FIC Capítulo 53
Capítulo 54.-
Ana despertó en la ya brillante habitación debido a los escasos rayos de sol que lograban entrar. Estaba segura de que no había dormido mucho. Aún así, estaba celestialmente cómoda. Se sobresaltó al visualizarse desde otro punto de vista. Allí, envuelta en los brazos de Frank, acostada boca abajo casi encima de él. Es un completo desespero saber que él sigue aquí, con ella; pero su rostro ceñido al pecho de él no demostró esta maravilla. Sólo se unió aún más a su cuerpo, con muchas ganas de besarlo. Pero piensa que, por Dios, es su última vez. No debe quedarse con deseos abrumándola. Gira su cabeza, y le da un beso a ese bellísimo pecho de hombre. Lo abraza de nuevo, porque lo necesitaba.
Frank la tomó fuertemente, sintiéndose feliz de estar con ella. Cada detalle de ella lo podía sentir en su piel, algo completamente paradisíaco. Siguen juntos... eso es algo maravilloso.
Todo en esta cama era tan pulcro y perfecto que las ropas tiradas en la alfombra se quedaban cortas. No parecían dos personas, sino una sola preciosa unión.
Frank estiró su brazo derecho, y con él empieza a acariciar la espalda y brazos de ella. Cada delicado y suave movimiento cautivaba todos los sentidos de Ana. Seguía tan adherida a él como los pétalos uno con otro de las rosas espectadoras de todo. El cielo está profuso dentro de la cobija que les cubría del mundo exterior, donde aguardaban dos cuerpos ceñidos tal y como vinieron al mundo.
-- Quisiera quedarme justo como estamos en este momento por siempre. -- Confesó Frank. Ana quedó muy ilusionada, pero consciente de la triste verdad. -- Sólo quiero estar contigo. -- Deseó, aún acariciándola.
Un tenue silencio se propagó. Ana lo abrazó de nuevo, muy fuertemente.
-- Siento tu corazón muy cerca del mío. --Expresó ella, con el rostro adherido a su pecho, al igual que todo su cuerpo hasta el abdomen. -- No sabes cuánto quisiera que fuera así por el resto de mi vida.
Frank llevó su caricia hasta su rostro. Se quedó allí, deseando con todas sus fuerzas que pudiera quedarse por siempre perdido en este momento. Ana aún tenía sus ojos cerrados, despierta sólo para sentir el olor de Frank, su respiración, sus caricias, su voz. Las palabras que se habían dedicado fueron suficientes para hacerle sentir que no debe dormir. Sentiría que lo pierde. Frank supo que había abierto los ojos por la caricia que le dieron sus pestañas al moverse. Más no supo que los había abierto dilatados, un poco asustada.
-- Cierra los ojos. -- Pidió Frank.
-- No. -- Negó ella.
-- ¿Por qué?
Hubo otro silencio de análisis.
-- Porque te pierdo. -- Admitió resignadamente.
Parece que cada palabra alberga un silencio. La ternura invadió a Frank, quien entendió claramente a lo que se refería. Las caricias que brindaban sus dedos se volvieron aún más suaves.
-- Prefiero sufrir de esta manera tan cruel por no tenerte más a nunca haberte conocido. -- Admitió firme, pero un poco apenado.
-- ¿En serio?
-- Totalmente. -- Estaba decidido. -- Todos los momentos pasé contigo... y éste, son un tesoro para mí.
Ana suspiró. ¿Por qué unas palabras tan hermosas no pueden hacerse realidad? Finalmente empezaba a sentir desprecio por Jamia. Es culpable por acabar con una relación tan bella, claro, al igual que Frank. Un nudo en la garganta la llevó a la desolación, así que subió la cabeza para besar a Frank en los labios. La conexión en aquel beso fue cortada por Frank, para él subir la cabeza, y pensar en voz alta mirando al techo. Inspiraba mucho fervor y misticismo.
-- Dios, si existes, es terrible que me la quites así. Realmente terrible. Pero... gracias. Gracias por darme este momento. Jamás lo olvidaré.
Ana se llenó de conmoción. De todas maneras, no iba a llorar, porque aún está con él.
Frank volvió a bajar la cabeza, y vio lo perdida que está ella en sus pensamientos.
-- Aún estamos juntos. --Glorificó él. Lo último que quería era entristecerla.
