Capítulo 59.-
Son las diez en punto de la mañana en New York. Todo el equipo se levantó muy temprano para este gran viaje.
Los integrantes de Rammstein se encuentran en primera clase en el avión. Sus grandes y cómodos asientos color mostaza tienen vista hacia el frente. Su equipo de trabajadores está en segunda clase, conversando en los acolchados y azules asientos.
Ana no conversaba con nadie. Su corazón latía fulminantemente. Parece que es la única de los provenientes de ahí que realmente ama el lugar, y no quiere abandonarlo por nada, ni siquiera por Alemania.
Apenas el avión emprendiera marcha, se estaría despidiendo definitivamente de su hogar. Esto lo había decidido ella misma, y tiene que enfrentarse a las consecuencias, pero sigue siendo un hecho crucial y difícil.
Casi temblaba. Su estado era descomunalmente inquieto, internamente, pero lo que los demás lograban ver era sólo un poco de frío.
Aún faltaban pasajeros en tomar asiento, e incluso las aeromozas seguían de aquí para allá recorriendo el lugar. Esto era signo de que aún falta para arrancar. Ana hizo un esfuerzo por usar esto en su favor, decirse a sí misma que todavía le queda tiempo en su país.
En eso, pensó en buscar algún detalle que cambiará en su vida cotidiana en Alemania. Esto distraería un poco su mente del abandono a su espectacular país natal Estados Unidos. Un detalle de menor importancia que los alimentos que comerá de ahora en adelante, que el lenguaje con el que aprenderá a comunicarse, que la cultura de la que ahora será parte... un detalle minúsculo. Lo encontró, pero no con mucha facilidad. Algo demasiado insignificante. Era ver a Stu, el bello y encantador manager, todo el tiempo; y fijarse en la imagen diferente que tendría cada día. Eso sería emocionante.
Se rió de sí misma al pensar esto. No es algo que ella tomaría en cuenta normalmente. Eso le ayudó a demostrarse que está un poco feliz con el viaje. Seguidamente, se dio cuenta de que esa felicidad era rebasada totalmente por los nervios. De veras iba vivir tan, pero tan lejos de su país. No hay vuelta a atrás.
Esto la aterró de inmediato, y justo en ese momento el motor del avión empezó a repiquetear. No, no... El avión tambaleaba. En sus interiores surgió un miedo que aunque no llegaba al punto del pánico, podría apoderarse ella. Qué horrible es saber que con sólo una máquina iniciando su trabajo, te estás alejando de tu familia; toda tu familia; para siempre. Ahora sí, sus cejas se contrajeron de preocupación. Apretó los puños, y cerró los ojos con fuerza.
Si no fuera tan fuerte de voluntad, se habría quitado el cinturón de seguridad, levantado del asiento, y empezado a gritar que detengan el avión; y correr hasta la salida para obligar al personal a abrirle. No dejarles elección.
Ahora es ella quien no tiene elección. Y además no había nadie que le ayudara a tranquilizarse, ni que le dijera cosas optimistas. Nadie que la apoye, que esté con ella. Ningún chico de My Chemical Romance, ningún amigo, nadie. Es más duro de lo que parece.
Nadie le prestaba atención. A pesar de su estado, nadie. Mala señal, porque sería terrible que nadie le prestara atención una vez que viva en Berlín.
Las ruedas del avión rodaban elevando su velocidad, y el avión transitaba rápidamente en la autopista. Estaba muy asustada, y lo demostraba claramente --aunque no a propósito--, pero ninguno siquiera la miraba.
No hay vuelta atrás, no hay vuelta atrás...
Alguien la tomó por los hombros. Fugazmente abrió los ojos, igual de tensa.
-- Hija mía, ¿estás bien? -- Preguntó el hombre.
Stu estaba muy preocupado. Estaba de pie frente a ella, predispuesto para sostener sus hombros. Atentamente, esperaba una respuesta. Ana, inmóvil, no se la dio.
Ella seguía con los puños apretados, y los brazos rígidos a cada lado. Su temblar cesó levemente.
