derecha, para estudiar su pequeño y lindo jardín. Definitivamente no le gusta mucho esta urbanización. Entró a la casa, y cerró la puerta para explorar.

Vio la gran sala de estar, que terminaba en un extenso que pasillo cuyo camino llevaba a la cocina, y de ahí a un espacioso baño. Más adelante tenía una sección a la izquierda que llevaba a un corredor con dos caminos; las dos habitaciones. Una de ellas tenía una cama matrimonial, un armario enorme y una peinadora, y el otro tenía un clóset menos grande pero bien seccionado, no estaba tan equipado y su cama era individual. Sin duda sería el cuarto de los huéspedes.

Había suficiente espacio como para caminar tranquilamente sin cuidar de no derribar nada, pero seguía siendo bien decorado y amoblado. Las paredes eran de color naranja pastel, y los sofás castaños. Todas las mesas, la cómoda, la peinadora y los armarios eran de la misma madera oscura y fina. Los adornos no eran demasiados, perfectamente seleccionados en forma y posición. Era un lugar muy bien arreglado, razón por la cual Ana lo mantendrá ordenado y limpio, pero no es exactamente como a ella le gustaría. Es tal vez exactamente como a la mayoría le gustaría.

Estaba tan cansada que luego de cepillarse los dientes y lavarse la cara en el gran baño, se fue hasta su nueva habitación y acostó en la indiscutiblemente cómoda cama matrimonial, y sin cambiarse de ropa se entregó al sueño hasta el día siguiente. Luego de un larguísimo viaje sin descanso, se lo merecía.

Jamia botó en la papelera la servilleta que tenía, y salió del cuarto. Vio a los seis hombres realmente apretados en el mueble del pasillo. No supo apreciar la ternura de ese momento, y en cambio lo consideró exageradamente bobo. Como su miraba reflejaba sus pensamientos claramente, Bob se molestó.

-- Cállate, chinche. -- Ordenó.

Jamia abrió la boca de par en par. Los demás se rieron. Frank intentó defenderla, pero no tuvo éxito porque también le causó gracia.

-- No he hablado. -- Informó Jamia aún en shock.

-- De todas maneras. -- Insistió Bob.

Brian acarició la cabeza de Bob. Él cerró los ojos, disfrutando del mimo con una sonrisa, imitando de cierta manera a un perro.

Brian no sería capaz de insultar a una mujer, por lo que no decía nada, pero al menos tenía derecho a felicitar a quien lo hiciera justificadamente.

-- Chicos, por favor. -- Pidió Frank.

Hubo un breve silencio.

-- Bueno, vayan saliendo, que no crean que están libres esta tarde. -- Estableció Brian.

Uno por uno, se levantaron los chicos del mueble. Se lastimaban por accidente, ya que estaban demasiado pegados. Caminaron juntos por un momento, y luego se separaron cada uno a su habitación. Brian contempló todo.

Enarcó una gran sonrisa. De veras parecían sus hijos, y, pues, los quiere como tal.

Jamia bajó las escaleras, y buscó las llaves de la casa en la gaveta de la cómoda. Abrió la puerta de entrada, y dejó las llaves en la mesa más cercana. Se fue a su casa.

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FIC Capítulo 60

por wayrocks
sábado, 10 de enero del 2009 a las 17:55
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Capítulo 60.-

Frank regresó a su casa. La encontró completamente sola, ninguno de los chicos había llegado. Arrojó en la mesa unos papeles que traía en la mano, y se dirigió a la planta alta. Pasó directamente a su cuarto, en busca de su libreta de acordes de guitarra. Al encontrarla, tomó una de sus guitarras acústicas, y se sentó en la cama. Empezó a hacer sonar los tonos que leía en el cuaderno.

Tocó cuatro canciones ácidas y dos de arpegio hermoso. Embelesado por la música, dejó su guitarra a un lado, y se acostó de largo a largo en la cama. Los recuerdos flotaban por su cabeza. Se sintió algo necio por pensar tanto en el pasado, que en realidad, no fue hace tanto tiempo, pero ya debería haberlo superado. Sería más sencillo deshacer por completo todo lo que viví con Ana.

Repentinamente sonó una canción de MCR, y su bolsillo empezó a vibrar. Metió su mano en éste, y sacó su celular. Jamia llamaba. Al principio maldijo por haber sido llamado por ella justo en este momento, pero luego lo consideró mejor. Éste es su futuro, y tiene que acostumbrarse. Contestó la corta llamada. Era sólo para avisar que iba a venir a la casa para ver las fotos de la decoración del altar para la boda. Al colgar, de inmediato buscó las imágenes en el teléfono, para comprobar que las tuviera. La primera que salió según el orden alfabético, fue una de Ana. Sonrió al ver a la hermosa joven captada por la cámara. Sintió felicidad al notar que se sintió bien al verla, y no cayó en la tristeza. No. No podría olvidarme de ella.

Ana se quitó el cinturón de seguridad, y levantó su cansado cuerpo del asiento. Todos empezaban a cargar con sus maletas, pero ella no quería ni ver las suyas. Tan fatigada, debe dirigirse al exterior del avión, someterse a otro viaje en carro hasta su nueva casa y acomodarse para dormir; siempre cargando con ese bulto.

Swan, totalmente descansada, llegó hasta ella trotando alegremente. Tenía el maquillaje escurrido, estaba despeinada y ligeramente jorobada.

-- Chica, muévete. ¡Nos vamos! -- Exclamó muy inquieta.

-- Espera...-- Pidió Ana.

-- Muero porque me presenten a mi traductor.

Qué brusco cambio de tema.

-- ¿Ah, sí? Seguro será bueno.

-- Lo voy a tratar con a un perro faldero. Que me siga a todas partes.

Ana sonrió. Es bueno ver su entusiasmo. Antes de poder responder, Rachel informó con mucha extrañeza.

-- Estás más alta.

Ana se mordió los labios.

-- No, Rachel, tú...

Se quedó callada.

-- ¿Qué? Dilo. -- Ordenó.

-- Tú estás ligeramente encorvada. -- Indicó con mucha sutileza.

-- ¡¿Torcida?!

-- No... sólo enderézate.

Ella arrimó los hombros hacia atrás, corrigiendo la posición de su espalda.

-- Sigues estando muy alta. -- Agregó rápidamente.

Luego se fue casi corriendo. A Ana no le cabe duda de que esa loca comporta así porque está demasiado emocionada por el viaje.

Giró a un lado, y caminó entre los asientos hasta llegar a la maletera. Se encontró con una de las tantas ventanas. Fue insólito ver a través de ella.