Están muy conectados. Volvieron a un estado sereno y apacible. La dulzura que sienten es muy grata al plácido momento. Ana hacía un esfuerzo por seguir con los ojos abiertos, por seguir despierta, por no perderlo. Pero las divinas caricias de Frank la embelesaban cada vez más. No quiere hacerlo, peleó contra el sueño, pero aún así se quedó dormida.
Al despertar por segunda vez, seguía desnuda sobre un suave material. De inmediato abrió los ojos, sobresaltada y asustada, sin poder sentir el divino calor de Frank. Quedó destrozada al saber que lo que está debajo de ella son sólo blancas, abundantes y arrugadas sábanas.
Frank estaba en plena autopista, transitando a una velocidad excesivamente alta. Ya no vestía su rutilante chaqueta.
Intentaba conducir a la velocidad más alta permitida por la ley de tránsito, para concentrarse en hacerlo bien, y no en las lágrimas que se escapan de sus ojos.
Fue terrible abandonarla así, sabiendo que despertaría de una forma espantosa y radical del edén al abismo. Pero piensa que no debería preocuparse tanto por eso, que no debería llorar, porque su noche fue la cosa más hermosa que pudieron haber construido. Algo que, como su promesa, definitivamente jamás olvidaría. Pero no puede evitar sentirse tan culpable. Al menos puede regocijarse por esa majestuosa forma de despedirse.
Llegó a su casa quince minutos antes de lo que acostumbraba. No se sorprendió por la exuberante rapidez con la que rebasó su hábito. Sería la última vez que iría del apartamento de Ana a su casa.
Detuvo el auto, pero no lo apagó. Inhaló profundamente, con el fin de sentirse mejor y no llorar más, pero sólo tuvo éxito en la segunda. Esperó un poco para respirar con calma, y luego se bajó del auto.
Fue hasta la puerta de entrada sin cerrar la puerta del carro, metió su mano en el bolsillo trasero de su pantalón, y sacó un llavero que sostenía dos llaves. Abrió la cerradura con una de ellas, pasó adentro, y volvió a cerrarla. Caminó directo hacia el garaje. Fue hasta el portón, y lo abrió con la otra llave. Salió de nuevo al exterior de la casa, con pasos lentos, hasta llegar a su carro, que aún lo esperaba encendido y abierto. Se ensambló en el asiento, y lo condujo al interior del garaje.
Había utilizado el método largo. Bien pudo sólo hacerlo automáticamente, presionando el botón del pequeño control que controla el garaje, pero mientras más distracciones tuviese, mejor era para él.
Al adentrarse en la casa, prosiguió a reunir a cada uno de los hombres dentro de ella. Los citó en la sala, para que por lo menos estuvieran cómodos. Cada uno fue frustrado a la sala, sabiendo por la manera de comportarse de Frank que se trataba de algo serio. Tenían preocupación, pero fingían indiferencia porque seguían enojados con el convocante.
-- Los reuní porque debo decirles algo. Algo que sólo Mikey sabe. -- Introdujo.
Todos esperaban con ansias y angustia la noticia, pero sabían disimular. Mikey sabía lo que venía, por lo cual se cruzó de brazos.
-- ¿Qué pasó con tu chaqueta? -- Preguntó Ray con extrañeza.
-- Jamia está embarazada. -- Informó Frank inminentemente.
Él no esperaba la pregunta de Ray, y como ya había revelado los hechos, la ignoró.
Todos menos Mikey abrieron los ojos de par en par. Los que tenían los brazos cruzados, los abrieron. Nadie se lo esperaba en lo absoluto. Era lo último que habían podido pensar.
Frank respetó el lapso de tiempo que ellos necesitaban para asimilarlo.
Ese silencio fue roto a su tiempo.
-- Por lo tanto voy a casarme con ella. -- Persistió con seguridad y resignación.
La manera en la que brinda esta información hace notar cómo él afronta las consecuencias, cómo renuncia a lo que quiere, cómo se entrega a una responsabilidad.
-- Necesito que estén al tanto. Ustedes deben ir a la boda... y deben apoyarme. Me disculpo por todas las rabias que les he hecho pasar, y por disculparme justo cuando necesito de su ayuda. No tienen que disculparse conmigo, ni contentarse, pero sí deben saberlo. ¿Cuento con ustedes?
Hizo la pregunta dispuesto a aceptar cualquier respuesta. Ellos se quedaron callados, pasmados. Pero por fin, retirando su orgullo, se unen.
-- Claro que sí, idiota. ¿Qué pregunta es ésa? -- Inicia Bob.