-- (Stu) ¿Qué ocurre?
Guardó silencio. Sintió que su pregunta era estúpida.
Soltó sus brazos, comprendiendo claramente lo que sucedía.
Se paró de forma recta, y volteó hacia el muchacho que estaba sentado al lado de Ana. Era un trabajador del elenco Rammstein. Le pidió en alemán que se cambiara momentáneamente de puesto. Él, como buen empleado, obedeció. Se levantó, cediendo el puesto, y se sentó en el asiento siguiente.
Una aeromoza vio al manager de pie. Le mandó a cierta distancia, con mucha exaltación.
-- Señor, tome asiento ahora mismo.
Stu se sentó el asiento libre que había dejado el muchacho. Se pasó el cinturón de seguridad.
Él era el único alemán de todo el equipo que podía entender y hablar inglés.
Volteó hacia Ana para empezar su introducción. Ella miraba al lado contrario.
-- Sé lo duro que es. -- Señaló Stu, demostrando completo entendimiento. -- Tal vez es demasiado duro. No me he mudado de mi país, pero sí de casa, de Estado, incluso de ubicación en el mapa. Por supuesto que no es lo mismo, pero creo saber cómo te sientes.
Ana afirmó con la cabeza.
-- Eso puede ser bueno. Estoy seguro de que una doncella como tú tiene una espléndida vida aquí...-- Consideró refiriéndose a Estados Unidos.
-- La tenía. -- Corrigió Ana con tristeza.
Stu creyó que se refería a que ya no porque se irá a Europa. Antes de continuar su charla, el avión arrancó. Las ruedas se despegaron del suelo. Ana dio un salto. Inhaló entrecortadamente, y apretó mucho más sus puños. De nuevo se quedó inmóvil.
Para Stu, el comportamiento de Ana no era nada raro ni anormal. Es muy natural considerando lo que sucede. En vez de demostrar su preocupación y extrañeza, sólo ayudaba. Es lo que un padre habría hecho.
-- Tranquila. -- Le ayudó a calmarse. Luego prosiguió. -- Tal vez, eso sea bueno. Un nuevo entorno para ti. Seguramente, con el tiempo, todos apreciaran lo que eres.
Posó sus manos sobre las de ella, soltando lentamente sus puños.
Percibió de éstas un calor embelesador y hogareño. Le recordó a su casa, cuando era muchacho. Tiene mucho tiempo sin regresar a ésta, así que fue muy agradable sentir el recuerdo.
Frank amaba esto de sus manos, entre cosas.
-- Tendrás un trabajo seguro, un reconocimiento muy notable por todas tus acciones, no tendrás problemas con el dinero, vivienda o exigencias.
Ana volteó hacia él. Para relajar sus brazos, Stu alzó los suyos con las palmas abiertas hasta el nivel de la cabeza; luego los bajó lentamente delante de ella. Efectivamente, ella hizo lo mismo.
-- Te alejarás de las tensiones habituales de tu vida, aunque claro, tendrás nuevas, pero menos. Vivirás muchos eventos emocionantes con la banda, nadie tendrá derecho a tratarte mal mientras yo esté, y siempre estarás a salvo.
Ana bajó la cabeza, cerrando los ojos. Se había tranquilizado, aunque eso no significara que olvidó el hecho de que se está yendo decisivamente.
-- Ahora que vienes a Alemania, tienes tres opciones para vivir bien, como te lo mereces.
Ana, aún con los ojos cerrados, subió su cuello ligeramente, indicando interés.
-- Puedes disfrutar como una turista. Una que está experimentando la vida europea.
Ana sonrió encogidamente.
-- Puedes pensar que sigues en Estados Unidos. Sólo te mudaste de casa.
Ana enalteció una ceja. Esa iba a ser muy difícil.
-- O puedes...
Hizo una pausa. Sabía que esta opción iba a ser la más sensata, pero también la más dura. Continuó, prestando todavía más atención a la reacción que tendría Ana.
-- O puedes aceptar totalmente que estás en lugar distinto. Saber que tienes una vida nueva.