El cielo estaba plenamente negro. Sobre ellos había una oscuridad extraordinaria, como si fuera medianoche; y todo el aeropuerto estaba iluminado artificialmente con hermosas luces blancas, anarajandas y doradas.

El vuelo empezó a las diez de la mañana; deberían ser las cuatro de la tarde. Recordó la diferencia de horarios, y supo que en donde está eran las nueve y media de la noche.

Para su sorpresa, esta gran diferencia no le alteró, incluso le resultó agradable. La templada noche fue de ayuda para crear, una vez más, la ilusión de un nuevo mundo. Además, el aeropuerto luminoso lucía hermoso.

Estiró sus brazos para alcanzar su equipaje en la maletera, aunque no tenía mucho éxito. Los demás lo habían empujado hasta el fondo. Un joven de unos veinte años la vio en ese intento, y se acercó para ayudarla. Antes de hablarle, contempló su físico delicadamente. La encontró completamente interesante, inclusive preciosa.

-- Kann ich Ihnen helfen? -- Preguntó "¿puedo ayudarle a usted?" en alemán.

Ana escuchó, pero no estaba segura de si hablaba con ella. Bajó los brazos, y volteó para ver de quién se trataba. Al ver al guapo muchacho, intentó aclarar con señas que no habla alemán.

-- ¿Can I help you? -- Preguntó él de nuevo, esta vez en inglés.

Ana se sorprendió. Por esto, sin darse cuenta, permaneció otro instante en silencio, así que el joven insistió, esta vez en español.

-- ¿Puedo ayudarte?

Ana se echó a reír. Pensó en quedarse de nuevo muda, para ver con qué otro idioma le sale, pero no sería tan cruel.

-- Disculpa, ya te había entendido la segunda vez. -- Reveló ella en español, ya que era el último idioma que él había hablado.

-- Ah. Bueno, ¿necesitas que te ayude?

Como casi todos en el avión eran estadounidenses o alemanes, los jóvenes sintieron cómo las miradas se clavaban en ellos por hablar un lenguaje desconocido.

-- No, estoy bien. -- Rechazó de forma afable. -- Sólo tengo que estirarme un poco más.

-- Por favor, permíteme. -- Insistió seductora y amablemente.

Un hombre alto y obeso pasó detrás de Ana, y con su enorme brazo sacó a la fuerza una maleta. Luego se fue. Esto intimidó un poco a Ana.

-- Está bien. -- Aceptó dulcemente.

El joven blanco de cabello oscuro pasó al frente de la maletera.

-- ¿Cómo es?

-- Azul marino. -- Respondió Ana un poco atónita.

Él subió los tobillos, y ávidamente sacó la maleta.

Si él no la estuviese viendo, Ana estaría boquiabierta. En un segundo demostró ser inteligente, gentil y fuerte, eso sin mencionar su atractivo.

-- Muchas gracias. -- Correspondió.

-- Por nada. -- Contestó de forma modesta.

Acercó el pesado bolso que cargaba con una sola mano. Ana estiró los brazos para tomarlo. Al pasarla de un brazo a otro, sus manos tuvieron contacto.

Ana bajó la mirada hacia el equipaje, pero los ojos de él seguían sobre ella.

-- Y... ¿de dónde eres? -- Preguntó simpático.

-- De New Jersey, Estados Unidos. ¿Y tú?

-- De Lara, Venezuela.

-- Venezuela, la tierra de las arepas.

-- Estados Unidos, la tierra de las hamburguesas.

Rieron.

-- (Ana) ¿Y hablas alemán, inglés y español?

-- El que más me cuesta es el inglés. ¿Y a ti?

-- Definitivamente el alemán, porque es el único que aún no sé hablar.

-- Lo aprenderás. -- Aseguró.

Uno de sus fijos ojos se cerró rápidamente, formando un guiño muy sugestivo.

-- Oigan, están atravesados. -- Interrumpió una mujer colérica.

Los dos se apartaron de la maletera. Ana se dio cuenta de que los managers se estaban bajando del avión.

-- Debería irme. -- Musitó.

-- ¿Por qué?

-- Estoy con mi equipo, y debemos mantenernos juntos.

Él ladeó un poco sus labios, en señal de lamento.

-- Lo siento. Fue grandioso hablar contigo. Soy Ana.

-- No hay problema, pero lamento que te vayas. Ricardo.

Se dieron la mano, y Ana se dio la vuelta.

-- Por cierto...-- Exclamó, haciendo voltear a Ana. --... ¿sabías que viajamos con Rammstein?

Ella sonrió.

-- Eso escuché. -- Afirmó.

Él le devolvió la sonrisa.

Ella se fue ligeramente apresurada. Una vez en la puerta del avión, quiso voltear una última vez. Ricardo todavía la miraba.

-- Idiota. -- Le insultó alguien a su lado. Como reconoció la voz de Rachel, no se alarmó.

-- ¿Por qué?

Ambas seguían mirando al encantador muchacho a lo lejos.

-- Dale tu número. Y si no se lo vas a dar, ¡ve a besarlo!

-- Por Dios. ¿Estás loca?

-- Cualquiera lo haría. Yo lo haría.

-- Pues yo no.

Ana se dio la vuelta, y empezó descender por las escaleras. Una ráfaga tranquila y fría de viento acarició su cabello.

Jamia llegó a la casa una hora después de su llamada. En ese tiempo, Frank llamó desde el teléfono local una, otra, y otra vez al encargado de las fechas de la gira de Leathermouth, aún en intento de culminar a tiempo para la fecha de su matrimonio. Todo lo que habían dicho Vicent, Rob y Steve era cierto, pero, aunque sea en vano, Frank tenía la necesidad de desocuparse para la boda. Al ver que el único que de vez en cuando contestaba era su asistente-- tal y como lo había dicho Rob-- supo que debía avisar al gerente, lo cual tendría consecuencias-- como había predicho Steve--  y el último recurso sería la disquera, dando lugar a lo que señaló Rob. Estresado, supo que no tenía opción, y dejó de insistir.

Cuando sonó el timbre, Frank buscó su celular para tenerlo a la mano. Al presionar un botón, la luz se encendió, dejando ver la preciosa foto de Ana que aún seguía puesta. Lo acercó hasta su rostro, y le dio un beso a la pantalla. Luego borró la imagen.

Bajó las escaleras con calma, mientras escuchaba los molestos tintineos, los cuales cada vez se hacían más constantes.

