FIC Capítulo 52
Capítulo 52.-
Así que fue al baño a darse una buena ducha, y seguidamente fue a su habitación. Se arregló lo más apuesto que podía resplandecer. Deslumbraría a cualquiera.
Sacó las dos rosas de la pequeña maseta, y las llevó consigo hasta la cama. Tomó un pliego negro que había guardado desde hace tiempo en la gaveta de la mesa de noche, y un bolígrafo de tinta plateada; para escribir una pequeña carta.
Sentado en su cama, empezó a redactar apoyándose de un libro. Al terminar de trazar las palabras, retiró el libro, y se levantó de la cama. Buscó en el armario la parte de los tejidos finos de regalos, y tomó el más apropiado; papel de seda. Envolvió el papel manuscrito en el retazo de resma, y lo metió en el bolsillo de su flamante chaqueta de cuero. Era marrón oscuro, de un cuero que despedía un olor más a su dueño. Tenía un carácter de actitud, masculino, roquero pero discreto; que conquistaría a cualquier mujer como Ana.
Con las rosas en mano, bajó las escaleras directamente en dirección al garaje.
En el recorrido ignoró totalmente las miradas de todos en la casa, que se clavaron en él debido a ese aire tan seguro que tenía, acompañado de lo guapo que se veía y lo bien que olía. Con la frente en alto, lucía decidido, serio y varonil. Esto hacía explotar interiormente a Jamia. Su intrínseca rabia se debía a la clara visita que le haría a otra mujer.
En el garaje, Frank abrió el portón automáticamente, con el botón del pequeño control que tenía en el bolsillo delantero del pantalón. Se dirigió a su auto, y abrió puerta del conductor con un firme movimiento de su muñeca. Delicadamente posó las rosas en el portavasos. Se ensambló en el asiento, y se pasó el cinturón de seguridad. Cerró la puerta, y posteriormente insertó la llave en el pestillo. La giró, encendiendo el vehículo; y lo condujo hasta el exterior de la casa. Volvió a cerrar el portón con el pequeño control, y se fue camino al apartamento de Ana.
El camino no se le hizo largo, porque aunque sus ojos estaban cabales en la autopista, su mente estaba plenamente en Ana. Puso empeño por no sentirse ansioso por finalizar de recorrer la vía.
Al llegar, estacionó en frente del pórtico, y tomó las rosas del portavasos. Se quitó el cinturón de seguridad, y abrió la puerta. Con pasos tan confiados y plenos, se dirigió a las anchas escaleras. No asió ninguna baranda cuando pasó entre ellas camino a la puerta.
Unió su oreja a la puerta. Escuchó la nevera abrirse. Era el momento oportuno.
Sacó su llavero de Leathermouth del bolsillo inferior de su lúcida chaqueta, y abrió la puerta en completo silencio. Entró lentamente con pasos sin ruido alguno. Fue a la habitación desapercibida y rápidamente.
Una vez allí, que a pesar de estar inadvertido no estaba nervioso en lo absoluto, colocó las dos rosas sobre la cama. Fugazmente pareció desaparecer al salir.
Ana viene de la cocina con un pequeño libro en sus manos. Al ver las rosas sobre su cama, se extrañó mucho, e incluso se asustó. ¿Quién está aquí?
Se fijó mejor en las flores. Las reconoció con mucho desconcierto y efusión. Se sentó en la cama, y puso en el suelo alfombrado el libro. Levantó los capullos en sus manos, y los empezó a estudiar para comprobar si realmente ésos eran su lazo con Frank. En su centro, aún se lograba ver un poco de sangre. A pesar de la extrañeza tan grande, quiso ceñirlas a su pecho, como abrazándolas, sus queridas rosas. Se siente un poco ridícula por haber extrañado a un objeto inanimado, pero eso no importaba, después de todo, ella creía que la había perdido.
Luego, decidida, voltea impulsivamente a la puerta de la habitación para sorprender a quien estuviera ahí. Allí estaba Frank, luciendo guapísimo, y en su gesto se podía ver su sinceridad. Sus ojos estaban casi entrecerrados, pero sin nada de intimidación, sino más bien completa e inocente entrega.
Ambos se quedan aparentemente serenos, mirándose detenidamente. Los ojos de Ana siguieron el gesto de Frank, abriéndose inocentemente.
Con el corazón latiendo fulminantemente, Ana se levantó de la cama predispuesta a la puerta de la habitación, suficientemente cerca como para tirar de ella, cerrándola justo frente a Frank. Fue una decisión intachable, pero a ella misma le pareció cruel. No le gustó hacerlo.
Luego se devolvió a la cama, con sus rosas. Se sentó en esta, mientras sus cejas se contraían de tristeza.
-- ¿Por qué me haces esto? --Habló para sí, gimiendo, con las rosas en las manos. Era lógico que se refería a Frank.
Se quedó inmóvil para esperar el sonido de la puerta de entrada cerrándose. Una vez que fue así, con certeza de que Frank se había ido, se levantó de la cama para abrir la puerta del cuarto, y así comprobar que la puerta de entrada estuviera cerrada. Al hacerlo, se devolvió a la cama. Juntó los pétalos de ambas rosas tomándolas del tallo, como si estuviera jugando con ellos.