Ana abrió los ojos, sin gesto alguno. Stu esperaba pacientemente.
Ella vino a empezar una nueva vida, a rehacerse. A comenzar por otro camino. Debía cumplir con esto, porque aunque seguramente sería la manera más dura de desempeñarse, sería la que le traería más sonrisas al no pensar en lo que ha sufrido; como escuchar a su padre diciéndole cosas espantosas, ver a Frank besando a Jamia, saber que tendrá un hijo con ella, y, ¿por qué no?, sentir cómo Gerard intentaba violarla. Eso sin mencionar el hecho de haber sido golpeada bestialmente por un ladrón y luego casi morir, y haberse quedado sin los bienes de su apartamento. Pero no se olvidaría de lo que vale la pena, los grandiosos recuerdos de las cosas buenas que ha vivido; como haber trabajado con sus grandes ídolos y amigos My Chemical Romance, el concierto en que Frank la besó frente a todo el mundo y luego pidió su mano, seguido del maravilloso tiempo con él, las increíbles tardes yendo a la casa de los chicos, los primeros años de universidad, el Project Revolution...
-- Ésa. -- Escogió.
Stu se lo esperaba. Ella siempre seleccionaría la correcta.
-- Entonces debes hacer algo.
Se arrepintió de haber dicho eso.
-- ¿Qué? -- Indagó.
Él desearía que Ana ignorara lo que dijo. No quiere verla triste.
-- Nada. Olvídalo. -- Respondió secamente.
Ella lo miró con astucia. Ya es muy tarde, tiene que decírselo.
-- Está bien. -- Accedió. -- Tienes que mirar por la ventana, y observar cómo Norteamérica se aleja. Será fuerte, pero te creará esa ilusión de un nuevo mundo.
Ana pensó eso era totalmente cierto. Desde la parte de la dificultad, hasta la ilusión.
-- Acompáñame. -- Pidió.
-- Por supuesto.
Voltearon a la derecha, hacia la ventana más cercana. Oportunamente, ésta estaba perfectamente a la vista. Ana contempló con mucha atención, y notaba cada detalle. Cómo las nubes se iban incrementando, cómo el espejismo de niebla era mayor, pero, principalmente, cómo la tierra se iba alejando gradualmente. La chica se tornó sensible. Veía de frente cómo su hogar se retiraba para siempre.
Una vez que la vista del suelo firme era muy borrosa por las nubes, volteó a un lado con una desolación que resultaba muy tierna. Esa efusión terminó en ser su primer abrazo con Stu.
Nunca había tenido contacto con él; ni siquiera un apretón de manos, ni siquiera cuando trabajaba todo el tiempo con Rammstein en Estados Unidos. A pesar de su frescura, garbo y de ser tan galán, Stu también puede inspirar un calor familiar.
A su tiempo, se soltaron. Ana le agradeció por todo.
Una vez que a los pasajeros se les permitió quitarse el cinturón de seguridad, Stu se levantó del asiento, e indicó al muchacho que podía sentarse de nuevo. Éste, que había estado observando todo desde que a Ana se le notaba su inmenso miedo, quiso socializar con el apuesto manager.
-- Rara, ¿no? -- Insultó refiriéndose a Ana, quien no podía entender la conversación en alemán.
Stu se molestó muchísimo, pero su gesto sólo fue un poco irónico, e incluso alegre. Así le respondió, educadamente.
-- Bueno, ella no fue quien tenía a una doncella al lado posiblemente sufriendo de un paro cardíaco, y no se preocupó en lo absoluto.
Siguió su camino hacia su respectivo puesto.
Dijo exactamente lo correcto, sin tratarlo mal, pero haciéndolo quedar como se lo merecía; pero en realidad ese comentario le enojó mucho más de lo que aparentó. Ese inconsciente no sabe lo que pasa, así que no tiene derecho a hablar así de Ana.
Las horas pasaban y pasaban dentro del avión. La mayoría de los pasajeros estaba dormida, otros disfrutaban de la televisión, otros menos estudiaban la vista a través de las ventanas, y otros muy pocos sólo mantenían los ojos cerrados, sin encontrar el sueño todavía. Ana era una de esos.