Directamente abrió la puerta, cien por ciento seguro de que se trataba de Jamia; porque aparte de haber avisado antes de venir, nadie más que conozca habría tocado el timbre de esa manera.

-- Hola, mi amor. -- Le saludó irónicamente.

-- Hola. Permiso. -- Pidió rápidamente.

Frank se apartó a un lado para que ella pueda pasar.

-- ¿Cómo estás? -- Preguntó ella.

Se sentó en uno de los muebles.

-- He estado mejor.

-- ¿A qué te refieres?

-- A nada. Mira lo que plasmamos Gerard y yo.

Mostró el teléfono, y puso una foto del altar decorado de color ocre. Jamia tomó el aparato, y estudió el adorno.

-- Se ve bien.

-- Mira las fotos a la derecha. Son tentativas, pero así podría lucir la iglesia.

-- Mmm.

Le devolvió el teléfono sin ver las fotos.

-- Qué emoción. -- Expresó con un tono de voz soñador, medio trastornado.

-- Sí. -- Se limitó a responder Frank.

-- E imagínate cuando nos mudemos juntos.

-- ¡¿Qué?! No nos vamos a mudar.

-- Claro que sí. Nos vamos a casar, vamos a tener un hijo... deberíamos vivir juntos, ¿no?

Frank se calmó. Jamia tenía razón.

-- No me quiero mudar todavía. Me gusta mi casa.

-- ¿Y cuándo?

-- No lo sé.

-- Jmm. -- Refunfuñó. -- Pero no nos tardemos mucho.

-- No, supongo que no. Es sólo que ahora no es el momento.

-- Hablando de que "no es el momento"...

Oh, oh. -- Pensó Frank.

-- ¿Cuándo pensabas decirme que Leathermouth estará de gira el día de nuestra boda?

Frank quedó estupefacto. ¿Cómo rayos...?

-- ¿Cómo sabes?

-- Le pregunté a un manager. Y tú, ¿desde cuándo lo sabes?

-- Jamia, yo sabía las fechas, pero te juro que no había sacado la cuenta. Hoy me di cuenta de que volveremos a New Jersey ese día.

-- Tranquilo, yo te creo, y te comprendo. Por eso precisamente, voy a ir al viaje.

-- ¡¿Qué?!

Ana terminó de bajar las escaleras del avión, disfrutando del clima de temperatura baja, pero muy apacible.

Se encontró con Stu, de espaldas. Llamó su nombre, aún estando al lado de él. Después de aquel cálido abrazo que se dieron, le daba pena tocar su hombro.

-- ¿Dime? -- Atendió el manager.

Esa palabra dejó escapar una pronunciación que recordaba mucho su acento alemán; además de su afecto.

-- Quiero tomar las clases de alemán. -- Requirió ella. Quiere ver qué le parece la idea.

-- Muy bien. -- Le felicitó. -- Eres la única de los tres estadounidenses que se interesó en aprender el idioma.

-- "Aprender el idioma es aprender la cultura", decía siempre mi maestro de inglés.

-- Tenía razón. ¿Quieres aprender de nosotros?

-- Sí, claro. Ver qué historia tiene su país, cuáles son los próceres..., y qué comen, qué ven en la televisión, qué tan diferente es.

-- Lo harás. Ya verás. -- Optimizó.

Siguieron avanzando sus pasos en silencio.

-- Me debes la receta de las salchichas. -- Le recordó Ana.

-- Shh. -- Le calló graciosamente. -- Nadie puede saber que sé cocinar.

-- Nadie aquí habla inglés. -- Risas.

Se separaron de camino. Stu se encontró con Boris Brahms, un asesor de imagen. No es muy agradable, y en lo único que piensa es en el dinero. Notó que éste había estado escuchando su conversación en inglés con Ana, pero eso no tenía relevancia puesto a que no entiende el idioma.

-- En ningún momento me preocupé por la llamada de esa criatura. -- Presumió. -- Sabía que tarde o temprano la haría.

Stu afirmó con la cabeza. Luego le hizo unas preguntas.

-- ¿El traductor siempre estará con ella? ¿Y es seguro dejar solos a estos jóvenes? Me refiero a los que no son de aquí.

-- Por supuesto. -- Aseguró Boris. -- Esos chiquillos estarán a salvo.

-- Ella quiere tomar las clases.

-- Se las daremos.

-- Bien.

-- Heinz, extrañas a tus hijos, ¿no es así? -- Se burló.

Stu sonrió con los ojos entrecerrados. Cualquiera le habría mirado con desgana, o volteado la cara.

Ana, en cambio, se encontró con Hunter, o más bien Jack.

-- Bienvenida, señorita alemana. -- Le saludó él.

-- Bienvenido, señor alemán.

Empezaron a caminar juntos por el gran aeropuerto siguiendo al equipo Rammstein. Ana enarcó una amplia y sincera sonrisa. Analizaba todo lo que ha sucedido desde que pisó Alemania.

Acaba de llegar, acaba de comenzar su vida. Ya se consiguió con el primer desconocido; Ricardo, un venezolano perfecto que la trató muy bien; va a estar con Jack y Rachel, y siempre podrá contar con Stu. Sintió el clima; y le gustó; que tendrá sus noches de ahora en adelante, y vio el primer escenario de Berlín; un aeropuerto increíble. Tan sólo está llegando, y no se había dado cuenta, pero era el inicio perfecto.

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FIC Capítulo 59

por wayrocks
lunes, 05 de enero del 2009 a las 20:18
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Capítulo 59.-

Son las diez en punto de la mañana en New York. Todo el equipo se levantó muy temprano para este gran viaje.

Los integrantes de Rammstein se encuentran en primera clase en el avión. Sus grandes y cómodos asientos color mostaza tienen vista hacia el frente. Su equipo de trabajadores está en segunda clase, conversando en los acolchados y azules asientos.

Ana no conversaba con nadie. Su corazón latía fulminantemente. Parece que es la única de los provenientes de ahí que realmente ama el lugar, y no quiere abandonarlo por nada, ni siquiera por Alemania.

Apenas el avión emprendiera marcha, se estaría despidiendo definitivamente de su hogar. Esto lo había decidido ella misma, y tiene que enfrentarse a las consecuencias, pero sigue siendo un hecho crucial y difícil.

Casi temblaba. Su estado era descomunalmente inquieto, internamente, pero lo que los demás lograban ver era sólo un poco de frío.

Aún faltaban pasajeros en tomar asiento, e incluso las aeromozas seguían de aquí para allá recorriendo el lugar. Esto era signo de que aún falta para arrancar. Ana hizo un esfuerzo por usar esto en su favor, decirse a sí misma que todavía le queda tiempo en su país.

