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El Mejor Cambio De Mi Vida

por Darky Way
sábado, 27 de diciembre del 2008 a las 20:43

Tras tanto tiempo escribiendo

Ya puedo decir

Que este es el ultimo capitulo de mi fic

¿Se podria hacer una 2 parte?

Claro que si

No lo descarto

Pero de momento, este es el final

Espero que os guste, porque es mi regalo de Navidad para TI, quien lo esta leyendo

Gracias por leerla

Disfrutala

Porque dentro de poco traere una sorpresa

AMIGOS

Capitulo 50

 

Darky se desperto al lado de Gerard, en su cama... QUE BONITO SE VEIA SU AMOR DORMIDO...

Beso su frente, se vistio, y sin hacer ruido, se dirigio a la puerta con la decisión ya tomada...

 

Mas tarde...

Gerard - *despertandose* Mmm... Que bien he dormido... Darky?? DARKYYY???

Gerard corrio al salon tapandose con la sabana en busca de su amada...

Anna - AAAAAAAAAAAGGGGGGHHHHHHHHHH!!! GERARD!!!! TAPATEEEEEEEEEEEEE!!!!

Gerard - Uy, perdon... Pero... QUE HACEIS USTEDES AQUÍ??

Estaban Frank, Mikey, Ray, Bob y Anna...

Mikey - LOS INVITE YO A CASA!! Y mira que andar en pelotas por ahí ¬¬

Gerard - ESTOY BUSCANDO A DARKY!!!

Todos agacharon la cabeza triste...

Gerard - QUE HA PASADO???

Anna - Se va... Según tengo entendido, ya deberia estar subiendo al avion... Se va con su padre...

El mundo se le venia encima... Gerard podia aceptar que se fuera, pero... Por que se habia ido sin mas?? Que pasaria ahora?? En ese momento, Gerard sintio que su vida ya no tenia sentido...

Gerard - Se...ha...ido...ido...y...no....se...ha...des...

Mikey - HERMANO!!! TODAVIA ESTAS A TIEMPO DE COGERLA!! Pero, por favor, no vayas asi por la calle, que o sino, no te conosco ¬¬

Gerard - Mikey...Mikey... TIENES RAZON!!! *le da un beso en la mejilla* ME VISTO Y VOY CORRIENDO A POR ELLA!!!

Mikey - Foooos, que asco ¬¬

Bob - Y nosotros te acompañamos =)

Ray - Venga!!! CORRE!!!

 

En el aeropuerto...

Darky - Deberia haberme despedido de el... Y Ahora, que va a pasar?? Que seremos??

Papa - Elizabeth... De verdad quieres hacer esto?? Se que es duro, pero otra opcion no tenemos...

Darky - Papa, la decision esta tomada... Nos las arreglaremos, vale??

Papa - Bien, Elizabeth... Te prometo, que te traere de vuelta aquí, y que te pagare los estudios aquí, te lo prometo...

Darky - Gracias, papa =)

DING DONG DING DANG... Avisos a los señores pasajeros del vuelo 314 con destino a Paris, por favor, embarquen por la puerta nº 20

Darky y su padre cogen su equipaje de mano, dispuestos a irse, pero antes, Darky echa una mirada atrás...

Papa - Estas lista??

Darky - Creo que...

X - DARKYYYYYYYYYYYYYYYYYY!!!!

Darky logra a ver quien le llamaba, y hay estaba, hay... SU AMOR!! GERARD!! HABIA IDO A POR ELLA!!  Corrio hasta el, y los 2 se fundieron un bonito abrazo...

Darky - Oh, Gerard, oh... Perdoname, perdoname por no haberte dicho nada, fue tan rapido... Gracias, de verdad, gracias por todo, te amo tanto...

Gerard - No hables... Yo tambien te amo... Y te echare un monton de menos... Pero *la mira a los ojos* te prometo que te esperare, y que siempre, te amare...

Darky - Gerard... *se echa a llorar, y se funden en un largo beso*

Gerard - Te tienes que ir ya... Cuidate mucho, que sin ti no soy nada...

Darky - Tu igual... *se fija que detrás estan los demas* Chicos, os quiero... Gracias por ser mis amiwos...

Anna - De nada, cuidate un monton, siempre seremos amiwas...

Ray - No nos olvides...

Bob - No te acuestes con nadie que no sea Gerard, eh?? xD

Frank - Bob!!! ¬¬  Te queremos mucho, Darky...

Mikey - No cambies...

Darky se separo de ellos, sus amigos, y se dirigio con su padre al avion...

Mas tarde, Gerard, junto a los demas, vio despegar el avion, con su amor dentro, con su vida... Jurando que, algun dia, volverían a estar juntos, y que siempre la amaria...

 

FIN

Feliz navidad

por Darky Way
sábado, 27 de diciembre del 2008 a las 20:35

foto de vampire_darky en 25/12/08

Hola a tod@s

Tienen que perdonar que no haya podido escribir hasta ahora

Pero con todo mi cariño

Les quiero desear

(aunque sea tarde)

Una Feliz Navidad

Espero que lo hayan pasado bien

Junto a sus seres queridos

Y aqui

Les dejo algo de mi cultura

Un villancico muy tipico de aqui

Espero que les guste

Y...

FELIZ NAVIDAD

FIC Capítulo 58

por wayrocks
jueves, 25 de diciembre del 2008 a las 22:05
guardado en

¡Mi gente! Feliz navidad a todos... y mil gracias por todo. Me disculpo totalmente por la tardanza, ¿por qué siempre me pasan estas cosas? Larga historia xD. Mucha gracias por apoyarme, por emocionarse por el asunto del libro, por hablar conmigo como si yo fuera su amiga. Me alegra mucho que me consideren así, porque yo también. Todos son tan fieles y tan buenos para todo que les mandaría muchísimas cosas a su casa. Como no puedo, les deseo una navidad buenísima, familiar y súper chemicalera, que la gente aprecie los espectaculares que son y les regalen muchas cosas porque se las tienen bien merecidas. Chemical Kisses, mi gente, los quiero. Y MCR HASTA EL FIN! All I want For Christmas is You. Y con respecto al nuevo video de My Chem, pues ¡qué emoción! Gritaremos al verlo. Me encantaría ver esa foto. Bueno, creo que ya he hablado mucho... cuídense todos y disfruten bastante.

Les desea, wayrocks.

Capítulo 59.-

Al finalizar la llamada con la dulce voz de Stu, sentía como si su existencia se derrumbara y reconstruyera. Era exactamente lo que ella quería. Entonces, ¿por qué no se siente bien? Bueno, con la mente positiva, piensa que lo hará.

No quiere seguir sufriendo por la mala actualidad que tiene su vida. Si de algo está segura, es de que si su vida es un completo desastre, es mejor arrancar la página y comenzar una nueva. Sólo quería empezar desde cero. Olvidar todo lo que pasó. Seguramente Alemania requeriría eso.

Pero para poder liberarse de todas esas corrientes de malos pensamientos, que sería que sería realmente bueno, debe hacerlo de la manera dura. Tomar una decisión difícil. Despedirse de todo lo que había fundado.

Así concluyó. Iría a Europa a empezar desde cero, olvidarlo todo. Aunque tiene claro que eso sería muy dificultoso.

Los tres estudiantes pasaban alegres por los alrededores de las paredes de la universidad. Elena iba en la espalda de Joseph; cargada firmemente, con la planificación de evaluación del profesor en un mano y agarrada de Joseph con la otra, y Alan a su lado iba dando pasos con un ritmo movido que se inclinaba al hip-hop. Los tres estaban muy contentos.

-- ¡Sí señor! Saqué diez sobre diez, ¡duélale a quién le duela, carajo! -- Gritó Elena.

-- ¿Cómo les quedó el ojo? -- Preguntó Alan con un orgullo que quedaba acorde a los movimientos de su moderno baile.

-- Para que vean. ¡Los Goodman somos unos genios! -- Enunció Joseph con una felicidad presuntuosa que en él resultaba tierna.

-- Y las Lee Rush también. -- Se dio mérito Elena.

-- Tú no eres ni Lee, ni Rush, estúpida. -- Le corrigió Alan.

Elena pasó el papel a una sola mano, y con la otra libre golpeó con los dedos rígidos la cabeza de Alan.

-- Estúpida tu abuela. -- Le respondió. -- Así me decía Ana, y me gustó. ¿Tienes algún problema con eso?

-- Auch. -- Se quejó él. -- No.

Se sobó la parte posterior de su cabeza.

Los tres reían.

Elena registró de nuevo la planificación del profesor. Separó la mano del pecho de Joseph, y con ella usó el dedo índice para señalar varias veces el diez hecho con tinta roja que aparecía en la parte superior, el cual indicaba su calificación.

-- Yeah! --Se enorgulleció.

Alzó la página, y la asomó hacia adelante, para que Joseph la viera.

-- Así me gusta. -- Expresó Joseph al leerla.

Dio un pequeño salto para reacomodar a Elena en su espalda, para así cargarla más cómodamente para ambos.

-- La mejor maqueta de la clase. -- Declaró Alan.

-- (Elena) Narciso.

Alan la miró con desgana. Joseph quiso hablar antes de que éstos dos comiencen a reñir de nuevo.

-- Aún tenemos algo por hacer. -- Recordó con mucha seguridad.

Siguieron caminando.

Joseph tenía la mirada en frente, pero los otros dos se miraban mutuamente con abundante extrañeza. Alan citó una mímica en la que en sus labios se leían las palabras "¿Qué cosa?", con un gesto que expresaba la duda. Elena negó con la cabeza, y movió sus labios legibles. "No lo sé".

Joseph seguía pendiente del camino, pero al notar el silencio de ese par, volteó la cabeza, viéndolos intercambiar gestos.

-- ¡Chicos! ¿No se acuerdan? Decirle a Lennon que vimos a Ana.

Los rostros de Alan y Elena se abrieron como capullos. Pelaron los ojos, abrieron la boca, y subieron las cejas.

-- ¡Ah, sí! -- Recordó Elena alarmada.

-- ¡Cierto! -- Se acordó Alan.

Joseph afirmó con la cabeza, indignado.

-- Qué malagradecida. -- Dijo para sí Elena.

Tenía un aire de desilusión. No estaba acostumbrada a sentirse tan egoísta.

-- Es verdad... -- Se unió Alan con el mismo aire triste -- qué malagradecida eres.

-- ¡Oye! -- Se quejó Elena.

Alan negó con la cabeza, decepcionado de Elena, pero se lograba reconocer la burla. Elena entrecerró sus ojos con rabia.

-- Ya en serio. -- Se formalizó Alan -- Me siento como un aprovechado.

-- Lo eres. -- Lo informó Elena, igualmente bromista.

Lo que es igual nunca es trampa.

-- ¡Oye! -- Reclamó.

Antes de poder seguir debatiendo, Joseph se detuvo radicalmente un momento. Elena se agarró más fuerte de su pecho, para estar más sobre su espalda y así no caerse.

-- ¿Qué pasa? -- Preguntó ella con aire de preocupación.

Alan se detuvo, y volteó hacia ellos.

-- Seguro el salón de Química está vacío. -- Especuló Joseph.

Miró hacia el interior de la universidad concentrado. Se mostraba pensativo e intrigante, como si estuviera planeando algo.

-- ¿Y a mí qué me importa? -- Preguntó ella.

La preocupación fue reemplazada por enojo. A sus ojos, le hizo pasar ese susto para nada importante.

Joseph volteó hacia ella.

-- Te importa porque ese es el salón de Lennon. -- Aclaró con tranquilidad, pues sabía que ella no se lo esperaba. Hasta se le hizo gracioso.

-- Ah. -- Reconoció Elena encogidamente. Se mordió los labios.

Joseph le dedicó una mirada sosegada. Al mismo tiempo, Alan daba unos pasos hacia ellos para integrarse a la conversación, y ponerse al tanto de lo que hablaban.

-- ¿Qué pasa? -- Quiso salir de dudas.

-- Vamos a Química.

-- ¿Para hablar con Lennon? Ya sabes, por lo de Ana.

-- Exactamente. -- Le afirmó en forma de felicitación. Una felicitación demasiado irónica.

Elena miró a los ojos a Alan con una mirada matadora.

-- ¿Qué? ¿Qué dije? -- Titubeaba confuso.

Le dieron la vuelta al exterior de la institución, para llegar a las escaleras externas. Pasaron a los pasillos.

Estaban casi vacíos. Empezaron a correr, desapercibidos, para que ningún maestro los vea. Los regañarían hasta la muerte por estar un alumno cargando a otro, y porque además prohibido correr en los pasillos.

Por este peligro, Joseph se esforzaba por correr muy rápido, Alan estaba un poco asustado, y Elena estaba excitada. A ésta última le encantaba la idea de hacer algo prohibido.

-- ¡Mira lo que hacemos por ti, Ana! -- Exclamó Alan en voz baja.

Alcanzaron el aula de Química. Alan fue el primero en llegar, así que se asomó por el ventanillo en busca del profesor. Posó su mano horizontalmente sobre ésta, quedando justo a nivel de las cejas. Así vería mejor el interior del salón clase.

En eso llegaron Joseph y Elena. Elena se arrimó hacia adelante para ver mejor, y Joseph se acorvó para que pudiera hacerlo más cómodamente, sostenida sobre su espalda.

Todos pegados a aquella puerta, se decían una que otra palabra.

También estaba prohibido espiar un aula que estuviera terminantemente cerrada.

-- (Elena) No veo nada... -- Manifestó Elena moviendo su cabeza de un lado a otro en busca de Lennon.

-- Oh, gracias, no me había dado cuenta. -- Respondió Alan sin disimular su broma.

-- Ya verás...-- Correspondió ella entre dientes.

-- (Joseph) Concéntrense.

-- (Alan) Es que realmente está vacío.

-- (Elena) ¡NO ME DIGAS! -- Expresó Elena con una ironía demasiado notable.

-- No te burles de tu propia estupidez. -- Le contestó Alan.

-- No lo entiendo. A esta hora debería seguir en su escritorio corrigiendo exámenes. -- Meditaba Joseph en voz baja.

-- Y tú no te robes mi chiste. -- Reclamó Elena dirigiéndose a Alan.

-- (Alan) Ash, aquí no está el viejo Lennon. Vámonos antes de que nos pillen.

-- No le digas así. Es un excelente profesor. -- Le defendió Elena.

-- Muchas gracias. -- Respondió juiciosamente el profesor Lennon.

Los tres dieron una brusca y violenta media vuelta. Se quedaron con los rostros en shock mirando a los ojos al profesor que estaba parado justo en frente de ellos. Detrás de él, estaba su maletín recién colocado sobre el suelo.

Joseph soltó sus manos; las que estaban en ambos costados sosteniendo el cuerpo de Elena. Ella cayó de largo a largo hacia atrás, desafortunadamente encima de Alan.

Joseph seguía observando pavorosamente al educador. Elena se levantó rápidamente, un poco mareada. Tambaleó un poco antes de poder pararse en posición correcta.

No le reclamó a Joseph por dejarla caer porque vio al profesor subir las cejas, abriendo sus verdes ojos de la sorpresa.

-- ¿Estás bien? -- Preguntó Joseph a Elena, apenas reaccionando de su mundo.

Seguía sin quitarle los ojos de encima al maestro.

-- Sí. Alan amortiguó mi caída.

Alan, aún tirado en el suelo, levantó la cabeza un segundo.

-- Estoy bien. -- Aseguró sofocado.

Luego volvió a recostar su cabeza.

-- Señor Scanlon, -- Llamaba Lennon angustiado-- ¿se encuentra bien? Si quiere, lo llevo a Enfermería.

Se inclinó de cuclillas, para ver al golpeado estudiante.

-- Profesor, por lo de "el viejo Lennon", -- Explicaba -- lo digo por cariño, en serio.

El profesor rió encogidamente.

-- Tranquilo, hijo. Pero, en serio, ¿lo llevo a Enfermería?

-- No.

Elena y Joseph estaban muy preocupados, no sólo por el estado de Alan. Seguramente los castigarían. Después de todo, infringieron tres reglas de la universidad.

Alan volvió a subir la cabeza, y puso los brazos a cada lado. Lennon estiró su brazo, ofreciéndolo como apoyo, y él lo tomó. Así lo ayudó a levantarse.

-- Gracias. -- Gratificó Alan al ponerse de pie.

-- Ni lo mencione. Y ahora, niños, explíquenme qué está pasando.

Por ese desastre, lo mínimo que debían hacer era exponer la situación. Joseph, sin abarcar otros complementos, fue directo al grano.

-- Vinimos a buscarlo a usted.

Elena ya sabía qué decir.

-- (Elena) Sí, profesor, es como esas personas que van a la cárcel por hacer algo bueno. Usted no permitirá que vayamos a detención por hacer algo bueno, ¿verdad?

-- Cállate, Elena. -- Pidió Alan.

Elena rezongó en un tono de voz tan bajo que no se entendían las palabras.

-- En realidad, -- Enserió Joseph-- sólo queríamos hablar con usted un momento. Le tenemos un recado.

-- (Prof. Lennon) Oh, ¿en serio?

-- (Alan) Así es. Tenemos un mandato directo a de una ex alumna.

-- (Elena) Estoy segura de que se acuerda de ella.

-- ¿De quién? -- Preguntó Lennon ligeramente ávido.

No estaba acostumbrado a ser tan tomado en cuenta.