Bien podía seguir pensando en todo, todo lo diferente que habrá en su vida de ahora en adelante, todo eso que no resultaba ser malo, porque así se le facilitaría cumplir con lo que quiere: comenzar una nueva vida. Pero definitivamente está cansada de eso, sólo quiere reposar de sus ajetreados días. Espera poder dormir un poco durante este largo viaje de seis horas.
My Chemical Romance hacía un ensayo en el estudio de la casa. Tocaron rápidamente un repertorio de dieciséis canciones, algunas que aún no han estrenado. Terminaron en una hora y diez minutos, cansados, y tan empapados de sudor que parecían metidos en una ducha. Salieron corriendo a la cocina. Necesitaban agua.
El camino no se les hizo muy largo. Gerard fue el primero en llegar. Abrió la puerta de la nevera que estaba repleta de botellas de agua de 250ml, y empezó a sacar una por una. Las iba tirando a donde estaban los demás. Ellos estiraban los brazos, y las atrapaban en el aire. La de Ray casi cae sobre la cabeza de Bob.
-- ¡Ten cuidado! -- Advirtió Bob. -- No por mí, sino por ti.
-- ¿Por qué? ¿Qué me vas a hacer? -- Respondió Ray.
-- Esto.
Volteó la botella sobre la cabeza de Ray, dejando caer toda el agua en su ya mojado cabello.
-- Gracias.
Ray le hizo lo mismo. Era insólita su tranquilidad. Se habían crispado un poco.
De repente, Mikey le tiró el agua de su botella a Gerard. Lo hizo con un carácter mucho más divertido y alegre. Gerard cerró los ojos rápidamente. El agua cayó en su hombro, escurriéndose por el resto de su cuerpo. Mikey rió, volteando a un lado. Al volver a mirar a Gee, él le arrojó con precisión el agua en la cara. Frank se empezó a reír. Lo que le quedó en la botella a Gerard, inesperadamente, se lo tiró a Frank en la cabeza. Frank, sorprendido, le arrojó agua de su botella. El resto lo lanzó de forma vertical a la izquierda, cayéndole a Ray y a Bob.
Todos se empezaron a reír. Fue un buen momento.
No se dieron cuenta de que hicieron un desastre en la cocina.
-- What the...? -- Se preguntaba Brian muy extrañado.
Todos los chicos voltearon inmediatamente. En el marco de la puerta, estaba su "padre" sorprendido, viéndolos a todos, y a sus ropas totalmente mojadas.
-- ¡Chicos! Eso no se hace...-- Les regañaba de forma ligeramente infantil. Iba caminando lentamente entre sus divertidos "hijos", hasta llegar a la nevera. --...el agua es para beberla, y ustedes la necesitan urgentemente. Si no se hidratan bien, podrían sentirse mal. -- Sacó otras seis botellas de agua-- No queremos que se enfermen. Y además, después tienen que limpiarlo.
Se devolvió al sitio de la desastrosa reunión. Le entregó una botella a cada uno, y abrió la suya.
-- Quiero que la beban correctamente. Restablezcan el agua en su cuerpo.
Le dio un sorbo al líquido, y luego dejó caer el resto en la espalda de Gerard.
Todos abrieron sus ojos de par, y quedaron boquiabiertas. De inmediato empezaron a abrir las botellas, y apuntaron a Brian. Se empezaron a tirar el agua entre los seis.
Cuando todas las botellas estaban vacías, los chicos se habían refrescado y disfrutado mucho, como niños. Descansaron por un rato. Luego, Brian puso orden de nuevo.
-- (Brian) Bueno, hijos, estuvo muy bueno. Ahora, Frank, te toca ensayo con Leathermouth. El resto vayan a vestirse. Tenemos una entrevista neoyorquina.
Los chicos se levantaron de sus largas sillas.
-- ¿Saben qué? -- Se arrepintió-- Mejor, haré que les traigan toallas. Así no irán a ninguna parte.