En eso, pensó en buscar algún detalle que cambiará en su vida cotidiana en Alemania. Esto distraería un poco su mente del abandono a su espectacular país natal Estados Unidos. Un detalle de menor importancia que los alimentos que comerá de ahora en adelante, que el lenguaje con el que aprenderá a comunicarse, que la cultura de la que ahora será parte... un detalle minúsculo. Lo encontró, pero no con mucha facilidad. Algo demasiado insignificante. Era ver a Stu, el bello y encantador manager, todo el tiempo; y fijarse en la imagen diferente que tendría cada día. Eso sería emocionante.

Se rió de sí misma al pensar esto. No es algo que ella tomaría en cuenta normalmente. Eso le ayudó a demostrarse que está un poco feliz con el viaje. Seguidamente, se dio cuenta de que esa felicidad era rebasada totalmente por los nervios. De veras iba vivir tan, pero tan lejos de su país. No hay vuelta a atrás.

Esto la aterró de inmediato, y justo en ese momento el motor del avión empezó a repiquetear. No, no... El avión tambaleaba. En sus interiores surgió un miedo que aunque no llegaba al punto del pánico, podría apoderarse ella. Qué horrible es saber que con sólo una máquina iniciando su trabajo, te estás alejando de tu familia; toda tu familia; para siempre. Ahora sí, sus cejas se contrajeron de preocupación. Apretó los puños, y cerró los ojos con fuerza.

Si no fuera tan fuerte de voluntad, se habría quitado el cinturón de seguridad, levantado del asiento, y empezado a gritar que detengan el avión; y correr hasta la salida para obligar al personal a abrirle. No dejarles elección.

Ahora es ella quien no tiene elección. Y además no había nadie que le ayudara a tranquilizarse, ni que le dijera cosas optimistas. Nadie que la apoye, que esté con ella. Ningún chico de My Chemical Romance, ningún amigo, nadie. Es más duro de lo que parece.

Nadie le prestaba atención. A pesar de su estado, nadie. Mala señal, porque sería terrible que nadie le prestara atención una vez que viva en Berlín.

Las ruedas del avión rodaban elevando su velocidad, y el avión transitaba rápidamente en la autopista. Estaba muy asustada, y lo demostraba claramente --aunque no a propósito--, pero ninguno siquiera la miraba.

No hay vuelta atrás, no hay vuelta atrás...

Alguien la tomó por los hombros. Fugazmente abrió los ojos, igual de tensa.

-- Hija mía, ¿estás bien? -- Preguntó el hombre.

Stu estaba muy preocupado. Estaba de pie frente a ella, predispuesto para sostener sus hombros. Atentamente, esperaba una respuesta. Ana, inmóvil, no se la dio.

Ella seguía con los puños apretados, y los brazos rígidos a cada lado. Su temblar cesó levemente.

-- (Stu) ¿Qué ocurre?

Guardó silencio. Sintió que su pregunta era estúpida.

Soltó sus brazos, comprendiendo claramente lo que sucedía.

Se paró de forma recta, y volteó hacia el muchacho que estaba sentado al lado de Ana. Era un trabajador del elenco Rammstein. Le pidió en alemán que se cambiara momentáneamente de puesto. Él, como buen empleado, obedeció. Se levantó, cediendo el puesto, y se sentó en el asiento siguiente.

Una aeromoza vio al manager de pie. Le mandó a cierta distancia, con mucha exaltación.

-- Señor, tome asiento ahora mismo.

Stu se sentó el asiento libre que había dejado el muchacho. Se pasó el cinturón de seguridad.

Él era el único alemán de todo el equipo que podía entender y hablar inglés.

Volteó hacia Ana para empezar su introducción. Ella miraba al lado contrario.

-- Sé lo duro que es. -- Señaló Stu, demostrando completo entendimiento. -- Tal vez es demasiado duro. No me he mudado de mi país, pero sí de casa, de Estado, incluso de ubicación en el mapa. Por supuesto que no es lo mismo, pero creo saber cómo te sientes.

Ana afirmó con la cabeza.

-- Eso puede ser bueno. Estoy seguro de que una doncella como tú tiene una espléndida vida aquí...-- Consideró refiriéndose a Estados Unidos.

-- La tenía. -- Corrigió Ana con tristeza.

Stu creyó que se refería a que ya no porque se irá a Europa. Antes de continuar su charla, el avión arrancó. Las ruedas se despegaron del suelo. Ana dio un salto. Inhaló entrecortadamente, y apretó mucho más sus puños. De nuevo se quedó inmóvil.

Para Stu, el comportamiento de Ana no era nada raro ni anormal. Es muy natural considerando lo que sucede. En vez de demostrar su preocupación y extrañeza, sólo ayudaba. Es lo que un padre habría hecho.

-- Tranquila. -- Le ayudó a calmarse. Luego prosiguió. -- Tal vez, eso sea bueno. Un nuevo entorno para ti. Seguramente, con el tiempo, todos apreciaran lo que eres.

Posó sus manos sobre las de ella, soltando lentamente sus puños.

Percibió de éstas un calor embelesador y hogareño. Le recordó a su casa, cuando era muchacho. Tiene mucho tiempo sin regresar a ésta, así que fue muy agradable sentir el recuerdo.

Frank amaba esto de sus manos, entre cosas.

-- Tendrás un trabajo seguro, un reconocimiento muy notable por todas tus acciones, no tendrás problemas con el dinero, vivienda o exigencias.

Ana volteó hacia él. Para relajar sus brazos, Stu alzó los suyos con las palmas abiertas hasta el nivel de la cabeza; luego los bajó lentamente delante de ella. Efectivamente, ella hizo lo mismo.

-- Te alejarás de las tensiones habituales de tu vida, aunque claro, tendrás nuevas, pero menos. Vivirás muchos eventos emocionantes con la banda, nadie tendrá derecho a tratarte mal mientras yo esté, y siempre estarás a salvo.

Ana bajó la cabeza, cerrando los ojos. Se había tranquilizado, aunque eso no significara que olvidó el hecho de que se está yendo decisivamente.

-- Ahora que vienes a Alemania, tienes tres opciones para vivir bien, como te lo mereces.

Ana, aún con los ojos cerrados, subió su cuello ligeramente, indicando interés.

-- Puedes disfrutar como una turista. Una que está experimentando la vida europea.

Ana sonrió encogidamente.

-- Puedes pensar que sigues en Estados Unidos. Sólo te mudaste de casa.