-- (Alan) Sus iniciales son...

-- Ana Black. -- Reveló Elena de una vez.

Alan le miró con desencanto.

-- Ana. -- Recordó de inmediato Lennon.

Pronunció el nombre en un suspiro, como una suave ráfaga llena de nostalgia.

-- Ella le manda saludos, y dice que es el mejor profesor. -- Concluyó Joseph.

Lennon sonrió.

-- Muchas gracias por el recado. Buen trabajo. Si pueden, díganle que gracias, y que le deseo lo mejor.

-- Está bien. -- Aceptó Elena.

-- Bueno, chicos, creo que la directora Hudson está cerca. Si es así, sabrá que fueron ustedes quienes corrieron.

-- ¡Vámonos! -- Propuso Alan.

-- Si tienen algo más que decirme...-- Consultó Lennon.

-- No, no. -- Musitó Elena. -- Bueno, que sea generoso con las calificaciones del examen de ayer.

Risas.

-- (Prof. Lennon) Que estén bien, chicos.

Los tres estudiantes se dieron la vuelta, y siguieron su marcha a la derecha, por otro corredor.

Lennon tomó su maletín del suelo, y caminó por el pasillo central. Pensó en voz alta, porque sabía que nadie podía escucharlo.

-- Ana... una buena chica. Sí, buena chica. Espero que esté bien.

Su rostro se iluminó ligeramente, enarcando una sonrisa.

Con toda seguridad, Ana puso sus manos a la obra. Tenía dos días para prepararse para su mudanza a Alemania.

Escribió los planes, y los empezó a llevar a cabo.

Hizo una visita al proveedor que le había vendido el apartamento, para anular la compra. Le dolió hacerlo, porque fue lo primero que compró con su propio dinero, hace ya mucho tiempo.

Estaba muy acostumbrada a él, y conocía cada detalle de su estructura. El lugar de las secciones de los armarios, el clóset, la alacena, la nevera; y lo que tiene allí. El tiempo que le tomaba a las hornillas  de la cocina tostar, freír, hervir o simplemente calentar. La cantidad de pasos que hay que dar desde el pórtico hasta la cama. Todo se lo conocía, ya que ese apartamento era, más que su vivienda, esencial en su vida.

Contrató al equipo de mudanza. Mientras se llevaban los muebles, electrodomésticos y espejos, el supervisor le informó que su equipo ya ha tenido otros clientes ese solo día. De inmediato pensó en Hunter y Swan.

Decidió quedarse con su carro. No iba a venderlo. Era demasiado elemental.

Al día siguiente el equipo de mudanza terminaría de sacar los bienes más inmobles, como la nevera. Ese mismo día entregaría el apartamento. Las acciones hacían notar mejor lo definitivo que es el cambio. El total cambio en la vida de Ana.

Entró a su habitación, que ya no tenía peinadora ni mesa de noche. Se acostó en su cama, boca arriba, contemplando el techo blanco en la oscuridad. En este momento estaría dormida, pero había cierta sensación que no la dejaba. Si no durmió mucho el día anterior a su graduación, no lo haría ahora. Es una noche realmente especial. La última noche en su hogar.

MCR 'TIL DEATH................................................By: wayrocks

FIC Capítulo 57

por wayrocks
lunes, 22 de diciembre del 2008 a las 22:13
guardado en

Lo que dijeron estuvo increíble. De verdad se los agradezco. Por esa forma de hablar tan inspiradora, ya por aquí ya me hice amigos. Me gustaría contestarles a cada, pero no tengo cómo contactarlos. Sobre el libro, tardará... tardará tal vez más que un año, pero seguiré esperando. RECUERDEN: You fucking rock!

Capítulo 57.-

 

Ana regresó a su apartamento, llenando su mente de asuntos pendientes. Se olvidó por completo de la tarjeta que estaba dentro de su cartera, con la que sólo llamando se destinaría a mudarse a Europa. De todas maneras no iba a reconsiderarlo.

Pensó en cambiar un poco la estructura del armario del baño, para darle espacio a su equipo de maquillaje. Se dirigió a dicho lugar para comprobar su tamaño, y pensar en qué es lo que debía hacer con el guardarropa.

Cuando abrió la puerta, estudió cada una de las secciones que ya estaban hechas; pero se encontró, entre las sábanas y fundas de almohadas, la cobija beige de terciopelo. Estaba perfectamente doblada; pero por su textura tan suave y delicada, parecía estar tendida. De inmediato sintió nostalgia. Extrañaba a Deryck.

 

Se sintió como la perfecta ingenua al elegir a Frank, en vez de haberse quedado con Deryck; porque a pesar de a quien realmente quiere es a Frank, con Deryck habría sido seguro un gran futuro.

 

Aisló estos pensamientos de su cabeza. Si va a recordar a Deryck, que sea de una mejor manera. En vez de pensar en el futuro que pudieron tener, más bien en los momentos que tuvieron juntos.

Tomó la cobija y se fue a su habitación. Se acostó de perfil en su cama, envuelta en el fino tejido. Se sintió vaga por no estar trabajando, pero no le importaba.

 

Enredó sus brazos en la tela, y acomodó su cabeza en la almohada; sus manos encogidas se movían acariciando la suave cobija. Progresivamente, pudo sentir el aroma dulce y masculino que desprendía de ella, y sin duda la llenó de ilusión.

Deryck.

 

Él dijo que estaba seguro de una cosa: si no existiera Frank, ella lo escogería a él.

Tenía razón.

Ahora no existía Frank, pero tampoco Deryck. Fue exactamente el mismo día en que dejó ir a Deryck, que perdió a Frank. ¿Qué clase de suerte es esa? Por supuesto, sería mejor si no hubiera problemas con Frank, pero si eso iba a pasar, le hubiese gustado saberlo antes de despedir a Deryck. Él le habría enseñado cómo amarlo de la misma en que ama a Frank, y aunque nunca le hubiese hecho sentir tal y como le hacía sentir Frank; lo cual era indudable; hubiesen sido espléndidos días. Pero en cambio, el patéticamente trágico final fue tal vez aún más duro para él que para ella.

Al sólo pensar en el dolor que ella pudo haberle causado, apretó en un puño la cobija; porque está enamorada de él.

 

No era justo culpar a Jamia por lo que pasó. Frank es un hombre inteligente y tuvo que saber cómo actuar. Pero él mismo había dicho que no ama aquella mujer, sino a Ana. Eso significa que quizá también esté sufriendo. Volvió a apretar su puño, porque lo ama perdidamente.

 

Por otro lado, los chicos seguro no la olvidarían, y está claro que ella tampoco; pero si siguen peleando como lo han hecho hasta ahora, estropearían la amistad tan grande que habían construido por años. Incluso tal vez, remotamente, se separaría My Chemical Romance. Ella no está al tanto de cómo siguen sus riñas, y a pesar de sus esfuerzos por especular lo mejor, nunca se iba la posibilidad de que podrían seguir peleados. Fuera de cuánto los quiere, también seguía siendo una total fanática la banda.

 

Aún le queda pensar en su padre.

Lo más probable es que él sí esté en perfecto estado; vendiendo muchísimo, como siempre, y corriendo de aquí para allá entre negocios y reuniones. Firmando acuerdos, haciendo cotizaciones, encargándose de su empresa. Pero a pesar de que no sufre, aún se acuerda de ella. Era muy lógico que jamás se olvidara de su hija.

 

Por último, quedan sus amigos de la universidad. No había mucho que pensar. Casi todos se graduarían, y tomarían la carrera que manejasen con éxito.

 

Las otras bandas que significaban algo para ella, Sum 41 y Leathermouth, está segura de que tendrán el éxito que merecen; y las otras bandas con las que ha trabajado no puede decir más que fue totalmente estupendo trabajar con ellas.

 

Sólo quedaría su familia consanguínea latina, la nunca dejaría de lado. Ellos van a estar bien, de eso hay certeza.

 

Se dio cuenta de que había reflexionado más de lo planeado. Pensó en todos sus seres queridos más importantes. Por desgracia, había sido para mal.

Sí, todo aquí está mal. Su mundo se ha convertido en una locura. Lo único que siempre se mantiene bueno es su emocionante trabajo.

Al menos sabe que todos continuaran con su vida.

Y si todos van a continuar con su vida, ¿por qué ella no? Si todos se van a olvidar de ella ¿por qué ella no? También tiene derecho a ser feliz. Claro que nunca lograría olvidarse de ellos, pero sí alejarse de los recuerdos, apartarse.

 

Dio un respiro fuerte y profundo a aquella cobija de olor divino, y se levantó de la cama. Nunca creyó que lo haría, pero fue a buscar la tarjeta.

MCR 'TIL DEATH......................................By: wayrocks

FIC Capítulo 56

por wayrocks
viernes, 19 de diciembre del 2008 a las 01:59
guardado en

 En el libro se publicaría este fic, como novela, y sería ligeramente editado o_o qué emoción. Muchísimas gracias a todos. ¡¡Y mil más!!

Capítulo 56.-

A la mañana siguiente, Frank se dio una ducha a las siete y media. Se vistió de un pantalón oscuro, una franela negra y una chaqueta marrón. Se veía muy apuesto y decente.

Abrió el garaje con el método corto, presionando el botón del control tamaño llavero que abre y cierra el portón.

Encendió su auto, girando las llaves en el pestillo, y lo condujo al exterior. Volvió a presionar el botón, esperando a que el portón termine de cerrarse para irse.

Pasó por la autopista camino a casa de Jamia, sin mirar mucho a las aceras, repletas de tiendas. En una esquina, se fijó en un abasto que no suele visitar. Pensó en su madre. Ella es amante de las uvas.

Se detuvo en aquella esquina, y caminó hasta el interior del abasto. Pasó rápidamente por los angostos corredores llenos de alimentos, hasta encontrar la sección de frutas. Entre las fresas y parchitas, tomó un pequeño envase cuadrangular de plástico transparente, que contenía abundantes uvas grandes y púrpuras. Eran tres racimos colmados allí metidos.

Pasó por la caja, y lo compró sin bolsa para que se viera mejor. Lo llevó hasta su auto, abrió la puerta del conductor, y lo acomodó en el portavasos. Luego se ensambló en el asiento, y pasó el cinturón de seguridad. Metió las llaves en el pestillo, y las giró de nuevo. Pisó el acelerador, directo a su destino.

Al llegar a casa de Jamia, tocó corneta una vez, brevemente. Esperaba que Jamia saliera.

No hubo movimiento. Volvió a tocar la corneta, de nuevo sin cambio alguno. Apagó el auto, se quitó el cinturón de seguridad, y abrió la puerta a su lado.

Se dirigió a la puerta de la casa, tocando el timbre una y otra vez. Presionó constantemente el botón de la resonancia, escuchando el ruido que hace, pero sin notar movimiento en el interior del hogar. Se obstinó, y pegó su dedo pulgar al timbre sin separarlo en ningún momento, provocando un sonido molesto, fuerte y revoltoso.

Después, la cara de Jamia, floja y fastidiada, se asomó por una ventana. Irritada, abrió la puerta al reconocer al perturbador visitante. Frank se dio cuenta de que estaba en bata; de esas que se utilizan para dormir.

-- ¿Por qué el alboroto? -- Preguntó Jamia con ganas de matarlo.

-- Son las ocho en punto. -- Informó Frank, demostrando ser juicioso al no enojarse por el comportamiento de Jamia.

-- ¿Y qué diablos quieres que haga?

-- ¡Se te olvidó! ¡No sé porqué siento que ya lo sabía! Jamia, hoy vamos a decirle a mis padres sobre el compromiso. Te lo dije, te lo dije.

-- ¡Ay, qué fastidio!

-- Sabías que debíamos desayunar con ellos, y que esto era importante para mí. Incluso debería serlo para ti. -- Repuso Frank con mucho disgusto y decepción.

-- Pues quiero dormir, y si voy ahora a la casa de tus padres, no descansaré. Ayer pasé todo el día trabajando.

-- Jamia, -- Le dejaba bien claro, inclinándose al enojo-- yo estaba contigo cuando "trabajaste". Lo que no es lo mismo, yo te arreaba. Y no podemos ir más tarde, porque si vamos a darles una noticia explosiva, que sea de la manera en que a ellos les gusta. Un desayuno. -- Aquello último lo dijo sumisamente, demostrando mucho respeto a sus progenitores.

-- Te vas a casar, y ya. No es nada explosivo.

-- Oh sí, sí lo es. Ellos están acostumbrados a aquella novia que querían de verdad, y con la me veían futuro. No sólo sabrán que ella ya no existe, sino que me casaré con otra. ¡Son mis padres! Métete eso en la cabeza.

-- Y tú métete en la cabeza que no estoy para servirte.

Hubo un silencio.

Frank lo rompió con mucha firmeza.

-- Yo te he servido, te he comprado tus antojos, te he aceptado todo lo que haces, y si quisieras presentarme a tu familia, iríamos sin dudarlo. Si quieres complacerme aunque sea en lo más mínimo como tu prometido que soy abre la desgraciada puerta y arréglate como si fueras a ver a la reina Isabel III.

No hubo más palabras. Jamia abrió la puerta amargada y de mala gana. Frank pasó al interior de la casa, y se sentó en el mueble más cercano.

-- Por favor, apúrate. -- Pidió demostrando lo importante que era.

Jamia lo ignoró, y siguió de largo su camino al baño.

Luego de darse una ducha, y arreglarse de manera presentable, Jamia salió con Frank al frente de la casa. Cerró la puerta de entrada y le pasó el seguro, continuando la caminata hasta el carro de Frank.

Se ensamblaron en éste. Frank encendió el motor, pero no arrancó sin antes revisar las uvas. No vaya a ser que se calentaron demasiado.

-- ¿Qué son? -- Preguntó Jamia en tono bajo y amargo, al ver la observación que hizo Frank a aquel envase transparente.

-- Uvas.

-- Mm... dame un racimo.

-- Disculpa, son para mi madre.

-- Pero yo quiero. -- Objetó.

-- No, Jamia, éstas no. Camino de regreso podemos comprar otras.

-- Dijiste que habías comprado mis antojos. Déjame decirte que no lo estás haciendo. Y recuerda que estoy embarazada.

-- Lo sé. -- Dijo frustrado. -- Lo tengo bastante claro. Ese hecho lo tengo en mi mente todo el día y toda la noche. Pero aún así no te daré las uvas de mi madre. Sé que tienes antojos, y no te preocupes, los compensarás luego, pero compórtate en casa de mis padres.

-- Jum. -- Refunfuñó.

Frank golpeó con sus nudillos la puerta de la casa de sus padres. Esperaba con la posición correcta, con la espalda recta, y la pequeña caja en mano. A su lado, Jamia estaba indiferente. Frank esperaba que se comportara mejor una vez que estén adentro, para que a sus padres se les haga más fácil asimilar las cosas.

Se percibió cierto sonido cuando el seguro de la puerta fue quitado. En ese momento Jamia acomodó su espalda a recta, posición perfecta, sonrisa pulcra. Así la vio la señora Iero.

-- Hijo. -- Saludó Linda Pricolo con sorpresa.

Seguidamente tomó su rostro, y le dio un beso en una mejilla.

-- Hola, mamá. -- Respondió él, con sensatez y afecto.

-- Jamia. -- Expresó la señora casi preguntando.

Su extrañez era grande, pero su educación más. La saludó, con mucha extrañeza un poco disimulada. La iba a dejar pasar a la casa, con gran cortesía, ya que está segura de que Frank le explicará qué hace ella aquí.

Se arrimó a un lado de la puerta, para dar paso a la pareja.

-- Señora Iero, ¿cómo está? -- Preguntó Jamia con un gesto inocente y agradable.

-- Muy bien, gracias. -- Respondió ella de la misma manera.

Frank no quería pensar mal de Jamia por su repentino cambio, así que confió en que se alegró al ver a su madre. Se animó a preguntarle a ésta por su vida.

-- ¿Cómo has estado estos días, Linda?

-- Todo ha estado bien. Todo tranquilo. ¿Y cómo has estado tú?

Frank tragó saliva. Pensó en la respuesta real que no le diría. "Bueno, en realidad he estado muy estresado planeando mi boda".

-- Bien, supongo. -- Se decidió a decir tras un silencio pensativo.

-- (Jamia) ¿Y qué hacen?

-- Poniendo la mesa. Oh, llegan a tiempo para el desayuno. -- Les invita amablemente.

-- Muchas gracias. -- Correspondió Frank, soltando una mirada cariñosa.

Se estaba olvidando de los nervios. Era el momento adecuado para acordarse de lo que lleva en las manos.

-- Ah, sí, te traje esto. Sé que te encantan.

Mostró el envase de uvas.

-- Ay, hijo, muchas gracias. -- Reaccionó con emoción.

Frank se las dio, y ella lo tomó lentamente, estudiando la caja. Posó sus manos en un borde, y despegó la tapa. Arrancó una uva de uno de los racimos, y se la llevó a la boca.

-- Deliciosa. -- Informó saboreándola con discreción.

-- Cariño, ¿quién llegó a la casa? -- Preguntó Cheech Iero acercándose a la entrada. Abrió más sus ojos al ver a Frank, en muestra de simpatía, mientras sus labios enarcaban una sonrisa.

-- Frankie. -- Dijo en tono alegre. -- ¿Cómo estás, hijo?

Se acercó con un aire familiar.

-- Bien, papá. ¿Cómo estás?