Una hora después, todos estaban listos para salir. Del amplio garaje sacaron el carro de Frank, y la camioneta de Brian. Brian esperaba en el asiento del conductor, y Frank salió del auto para estar un rato más con los chicos.
-- Que les salga súper la entrevista. Estoy seguro de que sin mí ya no van a pelear tanto.
-- (Bob) ¡Estás en lo cierto! Pero tranquilo, hablaré bien de ti, enano.
-- (Mikey) Le das duro a esa voz en Leathermouth, ¿si?
-- Pero estoy cansando por el ensayo con MCR. -- Evadió.
-- Frank...
-- Tenlo por seguro.
-- Adiós. -- Se despidió Gerard.
- - Adiós. -- Repitieron todos.
Frank se devolvió a su auto, y abrió la puerta del conductor. Los demás se fueron por otro lado, hacia la camioneta. Ray fue el primero en adentrarse en ella, seguido por Bob y Mikey. Gerard le dio la vuelta al vehículo, y se acomodó en el asiento del copiloto. Frank se montó en el asiento, y pasó el cinturón de seguridad. Giró las llaves en el pestillo, enciendo el auto, y cerró el garaje con el pequeño control. Iba a ser otro día extra atareado, pero al menos así no tendría tiempo para Jamia.
Al llegar al estudio de Sayreville, se reunió con Vincent Avarali, Rob ‘Bobbie' y Steve Oyola, sus compañeros de banda. Leathermouth practicaría sus diez demos hoy.
Eso fue lo primero que hicieron. Al terminar, Steve, Vicent y Rob se cansaron, pero Frank estaba agotado. Aún así, disfrutó mucho, porque el rock es su gran pasión. Estaba acostumbrado a este tipo de días, y además, la boda le había quitado la libertad de tocar y cantar todos los días. Esto no era exactamente una libertad, pero así lo ve cuando porque le gusta hacerlo.
-- Lo hicieron excelente, chicos. -- Felicitó Frank, como buen líder de la banda.
-- (Rob) Tú también.
-- Gracias. Por fin tengo un día de música que no me deja respirar.
Los demás lo miraron con extrañeza. Frank les dio una buena explicación.
-- Si no hay tiempo, no hay prometida.
Entendieron de inmediato.
-- (Steve) ¡Y esa es tu prometida! Espera a casarte.
-- (Vicent) Pobre de ti.
-- Orden. Orden. -- Decretó Rob. -- Tal vez no será tan malo.
-- ¡Tal vez! -- Repuso Vicent. Los demás rieron.
Frank finalmente volvía a tener un buen día desde el comienzo.
-- (Rob) Bueno, suficiente. Es hora de hablar de los viajes.
-- (Frank) Sí, tienen que saber los planes. De nuevo me disculpo por las cancelaciones, estaba ocupado con la planeación de mi matrimonio.
-- (Vicent) Tranquilo, son sólo cuatro países.
-- (Frank) ¿Ya hicimos todos los viajes nacionales?
-- Todos y cada uno. -- Aseguró Steve.
-- Perfecto. -- Se alegró. -- Creí que teníamos más viajes pendientes. En fin, atravesaremos el continente de forma...
-- He estado pensando. -- Interrumpió Steve. -- ¿Por qué tenemos que ir nosotros? ¿No podemos mandar a la disquera a repartir el material? Es decir, no vamos a tener presentaciones ni entrevistas.
-- Es una banda nueva con viejos músicos, -- Explicaba Frank-- así que quieren hacernos ciertas pruebas en vivo. Para enviarles material y contenido posiblemente retardado, mejor llevárselos nosotros mismos, ¿no?
-- Eso significaría artículos escritos sobre nosotros allá. -- Optimizó Vicent.
-- Qué bien. -- Afirmó Steve.
-- ¿De forma...? -- Retomó Rob.
-- De forma circular. -- Prosiguió Frank. -- Así no pasaremos por lugares innecesarios y tendremos tiempo suficiente para cada país.
-- (Vicent) Y como aún quedan dos meses para tu boda...
-- Veintiséis días. -- Corrigió automáticamente.