Ana enalteció una ceja. Esa iba a ser muy difícil.

-- O puedes...

Hizo una pausa. Sabía que esta opción iba a ser la más sensata, pero también la más dura. Continuó, prestando todavía más atención a la reacción que tendría Ana.

-- O puedes aceptar totalmente que estás en lugar distinto. Saber que tienes una vida nueva.

Ana abrió los ojos, sin gesto alguno. Stu esperaba pacientemente.

Ella vino a empezar una nueva vida, a rehacerse. A comenzar por otro camino. Debía cumplir con esto, porque aunque seguramente sería la manera más dura de desempeñarse, sería la que le traería más sonrisas al no pensar en lo que ha sufrido; como escuchar a su padre diciéndole cosas espantosas, ver a Frank besando a Jamia, saber que tendrá un hijo con ella, y, ¿por qué no?, sentir cómo Gerard intentaba violarla. Eso sin mencionar el hecho de haber sido golpeada bestialmente por un ladrón y luego casi morir, y haberse quedado sin los bienes de su apartamento. Pero no se olvidaría de lo que vale la pena, los grandiosos recuerdos de las cosas buenas que ha vivido; como haber trabajado con sus grandes ídolos y amigos My Chemical Romance, el concierto en que Frank la besó frente a todo el mundo y luego pidió su mano, seguido del maravilloso tiempo con él, las increíbles tardes yendo a la casa de los chicos, los primeros años de universidad, el Project Revolution...

-- Ésa. -- Escogió.

Stu se lo esperaba. Ella siempre seleccionaría la correcta.

-- Entonces debes hacer algo.

Se arrepintió de haber dicho eso.

-- ¿Qué? -- Indagó.

Él desearía que Ana ignorara lo que dijo. No quiere verla triste.

-- Nada. Olvídalo. -- Respondió secamente.

Ella lo miró con astucia. Ya es muy tarde, tiene que decírselo.

-- Está bien. -- Accedió. -- Tienes que mirar por la ventana, y observar cómo Norteamérica se aleja. Será fuerte, pero te creará esa ilusión de un nuevo mundo.

Ana pensó eso era totalmente cierto. Desde la parte de la dificultad, hasta la ilusión.

-- Acompáñame. -- Pidió.

-- Por supuesto.

Voltearon a la derecha, hacia la ventana más cercana. Oportunamente, ésta estaba perfectamente a la vista. Ana contempló con mucha atención, y notaba cada detalle. Cómo las nubes se iban incrementando, cómo el espejismo de niebla era mayor, pero, principalmente, cómo la tierra se iba alejando gradualmente. La chica se tornó sensible. Veía de frente cómo su hogar se retiraba para siempre.

Una vez que la vista del suelo firme era muy borrosa por las nubes, volteó a un lado con una desolación que resultaba muy tierna. Esa efusión terminó en ser su primer abrazo con Stu.

Nunca había tenido contacto con él; ni siquiera un apretón de manos, ni siquiera cuando trabajaba todo el tiempo con Rammstein en Estados Unidos. A pesar de su frescura, garbo y de ser tan galán, Stu también puede inspirar un calor familiar.

A su tiempo, se soltaron. Ana le agradeció por todo.

Una vez que a los pasajeros se les permitió quitarse el cinturón de seguridad, Stu se levantó del asiento, e indicó al muchacho que podía sentarse de nuevo. Éste, que había estado observando todo desde que a Ana se le notaba su inmenso miedo, quiso socializar con el apuesto manager.

-- Rara, ¿no? -- Insultó refiriéndose a Ana, quien no podía entender la conversación en alemán.

Stu se molestó muchísimo, pero su gesto sólo fue un poco irónico, e incluso alegre. Así le respondió, educadamente.

-- Bueno, ella no fue quien tenía a una doncella al lado posiblemente sufriendo de un paro cardíaco, y no se preocupó en lo absoluto.

Siguió su camino hacia su respectivo puesto.

Dijo exactamente lo correcto, sin tratarlo mal, pero haciéndolo quedar como se lo merecía; pero en realidad ese comentario le enojó mucho más de lo que aparentó. Ese inconsciente no sabe lo que pasa, así que no tiene derecho a hablar así de Ana.

Las horas pasaban y pasaban dentro del avión. La mayoría de los pasajeros estaba dormida, otros disfrutaban de la televisión, otros menos estudiaban la vista a través de las ventanas, y otros muy pocos sólo mantenían los ojos cerrados, sin encontrar el sueño todavía. Ana era una de esos.

Bien podía seguir pensando en todo, todo lo diferente que habrá en su vida de ahora en adelante, todo eso que no resultaba ser malo, porque así se le facilitaría cumplir con lo que quiere: comenzar una nueva vida. Pero definitivamente está cansada de eso, sólo quiere reposar de sus ajetreados días. Espera poder dormir un poco durante este largo viaje de seis horas.

My Chemical Romance hacía un ensayo en el estudio de la casa. Tocaron rápidamente un repertorio de dieciséis canciones, algunas que aún no han estrenado. Terminaron en una hora y diez minutos, cansados, y tan empapados de sudor que parecían metidos en una ducha. Salieron corriendo a la cocina. Necesitaban agua.

El camino no se les hizo muy largo. Gerard fue el primero en llegar. Abrió la puerta de la nevera que estaba repleta de botellas de agua de 250ml, y empezó a sacar una por una. Las iba tirando a donde estaban los demás. Ellos estiraban los brazos, y las atrapaban en el aire. La de Ray casi cae sobre la cabeza de Bob.

-- ¡Ten cuidado! -- Advirtió Bob. -- No por mí, sino por ti.

-- ¿Por qué? ¿Qué me vas a hacer? -- Respondió Ray.

-- Esto.

Volteó la botella sobre la cabeza de Ray, dejando caer toda el agua en su ya mojado cabello.

-- Gracias.

Ray le hizo lo mismo. Era insólita su tranquilidad. Se habían crispado un poco.

De repente, Mikey le tiró el agua de su botella a Gerard. Lo hizo con un carácter mucho más divertido y alegre. Gerard cerró los ojos rápidamente. El agua cayó en su hombro, escurriéndose por el resto de su cuerpo. Mikey rió, volteando a un lado. Al volver a mirar a Gee, él le arrojó con precisión el agua en la cara. Frank se empezó a reír. Lo que le quedó en la botella a Gerard, inesperadamente, se lo tiró a Frank en la cabeza. Frank, sorprendido, le arrojó agua de su botella. El resto lo lanzó de forma vertical a la izquierda, cayéndole a Ray y a Bob.