Subió la mirada a la puerta abierta del cuarto, con mirada ausente. Ignoró las rosas en sus manos, y aún con vista al resto del apartamento, imaginó de nuevo a Frank. En ese mismo sitio, parado derecho frente al marco de la puerta. Era como si todo lo hubiese fantaseado en primer lugar. Lo que acaba de pasar fue tan fugaz, que es hasta difícil de creer. Pero lo crea o no, ella se siente realmente esperanzada.
Esa expresión en la cara de Frank no es algo dificultoso de comprender. Es perfectamente real; una mirada que ella conoce. Esa mirada profunda y anhelante que codicia algo tiernamente, con pasión.
Se quedó observando a esa zona, hasta que bajó la mirada. No quería seguir percibiendo aquella alucinación.
Esos ojos rígidos en el suelo vieron el papel de seda perfectamente plegado de forma elegante.
Frank lo había dejado caer de su chaqueta sin que ella se diera cuenta.
Se levantó con las rosas en sus manos, y dio una media vuelta dirigiendo sus pasos a la mesa de noche, para dejarlas allí puestas. Luego, determinada, regresó a donde estaba aquel agraciado papel. Se sentó justo en frente de la cama en ese suelo alfombrado, para ver qué cosa imprevista le aguarda.
Tomó el pliego de seda, y apoyó su espalda en el pie de la cama para estudiarlo más cómoda y encogidamente. Flexionó las piernas hasta pegarlas su cuerpo, apoyó sus brazos en ellas, y sus dedos de largas uñas negras comenzaron a abrir cuidadosamente el adornado, sin arruinar la decoración sencilla. Sacó la carta escrita con tinta plateada en fondo negro. Empezó a leerla, inmediatamente reconociendo la letra de Frank.
"Sabía que harías esto. Que cerrarías la puerta en mi cara.
Desde esas primeras palabras, Ana se estremeció. Tan escasas, y ocultando un gran significado.
¿Sabes por qué? Porque te amo, y te conozco. Sé que sufres mucho por nuestra separación. ¿Por qué? Porque yo también.
Sé que te he mentido, y que puedes pensar que esta es otra hipocresía, pero te juro que no lo es. Yo te juro por Dios y por todo lo que tengo que te amo. Te amo, te amo de una manera en la que jamás amaré a nadie. Jamia nunca llegará a ocupar tu lugar en mí. Aunque me case con ella, aunque tenga un hijo con ella, jamás. Nunca será lo que tú: mi alma gemela.
Incluso le pedí permiso a ella para venir esta noche, para hablar contigo una última vez. Sólo espero que aún me ames, y me ames lo suficiente como para abrir la puerta y permitirme tocar tu precioso rostro para limpiar sus lágrimas de cristal.
Ana se fijó en las lágrimas que derramaban sus ojos, que corrían por su rostro. Con abatimiento, siguió leyendo.
Estemos juntos una última vez. No me perdonaría si lo nuestro terminara como está ahora.
Te ama, Frank."
Ana plisó la carta, y la dejó caer de sus manos.
Se cubrió el rostro con los dedos, inmóvil por un momento. Sollozó, y lloró entrecortadamente.
Decidió levantarse.
No limpió sus lágrimas. Corrió tal cual estaba por su hogar.
Atravesó la puerta del cuarto, pasó por la sala, y finalmente llegó al frente. Abrió rápidamente la puerta de entrada, más rápido de lo que había corrido.
Tenía mucha ilusión porque aún no se haya ido.
Al abrirse la puerta, inmediatamente sus ojos se cerraron. Sus labios eran besados por los de Frank.
Un beso tan importante y único, en el que Frank se adentró al apartamento. Sin separarse, Frank cerró la puerta, y tiró al suelo su llavero de Leathermouth. Seguidamente sus manos tomaron el rostro de Ana por el mentón, y sus pulgares limpiaron delicadamente sus lágrimas.
No tenían ninguna expectativa de este momento. Todo era crucial, y muy esperado. Hecho con una ternura que no se pierde a pesar de la pasión.
Sus labios se acariciaban mientras Ana caminaba en reversa y Frank hacia el frente, dirigiéndose a la habitación. Ahí Ana le quitó la chaqueta a Frank; él, luego de sacársela, tomó a Ana por el tronco, y la cargó en sus brazos hasta acomodarla en la cama, aún besándola. Finalmente separaron sus labios, tras un largo y desesperado beso hecho con todo el amor del mundo, tan grande como el dolor de saber que ésta será la última vez.
-- Frank...
-- Shh... tranquila. Hoy no hablemos.
-- Te amo.
Un breve silencio fue llenado por una respuesta de Frank de gesto franco y lleno de sentimiento.
-- Yo también.
Frank se arrimó al frente de nuevo para besarla, esta vez, acompañado de caricias en su cabello y rostro. Ana llevó sus manos a la espalda de Frank, y empezó a acariciarla con mucha devoción. Él, con su cuerpo totalmente encima del de Ana, retiró una mano de su rostro, y la colocó en su cintura. La subió por el costado hasta su pecho. Ana subió una mano hasta el rostro de Frank, posándola en su mejilla.
Se separaron un momento para verse fijamente. Frank secó la última lágrima de Ana que saldría en este momento, y ella, tan detallista como él, limpió la lágrima de él.
Volvieron a un beso apasionado que quisiera ser eterno, que terminaría en aquella misma cama al día siguiente.
Amarse una última vez.
Con tanto cariño pasional, teniendo a las rosas entrelazadas en la mesa de noche como testigos.
MCR 'TIL DEATH................................................By: wayrocks






PASEN Y VEAN