El señor llegó a él, con los brazos abiertos. Se dieron un abrazo.

Mientras se frotaban la espalda en señal de afecto con una sonrisa en el rostro, Jamia miraba fijamente a Linda, con los ojos entrecerrados intimidantes, mientras ésta no se daba cuenta por estar contemplando a padre e hijo. Arrancó otra uva del racimo, y se la llevó a la boca. Jamia estudió cada movimiento de ella con la mirada amenazante, percibiendo con exactitud la mordida que le dio a la uva. Logró cambiar esa mirada por completo cuando Linda volteó a ella. En ese momento, ya su mirada era serena y dulce. Le sonrió con mucha falta de naturalidad y sinceridad.

En la mesa redonda servida de suculenta comida preparada por Linda, estaban sentadas las dos parejas, aún sin tocar los alimentos. La comida estaba dispersada ordenadamente. El pollo en el centro, a los lados las dos ensaladas; una agria de vegetales, y otra suave de gallina, el puré de papas en frente, el pan detrás en una cesta, y el jugo de fresa en un borde.

-- Madre, esto está como para un almuerzo.

-- Lo sé. -- Respondió muy confiada. -- Estoy probando el libro de recetas, y no esperé hasta el mediodía. Hoy cociné pollo a la vinagreta.

-- Jamás había escuchado algo así.

-- No digas nada hasta probarlo.

Frank tomó la ensalada agria, y se sirvió una porción.

-- Y díganme, -- Indagaba Cheech-- ¿a qué se debe esta inesperada visita?

Los jóvenes se quedaron en silencio.

-- No me malinterpreten...-- Repuso-- sólo quiero saber si hay algo que quisieras decirnos, Frank. Pero tranquilo, esto es agradable.

Frank se preparaba para hablar. Subió un poco la cabeza, y aclaró silenciosamente su voz. Cheech estiró sus brazos, con un cuchillo. Con una mano tomó un muslo del pollo; y con la otra lo cortó. Seguidamente se lo llevó a la boca.

-- Padre, madre, -- Formalizaba Frank-- como ya la conocen, esta es Jamia Nestor... mi prometida.

Inmediatamente Cheech dejó de masticar. Linda se quedó completamente inmóvil, con la mirada clavada en Frank. Tanto Jamia con Frank se lo esperaban. Es una reacción chocante, pero entendible.

El silencio se prolongó más de lo que Frank hubiese querido. Cheech terminó de masticar el pollo sólo para tragar. Linda seguía sin moverse, pero bajó la mirada. Cheech estaba dispuesto a hablar.

-- Esto es realmente sorprendente. Ella es tu ex novia... y tenías una novia muy linda. ¿Qué pasó?

Linda suspiró de manera entrecortada. Acomodó un poco su cuerpo para alejarse de aquella tensión.

-- Sí, hijo. -- Continuaba la idea. -- Explícanos qué pasó con Ana.

-- Bueno...-- Vacilaba-- terminé con Ana, y volví con Jamia.

Tomó la mano Jamia de. Era por educación ante sus padres, y para lucir convincente.

-- (Linda) ¿Pero por qué terminaste con Ana?

Arrugó su frente, expresando claramente que esto le parece fuera de lugar.

-- ¿Y cómo volviste a enamorarte de Jamia? -- Objetó Cheech.

No parecían aceptar el hecho de que Frank ya no esté con Ana, lo que era apoyado por el hecho de que estaban muy confundidos por tal noticia.

-- (Cheech) ¿Y se van a casar tan pronto?

-- (Linda) ¿Estás seguro de esto? Sin ofender, cariño. -- Se disculpó con Jamia.

-- Padres, -- Les calló Frank cautelosamente. Se detuvo antes de proseguir con la oración -- por favor.

[Silencio]

-- ¿No se alegran por mí? -- Señaló.

Los Iero se miraron paralizados, con los ojos abiertos de par en par. Pero tan plenamente sorprendidos, al fijarse en la preocupación del rostro del otro, fue como mirarse a un espejo. Pensaron que estaban siendo injustos al reaccionar así frente a los jóvenes. Las arrugas en sus rostros se desvanecieron lentamente, y sus gestos se relajaron. Linda volteó primero hacia los prometidos.

-- Claro que sí nos alegramos, hijo.

La incomodidad se tornó a alivio de parte de todos menos Jamia. Ella era la única que no estaba tiesa ni incómoda, sin preocupación alguna. Los demás sí; Frank, esperando la reacción que tendrían sus padres, ellos, por el hecho de que su hijo se case radicalmente.

-- Ella también es bonita. -- Se consoló Cheech.

No fingía cuando lo dijo, pero tampoco hablaba completamente en serio. Comparar a Jamia con el atractivo y hermosura que posee Ana es algo muy difícil.

Linda se llenó de sentimiento. Se dio cuenta verdaderamente de que estaba en frente de la prometida de su hijo.

Estiró su brazo suavemente, y lo posó en el rostro de Jamia. Lo acarició delicadamente, con el cariño familiar con el que debía hacerlo como madre. Lograba olvidarse de Ana. Cheech, en cambio, no la sacó de su cabeza. De todas formas fue muy amable con Jamia, aceptándola.

Comenzaron con el desayuno-almuerzo. La reunión se tornaba cálida y encantadora. Jamia se ganó de nuevo la simpatía de los señores. Resultó ser aceptable a sus ojos.

Por supuesto, no era totalmente acogedora ni "normal" la situación, pero era mejor de lo que Frank esperaba.

-- Fue un placer comer con ustedes. -- dijo Jamia, terminando de devorar el puré.

-- Igualmente, querida. -- Correspondió Linda.

Se despidieron, y Cheech acompañó a Frank y a Jamia a la puerta. Le dio un abrazo de despedida a su hijo, y abrazó también a Jamia. Ella no abrió sus brazos, ni tomó su espalda durante el abrazo. Ni siquiera se movió.

Se fueron los jóvenes, dándole espacio al señor para volver a la mesa donde Linda aún seguía sentada. Notó su gesto esperanzado.

-- ¿Crees que vayan a ser felices juntos?

-- Claro. -- Dijo un poco indignada. -- Se ven muy bien juntos. Estoy feliz.

El argumento fue expresado con un tono de voz seguro, pero un gesto no cien porciento convencido. Cheech quería creerle, pero la conoce demasiado.

-- Estás mintiendo.

-- No es cierto. -- Revotó.

Cheech la miró pretenciosamente.

-- A ver, y tú ¿qué opinas? -- Linda volteó la situación.

-- No lo sé.

Linda se sorprendió por la honesta e inmediata respuesta de su esposo.

-- Es que... esto es muy extraño. Creo que aquí hay gato encerrado.

-- Cheech. -- Le reclamó.

-- En serio. Jamia es agradable y todo, pero ¿por qué terminaría con aquella chica tan sencilla y dulce para estar con ella?

-- Tal vez quería una chica más madura.

-- Ana era más madura. Y cuando la aceptaste, se mostró mucho más feliz, sensatamente. Es como si nuestro hijo fuera de verdad lo más importante para ella. Jamia está bien, la acepto, pero algo aquí no me cuadra.

Linda lo miró con aceptación. Era un argumento válido. Se levantó de la silla, y al llegar a él acarició su espalda.

En el camino al auto, Jamia tomó de nuevo la mano de Frank. Frank no la soltó, pero se sintió mucho más incómodo de lo que podía haber imaginado. Su rostro de frunció con seriedad y desagrado, cuidando de que Jamia no lo vea.

Se acercaba el mediodía. Ana se dio una ducha, vistió y arregló para la conferencia. Parada frente al espejo de la peinadora, acomodaba su correa sin pensar en otra cosa sino en qué rayos se basaba esta conferencia. ¿Sería una noticia? ¿Una propuesta? ¿Un beneficio? ¿Una consecuencia de su trabajo? O algo más remoto, ¿Un asenso? Seguía intrigada, y cada vez más. Decidió no perturbarse, ir fresca, permitir que por primera vez la tomen por sorpresa. Intentando convencerse de esta teoría, la practicaba camino a Central Place.

El celular ya le estaba hartando, y por eso había decidido dejarlo en el apartamento.

Pendiente de las luces cambiantes de los semáforos, ella lograba ver que muchas de las personas hablaban por teléfono. Analiza. Se dirige a una conferencia con sus jefes, y no tiene idea de de qué van a hablar. Tal vez quieran establecer comunicación con su teléfono. Sí, se convenció, y dio vuelta en "U". No había transitado mucho, así que sólo perdería un par de minutos.

Al llegar a su apartamento, buscó rápidamente el aparato, y así mismo se devolvió al pórtico. Abrió la puerta del conductor de su carro, se acomodó en el asiento, y se pasó de nuevo el cinturón de seguridad. A punto de emprender marcha, creyó ver a uno de sus ex compañeros de la universidad corriendo a lo largo de la acera con dirección a la segunda cuadra de la serie de apartamentos. Pisó el acelerador suavemente, recorriendo la cuadra para llegar a él.

-- ¿Joseph?

-- ¡Ana! -- Exclamó, cansado por todo lo que había corrido.

Ella detuvo el auto. Se quitó el cinturón de seguridad, y se bajó del auto. Corrió hasta él.

-- ¿Qué haces aquí? Digo, ¡hola!

Se dieron un breve y cálido abrazo.

-- Estás empapado, amigo. -- Le informó. -- ¿Qué pasa?

-- Vine a buscarte. -- Respondió jadeando.

-- ¿Y eso? ¿Pasó algo?

-- Bueno, vamos a hacer una maqueta, y necesitamos quien nos organice. Todo allá es un desastre.

Tomó aire profundamente, porque había dicho muchas palabras sin respirar.

-- Ay, discúlpame, pero...

-- Vamos, tú sabes hacerlo.

-- Pero tengo una conferencia.

-- ¿Una qué? ¿Qué edad tienes tú? Nosotros jamás hemos hecho una conferencia. Yo ni siquiera tengo trabajo.

Ana rió encogidamente.

-- Por favor. --Suplicó.

Ana pensó un poco. Si necesitan de su ayuda, seguramente se trataba de un profesor muy exigente. Miró el reloj en la muñeca de Joseph, y supo que aún tiene un poco más de media hora.

-- Bien, pero será rápido.

-- ¡Gracias!

-- No hay problema. ¿Dónde es?

-- Aquí, -- Señaló Joseph hacia atrás con su brazo. La dirección no era demasiado lejana-- a cinco cuadras.

-- Vamos en mi carro. -- Prospuso.

Joseph caminaba lento para respirar mejor, dirigiéndose al vehículo.

-- Apúrate.

Ana no quería ser incomprensiva, pero si quiere ayudarles, debe agilizar el tiempo. Se sentaron en los asientos delanteros, y cerraron las puertas. El auto arrancó, con dirección dirigida por Joseph. Cuando Ana ya había emorizado el destino, hubo un silencio en el que se escuchaban las ruedas del auto.

-- Esto es raro. --Señaló él.

-- ¿Qué cosa?

-- Qué esté en un auto, y sea la chica quien conduzca.

-- Machista.

-- No, no... hey. -- Se interrumpió. -- ¿Qué tienes aquí? -- Preguntó señalando la guantera.

-- ¿Allí? Nada.

-- Oye, yo inventé ese truco.

-- Bien...-- Admitió.

Joseph abrió la guantera, y registró lo que contenía, curioso como solía serlo en la universidad. No se le hizo difícil encontrar el juego de llaves que tenía un solo instrumento metálico. Lo sacó y estudió.

-- ¿Qué es esto?

Al terminar de preguntar, se dio cuenta de que la respuesta era obvia.

-- Un juego de llaves. -- Respondió Ana educada pero irónicamente.

-- ¿Y por qué tiene una sola llave?

-- Porque sirve para una sola puerta.

La ironía estaba muy bien disimulada.

-- ¡No me tomes el pelo!

Risas.

-- Es la llave original de mi apartamento.

Sacó su preciadísimo llavero de Leathermouth del bolsillo.

-- Aquí tengo la copia, además de la llave de mi cuarto, de los baños... todas las de mi hogar.

-- Interesante. Quiero ver ese llavero. -- Pidió.

-- Ten. Cuídalo con tu vida.

Se lo pasó, girando el volante porque ya casi habían llegado.

-- Está súper.

-- Gracias. Son Leathermouth, una banda increíble.

-- Los escucharé.

-- Qué bueno. Ahora bajémonos, que ya llegamos.

Se bajaron velozmente. Era un gran garaje abierto donde los estudiantes estaban de pie, intentando ponerse de acuerdo, pero aparentemente que no lo lograban.

-- Te lo dije. Un desastre. -- Recordó Joseph ante la discusión de los demás.

Ana los miró desde afuera, recordando los viejos tiempos en las aulas. Se sintió feliz de volver a verlos, pero no se arrepiente de haberse retirado de la universidad.

-- Jefferson, Elena, Alan. -- Repasó sus nombres con facilidad.

No duró mucho tiempo afuera, y entró corriendo junto a Joseph.

Elena y Alan reñían por cómo se haría el techo de la fábrica, y Jefferson intentaba calmarlos. Ana reconoció el timbre de sus tonos de voz. El de Elena tan alternativo, el de Jefferson apacible, y el de Alan mandamás.

-- Chicos... llegó Ana. -- Anunció Joseph.

Nadie le prestó atención.

-- (Elena) ¡Te estoy diciendo que así queda mal, Alan! Pero tú nunca me escuchas.

-- Pero ¿cómo vas a saber que queda mal si no lo has probado?

-- Porque el año pasado...

-- (Jefferson) Muchachos, por favor...

-- (Joseph) ¡Hey! Ya cállense todos. Giren sus malditas cabezas para acá. ¡Ya llegó Ana!

Todos voltearon sorprendidos.

Elena fue la primera en venir a darle un abrazo. Los demás se acercaron después, más tímidos.

-- (Elena) Chica, nos abandonaste sin decir ni una palabra.

-- Lo siento mucho, estaba con lo del Project Revolution...-- Explicaba Ana.

-- (Jefferson) ¿Fuiste?

-- Sí.

-- (Alan) ¡Wou! Súper.

-- ¿Cómo siguen las clases? -- Preguntó Ana; no sólo porque le importen sus compañeros, sino también para saber si ha habido cambios.

-- Pues... déjame ver. -- Pensaba Alan. -- El viejo Lennon está más cool. Ya no manda tanta tarea.

-- ¿El profesor Lennon? -- Se emocionó-- Oh, él era el mejor. Imagino que sigue siéndolo. Aw... quisiera pasar a saludarlo.

-- (Elena) Pues hazlo.

Jefferson cambió de tema bruscamente.

-- Stacy reprobó Contaduría.

-- (Ana) No puede ser.

-- En serio.

-- Ah, sí, de nuevo muchas gracias por ayudarme con esa. -- Agradeció Elena.

-- (Alan) Hudson se cortó el pelo.

-- (Elena) ¡Le quedó horrible!

-- (Jefferson) Parece una medusa.

Empezaron a reírse.

-- Disculpen, -- Interrumpió Joseph -- Ana tiene que ir a una conferencia, y tiene poco tiempo.

Los tres se sorprendieron. Ana afirmó con la cabeza, y de inmediato tomó una libreta que había en una de las dos mesas, para empezar a organizar las cosas.

-- ¿Conferencia? -- Preguntó Alan.

-- Sí, bueno...-- Respondía Joseph -- Ella es una empresaria.

  • - ¿Qué? -- Se extrañaron todos.

-- No es cierto...-- Aclaraba Ana sonrojada, mientras trazaba ciertos planes.

-- Jmm...-- Sospechaba Elena.

Ana levantó la cabeza, y preguntó con la libreta en las manos.

-- ¿Cuál es el escenario de la maqueta? ¿Hay más de uno?

-- Uno solo. -- Respondía Alan -- Una ciudad, pero muy urbana. Tipo New York.

-- ¿Y cuál es el tema?

-- (Elena) Toda la electricidad que la humanidad gasta. Es decir, bombillos por todas partes.

-- ¿Incluye la energía de los electrodomésticos?

-- No. -- Respondió Joseph.

-- ¿Cuenta la luz en el interior de las casas y edificios?

-- Sí. Además de los ojos de gato de las autopistas, los postes...

-- Bien. Esto es lo que harán.

Se tomó su tiempo para formular el plan, y lo expuso. Al terminar, empezó a repartir las responsabilidades entre los integrantes, adecuándolas según convenga a cada uno.

-- Son cuatro puntos. -- Proseguía. -- Edificación: hará los planos realidad. Se encarga de todo lo que es estructura. El punto es de Joseph. Infraestructura: Se encargará de que todos tengan lo que necesiten para el trabajo. Además, éste ayudará con las bases de las casas y edificios. Para ti, Jefferson. Diseño: Se encarga de que todo luzca pulcro, realista y original. Cuida y mejora cada detalle de los demás. Todo tuyo, Elena. Por último, está el técnico: se encargará de aplicarle la electricidad a los bombillitos, de todo tipo y tamaño. El turno de Alan.

>>Con respecto a la instalación de los bombillos, son varios tipos. Los de navidad me suenan a Elena, y los grandes le convienen a Jefferson. A Alan le gustan las miniaturas, perfecto para los nano focos. Los reflectores se los dejan a Joseph. Listo. ¿Todos de acuerdo?

Todos estaban atónitos. Pasmados.

-- ¡Por supuesto! -- Aceptó Joseph. Todos se unieron.