Todos se empezaron a reír. Fue un buen momento.

No se dieron cuenta de que hicieron un desastre en la cocina.

-- What the...? -- Se preguntaba Brian muy extrañado.

Todos los chicos voltearon inmediatamente. En el marco de la puerta, estaba su "padre" sorprendido, viéndolos a todos, y a sus ropas totalmente mojadas.

-- ¡Chicos! Eso no se hace...-- Les regañaba de forma ligeramente infantil. Iba caminando lentamente entre sus divertidos "hijos", hasta llegar a la nevera. --...el agua es para beberla, y ustedes la necesitan urgentemente. Si no se hidratan bien, podrían sentirse mal. -- Sacó otras seis botellas de agua-- No queremos que se enfermen. Y además, después tienen que limpiarlo.

Se devolvió al sitio de la desastrosa reunión. Le entregó una botella a cada uno, y abrió la suya.

-- Quiero que la beban correctamente. Restablezcan el agua en su cuerpo.

Le dio un sorbo al líquido, y luego dejó caer el resto en la espalda de Gerard.

Todos abrieron sus ojos de par, y quedaron boquiabiertas. De inmediato empezaron a abrir las botellas, y apuntaron a Brian. Se empezaron a tirar el agua entre los seis.

Cuando todas las botellas estaban vacías, los chicos se habían refrescado y disfrutado mucho, como niños. Descansaron por un rato. Luego, Brian puso orden de nuevo.

-- (Brian) Bueno, hijos, estuvo muy bueno. Ahora, Frank, te toca ensayo con Leathermouth. El resto vayan a vestirse. Tenemos una entrevista neoyorquina.

Los chicos se levantaron de sus largas sillas.

-- ¿Saben qué? -- Se arrepintió-- Mejor, haré que les traigan toallas. Así no irán a ninguna parte.

Una hora después, todos estaban listos para salir. Del amplio garaje sacaron el carro de Frank, y la camioneta de Brian. Brian esperaba en el asiento del conductor, y Frank salió del auto para estar un rato más con los chicos.

-- Que les salga súper la entrevista. Estoy seguro de que sin mí ya no van a pelear tanto.

-- (Bob) ¡Estás en lo cierto! Pero tranquilo, hablaré bien de ti, enano.

-- (Mikey) Le das duro a esa voz en Leathermouth, ¿si?

-- Pero estoy cansando por el ensayo con MCR. -- Evadió.

-- Frank...

-- Tenlo por seguro.

-- Adiós. -- Se despidió Gerard.

  • - Adiós. -- Repitieron todos.

Frank se devolvió a su auto, y abrió la puerta del conductor. Los demás se fueron por otro lado, hacia la camioneta. Ray fue el primero en adentrarse en ella, seguido por Bob y Mikey. Gerard le dio la vuelta al vehículo, y se acomodó en el asiento del copiloto. Frank se montó en el asiento, y pasó el cinturón de seguridad. Giró las llaves en el pestillo, enciendo el auto, y cerró el garaje con el pequeño control. Iba a ser otro día extra atareado, pero al menos así no tendría tiempo para Jamia.

Al llegar al estudio de Sayreville, se reunió con Vincent Avarali, Rob ‘Bobbie' y Steve Oyola, sus compañeros de banda. Leathermouth practicaría sus diez demos hoy.

Eso fue lo primero que hicieron. Al terminar, Steve, Vicent y Rob se cansaron, pero Frank estaba agotado. Aún así, disfrutó mucho, porque el rock es su gran pasión. Estaba acostumbrado a este tipo de días, y además, la boda le había quitado la libertad de tocar y cantar todos los días. Esto no era exactamente una libertad, pero así lo ve cuando porque le gusta hacerlo.

-- Lo hicieron excelente, chicos. -- Felicitó Frank, como buen líder de la banda.

-- (Rob) Tú también.

-- Gracias. Por fin tengo un día de música que no me deja respirar.

Los demás lo miraron con extrañeza. Frank les dio una buena explicación.

-- Si no hay tiempo, no hay prometida.

Entendieron de inmediato.

-- (Steve) ¡Y esa es tu prometida! Espera a casarte.

-- (Vicent) Pobre de ti.

-- Orden. Orden. -- Decretó Rob. -- Tal vez no será tan malo.

-- ¡Tal vez! -- Repuso Vicent. Los demás rieron.

Frank finalmente volvía a tener un buen día desde el comienzo.

-- (Rob) Bueno, suficiente. Es hora de hablar de los viajes.

-- (Frank) Sí, tienen que saber los planes. De nuevo me disculpo por las cancelaciones, estaba ocupado con la planeación de mi matrimonio.

-- (Vicent) Tranquilo, son sólo cuatro países.

-- (Frank) ¿Ya hicimos todos los viajes nacionales?

-- Todos y cada uno. -- Aseguró Steve.

-- Perfecto. -- Se alegró. -- Creí que teníamos más viajes pendientes. En fin, atravesaremos el continente de forma...

-- He estado pensando. -- Interrumpió Steve. -- ¿Por qué tenemos que ir nosotros? ¿No podemos mandar a la disquera a repartir el material? Es decir, no vamos a tener presentaciones ni entrevistas.

-- Es una banda nueva con viejos músicos, -- Explicaba Frank-- así que quieren hacernos ciertas pruebas en vivo. Para enviarles material y contenido posiblemente retardado, mejor llevárselos nosotros mismos, ¿no?

-- Eso significaría artículos escritos sobre nosotros allá. -- Optimizó Vicent.

-- Qué bien. -- Afirmó Steve.

-- ¿De forma...? -- Retomó Rob.

-- De forma circular. -- Prosiguió Frank. -- Así no pasaremos por lugares innecesarios y tendremos tiempo suficiente para cada país.

-- (Vicent) Y como aún quedan dos meses para tu boda...

-- Veintiséis días. -- Corrigió automáticamente.

Rob abrió los ojos de par en par.

-- Tengo hasta las horas contadas. -- Informó Frank.

-- (Steve) Aw, estás ansioso.

El referido prefirió no decir nada.

-- Continúa. -- Solicitó Rob.

-- Pasaremos por New York. Tomamos el vuelo a España, y nos quedamos por dos días. Luego, tomamos el tren a Francia, por otros dos días. El tren nos lleva al siguiente país, y de ahí a Italia; ambos con la misma estadía de dos días. Allí tomamos el vuelo a New York y estaremos aquí en ocho días.

-- ¿Y cuándo tomamos el primer vuelo? -- Indagó Vicent.