Rob abrió los ojos de par en par.
-- Tengo hasta las horas contadas. -- Informó Frank.
-- (Steve) Aw, estás ansioso.
El referido prefirió no decir nada.
-- Continúa. -- Solicitó Rob.
-- Pasaremos por New York. Tomamos el vuelo a España, y nos quedamos por dos días. Luego, tomamos el tren a Francia, por otros dos días. El tren nos lleva al siguiente país, y de ahí a Italia; ambos con la misma estadía de dos días. Allí tomamos el vuelo a New York y estaremos aquí en ocho días.
-- ¿Y cuándo tomamos el primer vuelo? -- Indagó Vicent.
-- Todo está planeado por los managers. Ellos acordaron que nos iríamos dentro de dos semanas y media.
-- Dos semanas y media...-- Meditaba Rob. -- Quedan veintiséis días para tu boda. Menos dos semanas y media, es decir, dieciocho días, serían ocho días. Más ocho días de viaje...
El resultado era lógico.
-- ¡Regresaremos el día de mi matrimonio! -- Exclamó Frank.
Se exaltó muchísimo, y la tensión corría por sus venas.
-- ¡No puede ser! No, olvídenlo. No vamos a hacer eso. Voy a cancelar estos planes. Tenemos que empezar antes.
-- ¡No, Frank! -- Le detuvo Vicent.
Los tres músicos se alteraron. Frank no debía cambiar las fechas.
-- ¡¿Cómo que no?! ¡No voy a bajarme de un tren directamente a casarme!
-- Pero eso no lo decidimos nosotros...-- Le calmaba Steve.
-- ¡Claro que sí! Tengo que cambiar esta porquería.
-- (Rob) Nosotros no podemos ayudarte, y el encargado de las fechas está en New York. Contactarlo significaría avisarle a su asistente, y no sabemos si le pasará el mensaje a tiempo. Entonces, deberemos recurrir a la disquera, y no nos escucharán a menos que le digamos qué necesitamos. Si les decimos que queremos cambiar las fechas, se alarmarán...
-- Y tendríamos que hablar con el gerente, -- Continuaba Steve-- cuestionar la directiva... sabes que ninguno de ellos accedería.
-- Entonces contactaremos al encargado directamente. -- Solucionó Frank.
-- No hay manera de hacerlo que no sea a través de su asistente. -- Recordó Rob. -- No tiene teléfono que conteste personalmente, y tendríamos que a avisarlo a algún empresario con el que trabaje. Acudiríamos a plantearle el problema para que lo comunique, y esto sería de carácter oficial sin permiso de ninguna autoridad.
-- Y es totalmente seguro que ya apartaron los boletos para el tren y el avión, publicaron las fechas, informaron a todos los medios...-- Teorizó correctamente Vicent.
-- (Steve) Oficiaron la gira apenas se pusieron de acuerdo. Tú lo sabes, hombre.
-- (Frank) Maldición.
Se llevó las manos en la cabeza, demostrando mucho estrés.
-- Mira...-- Le tranquilizaba Rob --...el último vuelo es de Italia a New York. Supongamos que son, por decir, cinco horas. Si nos vamos a las seis de la mañana, llegaremos a las once de la mañana. Tiempo más que suficiente para que le eches un vistazo a todo y te arregles para tu boda.
Frank subió los ojos, sufriendo una gran indignación. De repente se sintió furioso, pero no hay nada que hacer. No tiene más que aceptarlo.
-- Bien... la boda es a las siete. Supongo que da tiempo.
Vicent suspiró.
Ana pudo sentir cómo finalmente su cuerpo perdía estímulos. Sus terminaciones nerviosas se relajaron, adormeciendo su cuerpo. Ha pasado cuatro horas recostada, así que era bueno saber que por fin podría dormir.
Por un instante perdió la noción de en dónde estaba, pero fue despertada por una aeromoza que abrió la bandeja sobre sus piernas, y acomodaba el pequeño platillo de tentempiés. Harta, se quitó el cinturón de seguridad, y se levantó del asiento.