-- (Alan) Tú sí sabes.

-- (Elena) Estuviste genial. Debiste verte.

-- En serio me asustas. ¿Cuántos años tienes? -- Preguntó Joseph.

-- (Jefferson) Gracias por ayudarnos tanto. Espero que no suene como que te estoy echando, porque en lo absoluto, pero ¿qué hay de tu conferencia?

-- God! No, Jeff, no suena así. Más bien gracias por acordarme.

Consultó la hora con su celular.

-- Aún me quedan veinte minutos. Si son diez minutos de traslado y cinco entrando al sitio, entonces me quedan cinco minutos.

-- (Elena) Ya veo por qué Lennon te quiere.

Alan lanzó una mirada presuntuosa.

-- Mm... ¿cinco minutos? -- Planeaba.

-- (Ana) Un aproximado.

-- Entonces ven a ver algo.

Se levantó de la silla, y caminó hasta la otra mesa. Buscó su bolso.

-- Mira esto.

Sacó una carpeta. Ana se extrañó, y llenó de curiosidad. Dejó la libreta en la mesa, y fue hasta Alan.

-- Bajé esta información de internet. No tenía nada que hacer, así que te busqué en algunas páginas. Hice lo mismo con Elena y Alan, pero ninguno tuvo nada tan escandaloso.

Ana estaba indagando un poco nerviosa. Alan sacó unas hojas en blanco, exámenes, ensayos... hasta que consiguió las páginas. Eran puros escritos sobre lo que se conocía mundialmente de la novia de Frank Iero. Su trabajo, sus estudios, sus talentos...

-- Eres tú. -- Recalcó con entusiasmo.

Ana quedó muy sorprendida.

-- También vi las fotos, pero no tengo tanta tinta en la impresora. --Agregó.

Ana tomó las hojas, y las leyó superficialmente. No podía creer que hasta sus propios compañeros de Harvard fueran capaces de averiguar sobre ella. Tenía muchos pensamientos, pero no tuvo oportunidad de decirlos antes de que Alan continuara.

-- Ahora hay un rumor. Lo leí en un foro.

-- (Elena) Sí, yo también lo leí. -- Se emocionó. Realmente parecía muy interesada en averiguar si era cierto.

-- La mayoría de esos malditos rumores son mentiras. -- Señaló Joseph.

-- Es cierto. -- Apoyó Jefferson.

-- Pero a mí me tiene muy intrigada. -- Expresaba Elena, entre gestos de exaltación.

-- (Alan) Bueno, mejor se lo preguntas tú. --Le respondió.

-- ¿Qué? No. -- Se negó. -- Se vería feo.

-- Se ve peor un hombre preguntando ese tipo de cosas.

-- Pero no quiero hacerlo...

-- ¿Qué cosa? -- Preguntó Ana llena de ansias. Muchos rumores suelen ser peligrosos, y si es así sería mejor aclarar las cosas.

-- (Alan) Vamos, Helen.

Elena respiró hondo. Tenía mucha vergüenza.

Ana se sintió bien por el dulce sonido del apodo de la abuela de Gerard y Mikey. "Helen".

-- Jmm... está bien. -- Aceptó.

-- Ana...-- Se acercaba temerosa Elena. --... ¿e-es-- Tartamudeó -- cierto que terminaste con Frank? -- Terminó de preguntar corridamente.

Hubo un silencio. Ana no iba a ser quien lo rompiera. Buscaron la manera de hacerlo.

-- Vamos, Ana. -- Animó Jefferson. -- ¿Qué mejor manera de saberlo que de ti?

-- Buen punto. -- Apreció Joseph.

-- ¿Quieres que leamos una gran mentira de los medios? -- Apuntó Jefferson.

-- Tal vez. -- Escogió Ana.

  • - ¡No...! -- Se desilusionaban.

-- Ana, por favor...-- Rogó Elena. -- Piensa en mi nombre.

Sabe lo mucho que a Ana le gusta.

-- Tonta. -- Le nombró Ana jugando.

-- (Jefferson) Dinos.

-- (Alan) Hey, déjenla.

-- (Joseph) Si no quiere decirlo, que no lo haga.

Ana se tranquilizó por el apoyo de estos dos chicos.

-- Gracias. -- Les dijo a ellos. Luego se dirigió a los demás.

-- No se preocupen, ya lo sabrán.

Hablaron un poco más, y Ana decidió partir. Se despidió y les deseó suerte con la universidad, y mandó saludos al profesor Lennon.

Con cuatro de los cinco minutos agotados, puso en marcha el auto. Pasó por las calles llenas de tiendas, concentrada en llegar a su destino. Iba un minuto tarde, pero lo recuperó apresurando ligeramente el paso. Finalmente llegó al borde de ir tarde. Todos ya habían llegado, pero sólo conversaban libremente.

Pasó a la oficina, aliviada de no ver al apuesto manager, porque así no sabría que llegó ligeramente tarde. Quería quedar bien con él, y además jamás había llegado tarde.

Saludó a Swan y a Hunter, quienes estaban más emocionados que nunca. Su alegría le ponía nerviosa. ¿Qué podrá ser?

Siguió sus pasos, y caminó un poco más hacia donde estaban las otras pocas personas presentes. Conversó un poco con ellas, y se devolvió a donde estaban Swan y Hunter. Se sentó a su lado, los tres esperando al manager.

Estaban en el mismo lugar de la mesa, centrados, como si ellos fueran el centro de atención.

El manager abrió la puerta. Todos en la oficina se levantaron.

-- Buenas tardes. -- Saludó. -- Tomen asiento.

Todos se sentaron, los tres colegas de maquillaje esperando la propuesta mirando fijamente al manager.

Tenía puesto un traje formal color gris, y una corbata roja, que combinaban perfectamente. Su oscuro cabello estaba arreglado de forma desordenada y perfecta, un peinado moderno y juvenil, que hacía notar que aunque no es un muchacho, es muy guapo. Despedía un olor muy pulcro y agradable, esencia de hombre.

-- Me alegra que hayan asistido los tres. -- Les dijo. -- Es algo muy importante.

Swan sonrió de forma tonta y derretida, y Ana disimuló mejor con su amplia y encantadora sonrisa. Hunter las miró con envidia. Sabe que no es tan galán como el manager.

Mientras el manager tomaba asiento, Ana se decidió a preguntarle en voz baja a Swan por qué la emoción sobre esta conferencia, en parte para hacerla reaccionar.

-- Rachel, ¿qué sucede? ¿Por qué estás tan inquietada?

-- Es que yo voy a aceptar. -- Le susurró.

Ana sólo se extrañó aún más.

Una secretaria llegó a la oficina sosteniendo una bandeja llena de tazas de café. Las repartió, y se retiró. Ana le dio un sorbo silenciosamente, notando lo caliente que estaba. El manager lo probó, pero lo posó de nuevo sobre la mesa para levantarse. Así empezó a exponer la proposición.

Cuando la conferencia tenía media hora de empezada, la propuesta ya estaba bien explicada.

Se planteó que ellos tres, los mejores maquillistas que tuvieron durante su estadía, siguieran trabajando definitivamente con Rammstein. Se fueran a vivir a Alemania, con todos los gastos pagados, como los maquillistas oficiales de la banda.

-- Por supuesto. -- Aceptó Rachel.

-- Excelente, Swan. -- Felicitó uno de los asesores.

-- ¿Hunter? -- Preguntó el atractivo manager.

Se notaba que el referido tenía tiempo pensándolo.

-- Sí. -- Aceptó también.

Los asesores se alegraban.

-- ¿Black? -- Preguntó por último el manager, con un poco más de interés.

Ana se quedó en blanco. No es algo que se presenta todos los días. Sabe que iba quedar como la corta nota, y además que iba borrar el encantador gesto del manager, pero no podía aceptar por educación.

-- No sé qué decir. Es muy pronto. Mudarme a Europa...

-- Es una gran oferta. -- Le recordó el manager.

-- Sí que lo es. Totalmente. Pero creo que es demasiado. Sólo puedo decir que muchísimas gracias por elegirme, pero no.

-- ¿Está segura? -- Dijo con un aire de preocupación.

-- Sí.

Hubo un silencio.

-- (Ana) Lo siento.

-- No hay problema. -- Respondió él con seguridad.

Todos los demás en la oficina estaban atónitos y silenciosos.

-- Pero tienes un gran talento, no sólo en maquillaje. -- Proseguía el manager--  En Europa será bien aprovechado. Espero que sepas lo que estás rechazando.

-- Lo sé. -- Aseguró con resignación.

Thomas Johnson, el primer asesor de imagen que habló con Ana, no la dejaría ir tan fácilmente.

-- Pero no tendrás que preocuparte por muchos pagos, ni por conseguir artistas con quién trabajar. Y tendrás un futuro asegurado, que incluye vivienda, comida, lujos...

-- Se lo agradezco. Pero realmente no estoy interesada. -- Insistió Ana.

Hunter fue bien formal, pero Swan demostró un poco más su sorpresa por el rechazo de Ana.

-- Pero además, -- Continuó otro asesor la idea de Thomas-- si te preocupa el lenguaje, tendrás a alguien que traduzca, y si lo deseas, clases de alemán.

Ana pensó que eso era peligroso; si el traductor decía algo que no era.

-- No lo creo. -- Se volvió a negar.

-- A partir del cuarto mes tendrás acceso a los beneficios en caso de enfermedad, compromiso, embarazo, muerte o padecimiento de algún familiar. -- Informó el asistente del asesor.

-- Se te pagará por hora. -- Señaló Thomas.

-- Será tu trabajo fijo, pero no se te prohibirá trabajar para alguna otra fuente. --Agregó el manager.

-- El traductor estará contigo tiempo completo. -- Señaló el asesor que no había hablado.

-- Podrás viajar a Estados Unidos cuando lo necesites. -- Agregó el asistente.

-- (Thomas) Y podrás asistir a algunos eventos de la banda.

A Ana la invadían las ganas de aceptar. Realmente era una excelente propuesta. No habría problema en irse porque se fue a Canadá por un tiempo y no pasó nada; pero era muy pronto y drástico. Prefirió no arriesgarse.

-- Me parece perfecto lo que me proponen. En serio lo es. Pero prefiero quedarme en mi país, donde tengo más opciones.

Todos se resignaron. Los decepcionó.

Duraron otros diez minutos en la conferencia, y luego se despidieron. Los asesores tomaron sus portafolios, el asistente ordenó sus papeles y los metió en una carpeta, y el manager esperó atentamente a que todos salieran.

Hunter salió primero, dedicándole una mirada agradable a Swan, por la alegría de que van a trabajar en Alemania. Rachel lo siguió. Por último Ana se dirigía a la puerta para salir de la oficina, la cual estaba completamente vacía excepto por el manager.

-- Black. -- Pronunció el único presente. Ella se dio la vuelta.

Él sacó su billetera, y empezó a buscar algo.

Sorprendió a la mujer no sólo por pronunciar su nombre, sino porque al ella voltearse se consiguió con un hombre tan apuesto e intrigante esperando sólo por ella.

-- Si decides cambiar de opinión, -- Sacó una tarjeta-- contáctame.

Ana sonrió. Éstos no se dan por vencidos. Y tomó el pequeño documento.

-- Gracias.

El manager le sonrió de igual manera.

-- Piénsalo. -- Le sugirió el encantador manager.

Ana no prometió que lo haría, para no dar expectativas que no se cumplirían.

En ese momento iba a irse, pero decidió quedarse un rato más con el hipnotizador hombre.

-- ¿Y cuándo regresan a Alemania? -- Inició ella la conversación.

-- Pasado mañana.

Ana afirmó con la cabeza. No evitó la tentación, y quiso saber más sobre la propuesta. No pensaba aceptarla en lo absoluto de todas maneras, pero tenía curiosidad.

-- ¿Qué pasaría con los días feriados?

El manager se echó a reír.

-- Sí estás interesada. -- Afirmó con júbilo.

-- No...-- Impedía con agrado.

-- Está bien, tranquila.

Entendía perfectamente su curiosidad.

-- En los feriados no tienes que salir de la casa en todo el día si no quieres.

-- Genial-- Pensó Ana.

-- Vamos, anímate. -- Alentó él.

-- Tal vez si fuera menos decisivo. --Objetó.

-- Le tienes miedo a los retos.

-- No es cierto.

-- Claro que sí.

-- Claro que no.

Rieron.

-- Bueno, un poco a abandonar mi país. -- Aceptó.

-- No tengas miedo.

Infundió mucha confianza y cordialidad, al mismo tiempo brindando dulzura en sus palabras.

-- Allá te trataremos muy bien.

Ana sonrió encogidamente. Así ocultaría sus mejillas sonrojadas.

-- Eres muy bonita. -- Le dijo.

-- Gracias. -- Respondió un poco sorprendida.

-- Te encuentro muy competente para tu edad. A tu edad yo sólo iba a la universidad, y trabajaba sólo un poco.

-- ¿En qué trabajaba?

-- Vendía.

-- Disculpe la curiosidad, pero ¿qué vendía?

-- Cosas.

-- Dígame.

-- Es vergonzoso.

-- Pero fue hace años.

-- Bien... tenía un puesto de salchichas frente al instituto. Era muy útil lo que ganaba para pagar los estudios.

Él esperaba que ella se riera. Se sorprendió por su juiciosa reacción.

-- Qué tierno.

-- ¿Tierno?

-- Sí. No es vergonzoso en lo absoluto.

Él sonrió.

-- Además, las salchichas alemanas son deliciosas.

Se miraron con afición.

Una secretaria abrió la puerta del cuarto, y al ver al manager le dio el recado.

-- Señor, le llaman desde la disquera.

-- Diles que estoy ocupado.

-- ¿Les digo que está con su hija?

Ana y el manager se quedaron con los ojos abiertos como platos.

-- ¿Hija? -- Preguntó él.

Había demasiada extrañeza de parte de ellos dos.

-- Sí. -- Respondió la secretaria, un poco apurada por la llamada en espera.

-- No, no. Ella no es mi hija.

-- Ah...-- Hizo una pausa. -- parece.

-- ¿Por qué?

-- No lo sé.

-- Por favor, -- Pidió el manager siempre tan seductor-- dígame honestamente por qué parece mi hija.

La secretaria se conmovió con tanta belleza.

-- ¿Honestamente? --Repitió.

-- Así es. -- Respondió el manager.

Ana esperaba ansiosamente la respuesta. No entendía cuál era el parecido.

-- Porque los dos son hermosos y conquistarían a cualquier persona del sexo opuesto. -- Respondió muy rápidamente, apenas entendible, y salió corriendo de la oficina cerrando la puerta.

Ana estaba muy sorprendida, pero eso no evitó que se echara a reír. El manager también se empezó a reír.

-- Bueno, hija mía, -- Recalcó, provocando otras pequeñas risas-- supongo que tienes que irte. -- Titubeó con un poco de desencanto.

-- Puedo esperar un poco más.

"No porque sea mayor y atractivo significa que tiene que tiene malas intenciones. Podía tener tan buen corazón como un tímido estudiante". Esta teoría era cierta en este hombre.

Ana se dio cuenta de que todo lo bien que le había caído el manager durante el tiempo que trabajó con Rammstein, no era comparado a lo bien que le caía ahora. En un solo día parecieron fortalecer mucho su amistad.

-- Me parece bien. -- Aceptó él.

-- ¿Cómo aprendiste a hablar en inglés? -- Inquirió Ana.

-- Bueno... supongo que mis mejores maestros de inglés fueron las series de televisión.

-- ¿En serio?

-- Sí, estoy casi seguro de que me enseñaron más que los maestros reales.

-- Sorprendente.

--Y tú, ¿cómo aprendiste a hablar español?

-- Toda mi familia es latina. Aunque nací aquí, los visitaba, y aprendí muy fácil. Creo que se me olvidó un poco el inglés cuando me fui de aquí...

-- ¿Te fuiste? -- Interrumpió con sorpresa.

-- Sí, mi padre fue trasladado a México, con mi familia. Me fui a los catorce años.

-- ¿Y cuándo regresaste?

-- A los catorce.

El manager subió las cejas de la asombro, resaltando sus bellos ojos negros.

-- Sí, fue algo más temporal de lo previsto.

-- Bueno, yo deduzco el porqué.

-- ¿Por qué?

-- Porque Dios no quiso dejar a Estados Unidos sin una mujer tan hermosa.

Ana se ruborizó. Era el tipo de cosas que le decía su querido padre Edward. Aunque si no conociera tanto al manager, le causaría extrañeza.

-- Dime una cosa. -- Intimó.

-- Te escucho.

-- ¿Por qué no me has dicho tu nombre?

Él suspiró.

-- Porque pocos lo saben. Sólo se preocupan por el nombre de la banda.

Parecía triste.

-- Yo no soy así. -- Le consoló. -- Quiero saber tu nombre.

-- Eso es bueno. -- Compensó. -- Mi nombre es Heinz; pero puedes decirme Stu.

-- No puedo creer que haya pasado un mes y no hayas querido decir tu nombre.

-- Así soy yo.

Ana formuló una nueva pregunta.

-- ¿Por qué "Stu"?

-- Fue lo primero que me ocurrió, pensando en tu acento gringo.

Ana pensó que es un buen punto. En esa pausa, el guapo manager dijo encogidamente, inspirando un calor familiar:

-- ¿Te digo algo?

-- Soy toda oídos.