-- Todo está planeado por los managers. Ellos acordaron que nos iríamos dentro de dos semanas y media.

-- Dos semanas y media...-- Meditaba Rob. -- Quedan veintiséis días para tu boda. Menos dos semanas y media, es decir, dieciocho días, serían ocho días. Más ocho días de viaje...

El resultado era lógico.

-- ¡Regresaremos el día de mi matrimonio! -- Exclamó Frank.

Se exaltó muchísimo, y la tensión corría por sus venas.

-- ¡No puede ser! No, olvídenlo. No vamos a hacer eso. Voy a cancelar estos planes. Tenemos que empezar antes.

-- ¡No, Frank! -- Le detuvo Vicent.

Los tres músicos se alteraron. Frank no debía cambiar las fechas.

-- ¡¿Cómo que no?! ¡No voy a bajarme de un tren directamente a casarme!

-- Pero eso no lo decidimos nosotros...-- Le calmaba Steve.

-- ¡Claro que sí! Tengo que cambiar esta porquería.

-- (Rob) Nosotros no podemos ayudarte, y el encargado de las fechas está en New York. Contactarlo significaría avisarle a su asistente, y no sabemos si le pasará el mensaje a tiempo. Entonces, deberemos recurrir a la disquera, y no nos escucharán a menos que le digamos qué necesitamos. Si les decimos que queremos cambiar las fechas, se alarmarán...

-- Y tendríamos que hablar con el gerente, -- Continuaba Steve-- cuestionar la directiva... sabes que ninguno de ellos accedería.

-- Entonces contactaremos al encargado directamente. -- Solucionó Frank.

-- No hay manera de hacerlo que no sea a través de su asistente. -- Recordó Rob. -- No tiene teléfono que conteste personalmente, y tendríamos que a avisarlo a algún empresario con el que trabaje. Acudiríamos a plantearle el problema para que lo comunique, y esto sería de carácter oficial sin permiso de ninguna autoridad.

-- Y es totalmente seguro que ya apartaron los boletos para el tren y el avión, publicaron las fechas, informaron a todos los medios...-- Teorizó correctamente Vicent.

-- (Steve) Oficiaron la gira apenas se pusieron de acuerdo. Tú lo sabes, hombre.

-- (Frank) Maldición.

Se llevó las manos en la cabeza, demostrando mucho estrés.

-- Mira...-- Le tranquilizaba Rob --...el último vuelo es de Italia a New York. Supongamos que son, por decir, cinco horas. Si nos vamos a las seis de la mañana, llegaremos a las once de la mañana. Tiempo más que suficiente para que le eches un vistazo a todo y te arregles para tu boda.

Frank subió los ojos, sufriendo una gran indignación. De repente se sintió furioso, pero no hay nada que hacer. No tiene más que aceptarlo.

-- Bien... la boda es a las siete. Supongo que da tiempo.

Vicent suspiró.

Ana pudo sentir cómo finalmente su cuerpo perdía estímulos. Sus terminaciones nerviosas se relajaron, adormeciendo su cuerpo. Ha pasado cuatro horas recostada, así que era bueno saber que por fin podría dormir.

Por un instante perdió la noción de en dónde estaba, pero fue despertada por una aeromoza que abrió la bandeja sobre sus piernas, y acomodaba el pequeño platillo de tentempiés. Harta, se quitó el cinturón de seguridad, y se levantó del asiento.

Estiró su espalda, reacomodando su columna vertebral. Comenzó a caminar entre los asientos sólo para estirar sus piernas. Poco después regresó al asiento, y volvió a la misma posición. Realmente ansiaba dormir.

Gerard, Mikey, Ray y Bob terminaron de responder a las preguntas de los reporteros. Culminada la entrevista, estaban libres para atender sus diligencias. Cada uno quiso encargarse de algo. Mikey decidió escribirles una carta a los seguidores de su página web.

Caminó unas cuadras hasta un centro de navegaciones. Solicitó sólo una hora en una de las computadoras, porque no iba a tardarse demasiado. Comenzó a redactar.

Sus dedos escribían palabras con desenvoltura, pero se distrajo pensando en lo que podrán estar diciendo sobre la inesperada boda de Frank en los foros. Cualquier cosa, se lo notifica para lo aclare. Abrió una página famosa por sus noticias sobre My Chemical Romance, y la dejó cargando. Siguió escribiendo su carta, encontrando la inspiración adecuada. Se olvidó de la otra página por completo, y se concentró en su convencional escrito. Finalmente le puso su firma al mensaje, y lo envió. Fue entonces cuando se acordó de la otra página.

Vio la cantidad mensajes llenos de noticias que habían sido publicados. Leyó sobre lo que piensa la gente de las peleas que han tenido, sobre los nuevos instrumentos que han comprado, y, principalmente, sobre la noticia de la boda de Frank. Afortunadamente, no se salió del marco profesional. Se informó que Frank Iero se iba a casar, la fecha de la boda, y por supuesto, la novia. Estaba a punto de cerrar la página, cuando se fijó en los típicos comentarios que las personas escribían al leer este tipo de noticias. "¡No, Frank ¡No nos hagas esto!", "No te cases con ella", "Él sabe lo que hace"... pero había uno con unas palabras más maduras, y se notaba que lo escribió un buen fanático. Lo leyó detenidamente, porque le pareció terriblemente extraño, pero cierto.

"No puede ser. Pero si no hace mucho que está con Jamia. Qué mal. Es decir, Frank jamás había estado tan feliz que cuando estaba con Ana. Son tal para cual. En cambio, apenas terminó con ella y se involucró con Jamia, empezaron a pelear todos. No digo que tenga que ver, pero yo sí creo que hay algo raro en esa Jamia. Es sólo una opinión. De todas maneras, le deseo lo mejor a Frank en su matrimonio".

Mikey quedó atónito. Pensativo, cerró la página, y se fue del lugar.

-- ¿Le puedo ofrecer algo más? -- Preguntó la insistente aeromoza.

-- No, gracias. -- Rechazó cortésmente Ana.

Ya estaba obstinada.

La aeromoza siguió su camino. Ana se acomodó de lado, y subió las piernas en el asiento. Se pasó el cinturón de seguridad de forma incorrecta, pero ya no importaba. Tal vez así lograría relajarse un poco, ya que no ha logrado dormir en cinco horas encerrada en un avión.