-- Sí. -- Se acopla Ray.
-- (Mikey) Por supuesto.
-- Sí. -- Afirma Gerard posteriormente.
Ana no quería levantarse de la cama. Frank la había abandonado por primera y última vez. Lo único que la obligó a hacerlo, fue el celular que sonó desde la cocina.
-- Voy a despedazar ese maldito aparato. -- Aseguró para sí misma.
Volteó la almohada mojada de su llanto tan doloroso, y descubrió inesperadamente debajo de ésta una pequeña nota. La tomó, y leyó las letras escritas con la misma tinta color plateado de la carta. Dos palabras finales de la relación estaban escritas. "Te amo".
-- Y yo a ti. -- Le contestó suspirando.
Arrojó la nota a la papelera a su lado. Inmediata a la papelera, estaba la mesa de noche. Por esto se dio cuenta de que en ésta aún estaban las dos rosas, acompañadas de una conmovedora especie de pedestal.
Las dos rosas entrelazadas estaban en el centro, el llavero de Leathermouth en frente, y todo encima de la chaqueta de cuero de Frank. Todo perfectamente acomodado, parecido a un altar.
Se quedó suspendida por la ternura del momento, del detalle de Frank. Lisonjeada pero entristecida, se puso de pie, sin querer dejar de admirar lo que le dejó Frank. Abrió la segunda gaveta de la mesa de noche, tomó lo necesario, y después fue al armario. Salió de la habitación completamente vestida, excepto por los zapatos, y se dirigió a la cocina. Ya se había caído la llamada, pero quiso averiguar quién la llamaba. No reconoció el número, así que lo llamó, porque podría tratarse de un asesor de imagen. Estaba decidida a trabajar, para no tener tiempo de recordar su noche.
-- ¿Hola?
-- ¿Ana Black?
-- Así es. ¿Con quién hablo?
-- Soy Thomas Johnson, el asesor de imagen de la banda Rammstein en Estados Unidos. Necesito tener una entrevista con usted. ¿La veo a las tres en el Hard Rock Cafe?
-- Seguro. -- Colgó el teléfono.
En este momento, no le importó ser grosera con el asesor, ni el hecho de que podría trabajar con una excelente banda de Alemania mientras estuvieran aquí. Estaba mal por otro asunto. Se devolvió a su habitación, y se ensambló en la cama a soñar un poco más.
No pudo volver a dormir, pero sí descansó lo suficiente; al menos físicamente. Se levantó a la una y media, para comenzar a arreglarse de mala gana.
Al llegar al Hard Rock Cafe le hicieron ciertas preguntas y pruebas, como siempre lo hacen para una conferencia de trabajo. Sum 41 había recomendado sus mejores maquillistas en Estados Unidos a algunos artistas extranjeros, como ellos, que son de Canadá, y esa es la razón por la cual el equipo Rammstein se interesó. Finalmente Ana apreció que se trataba de una banda europea que incluso le gusta, y trabajar para ella mientras estuviera en el país sería lo máximo. Hizo su mejor esfuerzo con el asesor de imagen, y fue contratada por un mes. Excelente noticia, le agradó mucho, pero no le quitó el decaimiento.
Al salir del Hard Rock Cafe, fueron directamente al hotel donde se hospedaban los integrantes de Rammstein, para conocer a sus colegas trabajadores; pero a ella le importaba más conocer a los de Rammstein. Conoció a esos maquillistas, managers y fotógrafos-- uno europeo--, y, a pesar de que incumpliría con algunas reglas, quiso conocer a Rammstein. Se comunicaron de forma agradable e indirecta, con gestos, movimientos y risas, porque una gringa y unos alemanes no se iban a entender por ningún otro medio.
-- Adiós. -- Se despidió Ana aún sabiendo que no le entenderían, y fue con los demás trabajadores.
Le pautaron los días y horarios de trabajo a cada empleado, y luego los dejaron irse a sus casas hasta su primer día de trabajo con Rammstein.
Veintisiete días transcurrieron.
Ana iba todas las tardes a las entrevistas, sesiones de fotos, algunos conciertos y ruedas de prensa de la banda.
Frank iba a la iglesia por fechas y decoraciones, probando arreglos, cuadrando invitados para su boda.
Al finalizar ese tiempo, a Frank le esperaban dos meses de preparación para su matrimonio con Jamia, y a Ana una oferta difícil de rechazar.
MCR 'TIL DEATH.........................................................By: wayrocks





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