-- Si estuviéramos en Alemania, te diría el secreto de hacer buenas salchichas.

Ana rió encogidamente.

-- ¿Cuál es?

-- No señor. -- Impidió. -- Sólo te lo diré si te vienes con nosotros a Alemania.

-- Buen intento. -- Apreció.

MCR 'TIL DEATH..............................By: wayrocks

FIC Capítulo 55

por wayrocks
jueves, 18 de diciembre del 2008 a las 23:54
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El libro se trataría de esta novela. Sería publicado como una novela o_o qué emoción. Muchísimas gracias de nuevo a todos por pasarse, y por dejar su huella. De veras es algo importante, ya saben por qué. ¡¡¡¡¡MIL GRACIAS!!!!!!

Capítulo 55.-

A la mañana siguiente, Frank se dio una ducha a las siete y media. Se vistió de un pantalón oscuro, una franela negra y una chaqueta marrón. Se veía muy apuesto y decente.

Abrió el garaje con el método corto, presionando el botón del control tamaño llavero que abre y cierra el portón.

Encendió su auto, girando las llaves en el pestillo, y lo condujo al exterior. Volvió a presionar el botón, esperando a que el portón termine de cerrarse para irse.

Pasó por la autopista camino a casa de Jamia, sin mirar mucho a las aceras, repletas de tiendas. En una esquina, se fijó en un abasto que no suele visitar. Pensó en su madre. Ella es amante de las uvas.

Se detuvo en aquella esquina, y caminó hasta el interior del abasto. Pasó rápidamente por los angostos corredores llenos de alimentos, hasta encontrar la sección de frutas. Entre las fresas y parchitas, tomó un pequeño envase cuadrangular de plástico transparente, que contenía abundantes uvas grandes y púrpuras. Eran tres racimos colmados allí metidos.

Pasó por la caja, y lo compró sin bolsa para que se viera mejor. Lo llevó hasta su auto, abrió la puerta del conductor, y lo acomodó en el portavasos. Luego se ensambló en el asiento, y pasó el cinturón de seguridad. Metió las llaves en el pestillo, y las giró de nuevo. Pisó el acelerador, directo a su destino.

Al llegar a casa de Jamia, tocó corneta una vez, brevemente. Esperaba que Jamia saliera.

No hubo movimiento. Volvió a tocar la corneta, de nuevo sin cambio alguno. Apagó el auto, se quitó el cinturón de seguridad, y abrió la puerta a su lado.

Se dirigió a la puerta de la casa, tocando el timbre una y otra vez. Presionó constantemente el botón de la resonancia, escuchando el ruido que hace, pero sin notar movimiento en el interior del hogar. Se obstinó, y pegó su dedo pulgar al timbre sin separarlo en ningún momento, provocando un sonido molesto, fuerte y revoltoso.

Después, la cara de Jamia, floja y fastidiada, se asomó por una ventana. Irritada, abrió la puerta al reconocer al perturbador visitante. Frank se dio cuenta de que estaba en bata; de esas que se utilizan para dormir.

-- ¿Por qué el alboroto? -- Preguntó Jamia con ganas de matarlo.

-- Son las ocho en punto. -- Informó Frank, demostrando ser juicioso al no enojarse por el comportamiento de Jamia.

-- ¿Y qué diablos quieres que haga?

-- ¡Se te olvidó! ¡No sé porqué siento que ya lo sabía! Jamia, hoy vamos a decirle a mis padres sobre el compromiso. Te lo dije, te lo dije.

-- ¡Ay, qué fastidio!

-- Sabías que debíamos desayunar con ellos, y que esto era importante para mí. Incluso debería serlo para ti. -- Repuso Frank con mucho disgusto y decepción.

-- Pues quiero dormir, y si voy ahora a la casa de tus padres, no descansaré. Ayer pasé todo el día trabajando.

-- Jamia, -- Le dejaba bien claro, inclinándose al enojo-- yo estaba contigo cuando "trabajaste". Lo que no es lo mismo, yo te arreaba. Y no podemos ir más tarde, porque si vamos a darles una noticia explosiva, que sea de la manera en que a ellos les gusta. Un desayuno. -- Aquello último lo dijo sumisamente, demostrando mucho respeto a sus progenitores.

-- Te vas a casar, y ya. No es nada explosivo.

-- Oh sí, sí lo es. Ellos están acostumbrados a aquella novia que querían de verdad, y con la me veían futuro. No sólo sabrán que ella ya no existe, sino que me casaré con otra. ¡Son mis padres! Métete eso en la cabeza.

-- Y tú métete en la cabeza que no estoy para servirte.

Hubo un silencio.

Frank lo rompió con mucha firmeza.

-- Yo te he servido, te he comprado tus antojos, te he aceptado todo lo que haces, y si quisieras presentarme a tu familia, iríamos sin dudarlo. Si quieres complacerme aunque sea en lo más mínimo como tu prometido que soy abre la desgraciada puerta y arréglate como si fueras a ver a la reina Isabel III.

No hubo más palabras. Jamia abrió la puerta amargada y de mala gana. Frank pasó al interior de la casa, y se sentó en el mueble más cercano.

-- Por favor, apúrate. -- Pidió demostrando lo importante que era.

Jamia lo ignoró, y siguió de largo su camino al baño.

Luego de darse una ducha, y arreglarse de manera presentable, Jamia salió con Frank al frente de la casa. Cerró la puerta de entrada y le pasó el seguro, continuando la caminata hasta el carro de Frank.

Se ensamblaron en éste. Frank encendió el motor, pero no arrancó sin antes revisar las uvas. No vaya a ser que se calentaron demasiado.

-- ¿Qué son? -- Preguntó Jamia en tono bajo y amargo, al ver la observación que hizo Frank a aquel envase transparente.

-- Uvas.

-- Mm... dame un racimo.

-- Disculpa, son para mi madre.

-- Pero yo quiero. -- Objetó.

-- No, Jamia, éstas no. Camino de regreso podemos comprar otras.

-- Dijiste que habías comprado mis antojos. Déjame decirte que no lo estás haciendo. Y recuerda que estoy embarazada.

-- Lo sé. -- Dijo frustrado. -- Lo tengo bastante claro. Ese hecho lo tengo en mi mente todo el día y toda la noche. Pero aún así no te daré las uvas de mi madre. Sé que tienes antojos, y no te preocupes, los compensarás luego, pero compórtate en casa de mis padres.

-- Jum. -- Refunfuñó.

Frank golpeó con sus nudillos la puerta de la casa de sus padres. Esperaba con la posición correcta, con la espalda recta, y la pequeña caja en mano. A su lado, Jamia estaba indiferente. Frank esperaba que se comportara mejor una vez que estén adentro, para que a sus padres se les haga más fácil asimilar las cosas.

Se percibió cierto sonido cuando el seguro de la puerta fue quitado. En ese momento Jamia acomodó su espalda a recta, posición perfecta, sonrisa pulcra. Así la vio la señora Iero.

-- Hijo. -- Saludó Linda Pricolo con sorpresa.

Seguidamente tomó su rostro, y le dio un beso en una mejilla.

-- Hola, mamá. -- Respondió él, con sensatez y afecto.

-- Jamia. -- Expresó la señora casi preguntando.

Su extrañez era grande, pero su educación más. La saludó, con mucha extrañeza un poco disimulada. La iba a dejar pasar a la casa, con gran cortesía, ya que está segura de que Frank le explicará qué hace ella aquí.

Se arrimó a un lado de la puerta, para dar paso a la pareja.

-- Señora Iero, ¿cómo está? -- Preguntó Jamia con un gesto inocente y agradable.

-- Muy bien, gracias. -- Respondió ella de la misma manera.

Frank no quería pensar mal de Jamia por su repentino cambio, así que confió en que se alegró al ver a su madre. Se animó a preguntarle a ésta por su vida.

-- ¿Cómo has estado estos días, Linda?

-- Todo ha estado bien. Todo tranquilo. ¿Y cómo has estado tú?

Frank tragó saliva. Pensó en la respuesta real que no le diría. "Bueno, en realidad he estado muy estresado planeando mi boda".

-- Bien, supongo. -- Se decidió a decir tras un silencio pensativo.

-- (Jamia) ¿Y qué hacen?

-- Poniendo la mesa. Oh, llegan a tiempo para el desayuno. -- Les invita amablemente.

-- Muchas gracias. -- Correspondió Frank, soltando una mirada cariñosa.

Se estaba olvidando de los nervios. Era el momento adecuado para acordarse de lo que lleva en las manos.

-- Ah, sí, te traje esto. Sé que te encantan.

Mostró el envase de uvas.

-- Ay, hijo, muchas gracias. -- Reaccionó con emoción.

Frank se las dio, y ella lo tomó lentamente, estudiando la caja. Posó sus manos en un borde, y despegó la tapa. Arrancó una uva de uno de los racimos, y se la llevó a la boca.

-- Deliciosa. -- Informó saboreándola con discreción.

-- Cariño, ¿quién llegó a la casa? -- Preguntó Cheech Iero acercándose a la entrada. Abrió más sus ojos al ver a Frank, en muestra de simpatía, mientras sus labios enarcaban una sonrisa.

-- Frankie. -- Dijo en tono alegre. -- ¿Cómo estás, hijo?

Se acercó con un aire familiar.

-- Bien, papá. ¿Cómo estás?

El señor llegó a él, con los brazos abiertos. Se dieron un abrazo.

Mientras se frotaban la espalda en señal de afecto con una sonrisa en el rostro, Jamia miraba fijamente a Linda, con los ojos entrecerrados intimidantes, mientras ésta no se daba cuenta por estar contemplando a padre e hijo. Arrancó otra uva del racimo, y se la llevó a la boca. Jamia estudió cada movimiento de ella con la mirada amenazante, percibiendo con exactitud la mordida que le dio a la uva. Logró cambiar esa mirada por completo cuando Linda volteó a ella. En ese momento, ya su mirada era serena y dulce. Le sonrió con mucha falta de naturalidad y sinceridad.

En la mesa redonda servida de suculenta comida preparada por Linda, estaban sentadas las dos parejas, aún sin tocar los alimentos. La comida estaba dispersada ordenadamente. El pollo en el centro, a los lados las dos ensaladas; una agria de vegetales, y otra suave de gallina, el puré de papas en frente, el pan detrás en una cesta, y el jugo de fresa en un borde.

-- Madre, esto está como para un almuerzo.

-- Lo sé. -- Respondió muy confiada. -- Estoy probando el libro de recetas, y no esperé hasta el mediodía. Hoy cociné pollo a la vinagreta.

-- Jamás había escuchado algo así.

-- No digas nada hasta probarlo.

Frank tomó la ensalada agria, y se sirvió una porción.

-- Y díganme, -- Indagaba Cheech-- ¿a qué se debe esta inesperada visita?

Los jóvenes se quedaron en silencio.

-- No me malinterpreten...-- Repuso-- sólo quiero saber si hay algo que quisieras decirnos, Frank. Pero tranquilo, esto es agradable.

Frank se preparaba para hablar. Subió un poco la cabeza, y aclaró silenciosamente su voz. Cheech estiró sus brazos, con un cuchillo. Con una mano tomó un muslo del pollo; y con la otra lo cortó. Seguidamente se lo llevó a la boca.

-- Padre, madre, -- Formalizaba Frank-- como ya la conocen, esta es Jamia Nestor... mi prometida.

Inmediatamente Cheech dejó de masticar. Linda se quedó completamente inmóvil, con la mirada clavada en Frank. Tanto Jamia con Frank se lo esperaban. Es una reacción chocante, pero entendible.

El silencio se prolongó más de lo que Frank hubiese querido. Cheech terminó de masticar el pollo sólo para tragar. Linda seguía sin moverse, pero bajó la mirada. Cheech estaba dispuesto a hablar.

-- Esto es realmente sorprendente. Ella es tu ex novia... y tenías una novia muy linda. ¿Qué pasó?

Linda suspiró de manera entrecortada. Acomodó un poco su cuerpo para alejarse de aquella tensión.

-- Sí, hijo. -- Continuaba la idea. -- Explícanos qué pasó con Ana.

-- Bueno...-- Vacilaba-- terminé con Ana, y volví con Jamia.

Tomó la mano Jamia de. Era por educación ante sus padres, y para lucir convincente.

-- (Linda) ¿Pero por qué terminaste con Ana?

Arrugó su frente, expresando claramente que esto le parece fuera de lugar.

-- ¿Y cómo volviste a enamorarte de Jamia? -- Objetó Cheech.

No parecían aceptar el hecho de que Frank ya no esté con Ana, lo que era apoyado por el hecho de que estaban muy confundidos por tal noticia.

-- (Cheech) ¿Y se van a casar tan pronto?

-- (Linda) ¿Estás seguro de esto? Sin ofender, cariño. -- Se disculpó con Jamia.

-- Padres, -- Les calló Frank cautelosamente. Se detuvo antes de proseguir con la oración -- por favor.

[Silencio]

-- ¿No se alegran por mí? -- Señaló.

Los Iero se miraron paralizados, con los ojos abiertos de par en par. Pero tan plenamente sorprendidos, al fijarse en la preocupación del rostro del otro, fue como mirarse a un espejo. Pensaron que estaban siendo injustos al reaccionar así frente a los jóvenes. Las arrugas en sus rostros se desvanecieron lentamente, y sus gestos se relajaron. Linda volteó primero hacia los prometidos.

-- Claro que sí nos alegramos, hijo.

La incomodidad se tornó a alivio de parte de todos menos Jamia. Ella era la única que no estaba tiesa ni incómoda, sin preocupación alguna. Los demás sí; Frank, esperando la reacción que tendrían sus padres, ellos, por el hecho de que su hijo se case radicalmente.

-- Ella también es bonita. -- Se consoló Cheech.

No fingía cuando lo dijo, pero tampoco hablaba completamente en serio. Comparar a Jamia con el atractivo y hermosura que posee Ana es algo muy difícil.

Linda se llenó de sentimiento. Se dio cuenta verdaderamente de que estaba en frente de la prometida de su hijo.

Estiró su brazo suavemente, y lo posó en el rostro de Jamia. Lo acarició delicadamente, con el cariño familiar con el que debía hacerlo como madre. Lograba olvidarse de Ana. Cheech, en cambio, no la sacó de su cabeza. De todas formas fue muy amable con Jamia, aceptándola.

Comenzaron con el desayuno-almuerzo. La reunión se tornaba cálida y encantadora. Jamia se ganó de nuevo la simpatía de los señores. Resultó ser aceptable a sus ojos.

Por supuesto, no era totalmente acogedora ni "normal" la situación, pero era mejor de lo que Frank esperaba.

-- Fue un placer comer con ustedes. -- dijo Jamia, terminando de devorar el puré.

-- Igualmente, querida. -- Correspondió Linda.

Se despidieron, y Cheech acompañó a Frank y a Jamia a la puerta. Le dio un abrazo de despedida a su hijo, y abrazó también a Jamia. Ella no abrió sus brazos, ni tomó su espalda durante el abrazo. Ni siquiera se movió.

Se fueron los jóvenes, dándole espacio al señor para volver a la mesa donde Linda aún seguía sentada. Notó su gesto esperanzado.

-- ¿Crees que vayan a ser felices juntos?

-- Claro. -- Dijo un poco indignada. -- Se ven muy bien juntos. Estoy feliz.

El argumento fue expresado con un tono de voz seguro, pero un gesto no cien porciento convencido. Cheech quería creerle, pero la conoce demasiado.

-- Estás mintiendo.

-- No es cierto. -- Revotó.

Cheech la miró pretenciosamente.

-- A ver, y tú ¿qué opinas? -- Linda volteó la situación.

-- No lo sé.

Linda se sorprendió por la honesta e inmediata respuesta de su esposo.

-- Es que... esto es muy extraño. Creo que aquí hay gato encerrado.

-- Cheech. -- Le reclamó.

-- En serio. Jamia es agradable y todo, pero ¿por qué terminaría con aquella chica tan sencilla y dulce para estar con ella?

-- Tal vez quería una chica más madura.

-- Ana era más madura. Y cuando la aceptaste, se mostró mucho más feliz, sensatamente. Es como si nuestro hijo fuera de verdad lo más importante para ella. Jamia está bien, la acepto, pero algo aquí no me cuadra.

Linda lo miró con aceptación. Era un argumento válido. Se levantó de la silla, y al llegar a él acarició su espalda.

En el camino al auto, Jamia tomó de nuevo la mano de Frank. Frank no la soltó, pero se sintió mucho más incómodo de lo que podía haber imaginado. Su rostro de frunció con seriedad y desagrado, cuidando de que Jamia no lo vea.

Se acercaba el mediodía. Ana se dio una ducha, vistió y arregló para la conferencia. Parada frente al espejo de la peinadora, acomodaba su correa sin pensar en otra cosa sino en qué rayos se basaba esta conferencia. ¿Sería una noticia? ¿Una propuesta? ¿Un beneficio? ¿Una consecuencia de su trabajo? O algo más remoto, ¿Un asenso? Seguía intrigada, y cada vez más. Decidió no perturbarse, ir fresca, permitir que por primera vez la tomen por sorpresa. Intentando convencerse de esta teoría, la practicaba camino a Central Place.

El celular ya le estaba hartando, y por eso había decidido dejarlo en el apartamento.