Su mente tardó mucho en despejarse por completo. Cuando ya no tenía ningún pensamiento revoloteando en su cabeza, recordaba involuntariamente que necesita dormir, y esto sólo la mantenía despierta. Los minutos transcurrían más rápidamente, porque las personas empezaban a despertarse de su largo sueño durante el viaje. El ruido se hacía mayor, las voces se escuchaban más abundantes. Ana decidió no abrir los ojos, para conseguir descanso aunque sea por un momento. Finalmente se acostumbró al ruido, y convivió con los movimientos que percibía a su alrededor. Perdió la consciencia progresivamente hasta olvidarse de todo, dejó de sentir cualquier movimiento, y cayó en un ensueño negro y pacífico por el que ya todos habían pasado y descansado. Justo en ese momento, se empezó a escuchar un chirrido agudo. Las ruedas del avión habían pisado tierra firme, y ahora transitaban a una velocidad altísima.

Así pues, resignada y sin haber reposado en lo absoluto, Ana llegó a Alemania.

MCR 'TIL DEATH........................................................By: wayrocks

I'm A Rocker...And You??

por Darky Way
viernes, 02 de enero del 2009 a las 22:12

 

I'm a Rocker...And You??

Capitulo 2.

Instituto:

 

Yo iba caminando por mi camino, de vuelta a mi nueva casa, cuando de repente...

(Plash!!)

Chico- Perdona! , hay... soy un desastre, no miro por donde voy-.

Los otros de la pandilla, empezaron a reirse.

Yo- (estaba totalmente colorada, mis blancas mejillas parecían rosas)-No pasa nada-.

Se quedó fijamente mirándome a los ojos.

Chico- Me llamo Frank Iero, Frankie para los amigos ^^

Yo- Ah...(susurré) yo me llamo Nerea, para los amigos, Nere ^^

Frankie-  Encantado ^^

Le cruzé la mirada, y seguí mi camino.

Al llegar mi nueva casa, me dí cuenta, de que solo había un cuarto de baño, cual tendría que compartir con mi madre.

Mama- Nerea, vamos ha deshacer las maletas, y a organizar todo esto.

Yo- Vale, mamá... no te preocupes ^^

Mama- Claro que no...

Me fui sin despedirme de ella, y arreglé mi cuarto, pegué mis posters,  hice mi cama, y preparé mi mochila, puesto que tendría que asistir al instituto el día siguiente.

Mi vestimenta no era la adecuada, puesto que yo era rockera, y no tenía ropa normal, no disponíamos de dinero, y Disenchanted era muy pobre.

Al día siguiente, mi madre me llevó al instituto.

Me tocó en una clase, en la cual estaba Frankie, y dos de los chicos que iban con el.

Profesor- Hoy con nosotros, tendremos una nueva alumna, Nerea

Yo- (susurré) Hola...!!

Frankie- Siéntate aquí, hay un hueco libre.

Yo- Vale.

Me dio mucha vergüenza, pero acepté las condiciones, y me dispuse hacia mi asiento.

Frankie-  Dónde vives?

Yo- En Disenchanted, un barrio de aquí.

Frankie- Yo en FamousLast, tampoco es muy rico, que digamos, no te preocupes ^^

Yo- Gra-gracias...

Frankie- Jajaja, eres muy cortada, que edad tienes?

Yo-16... y tu?

Frankie-18 ^^

Yo- Ah que bien...

Pasó rapido el tiempo, por ser el primer día, no me exigieron nada. Cuando llegué a casa, comí y preparé a Pansy, para la próxima clase. Pasé por la calle de Darky, la recojí y fuimos hacia las clases. Por el camino, estaban Marya y Helena.

Fuimos todas juntas, y al salir de la clase, decidimos irnos al centro comercial, allí se encontraban Frankie y sus amigos...

 

Continuará.

 

By:

Nere Iero Way

The Little Iero

Feliz cumpleaños bob

por Darky Way
miércoles, 31 de diciembre del 2008 a las 20:04

Hoy es el cumpleaños de nuestro famoso bateria

Y ademas...

NOCHE VIEJA ^_^

Espero que comienzen bien este new año

¡¡¡Porque se lo merecen!!!

Feliz chemical año xD

Y ademas, mas personal...

Es mi santo ^_^

jejeje

Bueno, aqui les dejo un dibujo que hize de Bob

Perdonen la mala calidad, no he podido escanearlo

¡¡¡¡¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!!!!!!

Ver álbum de fotos »

Ultimas noticias del youtube

por Darky Way
sábado, 27 de diciembre del 2008 a las 20:51
guardado en , , , ,

Pag. web

Segun me han informado

El canal de Warner ha suprimidoTODOS sus videos

Esos incluyen TODOS los de MCR

Pero al parecer

Han hecho una excepcion

En esta pag. web de videos

http://www.dailymotion.com/

 No estoy segura del todo

Cuando me entere de algo

Se los hare saber

Sobre el blog

Darky

Bienvenidos a mi blog donde hablo de My Chemical Romance, todo lo que sepa yo, lo sabran ustedes.Guiño
Espero que os guste a toos.
SonrisaPASEN Y VEANRisa



Si no te gusta mi blog....
¿¿¿PARA QUE ENTRAS???

No destruyas lo que yo he construido con tanto cariño y dedicacion.
Si quieres insultar, meterte con alguien, vete a otro lado.

Yo no te he hecho nada...¿eso te da derecho a ti en meterte conmigo?


¡¡¡¡MY CHEMICAL ROMANCE!!!



No dejes de escuchar a una de las mejores bandas que existe


NOTA IMPORTANTE:
Si coges algo de este blog, por favor, respeta los derechos de autor, como yo he hecho.
Muchas gracias a todos, y espero que lo entiendan ^_^

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Una fic mas n.n (Diiiiianaa)
oOlaando pazzando a dejar pooztgeneeales bandasssoy nooeva y stoyy buscando blogs que posteen y ......(07 nov)
Una fic mas n.n (MyChemicalDay)
o_O ayyy! Te adoro!!!! Si me hiciste publi!!!!!!!!!! Grax grax grax!!! Eres Supr! Tambn gracias x ......(06 nov)
Fotos de Gerard & Family (MyChemicalDay)
HAHA, Q lindura! Bandit está preciosa, LynZ genial como siempre, Gee tan lindo!!!! La familia feliz ......(06 nov)
Un poco mas de publicidad n.n (cHemicalKisseZ)
DARKY!!!! Gracias!!! Te Amoooo!!! xD muchisimas gracias por hacerme la publi en tu famosisimo blog ......(06 nov)
Fotos de Gerard & Family (kkshi)
jajajaj muy bonitas¡¡¡...(05 nov)

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