Estiró su espalda, reacomodando su columna vertebral. Comenzó a caminar entre los asientos sólo para estirar sus piernas. Poco después regresó al asiento, y volvió a la misma posición. Realmente ansiaba dormir.
Gerard, Mikey, Ray y Bob terminaron de responder a las preguntas de los reporteros. Culminada la entrevista, estaban libres para atender sus diligencias. Cada uno quiso encargarse de algo. Mikey decidió escribirles una carta a los seguidores de su página web.
Caminó unas cuadras hasta un centro de navegaciones. Solicitó sólo una hora en una de las computadoras, porque no iba a tardarse demasiado. Comenzó a redactar.
Sus dedos escribían palabras con desenvoltura, pero se distrajo pensando en lo que podrán estar diciendo sobre la inesperada boda de Frank en los foros. Cualquier cosa, se lo notifica para lo aclare. Abrió una página famosa por sus noticias sobre My Chemical Romance, y la dejó cargando. Siguió escribiendo su carta, encontrando la inspiración adecuada. Se olvidó de la otra página por completo, y se concentró en su convencional escrito. Finalmente le puso su firma al mensaje, y lo envió. Fue entonces cuando se acordó de la otra página.
Vio la cantidad mensajes llenos de noticias que habían sido publicados. Leyó sobre lo que piensa la gente de las peleas que han tenido, sobre los nuevos instrumentos que han comprado, y, principalmente, sobre la noticia de la boda de Frank. Afortunadamente, no se salió del marco profesional. Se informó que Frank Iero se iba a casar, la fecha de la boda, y por supuesto, la novia. Estaba a punto de cerrar la página, cuando se fijó en los típicos comentarios que las personas escribían al leer este tipo de noticias. "¡No, Frank ¡No nos hagas esto!", "No te cases con ella", "Él sabe lo que hace"... pero había uno con unas palabras más maduras, y se notaba que lo escribió un buen fanático. Lo leyó detenidamente, porque le pareció terriblemente extraño, pero cierto.
"No puede ser. Pero si no hace mucho que está con Jamia. Qué mal. Es decir, Frank jamás había estado tan feliz que cuando estaba con Ana. Son tal para cual. En cambio, apenas terminó con ella y se involucró con Jamia, empezaron a pelear todos. No digo que tenga que ver, pero yo sí creo que hay algo raro en esa Jamia. Es sólo una opinión. De todas maneras, le deseo lo mejor a Frank en su matrimonio".
Mikey quedó atónito. Pensativo, cerró la página, y se fue del lugar.
-- ¿Le puedo ofrecer algo más? -- Preguntó la insistente aeromoza.
-- No, gracias. -- Rechazó cortésmente Ana.
Ya estaba obstinada.
La aeromoza siguió su camino. Ana se acomodó de lado, y subió las piernas en el asiento. Se pasó el cinturón de seguridad de forma incorrecta, pero ya no importaba. Tal vez así lograría relajarse un poco, ya que no ha logrado dormir en cinco horas encerrada en un avión.
Su mente tardó mucho en despejarse por completo. Cuando ya no tenía ningún pensamiento revoloteando en su cabeza, recordaba involuntariamente que necesita dormir, y esto sólo la mantenía despierta. Los minutos transcurrían más rápidamente, porque las personas empezaban a despertarse de su largo sueño durante el viaje. El ruido se hacía mayor, las voces se escuchaban más abundantes. Ana decidió no abrir los ojos, para conseguir descanso aunque sea por un momento. Finalmente se acostumbró al ruido, y convivió con los movimientos que percibía a su alrededor. Perdió la consciencia progresivamente hasta olvidarse de todo, dejó de sentir cualquier movimiento, y cayó en un ensueño negro y pacífico por el que ya todos habían pasado y descansado. Justo en ese momento, se empezó a escuchar un chirrido agudo. Las ruedas del avión habían pisado tierra firme, y ahora transitaban a una velocidad altísima.
Así pues, resignada y sin haber reposado en lo absoluto, Ana llegó a Alemania.
MCR 'TIL DEATH........................................................By: wayrocks