Pendiente de las luces cambiantes de los semáforos, ella lograba ver que muchas de las personas hablaban por teléfono. Analiza. Se dirige a una conferencia con sus jefes, y no tiene idea de de qué van a hablar. Tal vez quieran establecer comunicación con su teléfono. Sí, se convenció, y dio vuelta en "U". No había transitado mucho, así que sólo perdería un par de minutos.

Al llegar a su apartamento, buscó rápidamente el aparato, y así mismo se devolvió al pórtico. Abrió la puerta del conductor de su carro, se acomodó en el asiento, y se pasó de nuevo el cinturón de seguridad. A punto de emprender marcha, creyó ver a uno de sus ex compañeros de la universidad corriendo a lo largo de la acera con dirección a la segunda cuadra de la serie de apartamentos. Pisó el acelerador suavemente, recorriendo la cuadra para llegar a él.

-- ¿Joseph?

-- ¡Ana! -- Exclamó, cansado por todo lo que había corrido.

Ella detuvo el auto. Se quitó el cinturón de seguridad, y se bajó del auto. Corrió hasta él.

-- ¿Qué haces aquí? Digo, ¡hola!

Se dieron un breve y cálido abrazo.

-- Estás empapado, amigo. -- Le informó. -- ¿Qué pasa?

-- Vine a buscarte. -- Respondió jadeando.

-- ¿Y eso? ¿Pasó algo?

-- Bueno, vamos a hacer una maqueta, y necesitamos quien nos organice. Todo allá es un desastre.

Tomó aire profundamente, porque había dicho muchas palabras sin respirar.

-- Ay, discúlpame, pero...

-- Vamos, tú sabes hacerlo.

-- Pero tengo una conferencia.

-- ¿Una qué? ¿Qué edad tienes tú? Nosotros jamás hemos hecho una conferencia. Yo ni siquiera tengo trabajo.

Ana rió encogidamente.

-- Por favor. --Suplicó.

Ana pensó un poco. Si necesitan de su ayuda, seguramente se trataba de un profesor muy exigente. Miró el reloj en la muñeca de Joseph, y supo que aún tiene un poco más de media hora.

-- Bien, pero será rápido.

-- ¡Gracias!

-- No hay problema. ¿Dónde es?

-- Aquí, -- Señaló Joseph hacia atrás con su brazo. La dirección no era demasiado lejana-- a cinco cuadras.

-- Vamos en mi carro. -- Prospuso.

Joseph caminaba lento para respirar mejor, dirigiéndose al vehículo.

-- Apúrate.

Ana no quería ser incomprensiva, pero si quiere ayudarles, debe agilizar el tiempo. Se sentaron en los asientos delanteros, y cerraron las puertas. El auto arrancó, con dirección dirigida por Joseph. Cuando Ana ya había emorizado el destino, hubo un silencio en el que se escuchaban las ruedas del auto.

-- Esto es raro. --Señaló él.

-- ¿Qué cosa?

-- Qué esté en un auto, y sea la chica quien conduzca.

-- Machista.

-- No, no... hey. -- Se interrumpió. -- ¿Qué tienes aquí? -- Preguntó señalando la guantera.

-- ¿Allí? Nada.

-- Oye, yo inventé ese truco.

-- Bien...-- Admitió.

Joseph abrió la guantera, y registró lo que contenía, curioso como solía serlo en la universidad. No se le hizo difícil encontrar el juego de llaves que tenía un solo instrumento metálico. Lo sacó y estudió.

-- ¿Qué es esto?

Al terminar de preguntar, se dio cuenta de que la respuesta era obvia.

-- Un juego de llaves. -- Respondió Ana educada pero irónicamente.

-- ¿Y por qué tiene una sola llave?

-- Porque sirve para una sola puerta.

La ironía estaba muy bien disimulada.

-- ¡No me tomes el pelo!

Risas.

-- Es la llave original de mi apartamento.

Sacó su preciadísimo llavero de Leathermouth del bolsillo.

-- Aquí tengo la copia, además de la llave de mi cuarto, de los baños... todas las de mi hogar.

-- Interesante. Quiero ver ese llavero. -- Pidió.

-- Ten. Cuídalo con tu vida.

Se lo pasó, girando el volante porque ya casi habían llegado.

-- Está súper.

-- Gracias. Son Leathermouth, una banda increíble.

-- Los escucharé.

-- Qué bueno. Ahora bajémonos, que ya llegamos.

Se bajaron velozmente. Era un gran garaje abierto donde los estudiantes estaban de pie, intentando ponerse de acuerdo, pero aparentemente que no lo lograban.

-- Te lo dije. Un desastre. -- Recordó Joseph ante la discusión de los demás.

Ana los miró desde afuera, recordando los viejos tiempos en las aulas. Se sintió feliz de volver a verlos, pero no se arrepiente de haberse retirado de la universidad.

-- Jefferson, Elena, Alan. -- Repasó sus nombres con facilidad.

No duró mucho tiempo afuera, y entró corriendo junto a Joseph.

Elena y Alan reñían por cómo se haría el techo de la fábrica, y Jefferson intentaba calmarlos. Ana reconoció el timbre de sus tonos de voz. El de Elena tan alternativo, el de Jefferson apacible, y el de Alan mandamás.

-- Chicos... llegó Ana. -- Anunció Joseph.

Nadie le prestó atención.

-- (Elena) ¡Te estoy diciendo que así queda mal, Alan! Pero tú nunca me escuchas.

-- Pero ¿cómo vas a saber que queda mal si no lo has probado?

-- Porque el año pasado...

-- (Jefferson) Muchachos, por favor...

-- (Joseph) ¡Hey! Ya cállense todos. Giren sus malditas cabezas para acá. ¡Ya llegó Ana!

Todos voltearon sorprendidos.

Elena fue la primera en venir a darle un abrazo. Los demás se acercaron después, más tímidos.

-- (Elena) Chica, nos abandonaste sin decir ni una palabra.

-- Lo siento mucho, estaba con lo del Project Revolution...-- Explicaba Ana.

-- (Jefferson) ¿Fuiste?

-- Sí.

-- (Alan) ¡Wou! Súper.

-- ¿Cómo siguen las clases? -- Preguntó Ana; no sólo porque le importen sus compañeros, sino también para saber si ha habido cambios.

-- Pues... déjame ver. -- Pensaba Alan. -- El viejo Lennon está más cool. Ya no manda tanta tarea.

-- ¿El profesor Lennon? -- Se emocionó-- Oh, él era el mejor. Imagino que sigue siéndolo. Aw... quisiera pasar a saludarlo.

-- (Elena) Pues hazlo.

Jefferson cambió de tema bruscamente.

-- Stacy reprobó Contaduría.

-- (Ana) No puede ser.

-- En serio.

-- Ah, sí, de nuevo muchas gracias por ayudarme con esa. -- Agradeció Elena.

-- (Alan) Hudson se cortó el pelo.

-- (Elena) ¡Le quedó horrible!

-- (Jefferson) Parece una medusa.

Empezaron a reírse.

-- Disculpen, -- Interrumpió Joseph -- Ana tiene que ir a una conferencia, y tiene poco tiempo.

Los tres se sorprendieron. Ana afirmó con la cabeza, y de inmediato tomó una libreta que había en una de las dos mesas, para empezar a organizar las cosas.

-- ¿Conferencia? -- Preguntó Alan.

-- Sí, bueno...-- Respondía Joseph -- Ella es una empresaria.

  • - ¿Qué? -- Se extrañaron todos.

-- No es cierto...-- Aclaraba Ana sonrojada, mientras trazaba ciertos planes.

-- Jmm...-- Sospechaba Elena.

Ana levantó la cabeza, y preguntó con la libreta en las manos.

-- ¿Cuál es el escenario de la maqueta? ¿Hay más de uno?

-- Uno solo. -- Respondía Alan -- Una ciudad, pero muy urbana. Tipo New York.

-- ¿Y cuál es el tema?

-- (Elena) Toda la electricidad que la humanidad gasta. Es decir, bombillos por todas partes.

-- ¿Incluye la energía de los electrodomésticos?

-- No. -- Respondió Joseph.

-- ¿Cuenta la luz en el interior de las casas y edificios?

-- Sí. Además de los ojos de gato de las autopistas, los postes...

-- Bien. Esto es lo que harán.

Se tomó su tiempo para formular el plan, y lo expuso. Al terminar, empezó a repartir las responsabilidades entre los integrantes, adecuándolas según convenga a cada uno.

-- Son cuatro puntos. -- Proseguía. -- Edificación: hará los planos realidad. Se encarga de todo lo que es estructura. El punto es de Joseph. Infraestructura: Se encargará de que todos tengan lo que necesiten para el trabajo. Además, éste ayudará con las bases de las casas y edificios. Para ti, Jefferson. Diseño: Se encarga de que todo luzca pulcro, realista y original. Cuida y mejora cada detalle de los demás. Todo tuyo, Elena. Por último, está el técnico: se encargará de aplicarle la electricidad a los bombillitos, de todo tipo y tamaño. El turno de Alan.

>>Con respecto a la instalación de los bombillos, son varios tipos. Los de navidad me suenan a Elena, y los grandes le convienen a Jefferson. A Alan le gustan las miniaturas, perfecto para los nano focos. Los reflectores se los dejan a Joseph. Listo. ¿Todos de acuerdo?

Todos estaban atónitos. Pasmados.

-- ¡Por supuesto! -- Aceptó Joseph. Todos se unieron.

-- (Alan) Tú sí sabes.

-- (Elena) Estuviste genial. Debiste verte.

-- En serio me asustas. ¿Cuántos años tienes? -- Preguntó Joseph.

-- (Jefferson) Gracias por ayudarnos tanto. Espero que no suene como que te estoy echando, porque en lo absoluto, pero ¿qué hay de tu conferencia?

-- God! No, Jeff, no suena así. Más bien gracias por acordarme.

Consultó la hora con su celular.

-- Aún me quedan veinte minutos. Si son diez minutos de traslado y cinco entrando al sitio, entonces me quedan cinco minutos.

-- (Elena) Ya veo por qué Lennon te quiere.

Alan lanzó una mirada presuntuosa.

-- Mm... ¿cinco minutos? -- Planeaba.

-- (Ana) Un aproximado.

-- Entonces ven a ver algo.

Se levantó de la silla, y caminó hasta la otra mesa. Buscó su bolso.

-- Mira esto.

Sacó una carpeta. Ana se extrañó, y llenó de curiosidad. Dejó la libreta en la mesa, y fue hasta Alan.

-- Bajé esta información de internet. No tenía nada que hacer, así que te busqué en algunas páginas. Hice lo mismo con Elena y Alan, pero ninguno tuvo nada tan escandaloso.

Ana estaba indagando un poco nerviosa. Alan sacó unas hojas en blanco, exámenes, ensayos... hasta que consiguió las páginas. Eran puros escritos sobre lo que se conocía mundialmente de la novia de Frank Iero. Su trabajo, sus estudios, sus talentos...

-- Eres tú. -- Recalcó con entusiasmo.

Ana quedó muy sorprendida.

-- También vi las fotos, pero no tengo tanta tinta en la impresora. --Agregó.

Ana tomó las hojas, y las leyó superficialmente. No podía creer que hasta sus propios compañeros de Harvard fueran capaces de averiguar sobre ella. Tenía muchos pensamientos, pero no tuvo oportunidad de decirlos antes de que Alan continuara.

-- Ahora hay un rumor. Lo leí en un foro.

-- (Elena) Sí, yo también lo leí. -- Se emocionó. Realmente parecía muy interesada en averiguar si era cierto.

-- La mayoría de esos malditos rumores son mentiras. -- Señaló Joseph.

-- Es cierto. -- Apoyó Jefferson.

-- Pero a mí me tiene muy intrigada. -- Expresaba Elena, entre gestos de exaltación.

-- (Alan) Bueno, mejor se lo preguntas tú. --Le respondió.

-- ¿Qué? No. -- Se negó. -- Se vería feo.

-- Se ve peor un hombre preguntando ese tipo de cosas.

-- Pero no quiero hacerlo...

-- ¿Qué cosa? -- Preguntó Ana llena de ansias. Muchos rumores suelen ser peligrosos, y si es así sería mejor aclarar las cosas.

-- (Alan) Vamos, Helen.

Elena respiró hondo. Tenía mucha vergüenza.

Ana se sintió bien por el dulce sonido del apodo de la abuela de Gerard y Mikey. "Helen".

-- Jmm... está bien. -- Aceptó.

-- Ana...-- Se acercaba temerosa Elena. --... ¿e-es-- Tartamudeó -- cierto que terminaste con Frank? -- Terminó de preguntar corridamente.

Hubo un silencio. Ana no iba a ser quien lo rompiera. Buscaron la manera de hacerlo.

-- Vamos, Ana. -- Animó Jefferson. -- ¿Qué mejor manera de saberlo que de ti?

-- Buen punto. -- Apreció Joseph.

-- ¿Quieres que leamos una gran mentira de los medios? -- Apuntó Jefferson.

-- Tal vez. -- Escogió Ana.

  • - ¡No...! -- Se desilusionaban.

-- Ana, por favor...-- Rogó Elena. -- Piensa en mi nombre.

Sabe lo mucho que a Ana le gusta.

-- Tonta. -- Le nombró Ana jugando.

-- (Jefferson) Dinos.

-- (Alan) Hey, déjenla.

-- (Joseph) Si no quiere decirlo, que no lo haga.

Ana se tranquilizó por el apoyo de estos dos chicos.

-- Gracias. -- Les dijo a ellos. Luego se dirigió a los demás.

-- No se preocupen, ya lo sabrán.

Hablaron un poco más, y Ana decidió partir. Se despidió y les deseó suerte con la universidad, y mandó saludos al profesor Lennon.

Con cuatro de los cinco minutos agotados, puso en marcha el auto. Pasó por las calles llenas de tiendas, concentrada en llegar a su destino. Iba un minuto tarde, pero lo recuperó apresurando ligeramente el paso. Finalmente llegó al borde de ir tarde. Todos ya habían llegado, pero sólo conversaban libremente.

Pasó a la oficina, aliviada de no ver al apuesto manager, porque así no sabría que llegó ligeramente tarde. Quería quedar bien con él, y además jamás había llegado tarde.

Saludó a Swan y a Hunter, quienes estaban más emocionados que nunca. Su alegría le ponía nerviosa. ¿Qué podrá ser?

Siguió sus pasos, y caminó un poco más hacia donde estaban las otras pocas personas presentes. Conversó un poco con ellas, y se devolvió a donde estaban Swan y Hunter. Se sentó a su lado, los tres esperando al manager.

Estaban en el mismo lugar de la mesa, centrados, como si ellos fueran el centro de atención.

El manager abrió la puerta. Todos en la oficina se levantaron.

-- Buenas tardes. -- Saludó. -- Tomen asiento.

Todos se sentaron, los tres colegas de maquillaje esperando la propuesta mirando fijamente al manager.

Tenía puesto un traje formal color gris, y una corbata roja, que combinaban perfectamente. Su oscuro cabello estaba arreglado de forma desordenada y perfecta, un peinado moderno y juvenil, que hacía notar que aunque no es un muchacho, es muy guapo. Despedía un olor muy pulcro y agradable, esencia de hombre.

-- Me alegra que hayan asistido los tres. -- Les dijo. -- Es algo muy importante.

Swan sonrió de forma tonta y derretida, y Ana disimuló mejor con su amplia y encantadora sonrisa. Hunter las miró con envidia. Sabe que no es tan galán como el manager.

Mientras el manager tomaba asiento, Ana se decidió a preguntarle en voz baja a Swan por qué la emoción sobre esta conferencia, en parte para hacerla reaccionar.

-- Rachel, ¿qué sucede? ¿Por qué estás tan inquietada?

-- Es que yo voy a aceptar. -- Le susurró.

Ana sólo se extrañó aún más.

Una secretaria llegó a la oficina sosteniendo una bandeja llena de tazas de café. Las repartió, y se retiró. Ana le dio un sorbo silenciosamente, notando lo caliente que estaba. El manager lo probó, pero lo posó de nuevo sobre la mesa para levantarse. Así empezó a exponer la proposición.

Cuando la conferencia tenía media hora de empezada, la propuesta ya estaba bien explicada.

Se planteó que ellos tres, los mejores maquillistas que tuvieron durante su estadía, siguieran trabajando definitivamente con Rammstein. Se fueran a vivir a Alemania, con todos los gastos pagados, como los maquillistas oficiales de la banda.

-- Por supuesto. -- Aceptó Rachel.

-- Excelente, Swan. -- Felicitó uno de los asesores.

-- ¿Hunter? -- Preguntó el atractivo manager.

Se notaba que el referido tenía tiempo pensándolo.

-- Sí. -- Aceptó también.

Los asesores se alegraban.

-- ¿Black? -- Preguntó por último el manager, con un poco más de interés.

Ana se quedó en blanco. No es algo que se presenta todos los días. Sabe que iba quedar como la corta nota, y además que iba borrar el encantador gesto del manager, pero no podía aceptar por educación.

-- No sé qué decir. Es muy pronto. Mudarme a Europa...

-- Es una gran oferta. -- Le recordó el manager.

-- Sí que lo es. Totalmente. Pero creo que es demasiado. Sólo puedo decir que muchísimas gracias por elegirme, pero no.

-- ¿Está segura? -- Dijo con un aire de preocupación.

-- Sí.

Hubo un silencio.

-- (Ana) Lo siento.

-- No hay problema. -- Respondió él con seguridad.

Todos los demás en la oficina estaban atónitos y silenciosos.

-- Pero tienes un gran talento, no sólo en maquillaje. -- Proseguía el manager--  En Europa será bien aprovechado. Espero que sepas lo que estás rechazando.

-- Lo sé. -- Aseguró con resignación.

Thomas Johnson, el primer asesor de imagen que habló con Ana, no la dejaría ir tan fácilmente.

-- Pero no tendrás que preocuparte por muchos pagos, ni por conseguir artistas con quién trabajar. Y tendrás un futuro asegurado, que incluye vivienda, comida, lujos...

-- Se lo agradezco. Pero realmente no estoy interesada. -- Insistió Ana.

Hunter fue bien formal, pero Swan demostró un poco más su sorpresa por el rechazo de Ana.

-- Pero además, -- Continuó otro asesor la idea de Thomas-- si te preocupa el lenguaje, tendrás a alguien que traduzca, y si lo deseas, clases de alemán.

Ana pensó que eso era peligroso; si el traductor decía algo que no era.

-- No lo creo. -- Se volvió a negar.

-- A partir del cuarto mes tendrás acceso a los beneficios en caso de enfermedad, compromiso, embarazo, muerte o padecimiento de algún familiar. -- Informó el asistente del asesor.

-- Se te pagará por hora. -- Señaló Thomas.

-- Será tu trabajo fijo, pero no se te prohibirá trabajar para alguna otra fuente. --Agregó el manager.

-- El traductor estará contigo tiempo completo. -- Señaló el asesor que no había hablado.

-- Podrás viajar a Estados Unidos cuando lo necesites. -- Agregó el asistente.

-- (Thomas) Y podrás asistir a algunos eventos de la banda.

A Ana la invadían las ganas de aceptar. Realmente era una excelente propuesta. No habría problema en irse porque se fue a Canadá por un tiempo y no pasó nada; pero era muy pronto y drástico. Prefirió no arriesgarse.

-- Me parece perfecto lo que me proponen. En serio lo es. Pero prefiero quedarme en mi país, donde tengo más opciones.

Todos se resignaron. Los decepcionó.

Duraron otros diez minutos en la conferencia, y luego se despidieron. Los asesores tomaron sus portafolios, el asistente ordenó sus papeles y los metió en una carpeta, y el manager esperó atentamente a que todos salieran.

Hunter salió primero, dedicándole una mirada agradable a Swan, por la alegría de que van a trabajar en Alemania. Rachel lo siguió. Por último Ana se dirigía a la puerta para salir de la oficina, la cual estaba completamente vacía excepto por el manager.

-- Black. -- Pronunció el único presente. Ella se dio la vuelta.

Él sacó su billetera, y empezó a buscar algo.

Sorprendió a la mujer no sólo por pronunciar su nombre, sino porque al ella voltearse se consiguió con un hombre tan apuesto e intrigante esperando sólo por ella.

-- Si decides cambiar de opinión, -- Sacó una tarjeta-- contáctame.

Ana sonrió. Éstos no se dan por vencidos. Y tomó el pequeño documento.

-- Gracias.

El manager le sonrió de igual manera.

-- Piénsalo. -- Le sugirió el encantador manager.

Ana no prometió que lo haría, para no dar expectativas que no se cumplirían.

En ese momento iba a irse, pero decidió quedarse un rato más con el hipnotizador hombre.

-- ¿Y cuándo regresan a Alemania? -- Inició ella la conversación.

-- Pasado mañana.

Ana afirmó con la cabeza. No evitó la tentación, y quiso saber más sobre la propuesta. No pensaba aceptarla en lo absoluto de todas maneras, pero tenía curiosidad.

-- ¿Qué pasaría con los días feriados?

El manager se echó a reír.

-- Sí estás interesada. -- Afirmó con júbilo.

-- No...-- Impedía con agrado.

-- Está bien, tranquila.

Entendía perfectamente su curiosidad.

-- En los feriados no tienes que salir de la casa en todo el día si no quieres.

-- Genial-- Pensó Ana.

-- Vamos, anímate. -- Alentó él.

-- Tal vez si fuera menos decisivo. --Objetó.

-- Le tienes miedo a los retos.

-- No es cierto.

-- Claro que sí.

-- Claro que no.

Rieron.

-- Bueno, un poco a abandonar mi país. -- Aceptó.

-- No tengas miedo.

Infundió mucha confianza y cordialidad, al mismo tiempo brindando dulzura en sus palabras.

-- Allá te trataremos muy bien.

Ana sonrió encogidamente. Así ocultaría sus mejillas sonrojadas.

-- Eres muy bonita. -- Le dijo.

-- Gracias. -- Respondió un poco sorprendida.

-- Te encuentro muy competente para tu edad. A tu edad yo sólo iba a la universidad, y trabajaba sólo un poco.

-- ¿En qué trabajaba?

-- Vendía.

-- Disculpe la curiosidad, pero ¿qué vendía?

-- Cosas.

-- Dígame.

-- Es vergonzoso.

-- Pero fue hace años.

-- Bien... tenía un puesto de salchichas frente al instituto. Era muy útil lo que ganaba para pagar los estudios.

Él esperaba que ella se riera. Se sorprendió por su juiciosa reacción.

-- Qué tierno.

-- ¿Tierno?

-- Sí. No es vergonzoso en lo absoluto.

Él sonrió.

-- Además, las salchichas alemanas son deliciosas.

Se miraron con afición.

Una secretaria abrió la puerta del cuarto, y al ver al manager le dio el recado.

-- Señor, le llaman desde la disquera.

-- Diles que estoy ocupado.

-- ¿Les digo que está con su hija?

Ana y el manager se quedaron con los ojos abiertos como platos.

-- ¿Hija? -- Preguntó él.

Había demasiada extrañeza de parte de ellos dos.

-- Sí. -- Respondió la secretaria, un poco apurada por la llamada en espera.

-- No, no. Ella no es mi hija.

-- Ah...-- Hizo una pausa. -- parece.

-- ¿Por qué?

-- No lo sé.

-- Por favor, -- Pidió el manager siempre tan seductor-- dígame honestamente por qué parece mi hija.

La secretaria se conmovió con tanta belleza.

-- ¿Honestamente? --Repitió.

-- Así es. -- Respondió el manager.

Ana esperaba ansiosamente la respuesta. No entendía cuál era el parecido.

-- Porque los dos son hermosos y conquistarían a cualquier persona del sexo opuesto. -- Respondió muy rápidamente, apenas entendible, y salió corriendo de la oficina cerrando la puerta.

Ana estaba muy sorprendida, pero eso no evitó que se echara a reír. El manager también se empezó a reír.

-- Bueno, hija mía, -- Recalcó, provocando otras pequeñas risas-- supongo que tienes que irte. -- Titubeó con un poco de desencanto.

-- Puedo esperar un poco más.

"No porque sea mayor y atractivo significa que tiene que tiene malas intenciones. Podía tener tan buen corazón como un tímido estudiante". Esta teoría era cierta en este hombre.

Ana se dio cuenta de que todo lo bien que le había caído el manager durante el tiempo que trabajó con Rammstein, no era comparado a lo bien que le caía ahora. En un solo día parecieron fortalecer mucho su amistad.

-- Me parece bien. -- Aceptó él.

-- ¿Cómo aprendiste a hablar en inglés? -- Inquirió Ana.

-- Bueno... supongo que mis mejores maestros de inglés fueron las series de televisión.

-- ¿En serio?

-- Sí, estoy casi seguro de que me enseñaron más que los maestros reales.

-- Sorprendente.

--Y tú, ¿cómo aprendiste a hablar español?

-- Toda mi familia es latina. Aunque nací aquí, los visitaba, y aprendí muy fácil. Creo que se me olvidó un poco el inglés cuando me fui de aquí...

-- ¿Te fuiste? -- Interrumpió con sorpresa.

-- Sí, mi padre fue trasladado a México, con mi familia. Me fui a los catorce años.

-- ¿Y cuándo regresaste?

-- A los catorce.

El manager subió las cejas de la asombro, resaltando sus bellos ojos negros.

-- Sí, fue algo más temporal de lo previsto.

-- Bueno, yo deduzco el porqué.

-- ¿Por qué?

-- Porque Dios no quiso dejar a Estados Unidos sin una mujer tan hermosa.

Ana se ruborizó. Era el tipo de cosas que le decía su querido padre Edward. Aunque si no conociera tanto al manager, le causaría extrañeza.

-- Dime una cosa. -- Intimó.

-- Te escucho.

-- ¿Por qué no me has dicho tu nombre?

Él suspiró.

-- Porque pocos lo saben. Sólo se preocupan por el nombre de la banda.

Parecía triste.

-- Yo no soy así. -- Le consoló. -- Quiero saber tu nombre.

-- Eso es bueno. -- Compensó. -- Mi nombre es Heinz; pero puedes decirme Stu.

-- No puedo creer que haya pasado un mes y no hayas querido decir tu nombre.

-- Así soy yo.

Ana formuló una nueva pregunta.

-- ¿Por qué "Stu"?

-- Fue lo primero que me ocurrió, pensando en tu acento gringo.

Ana pensó que es un buen punto. En esa pausa, el guapo manager dijo encogidamente, inspirando un calor familiar:

-- ¿Te digo algo?

-- Soy toda oídos.

-- Si estuviéramos en Alemania, te diría el secreto de hacer buenas salchichas.

Ana rió encogidamente.

-- ¿Cuál es?

-- No señor. -- Impidió. -- Sólo te lo diré si te vienes con nosotros a Alemania.

-- Buen intento. -- Apreció.

MCR 'TIL DEATH..........................................................By: wayrocks

FIC Capítulo 54

por wayrocks
miércoles, 17 de diciembre del 2008 a las 22:58
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Capítulo 54.-

-- Ana. -- Llamó el manager de Rammstein.

Ana apresuró en maquillar con base a la cara de Christoph Schneider, el baterista, y fue al pasillo donde estaba el manager. Se detuvo una vez frente a él.

Él es alto, tiene cabello marrón muy oscuro y corto, piel clara y ojos oscuros. Su cuerpo es musculoso, pero no exagerado. Es realmente guapo. Su acento es diferente, ya que su lenguaje nativo es el alemán.

-- Te queda poco tiempo de trabajo aquí.

-- Así es.

-- Quiero tener una conferencia contigo en dos días.

-- De acuerdo. ¿En dónde?

-- El viernes toca ensayo en el estudio para la banda. Nos vemos en Central Place mientras ellos tocan.

-- Está bien. La hora del ensayo es al medio día. -- Recordó, demostrando que está bien al día sobre los horarios de Rammstein.

-- Entonces ve a la una y media. -- Pautó, sin celebrarle lo avispada que es de frente, pero realmente le pareció grandioso.

Pensó como un padre.

Sabe que hay algunos jóvenes que tienen una mente muy avivada, lo cual es excelente, pero si se los dejas claro; al igual que cual cualidad como belleza o talento, podrían pasarse de confiados y creer que son

-- Bien. ¿Algo más?

-- Sí. Avísale a Swan y a Hunter.

Ana se retiró. Terminó con Christoph mientras otro trabajador se ocupaba de su cabello.

Rammstein se fue de la residencia, rumbo a una entrevista. Ana les dio la información a sus colegas, quienes se alegraron. No entendía por qué, pero no quiso preguntar.

Durante sus finales días de trabajo, uno tras otro, Ana seguía intrigada por la conferencia. Swan y Hunter casi contaban los minutos de la emoción. Empezaba a extrañarse.

De aquí para allá, Frank empujaba a Jamia para que pudieran acabar con todo de una vez. Quería tener todo listo para no estar preocupado después, por si salen imprevistos con My Chemical Romance, Leathermouth o con Skeleton Crew. Igualmente pide opinión de los chicos para ayudarse.

Fueron a tiendas de trajes, al mercado hogareño, floristerías, licorerías y centros textiles.

-- ¿Qué tal este esmoquin, Gerard? -- Consulta Frank saliendo del probador. El traje era de color negro opaco, y lucía muy fino.

-- Híper elegante. Mucho para ti.

Frank se miró en el espejo, dio una vuelta, y seguía sin convencerse. Se adentró de nuevo en el probador, para intentar con los otros modelos que habían escogido entre Gerard y él. Salió rápidamente con un frac marrón.

-- Qué asco. Quítatelo.

Volvió al probador, y se probó otro. Salió con un flux blanco.

-- ¿Y este?

-- Es más informal. Prefiero el primero.

Se devolvió al probador, a probarse el penúltimo. Un frac marrón oscuro.

-- No me gusta.

Dio una vuelta al probador, y se cambió rápidamente. Ahora vestía un vistoso flux negro. Apenas salió, Gee lo miró de pies a cabeza, admirando su imagen. Estaba completamente absorto. El silencio de su contemplación fue roto un poco después.

-- Ése. Es perfecto. Te ves como un hombre.

Frank sabe que algo pasa.

-- Gracias, supongo. El tuyo te luce muchísimo. -- Esperó, para no ser perturbador. -- ¿Pasa algo?

Gee calló, pero no estaba pensando una respuesta, sino mirándolo.

-- Es que... mírate. Te vas a casar.

Compraron los trajes, y se fueron. Frank dejó en paz a

Gerard, y fue con Ray al mercado hogareño.

Una vez en el gran centro, Frank lo llevó directamente al área de decoraciones pequeñas que sirvieran de centro de mesa.

Trataba mejor a los chicos de lo que ellos a él, como habían acordado.

-- ¿Cuál te parece el mejor centro de mesa entre estos cincuenta? -- Preguntó Frank hablando en serio, pero en tono burlista. Sabía la reacción de Ray.

-- ¡No joda!

Frank se aguantó las ganas de reír.

-- Míralos, -- Le encargó-- luego me dices qué opinas.

Ray refunfuñó.

-- Bueno, pero déjame solo.

-- Está bien. -- Complació Frank.

-- Hey, creí que Jamia elegiría los centros de mesa.

-- Yo también, pero dijo que yo tenía mejor gusto.

Ray se echó a reír. Frank se fue a la sección de lámparas, extrañado.

-- ¡JA! Tenía flojera de hacerlo, obviamente. -- Dijo, sin  estar seguro de que Frank lo escuchó.

En la floristería, Frank pasaba indiferente por las columnas llenas de plantas, y Jamia muy emocionada las observaba a todas, en busca de cierto color.

-- Éstas me encantan. -- Expresó ella deteniendo sus pasos, habiendo encontrado lo que buscaba.

Frank también se detuvo para ver de cuáles hablaba. Entre las hortensias, los lirios y los tulipanes, tuvo que elegir las peores. Al verlas, entreabrió la boca y peló los ojos.

-- Son rosadas. -- Informó consciente de que decía algo lógico. Es que desprecia ese color, y Jamia debería saberlo.

-- Frank, no soy ciega. Sé qué color es ese.

-- Odio el rosado.

-- Sólo son flores.

Frank se indignó aún más.

-- Jamia, no soy ciego. Sé qué planta es esa. -- Repitió irónicamente. Se crisparon.

-- Además, -- Prosiguió-- son crisantemos. Apuesto que no sabías eso.

Jamia también se indignó. Se miraron intimidantes.

-- No soy jardinera para saber qué tipo de flor es. Aparte de eso, las flores de una boda deben ser lindas. El rosado es lindo.

-- Tal vez, pero no quiero rosado en mi boda. Son... rosadas. -- Recalcó despectivamente.

-- Pre-ci-sa-men-te. -- Intimó ella.

-- Me gustan ésas. -- Señaló las blancas que estaban a unos metros detrás de las amapolas.

-- ¿Las anaranjadas? Qué feas.

-- Las camelias son un clásico. Y no me refería a esas. A la izquierda.

-- ¡¿Calas blancas?! Frank, esas son para muertos.

-- Pre-ci-sa-men-te.

En la licorería, Bob estaba fastidiado esperando que Jamia se decida a hacerle una pregunta.

-- Tú debiste encargarte de los centros de mesa y Frank de esto.

-- Bueno, cada uno con su opinión.

-- Vamos, tú podrás ser alcohólica si quieres, pero no tienes cerebro para saber de licores.

-- Bob, -- Estaba muy sorprendida-- ¿qué sucede?

-- Ay, no te pongas actriz en este momento. Pero déjame decirte que te quedaba mejor cuando tenías pinta Bree Van Decamp.

Jamia se quedó callada. No estaba segura de si hablaba de la Bree de Desperate Housewives, pero no tenía dudas de que se refería aquella perfección que ya no tiene.

-- Bueno. -- Tomó dos botellas de licor. -- ¿Vino-- Elevó una-- o Whisky? -- Elevó la otra.

-- La dos. Quiero estar muy ebrio.

-- Bob... coopera.

-- ¿Qué yo coopere? Tú eres la novia. Coopera tú.

El silencio no resultaba incómodo. A Bob le resultó divertido su propio chiste.

-- Bien, los dos. -- Aceptó.

Devolvió las botellas en su estante, y tomó otras dos. Repitió el mismo proceso.

-- ¿Champaña o Martini?

-- Martini.

En uno de los centros textiles, Ray, Gerard y Frank escogieron las telas de los toldos. Mikey y Jamia se encargarían del resto. Para Mikey era un martirio aún peor que para los demás estar con Jamia. Se siente mal por su simple presencia. Pensó que tal vez si decía todo lo que pensaba, se sentiría mejor. Probó con eso, pero quiso advertirlo primero. Al volver de sus pensamientos, se dio cuenta de que Jamia ya estaba a muchos metros. Se apresuró a alcanzarla.

-- Jamia -- La llamó. Ella lo ignoró.

-- Oye, quieras o no te voy a hablar. Sólo quería decir que de ahora en adelante te diré lo que realmente pienso sin preocuparme por ser educado. -- Sonaba tonto para sí mismo, pero igual quería prevenirla.

-- Bien... anormal. -- Contestó Jamia.

-- Así que aceptas. -- Preguntó indirectamente. Tampoco quería pasarse de grosero.

-- Haz lo que quieras.

-- Bien. Te odio.

Jamia quedó boquiabierta, detenida. Siguió su camino hasta unas telas tipo lienzo azules y vinotinto.

-- ¿Cuál es mejor para los lazos de la iglesia?

-- Tu tono de voz es insoportable. El vinotinto.

-- Bien. -- Intentaba mantener la cordura, pero la sorpresa de sus palabras la invadía.

-- Para el altar necesitamos un mantel, ¿no?

-- Si te volteas se nota menos lo gorda que estás. No lo sé.

-- ¡Oye!

Caminó un poco más, y tomó dos telas.

-- ¿Ocre o blanco con marrón? Por si tu cerebro no capta, es para el altar.

-- Qué ladilla eres. Ocre.

-- Mira, engendro, me estoy cansando de este juego. -- Se llevó un mano a la cintura para pararse de lado.

-- No es un juego. Y no te vayas de lado, que te ves aún más malcriada.

-- Suficiente. Fin del juego.

-- Está bien. Fue bueno mientras duró.

En la noche, Frank estaba conduciendo en su auto llevando a Jamia a su casa. Ella jugueteaba con el espejo del retrovisor. Frank no quiso decirle nada.

-- Ha sido un día largo.

-- ¡Demasiado! Lo hicimos todo hoy.

-- Sólo lo de la decoración. Creo que avanzamos bastante.

-- Sí.

-- Luego viene lo formal.

Hubo notable intriga. Frank estaba un poco nervioso.

-- ¿Qué cosa? -- Pregunta ella.

-- Decirle a mis padres.

-- ¡¿Qué?! ¿Por qué quieres hacerlo todo tan pronto? Ay...-- Empezaba a quejarse en voz tan baja que Frank no podía escucharla. De todas maneras, sabía que se estaba quejando de que lleve las cosas planeadas con tanta anterioridad.

-- Jamia, voy al día. La boda es en dos meses. Hay que tenerlo todo lo listo. -- Respondió tenso.

-- Ushh... relájate.

-- Vamos a tener un hijo. ¿Cómo quieres que me relaje? -- Dijo casi elevando el tono, entre dientes.

-- Ay Frank, deja la rabia. Perdóname, pero no me trates así.

Fueron interrumpidos por una tocada a la corneta de Frank. Un auto se detuvo en medio de la autopista.

-- Ya sabes. Mañana los vamos a visitar, y decirles del compromiso. -- Prosiguió Frank.

-- Está bien.

-- Te busco en la mañana, como a las ocho. A mis padres les gustan los buenos desayunos. Arréglate mucho.

-- Yo siempre me arreglo.

-- Bien. -- Le traducía-- Arréglate tanto como el primer día que volviste a mi casa.

Jamia se sintió insultada. No fue esa la intención de Frank.

-- No se te vaya a olvidar. -- Agregó.

 Por cierto, como habrán notado, aquí los padres de Frank no son adoptados.

MCR 'TIL DEATH.....................................................................By: wayrocks

FIC Capítulo 53

por wayrocks
martes, 16 de diciembre del 2008 a las 21:59
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Capítulo 54.-

Ana despertó en la ya brillante habitación debido a los escasos rayos de sol que lograban entrar. Estaba segura de que no había dormido mucho. Aún así, estaba celestialmente cómoda. Se sobresaltó al visualizarse desde otro punto de vista. Allí, envuelta en los brazos de Frank, acostada boca abajo casi encima de él. Es un completo desespero saber que él sigue aquí, con ella; pero su rostro ceñido al pecho de él no demostró esta maravilla. Sólo se unió aún más a su cuerpo, con muchas ganas de besarlo. Pero piensa que, por Dios, es su última vez. No debe quedarse con deseos abrumándola. Gira su cabeza, y le da un beso a ese bellísimo pecho de hombre. Lo abraza de nuevo, porque lo necesitaba.

Frank la tomó fuertemente, sintiéndose feliz de estar con ella. Cada detalle de ella lo podía sentir en su piel, algo completamente paradisíaco. Siguen juntos... eso es algo maravilloso.

Todo en esta cama era tan pulcro y perfecto que las ropas tiradas en la alfombra se quedaban cortas. No parecían dos personas, sino una sola preciosa unión.

Frank estiró su brazo derecho, y con él empieza a acariciar la espalda y brazos de ella. Cada delicado y suave movimiento cautivaba todos los sentidos de Ana. Seguía tan adherida a él como los pétalos uno con otro de las rosas espectadoras de todo. El cielo está profuso dentro de la cobija que les cubría del mundo exterior, donde aguardaban dos cuerpos ceñidos tal y como vinieron al mundo.

-- Quisiera quedarme justo como estamos en este momento por siempre. -- Confesó Frank. Ana quedó muy ilusionada, pero consciente de la triste verdad. -- Sólo quiero estar contigo. -- Deseó, aún acariciándola.

Un tenue silencio se propagó. Ana lo abrazó de nuevo, muy fuertemente.

-- Siento tu corazón muy cerca del mío. --Expresó ella, con el rostro adherido a su pecho, al igual que todo su cuerpo hasta el abdomen. -- No sabes cuánto quisiera que fuera así por el resto de mi vida.

Frank llevó su caricia hasta su rostro. Se quedó allí, deseando con todas sus fuerzas que pudiera quedarse por siempre perdido en este momento. Ana aún tenía sus ojos cerrados, despierta sólo para sentir el olor de Frank, su respiración, sus caricias, su voz. Las palabras que se habían dedicado fueron suficientes para hacerle sentir que no debe dormir. Sentiría que lo pierde. Frank supo que había abierto los ojos por la caricia que le dieron sus pestañas al moverse. Más no supo que los había abierto dilatados, un poco asustada.

-- Cierra los ojos. -- Pidió Frank.

-- No. -- Negó ella.

-- ¿Por qué?

Hubo otro silencio de análisis.

-- Porque te pierdo. -- Admitió resignadamente.

Parece que cada palabra alberga un silencio. La ternura invadió a Frank, quien entendió claramente a lo que se refería. Las caricias que brindaban sus dedos se volvieron aún más suaves.

-- Prefiero sufrir de esta manera tan cruel por no tenerte más a nunca haberte conocido. -- Admitió firme, pero un poco apenado.

-- ¿En serio?

-- Totalmente. -- Estaba decidido. -- Todos los momentos pasé contigo... y éste, son un tesoro para mí.

Ana suspiró. ¿Por qué unas palabras tan hermosas no pueden hacerse realidad? Finalmente empezaba a sentir desprecio por Jamia. Es culpable por acabar con una relación tan bella, claro, al igual que Frank. Un nudo en la garganta la llevó a la desolación, así que subió la cabeza para besar a Frank en los labios. La conexión en aquel beso fue cortada por Frank, para él subir la cabeza, y pensar en voz alta mirando al techo. Inspiraba mucho fervor y misticismo.

-- Dios, si existes, es terrible que me la quites así. Realmente terrible. Pero... gracias. Gracias por darme este momento. Jamás lo olvidaré.

Ana se llenó de conmoción. De todas maneras, no iba a llorar, porque aún está con él.

Frank volvió a bajar la cabeza, y vio lo perdida que está ella en sus pensamientos.

-- Aún estamos juntos. --Glorificó él. Lo último que quería era entristecerla.

Están muy conectados. Volvieron a un estado sereno y apacible. La dulzura que sienten es muy grata al plácido momento. Ana hacía un esfuerzo por seguir con los ojos abiertos, por seguir despierta, por no perderlo. Pero las divinas caricias de Frank la embelesaban cada vez más. No quiere hacerlo, peleó contra el sueño, pero aún así se quedó dormida.

Al despertar por segunda vez, seguía desnuda sobre un suave material. De inmediato abrió los ojos, sobresaltada y asustada, sin poder sentir el divino calor de Frank. Quedó destrozada al saber que lo que está debajo de ella son sólo blancas, abundantes y arrugadas sábanas.

Frank estaba en plena autopista, transitando a una velocidad excesivamente alta. Ya no vestía su rutilante chaqueta.

Intentaba conducir a la velocidad más alta permitida por la ley de tránsito, para concentrarse en hacerlo bien, y no en las lágrimas que se escapan de sus ojos.

Fue terrible abandonarla así, sabiendo que despertaría de una forma espantosa y radical del edén al abismo. Pero piensa que no debería preocuparse tanto por eso, que no debería llorar, porque su noche fue la cosa más hermosa que pudieron haber construido. Algo que, como su promesa, definitivamente jamás olvidaría. Pero no puede evitar sentirse tan culpable. Al menos puede regocijarse por esa majestuosa forma de despedirse.

Llegó a su casa quince minutos antes de lo que acostumbraba. No se sorprendió por la exuberante rapidez con la que rebasó su hábito. Sería la última vez que iría del apartamento de Ana a su casa.

Detuvo el auto, pero no lo apagó. Inhaló profundamente, con el fin de sentirse mejor y no llorar más, pero sólo tuvo éxito en la segunda. Esperó un poco para respirar con calma, y luego se bajó del auto.

Fue hasta la puerta de entrada sin cerrar la puerta del carro, metió su mano en el bolsillo trasero de su pantalón, y sacó un llavero que sostenía dos llaves. Abrió la cerradura con una de ellas, pasó adentro, y volvió a cerrarla. Caminó directo hacia el garaje. Fue hasta el portón, y lo abrió con la otra llave. Salió de nuevo al exterior de la casa, con pasos lentos, hasta llegar a su carro, que aún lo esperaba encendido y abierto. Se ensambló en el asiento, y lo condujo al interior del garaje.

Había utilizado el método largo. Bien pudo sólo hacerlo automáticamente, presionando el botón del pequeño control que controla el garaje, pero mientras más distracciones tuviese, mejor era para él.

Al adentrarse en la casa, prosiguió a reunir a cada uno de los hombres dentro de ella. Los citó en la sala, para que por lo menos estuvieran cómodos. Cada uno fue frustrado a la sala, sabiendo por la manera de comportarse de Frank que se trataba de algo serio. Tenían preocupación, pero fingían indiferencia porque seguían enojados con el convocante.

-- Los reuní porque debo decirles algo. Algo que sólo Mikey sabe. -- Introdujo.

Todos esperaban con ansias y angustia la noticia, pero sabían disimular. Mikey sabía lo que venía, por lo cual se cruzó de brazos.

-- ¿Qué pasó con tu chaqueta? -- Preguntó Ray con extrañeza.

-- Jamia está embarazada. -- Informó Frank inminentemente.

Él no esperaba la pregunta de Ray, y como ya había revelado los hechos, la ignoró.

Todos menos Mikey abrieron los ojos de par en par. Los que tenían los brazos cruzados, los abrieron. Nadie se lo esperaba en lo absoluto. Era lo último que habían podido pensar.

Frank respetó el lapso de tiempo que ellos necesitaban para asimilarlo.

Ese silencio fue roto a su tiempo.

-- Por lo tanto voy a casarme con ella. -- Persistió con seguridad y resignación.

La manera en la que brinda esta información hace notar cómo él afronta las consecuencias, cómo renuncia a lo que quiere, cómo se entrega a una responsabilidad.

-- Necesito que estén al tanto. Ustedes deben ir a la boda... y deben apoyarme. Me disculpo por todas las rabias que les he hecho pasar, y por disculparme justo cuando necesito de su ayuda. No tienen que disculparse conmigo, ni contentarse, pero sí deben saberlo. ¿Cuento con ustedes?

Hizo la pregunta dispuesto a aceptar cualquier respuesta. Ellos se quedaron callados, pasmados. Pero por fin, retirando su orgullo, se unen.

-- Claro que sí, idiota. ¿Qué pregunta es ésa? -- Inicia Bob.

-- Sí. -- Se acopla Ray.

-- (Mikey) Por supuesto.

-- Sí. -- Afirma Gerard posteriormente.

Ana no quería levantarse de la cama. Frank la había abandonado por primera y última vez. Lo único que la obligó a hacerlo, fue el celular que sonó desde la cocina.

-- Voy a despedazar ese maldito aparato. -- Aseguró para sí misma.

Volteó la almohada mojada de su llanto tan doloroso, y descubrió inesperadamente debajo de ésta una pequeña nota. La tomó, y leyó las letras escritas con la misma tinta color plateado de la carta. Dos palabras finales de la relación estaban escritas. "Te amo".

-- Y yo a ti. -- Le contestó suspirando.

Arrojó la nota a la papelera a su lado. Inmediata a la papelera, estaba la mesa de noche. Por esto se dio cuenta de que en ésta aún estaban las dos rosas, acompañadas de una conmovedora especie de pedestal.

Las dos rosas entrelazadas estaban en el centro, el llavero de Leathermouth en frente, y todo encima de la chaqueta de cuero de Frank. Todo perfectamente acomodado, parecido a un altar.

Se quedó suspendida por la ternura del momento, del detalle de Frank. Lisonjeada pero entristecida, se puso de pie, sin querer dejar de admirar lo que le dejó Frank. Abrió la segunda gaveta de la mesa de noche, tomó lo necesario, y después fue al armario. Salió de la habitación completamente vestida, excepto por los zapatos, y se dirigió a la cocina. Ya se había caído la llamada, pero quiso averiguar quién la llamaba. No reconoció el número, así que lo llamó, porque podría tratarse de un asesor de imagen. Estaba decidida a trabajar, para no tener tiempo de recordar su noche.

-- ¿Hola?

-- ¿Ana Black?

-- Así es. ¿Con quién hablo?

-- Soy Thomas Johnson, el asesor de imagen de la banda Rammstein en Estados Unidos. Necesito tener una entrevista con usted. ¿La veo a las tres en el Hard Rock Cafe?

-- Seguro. -- Colgó el teléfono.

En este momento, no le importó ser grosera con el asesor, ni el hecho de que podría trabajar con una excelente banda de Alemania mientras estuvieran aquí. Estaba mal por otro asunto. Se devolvió a su habitación, y se ensambló en la cama a soñar un poco más.

No pudo volver a dormir, pero sí descansó lo suficiente; al menos físicamente. Se levantó a la una y media, para comenzar a arreglarse de mala gana.

Al llegar al Hard Rock Cafe le hicieron ciertas preguntas y pruebas, como siempre lo hacen para una conferencia de trabajo. Sum 41 había recomendado sus mejores maquillistas en Estados Unidos a algunos artistas extranjeros, como ellos, que son de Canadá, y esa es la razón por la cual el equipo Rammstein se interesó. Finalmente Ana apreció que se trataba de una banda europea que incluso le gusta, y trabajar para ella mientras estuviera en el país sería lo máximo. Hizo su mejor esfuerzo con el asesor de imagen, y fue contratada por un mes. Excelente noticia, le agradó mucho, pero no le quitó el decaimiento.

Al salir del Hard Rock Cafe, fueron directamente al hotel donde se hospedaban los integrantes de Rammstein, para conocer a sus colegas trabajadores; pero a ella le importaba más conocer a los de Rammstein. Conoció a esos maquillistas, managers y fotógrafos-- uno europeo--, y, a pesar de que incumpliría con algunas reglas, quiso conocer a Rammstein. Se comunicaron de forma agradable e indirecta, con gestos, movimientos y risas, porque una gringa y unos alemanes no se iban a entender por ningún otro medio.

-- Adiós. -- Se despidió Ana aún sabiendo que no le entenderían, y fue con los demás trabajadores.

Le pautaron los días y horarios de trabajo a cada empleado, y luego los dejaron irse a sus casas hasta su primer día de trabajo con Rammstein.

Veintisiete días transcurrieron.

Ana iba todas las tardes a las entrevistas, sesiones de fotos, algunos conciertos y ruedas de prensa de la banda.

Frank iba a la iglesia por fechas y decoraciones, probando arreglos, cuadrando invitados para su boda.

Al finalizar ese tiempo, a Frank le esperaban dos meses de preparación para su matrimonio con Jamia, y a Ana una oferta difícil de rechazar.

MCR 'TIL DEATH.........................................................By: wayrocks

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Una fic mas n.n (Diiiiianaa)
oOlaando pazzando a dejar pooztgeneeales bandasssoy nooeva y stoyy buscando blogs que posteen y ......(07 nov)
Una fic mas n.n (MyChemicalDay)
o_O ayyy! Te adoro!!!! Si me hiciste publi!!!!!!!!!! Grax grax grax!!! Eres Supr! Tambn gracias x ......(06 nov)
Fotos de Gerard & Family (MyChemicalDay)
HAHA, Q lindura! Bandit está preciosa, LynZ genial como siempre, Gee tan lindo!!!! La familia feliz ......(06 nov)
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DARKY!!!! Gracias!!! Te Amoooo!!! xD muchisimas gracias por hacerme la publi en tu famosisimo blog ......(06 nov)
Fotos de Gerard & Family (kkshi)
jajajaj muy bonitas¡¡¡...(05 nov)

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